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Archivo para mayo, 2009

Google, Microsoft y Coca-Cola son las marcas más valiosas según el BrandZTop 100

Lunes, 4 de mayo de 2009 Sin comentarios

El cuarto ranking anual de BrandZ de las 100 Mejores Marcas del Mundo publicado por Millward Brown Optimor demuestra que las marcas logran sostener su valor a pesar del duro entorno económico. El ranking identifica el valor en dólares de las marcas. Esto se logra al combinar datos financieros con investigaciones acerca de consumidores y usuarios de empresa a empresa (B2B). El valor de las 100 mejores marcas sostuvo su valor a $1.95 billones (un aumento marginal 1,7 por ciento).

Google es número uno con un valor de $100 mil millones, Microsoft ocupa el segundo lugar con $76.2 millones y Coca-Cola entra top 3 por primera vez con $67.6 mil millones.

En total son 15 las marcas que entraron al ranking este año. Pampers es la marca que ingresa con el mayor puntaje en el puesto N° 31, seguida por Nintendo (N° 32) y VISA (N° 36). Las tendencias que se pueden identificar en el ranking de este año son:

Valor: A las marcas que representan una buena relación precio-calidad les fue bien, tanto en calidad como en precio, por ejemplo Wal-Mart (+19 por ciento), ALDI (+49 por ciento) y Auchan (+48 por ciento). H&M (+8 por ciento) es ahora la marca número uno en indumentaria.

Pequeños gustos: La gente todavía se da esos pequeños gustos aun cuando el presupuesto es limitado. A las marcas como McDonald’s (+34 por ciento), Marlboro (+33 por ciento) y Budweiser les ha ido bien (+23 por ciento).

Hogar: Las marcas que pueden disfrutarse en el hogar han tenido un fuerte incremento. Estas incluyen las marcas de compras online: Amazon (+85 por ciento) y eBay (+16 por ciento); Café que se puede preparar en el hogar: Nespresso (+27 por ciento) y Nescafe (+23 por ciento); y los juegos — por primera vez, Nintendo saltó al lugar no. 32.

Servicios inalámbricos: La creciente popularidad de usar Internet en aparatos portátiles como el iPhone y el BlackBerry hizo que la categoría de empresas de celulares creciera fuertemente, impulsado por una demanda de servicios de datos. Este año Vodafone entra en el top 10 por primera vez (+45 por ciento).

“En el entorno actual, en el que el valor de muchos negocios ha caído, la marca se ha transformado en algo aun más importante ya que puede contribuir a mantener a las compañías en tiempos difíciles”, dijo Joanna Seddon, CEO Millward Brown Optimor. “Los que siguen invirtiendo en su marca se posicionarán mejor para el crecimiento de su negocio cuando la situación económica comience a mejorar que aquellos que han recortado el presupuesto”. Eileen Campbell, CEO Global de Millward Brown dijo con respecto al ranking que “en tiempos en que la inversión en marketing se controla más que nunca, este ranking es una forma con que cuentan los expertos en marketing para identificar el valor que su marca está creando para el negocio.”

1- Google

2- Microsoft

3- Coca-Cola

4- IBM

5- McDonald’s

6- Apple

7- China Mobile

8- General Electric

9- Vodafone

10- Marlboro

11- Walmart

12- CBC Asia

13- Nokia

14- Toyota

15- UPS

16- Blackberry

17- HP

18- BMW

19- SAP

20- Disney

21- Tesco

22- Gillette

23- Intel

24- China Communication

25- Oracle

26- Amazon.com

27- Bank of China

28- AT&T

29- Louis Vuitton

30- HSBC

31- Pampers

32- Nintendo

33- Cisco

34- Verizon

35- Porsche

36- Visa

37- Wells Fargo

38- Santander

39- Net Docomo

40- Mercedes-Benz

41- Bank of America

42- Dell

43- Accenture

44- Pepsi

45- L’Oréal

46- American Express

47- Carrefour

48- RBC

49- Citi

50- Honda

51- Siemens

52- Budweiser

53- Orange

54- ebay

55- BBVA

56- Colgate

57- Target

58- H&M

59- Nike

60- Subway

61- TD

62- Movistar

63- T Mobile

64- Wrigley’s

65- Auchan

66- Chase

67- Nissan

68- DHL

69- FedEx

70- The Home Depot

71- MTS

72- Burauh

73- Canon

74- Aldi

75- Avon

76- Zara

77- O2

78- Standard Chartered

79- Red Bull

80- China Merchants Bank

81- Yahoo!

82- Hermés Paris

83- J.P.Morgan

84- Ariel

85- Tide

86- Gucci

87- MasterCard

88- Goldman Sachs

89- Starbucks

90- Barclays

91- State Farm Insurance

92- Morgan Stanley

93- ING

94- KFC

95- Ikea

96- Nivea

97- Sprit

98- Bradesco

99- TIM

100- Lowe’s

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Amenazan con cerrar Boston Globe

Lunes, 4 de mayo de 2009 Sin comentarios

BOSTON (AP) – En medio de amenazas de cirre y alegatos de presiones innecesarias, las negociaciones entre los sindicatos de trabajadores del diario Boston Globe y los dueños de diario continuaron la madrugada del lunes, pese a que se superó la hora límite de la medianoche para llegar a un acuerdo.

Las negociaciones buscan acordar una serie de concesiones laborales para lograr recortes de hasta 20 millones de dólares de modo que se pueda mantener al diario en funciones.

El dueño del Boston Globe, el New York Times Co. afirmó que le había dado al principal sindicato del Globe una copia de un documento que planeaba presentar el lunes si no lograba negociar las concesiones que necesita para mantenerlo abierto para la medianoche del domingo.

El anuncio del cierre de diario, hecho con 60 días de anticipación, es un requisito contemplado por la ley federal.

El sindicato más importante de diario, el Boston Newspaper Guild, calificó a ese anuncio como una medida de presión emprendida por el Times Co. que el mes pasado amenazó con cerrar el Globe a menos que los sindicatos acordaran recortes por 20 millones de dólares, la mitad de ellos de parte del Newspaper Guild.

El sindicato informó que había propuesto más de 10 millones de dólares en recortes que había solicitado el Times Co.

En un comunicado emitido dos horas antes del límite de la medianoche, el sindicato señaló que su propuesta de recortes tomaba en cuenta “enormes sacrificios a lo largo de todas las categorías de compensación y beneficios” para los empleados.

Ninguna de las partes quiso revelar qué era lo que estaba frenando las negociaciones, pero uno de los puntos claves estaría en las garantías durante el tiempo de vida del puesto de trabajo.

“Vamos a seguir negociando”, dio la vocera del Times Co., Cahterine Mathis, la madrugada del lunes.

La empresa matriz The Times Co. deseaba eliminar las garantías durante la vigencia del empleo, que les daba una protección sólida para evitar los despidos. Sin embargo, los empleados aún pueden ser despedidos si se tiene alguna razón justificada.

El presidente del sindicato, Daniel Totten, calificó la eliminación de las garantías como “un obstáculo”.

Aproximadamente unos 470 trabajadores de seis sindicatos tenían garantías de por vida, entre ellos 190 empleados del Sindicato. Algunos de los trabajadores más veteranos de Globe consideraron que eliminar esas garantías le permitiría al Times Co. despedir a los trabajadores con más años de trabajo y los mejor pagados.

El sindicato no dio a conocer detalles del tipo de recortes salariales o de prestaciones habría propuesto al Times Co. El sindicato señaló que los detalles posteriores serían a conocer tan pronto como todos los empleados del sindicato tuvieran la posibilidad de revisarlos.

Se desconoce si los otros sindicatos del Globe habrían preparado propuestas para recortar los 10 millones de dólares restantes. La empresa propietaria se negó a comentar la propuesta de sindicato.

La nueva era de la competencia

Lunes, 4 de mayo de 2009 Sin comentarios

“Algunos estadistas y generales tratan de evitar la batalla decisiva. La historia ha destruido esta ilusión” Karl von Clausewitz

El lenguaje más sanguinario empleado en los diarios no se halla hoy en día en las páginas internacionales, sino en la sección financiera.
“Los mataremos”
“Aniquilar o ser aniquilado”
“Esto es una lucha de vida o muerte”

No, éstas no son las palabras de un guerrillero de extrema izquierda, o de un dictador de extrema derecha. Se trata de declaraciones típicas de líderes de negocios cuando analizan futuras campañas de marketing.
El lenguaje de marketing ha sido tomado del lenguaje militar. Se lanzan campañas de marketing. Afortunadamente, campañas de penetración.
Se promueve a la gente a posiciones superiores. En divisiones, compañías, unidades. Se informa sobre pérdidas y capturas. Algunas veces, se entrega uniforme a la gente. de vez en cuando se acude al campo para inspeccionar los uniformes y revisar el progreso de las tropas. Hasta se dan ascenso de rango.
Hasta ahora, sólo se ha copiado el lenguaje del ejército no el pensamiento estratégico subyacente a este lenguaje.
La intención del marketing de guerra es aplicar el pensamiento militar a los problemas de marketing.
El marketing, como disciplina científica, surgió hace menos de cien años. Su pensamiento existe desde mucho tiempo atrás pero como su teoría tiene poco desarrollo, la teoría militar puede llenar el vacío.

Las guerras de los titulares
Al leer Business Week, Forbes, Fortune, es probable que uno se sature del lenguaje militar. La guerra de la cerveza, la guerra de los refrescos cola, y la guerra de la hamburguesa son ejemplos recientes del militarismo periodístico.
Sin embargo, fuera de los encabezamientos, los escritores ignoran por completo los principios militares más elementales.
“Nueva Xerox invade la oficina”, declara un titular en el New York Times. “Se pretende la supremacía en la automatización”, decía el subtítulo.
Si Dinamarca invadiese Alemania Occidental, un país doce veces mayor, la prensa expresaría conmoción e incredulidad. ¿Líder en automatización?
Xerox es una compañía con menos de dos mil millones de dólares en ventas anuales de productos automatizados para oficinas compitiendo con IBM, una compañía con más de 40 mil millones de dólares.
Hay muchos más ejemplos de humor semántico, carnetes del juego estratégico.
“El semiconductor de National está cruzando el Rubicón”, anunció el Presidente Chalres E. Sporck en el encabezamiento que anunciaba la línea de mini computadoras de la empresa.
Cuando Julio César atravesó el verdadero Rubicón en el año 49 a. C. lo hizo con una legión completa y dos más de reserva. Tan aterrador era el poder de César que Pompeyo, su oponente, decidió evacuar Italia sin vacilar.
¿Donde están las legiones de Sporck? ¿Se rendirá tan rápido IBM? No hace falta ser ingeniero militar para saber que esta semi -invasión no tendrá demasiado éxito.

¿Predicciones o propaganda?
Cuando Cola Cola anunció su nueva fórmula más dulce, también predijo tranquilamente un incremento del 1% anual de su participación en el mercado durante los siguientes dos años. ¿Se trató de una predicción o fue sólo propaganda? Si se pretendió ser lo último, erró el tiro. Ningún comandante militar, en su sano juicio, se impone tiempo para la victoria.
“Regresaré”, dijo Douglas Mc Arthur al dejar las Filipinas en marzo de 1942. Si hubiese agregado “a fin de año” su reputación se habría visto empañada seriamente al momento de regresar en 1944. Las promesas no cumplidas debilitan la moral. Las promesas en marketing deben ser tan vagas como las políticas, de otro modo desgastarán la eficacia de las fuerzas.
Cuando Hitler prometió apoderarse de Leningrado y falló, perdió más que su reputación militar; su imagen de “maestro de la propaganda” se disipó.

La realidad del conflicto en el marketing
Retórica aparte, está claro que el marketing está entrando a una era, una era que hará que los años sesenta y setenta parezcan un picnic escolar.
La competencia se vuelve brutal; el nombre del juego ha cambiado, ahora es: “arrebatar el negocio a algún otro”.
A medida que las compañías experimentan diferentes formas de aumentar las ventas, recurren cada vez más a la estrategia bélica.
Sin embargo, la agresividad en sí no es distintiva de una buena estrategia militar. En especial la agresividad representada por el “más” de las escuelas de administración. Más productos, más gente de ventas, más publicidad, más dedicación.
Sobre todo más dedicación. De algún modo, uno tiende a sentirse mejor con respecto al éxito si se trabaja mucho para alcanzarlo. Por lo tanto se programan más reuniones, más informes, más memoranda, más inspecciones de la gerencia.
No constante, la historia militar enseña lo contrario. Un compromiso obsesivo de ganar la batalla con un solo esfuerzo, casi siempre se vuelve en derrota. Desde las trincheras de la I Guerra Mundial hasta las calles de Stalingrado en la II, el comandante que permitió que sus ejércitos se involucraran en una pesada lucha cuerpo a cuerpo casi siempre terminó derrotado.
La tenaz determinación de Xerox de incursionar en el mercado de la automatización de oficinas no es señal de un futuro éxito. es un síntoma de poca flexibilidad.
Mucho mejores son los golpes rápidos, tipo relámpago, que dependen más del tiempo que de la fuerza (lo que los alemanes llaman Blitzkrieg). No es que el principio de la fuerza no sea importante, todo lo contrario; pero, a menos que un ataque se planee en forma apropiada, se perderá la ventaja si se permite que la batalla degenere en una guerra de desgaste.
Siempre que escuche a un comandante decir “tenemos que redoblar nuestros esfuerzos”, debe considerarlo la frase de un perdedor. Las luces no necesitan estar encendidas tarde en lugares como Armonk. El éxito de IBM estriba en pensar mejor y no en pensar más.

Autor: Al Ries y Jack Trout. Marketing de Guerra. Mc Graw Hill. Madrid. 1986

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La imagen país de España para la Ministra de Cultura Carmen Calvo

Lunes, 4 de mayo de 2009 Sin comentarios

Ilmo. Subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación; Ilmo. Embajador Director de la Escuela Diplomática; Ilmo. Vicepresidente del Real Instituto Elcano; Amigas y amigos,
De un tiempo a esta parte, el tema de la “imagen país” ha cobrado enorme auge en los medios diplomáticos y en muchos otros más. Entre otras cosas, porque vivimos un mundo cada vez más comunicado y también, de cierta manera, cada vez más homogéneo y globalizado, donde cada país necesita identificarse y ofrecerse en lo que tiene de único y distinto. La imagen internacional de un país se gestiona ahora de una forma muy diferente a como se hizo en el pasado.
Es ese sentido, cuando se habla de la “imagen país” de España los extremos del discurso suelen situarse en dos polos contrapuestos. Uno de ellos fundamenta su postura en el reconocimiento de nuestra inferioridad frente a las grandes naciones de la contemporaneidad que, inevitablemente, nos llevan ventaja en ésta como en algunas otras cosas. El otro planteamiento se centra en el elogio del trabajo realizado, desde la instauración de la democracia, para ir situando en el imaginario colectivo del mundo contemporáneo a una España moderna y creativa, pero también llena de tradiciones y culturalmente diversa.
Para dilucidar si estamos mejor o peor y proponer remedios, estrategias y tácticas están ustedes, y está este Seminario. Pero lo que a mi me gustaría mencionar en esta ocasión, como Ministra de Cultura, es el papel fundamental que la cultura juega en esta cuestión de la imagen exterior de nuestro país y en la escena política mundial, en la que el doble proceso de homogenización y diversificación cultural está en el centro de todos los grandes conflictos.
La cultura se sitúa en el núcleo de todas las identidades, pero a la vez la cultura planetaria, el agregado de todas las culturas, es el acervo indispensable para una cultura global de paz y de respeto entre los pueblos. Por lo tanto, parece evidente que la cultura resulta un instrumento imprescindible para manejarse en la escena internacional.
La aprobación en París, el año pasado, por la Asamblea de UNESCO, de la “Convención para la protección de las diversidad de las expresiones culturales”, con los únicos votos en contra de Estados Unidos e Israel, es un hito que nos debe hacer reflexionar.
Como se ha señalado en la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones, anunciada por el Secretario General de Naciones Unidas a propuesta del Presidente del Gobierno de España, uno de los riesgos del mundo globalizado de hoy es la incomprensión entre culturas. Ante este hecho hay que contraponer el diálogo, la cooperación y el respeto mutuo entre culturas, como medio eficaz para el progreso y la paz entre los pueblos.
Pero para entender la función cada vez más importante de la cultura hay que explicar, también, que la cultura se ha convertido en un factor económico creciente y de futuro. Hace cincuenta años la cultura estaba ligada a la diplomacia, pero apenas como un adorno. Hoy en día, la cultura es una parte importante de las economías desarrolladas y cuanto mayor es su nivel de desarrollo cobra aún mayor importancia.
En países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia o España, el turismo cultural, que no computa como cultura a efectos económicos, es una fuerza creciente y, como se pone de manifiesto en este Seminario, la “imagen país” se genera, en parte importante, a través de la cultura.
La España contemporánea puede ser considerada más o menos radical por su legislación avanzada en temas sociales, pero el público internacional lo sabe, lo aprecia y lo conoce de verdad a través, por poner un ejemplo significativo, de creaciones culturales como las películas de Almodóvar.
España es reconocida en Alemania, en determinados ámbitos, como un país con una capacidad para la reflexión y el análisis de la vida contemporánea. Probablemente el éxito del filósofo y pensador Javier Marías esté en la raíz de este reconocimiento.
Y así podríamos seguir con algunas otras de nuestras puntas de lanza culturales, o con fenómenos como nuestra industria editorial, que es la cuarta del mundo.
Todo esto nos lleva a la cuestión del idioma, del español, y de la capacidad de penetración del Instituto Cervantes y el buen trabajo que está haciendo por la imagen de España. El Instituto Cervantes es uno de los grandes empeños de este Gobierno y especialmente del Presidente, que mañana inaugura una nueva sede en la calle Alcalá, y que dispone de un presupuesto que crece para el año 2007 en un 26%, es lo que quisiera cualquier Embajador de España para la ciudad donde desempeñe sus funciones.
Porque estas “Embajadas culturales” están demostrando, desde 1992, una capacidad formidable de contaminar la escena cultural de las ciudades y los países en los que trabajan, con la lengua que manejan cuatrocientos millones de hablantes y que supone un bloque cultural como pocos en el mundo.
Pero de la importancia de la cultura en la imagen de los países y en el refuerzo de las identidades también sabemos en España, por lo mucho que se ha hecho en los últimos treinta años a favor de las tres lenguas co-oficiales, cuyo rescate y puesta en valor no ha generado empobrecimientos o confusión, como muchos vaticinaban y algunos siguen vaticinando.
Galicia, el País Vasco, Cataluña, Valencia o las Islas Baleares son hoy en día más fuertes, y España es más fuerte a su vez con sus lenguas bien cuidadas, estudiadas convenientemente por sus jóvenes y valoradas como un patrimonio de incalculable valor.
La imagen de España tiene mucho que mejorar y parte de ese trabajo le corresponderá a la cultura española, que tiene que profundizar en su internacionalización y en sus propios controles de calidad, para ofrecer al mundo razón y emoción bien fundamentadas. Pero tampoco podemos achicarnos.
España se reconstruyó a sí misma y su relación con Iberoamérica y con Europa en los últimos veinte años. Y España tiene también un reto en el sur del Mediterráneo, y muy especialmente en Marruecos y en Argelia, del que debemos salir airosos.
En los últimos años hemos puesto en marcha el Plan Asia y en este mismo año el Plan África.
En Asia iremos el año que viene a China, pero tenemos que ser conscientes de que ya este año tenemos una muestra del Museo del Prado en Japón durante seis meses, pagada íntegramente por ellos, o que el año próximo acogeremos a Corea del Sur como invitada en Arco y con la previsión de que el Presidente de la República, el Sr. Roh, se desplazará para asistir a la inauguración, conectándola con su visita de Estado. Nuestra relación con Asia progresa adecuadamente.
África, el África Subsahariana, es la nueva frontera, y ahí la cultura también estará presente. España es una potencia cultural y en la construcción de su imagen la cultura tiene que tener, si se quieren hacer las cosas bien, un papel decisivo.
Desde el Ministerio de Cultura estamos muy satisfechos de formar parte del Real Instituto Elcano y de los trabajos que desarrolla. El ejemplo de este Seminario es claro. Le deseo los mejores frutos en sus deliberaciones.
Muchas gracias por vuestra invitación y por haberme brindado la oportunidad de inaugurar esta interesante jornada de reflexión.

Discurso de la Ministra española de Cultura Carmen Calvo.

La gestión de la lealtad del cliente a la organización. Un enfoque del marketing relacional.

Lunes, 4 de mayo de 2009 Sin comentarios

LOS CAMBIOS PRODUCIDOS EN EL ENTORNO COMPETITIVO EN LAS ÚLTIMAS DÉ­CADAS HAN PUESTO DE MANIFIESTO LA NECESIDAD DE UN ENFOQUE MÁS PRO­FUNDO DEL MARKETING, QUE VAYA DESDE EL MERCADO GENÉRICO HACIA LA relación con el cliente individual. Estos cambios han generado tal complejidad que se han visto dificultadas las posibi­lidades de gestión de las variables co­merciales de una manera tradicional. Así, los cambios producidos en el mer­cado han provocado, tal y como refleja la revista Business Week (1991), que «el marketing se convierta en parte del sistema de entregar valor al cliente… Con esfuerzos para crear lealtad del cliente».
En este contexto, una de las estrategias empresariales que está cobrando mayor importancia es la retención de clientes a través de su fidelización. El desarrollo de un adecuado marketing de relacio­nes ayudaría a las empresas a conseguir la lealtad de sus clientes, lo que representa la posesión de un activo competitivo importante que proporcio­na las bases para poder incrementar los precios y generar barreras a la entrada para nuevos competidores.
El marketing de relaciones ha sido definido como «el que se refiere a todas las actividades de marketing dirigidas hacia el establecimiento, el desarrollo y el mantenimiento de intercambios rela­ciónales exitosos» (Morgan y Hunt, 1994), intercambios que crean valor y que, por tanto, ayudarán a las empresas a conseguir una ventaja competitiva sostenible (Vaura, 1992). Esta creación de valor puede ser desarrollada por la empresa fundamentalmente en tres campos (Morgan y Hunt, 1994): a) a través de la asociación con proveedores; b) a través de alianzas horizontales con otras empresas, permitiendo así la existencia de colaboración donde sólo existía competencia, y c) a través de la asociación con los clientes.
En lo que respecta al tercero de los campos indicados, la asociación con los clientes, la mayor parte de los tra­bajos realizados en el ámbito del marketing relacional ponen de manifiesto los beneficios obtenidos por las empresas, estando demostrada la relación positiva existente entre la tasa de reten­ción de clientes y los beneficios económicos obtenidos (Reichheld y Sasser, 1990).
La creación de valor en el intercambio a través de la asociación con los clientes se ve propiciada por las características básicas de las empresas de servicios, ya que el hecho de que los clientes frecuentemente participen en el proceso de producción y distribución del servicio facilita a la empresa la creación de relaciones estables. Así, dentro del sector servicios, y más concretamente en los mercados de consumo minoristas, las empresas están estableciendo, como una de sus prioridades, la gestión de la lealtad del cliente, desarrollando para ello una serie de estrategias defensivas encaminadas a su retención (Sirohi et al, 1998). Sin embargo, aunque para el desarrollo de estas estrategias resulta de vital importancia el co­nocimiento de aquellos aspectos que hacen que el cliente perciba beneficios de la relación establecida, existen pocos estudios que analicen esta cuestión (Esteban et al, 2001; Gwinner et al, 1998; Reynolds y Beatty, 1999).
El trabajo aquí realizado pretende pro­fundizar en esta cuestión, fijándose como objetivo el análisis empírico de un modelo que refleje los beneficios obtenidos por los clientes, a través del esta­blecimiento de relaciones estables con el personal de contacto de establecimientos minoristas, así como los beneficios que, de estas relaciones, obtiene la organización. Beneficios que se concretan, en el caso analizado, en la lealtad del cliente.
El servicio elegido, el ofrecido por los establecimientos minoristas dedicados a la venta de ropa, es un servicio de alto contacto personal, en el que se producen una serie de interacciones continuas entre el personal de contacto y el cliente, y en el que, por lo tanto, las partes se conocen.
La información analizada ha sido obtenida a través de la realización de una encuesta personal a clientes de una serie de establecimientos minoristas de venta de ropa. En esta encuesta han si­do recogidos distintos aspectos relacionados con los beneficios obtenidos por los clientes, con sus niveles de satis­facción y de compromiso, así como con la lealtad manifestada hacia el establecimiento.
La aplicación de la metodología aportada por los Modelos de Ecuaciones Es­tructurales permitirá determinar si, tal y como se espera, los beneficios obteni­dos por los clientes de estos estableci­mientos, derivados de sus relaciones con el personal de contacto de la empresa, ejercen un efecto positivo en sus niveles de satisfacción, de compromiso y de lealtad.

Beneficios derivados del marketing relacional

Desde la perspectiva de la Escuela Nórdica, el marketing de relaciones se define como «el proceso de identificar y establecer, mantener, aumentar y, cuando sea necesario, terminar relaciones con los clientes y con otros socios, de tal manera que se consigan los objetivos de las partes implicadas a través del cumplimiento de las promesas mutuas» (Grónroos, 1997). Por lo tanto, una estrategia de marketing de relaciones debería crear un valor superior, para el consumidor o para cualquier otra parte, que el derivado de la simple transacción de productos en un momento dado.
La creación de valor, a través de asociaciones con los clientes, se basa en el establecimiento de relaciones estables entre la empresa y el cliente, relaciones que deben construirse a través de un compromiso mutuo entre las partes (Berry y Parasuraman, 1991). El compromiso ha sido definido como «una promesa, implícita o explícita, de una relación continua entre las partes del intercambio» (Dwyer et al, 1987), implicando la disposición de las partes a realizar sacrificios a corto plazo para obtener beneficios a largo y relacionarse con los conceptos de lealtad y de abandono de otras alternativas. Desde el punto de vista del cliente, representa su unión psicológica con la empresa así como sus creencias sobre la importancia de la relación existente (Morgan y Hunt, 1994).
Como ya se ha destacado previamente, un aspecto único de las empresas de servicios se centra en que los clientes son, a menudo, parte del proceso de producción y de distribución del mismo, por lo que la relación entre el proveedor del servicio y el cliente es crítica. En muchos servicios, se requiere al cliente para que ofrezca información o esfuerzo antes de que la transacción sea consumada. Así, la calidad del servicio finalmente distribuido dependerá, junto con los esfuerzos desarrollados por la empresa, del papel desempeñado por el cliente.
Aunque los clientes no piensan en ellos mismos como miembros de la empresa, las empresas de servicios deberían ver a los clientes como miembros de su organización o «empleados parciales», que participan temporalmente en el proceso de distribución del servicio dado por la organización (Kelley et al, 1992; Mills y Morris, 1986; Mills et al, 1983). Pero, para ello, es necesario comprender los comportamientos que estos socios potenciales pueden llevar a cabo para sostener los esfuerzos de calidad de servicio de las empresas y analizar cómo éstas pueden motivar a sus clientes a ser socios en la distribución del servicio. Así, para lograr el éxito de las relaciones estables entre el cliente y la empresa es necesario conocer las motivaciones del cliente y todo aquello que hace que éste establezca una relación con la organización.
Los clientes esperan recibir una distri­bución satisfactoria del núcleo básico o corazón del servicio. Este núcleo básico o beneficio técnico es casi «algo da­do» por cualquier empresa que quiere ofertar un servicio consistente si desea permanecer en el negocio. Pero su simple provisión no es suficiente para es­tablecer relaciones estables con los clientes. Los consumidores seleccionan los servicios basándose en los beneficios que desean, esperando recibir, además de la distribución satisfactoria del núcleo del servicio, beneficios adicionales de esta relación (Gwinner et al, 1998).
Los beneficios que pueden obtener los clientes de estas relaciones estables se centran en el incremento de la confianza y en la reducción de riesgos en la compra, ventajas económicas, simplificación e incremento de la eficiencia en el proceso de decisiones, beneficios sociales y adaptabilidad (Esteban et al, 2001). La literatura existente sobre este tema muestra que una parte importante de estos beneficios viene determinada por la relación establecida con el proveedor, pudiendo ser divididos en dos categorías básicas: beneficios funcionales y beneficios sociales (Beatty et al, 1996; Dwyer et al, 1987; Gwinner et al, 1998; Reynolds y Beatty, 1999).
Los beneficios funcionales incluyen aho­rros de tiempo, conveniencia, realización de la mejor decisión de compra…, mientras que los beneficios sociales incluyen lo amable y cómoda que es la relación, la diversión con la compañía del empleado o con su relación cercana, tener un buen amigo y divertirse en pasar tiempo con el empleado. Así, a través del establecimiento de relaciones estables, los consumidores, por una parte, reducirán los problemas asociados a la elección de compra, mejorando la eficiencia de la toma de decisiones y, por otra, cubrirán la necesidad humana básica de sentirse importantes, relacionando los beneficios obtenidos con el sentimiento de familiaridad y de amistad con el proveedor.
La obtención, por parte de los clientes, de estos beneficios debería tener una incidencia positiva en los posteriores comportamientos voluntarios que dichos clientes estén dispuestos a llevar a cabo en beneficio de la empresa. Dentro de dichos comportamientos voluntarios se incluyen los indicativos de lealtad y de promoción de los intereses de la organización más allá de sus intereses individuales; los relacionados con la calidad de la distribución del servicio, ya que las actuaciones de los clien­tes pueden facilitar el éxito de sus interacciones con el empleado de contacto e incluso pueden afectar a las re­laciones con otros clientes; y los indicativos de una implicación activa y responsable en la dirección y desarrollo de la empresa, ya que los clientes son un recurso de consulta sin coste, por lo que sus quejas y sugerencias pueden llevar a solucionar problemas del servicio, a incrementar los servicios normalmente ofertados.
Por lo tanto, la consecución de los be­neficios derivados de la aplicación de una estrategia de marketing de relaciones debería incidir y estar así vinculada a la supervivencia y rentabilidad de la empresa a medio y largo plazo.


Modelo propuesto e hipótesis

La filosofía del marketing relacional se centra en las relaciones entre el cliente y la empresa, de manera que ambas partes obtengan beneficios. Con este objetivo, el modelo propuesto en este trabajo pretende determinar la naturaleza de las relaciones existentes entre los beneficios obtenidos por las partes implicadas en una relación de intercambio.
Así, partiendo de los beneficios que pueden obtener los clientes, derivados de sus relaciones con el personal de contacto de la empresa, se pretende determinar su efecto en uno de los comportamientos voluntarios que, dichos clientes, pueden realizar en beneficio de la organización. Concretamente en los comportamientos indicativos de lealtad y de promoción de los intereses de la organización más allá de sus intereses individuales, entre los que destacan la preferencia hacia el proveedor del servicio, la comunicación personal favorable y las recomendaciones como indicadores de la atracción de los clientes y de la lealtad hacia la organización.
Dada la importancia que cobran las estrategias dirigidas a la retención de clientes dentro del sector minorista, nos hemos centrado en aquellas actuaciones voluntarias de los clientes que suponen una determinada preferencia hacia el proveedor del servicio y que, por tanto, indican lealtad hacia el mis­mo. En general, pueden diferenciarse dos conceptualizaciones de lealtad, cognitiva y de comportamiento, que implican dos tipos de mediciones distintas. En su conceptualización cognitiva, la lealtad se contempla como una actitud positiva, en este caso, hacia un establecimiento determinado, mientras que, en su conceptualización de comportamiento, la lealtad se entiende como el grado de repetición de compra que observa un individuo (Berné et al, 1996).
Para medir los beneficios mutuos deriva­dos de una relación de intercambio, se plantea un modelo que recoge los beneficios relacionales obtenidos por las partes implicadas en la relación así como aquellas variables que actúan como nexo de unión. De esta forma, partiendo de los beneficios esperados por el cliente, se pretende analizar su efecto en uno de los potenciales beneficios obtenidos por la organización, la lealtad. Para este último beneficio se plantean dos medidas alternativas, una de lealtad cognitiva y otra de comportamiento. Este planteamiento nos permitirá determinar cómo deben conceptualizar y medir la lealtad los establecimientos detallistas analizados, ya que mientras la primera conceptualización refleja el compromiso del cliente con su tienda como resultado de un proceso de evaluación y de factores situacionales, la segunda muestra la adecuación del establecimiento a las necesidades y gustos de los clientes en relación con ofertas competitivas próximas (Berné et ai, 1996).
El nexo de unión entre los beneficios derivados del mantenimiento de relaciones estables entre ambas partes, cliente y empresa, puede ser analizado, fundamentalmente, a través de dos variables: la satisfacción global de éste y el compromiso del cliente con la organización. Así, se espera que los clientes con altos niveles de satisfacción, determinada por la consecución de beneficios relacionales y de compromiso con la organización, llevaran a cabo comportamientos indicativos de lealtad que redundarán en beneficio de la organización.
Las relaciones existentes entre los conceptos analizados deberían ser las reflejadas en la figura 1, que recoge las distintas hipótesis que se desean analizar.

figura1

Hipótesis a contrastar

Como ya hemos indicado, los beneficios obtenidos por los clientes, derivados de las relaciones continuas mantenidas con los empleados del establecimiento, pueden ser divididos en dos categorías. Los beneficios funcionales incluyen ahorros de tiempo, conveniencia, reali­zación de la mejor decisión de compra, etc., mientras que los beneficios socia­les incluyen lo amable y cómoda que sea dicha relación. Por tanto, los bene­ficios relacionales percibidos por el cliente deberían ser medidos a través de estas dos categorías básicas, de ma­nera que:

Hipótesis 1. Los beneficios relacionales para el cliente están reflejados en dos componentes, los beneficios sociales y funcionales percibidos por dicho cliente.
La existencia de una relación estable a argo plazo necesita que todas las partes implicadas obtengan beneficios. Por lo tanto, cuantos mayores sean los beneficios relacionales percibidos por el cliente, mayores deberían ser los beneficios obtenidos por la organización. Sin embargo, esta relación no es, a priori, directa, existiendo fundamentalmente dos variables que actúan como nexo de unión: la satisfacción global del cliente y su compromiso con la organización.
Dado que los consumidores desean y reciben beneficios de los empleados además de la pura adquisición del producto, los consumidores evaluarán el grado en el cual están recibiendo los beneficios que desean de la relación con los empleados. Así, la percepción de los beneficios de la relación debería afectar de manera directa y positiva a los niveles de satisfacción obtenida con el servicio (Gwinner et al., 1998; Rey­nolds y Beatty, 1999).
Por otro lado, el compromiso organizacional del cliente refleja la identificación y la implicación de un individuo con una organización. Por tanto, aquellos clientes que experimenten mayores niveles de satisfacción global, derivada de la obtención de beneficios relacionales, mostrarán mayores niveles de compromiso con la organización (Bettencourt, 1997; Kelley y Davis, 1994). El compromiso implica un alto nivel de obligación en hacer que la relación exista y en hacerla mutuamente satis­factoria y beneficiosa. Los clientes alta­mente comprometidos deberían estar más dispuestos a realizar un esfuerzo recíproco en el bienestar de la empresa debido a los beneficios que reciben de la relación (Chonko, 1986; Mowday et al., 1982). Este esfuerzo se refiere a la realización de comportamientos identificados con los objetivos de la empresa y relacionados con el bienestar de la organización. Por tanto, las hipótesis y subhipótesis planteadas son las siguientes:

Hipótesis 2. Los beneficios relacio­nales percibidos por el cliente deberían ejercer un efecto positivo indirecto en su lealtad a la organización. Este efecto se ejercerá a través de la satisfacción global del cliente y de su compromiso con la organización.

Hipótesis 2.1. La satisfacción glo­bal del cliente estará positivamente afectada, entre otros aspectos, por la percepción de los beneficios relacionales de dicho cliente.

Hipótesis 2.2. Mayores niveles de satisfacción del cliente llevarán a mayores niveles de compromiso del cliente con la organización.

Hipótesis 2.3. Mayores niveles de compromiso del cliente con la orga­nización llevarán a una mayor lealtad hacia dicha organización.

MÉTODO

El caso elegido para ejemplarizar las relaciones existentes entre los beneficios relaciónales percibidos por los clientes y sus consecuencias para la organización ha sido el servicio ofertado por los establecimientos minoristas de venta de ropa. Servicio con un alto nivel de contacto personal, en el cual los beneficios relacionales generados para el cliente deberían ser importantes determinantes de los posteriores comportamientos realizados por éstos en beneficio de la organización (Patterson, 1999).

METODOLOGÍA

La red conceptual propuesta requiere la especificación de conceptos o variables latentes, que se caracterizan por no ser susceptibles de observación directa o porque es imposible asumir que su observación está libre de un determinado grado de error de medida. La consecuencia directa de este tipo de especificación es que el análisis de la estructura de covarianzas o los modelos de ecuaciones estructurales (MEE) con variables latentes sean la aproximación metodológica más adecuada (Bagozzi, 1982; Rive­ra, 1997; Rivera y Satorra, 2002).

Como señala Bagozzi (1982), las venta­jas presentes en este marco son:

1 Los supuestos, las variables y las re­laciones constan explícitamente, así pues, se evitan malas interpretaciones y ambigüedades.

2 Los MEE añaden un cierto grado de precisión a la teoría formulada, ya que esta aproximación requiere que el lenguaje utilizado para definir las variables y operacionalizarlas sea claro, y las re­laciones funcionales entre las variables estén fielmente representadas.

3 Los MEE permiten representar mejor los complejos procesos psicológicos y sociales del mercado, ya que estos fenómenos son a menudo intrínsecos, comprendiendo muchas secuencias de interacción y retroalimentación.

4 Proporcionan un cuerpo teórico para construir y comprobar la consistencia interna de una teoría y las medidas, así como el grado de correspondencia entre la teoría y la observación.

Además, desde una perspectiva práctica, los MEE proporcionan (Bagozzi, 1982):

- Indicadores del grado de fidelidad de nuestras medidas mediante las estimaciones de los parámetros contenidos en los modelos de medida.

- Parámetros que representan las pro­posiciones no observables, es decir, indicadores del grado de asociación entre los conceptos teóricos (los parámetros estructurales del modelo).

- Índices y tests de bondad de ajuste, para evaluar la estructura teórica completa de la teoría.

- Errores estándares de los parámetros estimados.

El método de estimación utilizado es el de máxima verosimilitud sobre la ma­triz de covarianzas entre las variables observadas. Al objeto de evaluar la bondad de ajuste de los modelos, dada la distribución no normal de los datos analizados, se ha optado por el estadístico Chi-Cuadrado escalado de Satorra-Bentler (1) (Satorra y Bentler, 1994; Bentler, 1995; Bentler y Dudgeon, 1996). Además, al objeto de evaluar la significatividad individual de los pará­metros estimados, se opta por los z-tests, de tal manera que los z-tests calculados se corresponden con los errores estándar robustos (Satorra y Bentler. 1994; Bentler, 1995; Bentler y Dudgeon, 1996).
Por otro lado, dado que el objetivo de este trabajo es doble, en primer lugar, testar la red conceptual propuesta, y en segundo, si ésta no se alcanzara, determinar la naturaleza de la estructura de relaciones observada entre las variables, serán objeto de nuestra atención el LR (Likelihood Ratio), el Test LM (Lagranger Multiplier Test) (2) y el Test W (Wald Test) (Jóreskog y Sórbom, 96; Bentler, 1995). Para completar dicho análisis se procederá a la lectura de la matriz de residuos; matriz representativa de las diferencias entre las covarianzas observadas y las predichas por el modelo planteado (Bollen, 1989; Bentler, 1995; Jóreskog y Sórbom, 1996).

Base de datos

Los datos analizados se basan en los proporcionados por una encuesta llevada a cabo en enero de 2001. El tipo de muestreo utilizado corresponde un procedimiento no probabilístico.
Las encuestas personales fueron realizadas por un grupo de encuestadores especialmente entrenados para ello, obteniéndose 262 encuestas válidas para el objetivo del estudio. Los individuos analizados contestaron a las preguntas planteadas en la encuesta teniendo como marco de referencia su establecimiento de ropa habitual en el que realizaban, por lo tanto, la mayor parte de sus compras.
La mayoría de los establecimientos indicados por los encuestados como establecimiento habitual son de tipo boutique, con un tamaño pequeño. Por lo tanto, existe una mayor probabilidad de interactuar con el mismo vendedor durante distintas ocasiones de compra y, así, verse incrementada la probabilidad de proporcionar los beneficios derivados del marketing relacional.

Medidas utilizadas

Toda la información ha sido medida a través de escalas de acuerdo de siete puntos, desde 1 totalmente en des­acuerdo» hasta 7 «totalmente de acuerdo», con la excepción de las características sociodemográficas. En el cuadro 1 se muestran los ítems utilizados para medir las variables implicadas en el estudio. Los ítems empleados para medir los beneficios funcionales y sociales son una adaptación de los propuestos por Reynolds y Beatty (1999). Los utilizados para medir la satisfacción global del cliente se derivan de las escalas propuestas por Bitner y Hubbert (1994) y Bettencourt (1997). Los empleados para la medición del compromiso del cliente con la organización tienen su origen en los propuestos por Kelley y Davis (1994) y Bettencourt (1997). Por último, se utilizan dos medidas alterna­tivas de lealtad, una de comportamiento y otra cognitiva.
Las medidas de tendencia central y de dispersión mostradas en el cuadro 2 ponen de manifiesto que los valores medios de todos los ítems analizados, a excepción de los indicativos del compromiso del cliente con la organización, se sitúan por encima del punto medio de la escala de medición utilizada (3,5 puntos), encontrándose las ma­yores dispersiones en los ítems relativos a los beneficios sociales para el cliente. Los valores medios obtenidos en los ítems correspondientes a satisfacción se sitúan en torno a 5, lo que parece poner de manifiesto la existencia de una evaluación global positiva de las actuaciones desarrolladas por los establecimientos analizados.

Características de la muestra

Las características sociodemográficas de los individuos que configuran la muestra ponen de manifiesto la presen­cia de un 35% de hombres. La mayoría de los entrevistados han completado estudios secundarios o superiores (66,8%) y se encuentran principalmente en el intervalo de edad correspondiente a 18-49 años (72,5%). Las familias están compuestas, en término medio, por cuatro miembros (39,8%) y con unos ingresos medios anuales situados en el intervalo de 6.010,12 a 24.040,48 euros (55%). El 62% de la muestra trabaja fuera del hogar.

cuadro1

Análisis y resultados

La primera medida de lealtad emplea­da, indicativa de los beneficios relacionales obtenidos por la organización, ha sido el porcentaje del gasto en ropa que los individuos realizan en el establecimiento analizado. El porcentaje de respuesta a esta medida es el más bajo de los obtenidos, situándose en el 76,34%, por lo que el número de casos válidos utilizados para la contrastación del modelo se sitúa en 183 (3).
La estimación máximo verosímil, a través del EQS 4.2, del modelo propuesto en la figura 1, proporcionó una Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler de 76,19, con 40 grados de libertad y un p-value de 0,0. En consecuencia, la red teórica propuesta no representa adecuadamente la estructura de relaciones observada entre las variables, por lo que se procedió al análisis de los índices de modificación del modelo y de la matriz de residuos.
Dicho análisis dio lugar al establecimiento de una relación directa, no postulada a priori, entre los beneficios relacionales percibidos por el cliente y el compromiso de dicho cliente con la organización. Tras postular dicho efecto y reestimar el modelo, tuvo que ser especificado un nuevo parámetro: una rela­ción directa entre la satisfacción del cliente y su lealtad, medida ésta a tra­vés del gasto realizado. El modelo resultante proporcionaba una Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler de 45,81, con 38 grados de libertad y un p-value de 0,18, por lo que el modelo representaba adecuadamente la estructura de co-varianzas observada. El análisis de los z-tests de los parámetros estimados revelaba, por una parte, la ausencia de una relación directa entre la satisfacción global del cliente y su compromiso con la organización, y, por otra, la no existencia de una relación entre el compromiso con la organización y la lealtad.
Estas modificaciones de las relaciones inicialmente planteadas pueden ser aceptadas a nivel teórico, ya que lo que nos vienen a indicar es que los beneficios que perciba el cliente de su relación con el proveedor del servicio afectan, directamente, tanto a su nivel de satisfacción global como al compro­miso que sienta con la organización.
Sin embargo, los esfuerzos realizados por la empresa para mantener una relación estable con sus clientes, aunque refuerzan el interés del cliente por continuar dicha relación, sólo se traducen en beneficios para la organización, vía lealtad, a través de los niveles de satisfacción alcanzados.
Tras reestructurar el modelo teórico hipotetizado, la estimación máximo-verosímil, a través del EQS 4.2, proporciona las siguientes medidas de ajuste global del modelo. La Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler toma un valor de 46,96, con 40 grados de libertad y un p-value de 0,21, siendo el índice de Bentler-Bonett de 0,93. En consecuencia, dicho modelo representa adecuadamente las relaciones observadas entre las variables y puede ser, inicialmente, aceptado.
Los resultados finalmente obtenidos son los mostrados en la figura 2, en la cual se reflejan las estimaciones de los parámetros y sus correspondientes z-tests. Como puede observarse, todas las estimaciones son significativas y muestran el sentido, en este caso posi­tivo, esperado. En el cuadro 3 se muestran los coeficientes de determinación de las relaciones estructurales implicadas en el modelo (R2) y los coeficientes de fiabilidad asociados a las variables latentes (índice F-L).

cuadro2

Los valores reflejados en el cuadro 3 nos muestran que los ítems empleados para medir las variables bajo estudio son adecuados (índice F-L), así como que la capacidad explicativa de las relaciones establecidas es aceptable (R2). Todo ello nos lleva a aceptar el modelo propuesto. Entre los resultados obtenidos podemos destacar el valor alcanzado por el índice de Fornell-Larcker, correspondiente al modelo de medida planteado para el concepto satisfacción global del cliente, 0,56. Este valor muestra que los tres ítems utilizados (véase cuadro 1) representan adecuadamente dicho concepto. Respecto al modelo de medida planteado para la variable compromiso del cliente, aunque el índice de Fornell-Larcker obtenido es inferior al valor de 0,5 propuesto por sus autores, se considera aceptable, dada la naturaleza del estudio, explorar las relaciones existentes. Para corroborar esta aceptación, destacamos el hecho de que un índice de Fornell-Larcker de 0,42 lleva asociadas unas cargas factoriales estandarizadas superiores a 0,6.
En lo referente a las hipótesis planteadas, los resultados obtenidos nos llevan a aceptar la Hipótesis 1. Esto es, que los beneficios relacionales percibidos por los clientes es un concepto de segundo orden, representado por dos dimensiones, sus beneficios percibidos sociales y funcionales. Además, los ín­dices de fiabilidad de Fornell-Larcker correspondientes a los modelos de beneficios, funcionales, sociales y relacionales (cuadro) 1 toman valores superiores a 0,5- Por tanto, los ítems seleccionados al objeto de representar este concepto son adecuados en términos de fiabilidad.
Con relación a la Hipótesis 2, los resultados obtenidos nos llevan a aceptarla parcialmente. Recordemos que esta Hipótesis establecía que los beneficios relacionales percibidos por el cliente deberían ejercer un efecto positivo indirecto en su lealtad a la organización. Este efecto se ejercerá a través de la satisfacción global del cliente y de su compromiso con la organización». La reestructuración del modelo teórico inicialmente planteado ya indicaba que la lealtad del cliente sólo se debería ver afectada por el nivel de satisfacción global de dicho cliente. Los resultados obtenidos comprueban este hecho, ya que aunque los beneficios relacionales percibidos por los clientes ejercen un efecto indirecto sobre los beneficios obtenidos por la organización, éste se ejerce únicamente a través de la satisfacción global con el cliente y no a través de su compromiso. Del mismo modo, de las subhipótesis planteadas, únicamente se acepta la Hipótesis 2.1, esto es, que los beneficios relacionales percibidos por el cliente ejercen un efecto positivo en su satisfacción global. Sin embargo, las hipótesis 2.2 y 2.3 se rechazan, emergiendo una serie de efectos no establecidos a priori.

figura3
Modelo de lealtad cognitiva

Una vez obtenidos los resultados correspondientes a la medida de lealtad de comportamiento, se procedió a la contrastación del modelo propuesto utilizando una medida de lealtad cognitiva. La base de datos utilizada fue la misma que en el caso anterior, esto es, la compuesta por 183 individuos (4).
Como en el caso anterior, en primer lu­gar, se procedió a estimar el estadístico Escalado Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler, alcanzando éste un valor de 82,38 y un p-value de 0,0. Dado el no ajuste del modelo hipotetizado a las relaciones observadas entre las variables, se analizaron los índices de modificación del modelo y la matriz de residuos. El parámetro representativo de la relación directa entre los beneficios relacionales percibidos por el cliente y el compro­miso de dicho cliente con la organiza­ción presentaba un índice de modificación superior a 18, por lo que se liberó dicho parámetro. Sin embargo, los esta­dísticos de ajuste nuevamente calculados remitían a la introducción de un nuevo efecto: el ejercido directamente por la satisfacción del cliente sobre su lealtad cognitiva. Tras introducir dichos parámetros de manera secuencial, el modelo resultante proporcionaba una Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler de 49,15, con 38 grados de libertad y un p-value de 0,11, por lo que se aceptó dicho modelo como valido. Una vez alcanzado un modelo representativo de las relaciones observadas se procedió al análisis de los z-tests de los parámetros estimados. Dicho análisis dio cuenta de la no significatividad de dos parámetros, siendo éstos: la relación directa entre la satisfacción global del cliente y su compromiso con la organización, y la correspondiente al compromiso con la organización y la lealtad.
Estas modificaciones son las mismas que las realizadas en el modelo ante­rior, cuya justificación teórica ya ha sido expuesta previamente. El modelo finalmente aceptado muestra los resultados reflejados en la figura 3- La estimación máximo-verosímil, a través del EQS 4.2, proporciona las siguientes medidas de ajuste global del modelo. La Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler toma un valor de 51,50, con 40 grados de libertad y un p-value de 0,11, siendo el índice de Bentler-Bonett de 0,92. En el cuadro 2 se muestran los coeficientes de determinación de las relaciones estructurales (R2) y los índices de fiabili­dad de los conceptos teóricos. Todos los resultados obtenidos nos llevan a la aceptación del modelo.
Como en el caso anterior, los resultados obtenidos llevan a aceptar la Hipótesis 1, la Hipótesis 2.1 y, parcialmente, la Hipótesis 2. Por tanto, vuelven a comprobarse los efectos, positivos y significativos, de los beneficios relacionales percibidos por el cliente sobre su nivel de satisfacción global y de com­promiso, así como su efecto indirecto, vía satisfacción, sobre su lealtad, en este caso, cognitiva.
Las principales diferencias emergidas en la comparación de los dos modelos contrastados, figuras 2 y 3, se centran en la mayor capacidad explicativa del segundo modelo en lo relativo a las variables satis­facción y lealtad, permaneciendo el resto igual. Así, se puede observar, a través de la comparación de los cuadros 1 y 2, la mayor capacidad explicativa mostrada por los beneficios relacionales en lo con­cerniente a la satisfacción global del individuo, obteniéndose un coeficiente de determinación en el segundo modelo de 0,52, frente al 0,47 obtenido en el primero. La mayor diferencia surge en el coefi­ciente de determinación asociado a la variable lealtad, obteniéndose un valor, en el primer modelo, de 0,13, frente al 0,53 obtenido en el segundo caso. Por tanto, se comprueba que el modelo planteado es capaz de explicar en mayor grado la lealtad manifestada a través de «seguir siendo leal a la tienda», como resultado de un proceso de evaluación y de factores situacionales, que como lealtad de comportamiento, reflejada a través del porcentaje de gasto realizado en el establecimiento.

Conclusiones

El adecuado desarrollo del marketing relacional necesita que todas las partes implicadas en la relación de intercambio obtengan una serie de beneficios. Desde el punto de vista del cliente, gran parte de estos beneficios relacionales se derivan de la relación mantenida con el personal de contacto del servicio, de tal manera que éste ayude al cliente a mejorar su proceso de decisión de compra a través de, por ejemplo, la disminución del tiempo necesario para la misma y de los consejos ofrecidos, y de la relación personal y amistosa que mantenga con dicho cliente. Así, a través de la actuación del personal de contacto, las empresas de servicios pueden crear un valor en la relación establecida con el cliente que genere tanto barreras a la entrada de competidores como barreras a la salida para dicho cliente.
Estos vínculos relacionales, creados a través de las relaciones interpersonales entre las partes, hacen que sea más difícil para el cliente romper la unión psicológica existente con la empresa y cambiarse de proveedor. Junto con esto, el efecto positivo de los beneficios relacionales de los clientes en su satisfacción y, posteriormente, en su lealtad hace que la empresa pueda desarrollar una ventaja competitiva sostenible.
El estudio realizado comprueba los hechos anteriormente mencionados. Los esfuerzos realizados por la empresa, reflejados a través de la actuación de su personal de contacto, tienen su recompensa en la obtención de una serie de beneficios, tanto económicos como no económicos. Así, la percepción positiva, por parte del cliente, de la actuación del personal de contacto ejerce dos efectos importantes desde el punto de vista de la empresa. Por una parte, refuerza el compromiso del cliente, esto es, la unión psicológica que siente el cliente hacia la empresa. Este nexo psicológico incrementa los costes de cambio del cliente a la hora de plantearse otras alternativas, convirtiéndose, en definitiva, en una barrera a la salida del cliente que otorga ventajas a la empresa frente a la competencia. Por otra parte, afecta de manera positiva a la satisfacción global que sienta dicho cliente, la cual ejerce un efecto directo y positivo sobre su lealtad. Esta lealtad puede llegar a convertirse en un beneficio económico para la empresa, ya que supone la existencia de una actitud favorable relativa a alternativas potenciales y un comportamiento de compra repetido (Dick y Basu, 1994). En el caso aquí analizado, se comprueba que las empresas de servicios que proporcionen beneficios relacionales a sus clientes estarán incidiendo directa­mente en su satisfacción global y, en consecuencia, consiguiendo así su lealtad.
Los resultados de los dos modelos planteados corroboran la secuencia anteriormente descrita, aunque se detecta una mayor capacidad explicativa del modelo de lealtad cognitiva (intención de seguir siendo leal por parte del cliente) frente al de lealtad de comportamiento (porcentaje de gasto realizado). Pero, en ambos casos, destaca la importancia que el papel desempeñado por el personal de contacto de las empresas de servicios ejerce en los beneficios finalmente obtenidos por la organización. Por lo tanto, a la hora de establecer políticas de fidelización, encaminadas a generar la lealtad de sus clien­tes, los establecimientos detallistas deben basarse en el papel desempeñado por su personal de contacto a la hora de ayudar al cliente a tomar su decisión de compra y al establecer una relación cercana y amistosa con el cliente. La relación creada sobre estas bases permitirá la obtención de un doble objetivo: incrementar el nexo de unión entre cliente y empresa e incrementar la lealtad, sea cual sea su conceptualización.
Las futuras líneas de investigación que surgen como consecuencia del estudio realizado se centran en el análisis de la ausencia de una relación entre la satisfacción global del cliente y su nivel de compromiso con la empresa, así como en la carencia de un efecto del compromiso sobre la lealtad.

(*) Los autores desean agradecer la ayuda prestada por el proyecto DGES PB97-1009 y al Grupo de Investiga­ción de la DGA «Mercado, reputación y marketing».

NOTAS

(1) El estadístico Chi-Cuadrado Escalado de Satorra-Bentler surge al corregir el estadístico Chi-Cuadrado de bondad de ajuste del mode­lo. Esta corrección persigue que la distribu­ción del mismo sea aproximadamente una Chi-Cuadrado, cuando los supuestos distribucionales postulados en la función de discre­pancia sean erróneos.

(2) Estos índices son nominados como índices de Modificación del Modelo.

(3) Nótese que este número de encuestas váli­das se corresponde a aquellos individuos que han contestado a todas las cuestiones implíci­tas en el modelo a contrastar.

(4). Posteriormente, se procedió a la contratación del modelo utilizando el número de en­cuestas válidas correspondientes a las varia­bles implicadas en este segundo modelo. En este caso, dado el bajo porcentaje de la medi­da de lealtad de comportamiento previamente empleada, el número de encuestas válidas as­cendió a 236. Los resultados obtenidos corro­boraron los aquí mostrados, dando muestras de la estabilidad de los resultados.

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Autor: MARTA PEDRAJA IGLESIAS y PILAR RIVERA TORRES, Departamento de Economía y Dirección de Empresas, Universidad de Zaragoza (España) Fuente: Economía industrial Nº 348 – Año: 2002 – Ministerio de Ciencia y Tecnología del gobierno español – Subsecretaría – Secretaria General Técnica. Pág. 143 a 153

La comunicación de crisis

Lunes, 4 de mayo de 2009 Sin comentarios

Mucho se ha escrito en los últimos años sobre la comunicación de crisis, y me temo que se seguirá escribiendo en el futuro. Cómo abordar una crisis comunicativamente sigue siendo uno de los temas estrella del corporate, aunque a juzgar por el número de empresas que realmente disponen de estrategias anticrisis más bien parece tratarse de un tema virtual.
En efecto, y aunque no existen estimaciones suficientemente contrastables, parece que en España las empresas con una facturación superior a los 20.000 millones/año que disponen de una estrategia anticrisis estarían por debajo de un 20 por 100, y entre las que sí la tienen ésta se orienta casi exclusivamente hacia las crisis catastróficas o accidentales imprevisibles…A estas razones yo añadiría una más: la farragosa que supone casi siempre la descripción sobre el papel de la comunicación de crisis en los libros sobre la materia.
Al revisar esa abundante bibliografía uno se pierde frecuentemente en descripciones excesivamente genéricas sobre como prevenir primero, y cómo actuar después, en el caso de una posible crisis; crisis que, insisto si es entendida como algo pavoroso probablemente nunca se produzca, pero que si la identificamos con disfunciones corporativas, como puede ser un conflicto laboral, un fallo de producción, o cualquier otro asunto que afecte a la imagen y a la reputación corporativas, veremos que puede llegar a ser incluso habitual, y de este hecho es de donde hay que extraer la primera conclusión para empezar a valorar correctamente la importancia de la comunicación de crisis.
No tiene mucho sentido entender la comunicación de crisis como un recetario que se guara en la caja fuerte de la Compañía esperando el día en que suceda una catástrofe. Cada empresa debe aprender a manejarse en una situación de auténtica crisis gestionando, como si lo fueran, los pequeños problemas y conflictos cotidianos. Ese es el mejor entrenamiento para enfrentar con garantías una crisis severa, lo cual no excluye que la Compañía disponga de un plan anticrisis ad hoc.
La segunda premisa para entender cabalmente el sentido de la comunicación de crisis es considerar que el mejor escudo contra la crisis lo constituye una buena reputación corporativa, entendida esta noción como la consolidación en el tiempo y ante públicos prioritarios de una imagen positiva de la empresa. En este sentido, la comunicación de crisis debe ser entendida y asumida por la organización como un instrumento más para lograr esa reputación corporativa.
En resumen, una propuesta creíble en relación a la comunicación de crisis, para que ésta sea asumida por la mayor parte de las empresas como una herramienta más del corporate y no como una proposición alambicada que sólo interesa a las Compañías propietarias de centrales nucleares o a las líneas aéreas, se basaría en estas premisas:

1. Desarrollar permanentemente habilidades en la gestión de la comunicación de crisis a partir de la resolución de asuntos menores.
2. Formalizar un dispositivo de comunicación de crisis armónico en cuanto a su dimensión con el perfil e imagen de la Compañía, no con el riesgo potencial de sufrir una catástrofe, es decir, coherente con los objetivos y el perfil de su imagen intencional.

Autor: Justo Villafañe en La gestión profesional de la imagen corporativa. (Universidad Complutense de Madrid). Pirámide. Madrid 1999. p.267

Investigar para transformar: la educación de las tele-audiencias

Lunes, 4 de mayo de 2009 Sin comentarios

La perspectiva de indagación-intervención que se desarrolla a continuación tiene como objetivo hacer evidentes, «tele-evidenciar» los procesos de ver televisión o «tele-videncia», como condición y a la vez estrategia pedagógica para mejorar en beneficio de las mismas tele-audiencias, su interacción múltiple con la televi­sión. Dos convicciones político-metodológicas sustentan y dan sentido a esta perspectiva. La primera es la convicción de que las tele-audiencias, esto es, las socie­dades contemporáneas segmentadas a partir de su vinculación con la televisión, deben de participar cada vez más crítica e informadamente como interlocutoras de este medio y no sólo como meras espectadoras (Orozco, 1996). La segunda es la convicción de que la investigación de sus interacciones televisivas debe proveer un conocimiento útil no sólo para lograr una más profunda y adecuada comprensión de su «tele-vi­dencia», sino sobre todo para mejorar su interlocución con la televisión, a través de sustentar estrategias educativas tendientes a intervenir.
La apuesta en esta perspectiva, es entonces, que una investigación que conlleve las convicciones anteriores parte de la misma tele-audiencia y de reconocerla no sólo como conjunto de sujetos activos frente a la televisión, sino principalmente como agentes sociales y comunicati­vos, miembros y a la vez productores de una cultura, en su múltiple interacción con la televisión. Por eso, la exploración de sus procesos de ver televisión, de tele-videncia, constituyen una prioridad metodológica, ya que es justamente en ellos y desde ellos, que parece posible aprehender su agencia real y entender sus prácticas comunicativas.
El énfasis anterior no significa soslayar al medio, en este caso la televisión, como un componente importante de la interacción con la tele-audiencia. Por el contrario, en esta perspectiva la televisión constituye un referente fundamental en la comprensión del proceso mismo de ver televisión y en la propia constitución de las tele-audiencias. Compo­nente que es necesario entender, descubrir y asumir como mediación, para poder aspirar a entender el proceso de comunicación en su conjunto.
Si bien la*televisión no es el medio todopoderoso que se creyó que era por mucho tiempo, y por lo cual se le ha temido tanto, tampoco es un medio inocuo ni neutral. No es neutral porque la televisión es, a la vez que medio, una institución, y como tal está necesariamente deter­minada de maneras específicas en las distintas sociedades. No es casual que la televisión actualmente en la mayoría de los países esté en manos del gran capital y exista así gracias a sus alianzas con el poder político, conformando el bloque del poder. No es inocua, porque como medio, la televisión tiene un potencial intrínseco que ejerce por lo menos una video-mediación en su audiencia al estimular su percepción, sus emociones y sus hábitos cognoscitivos y lingüísticos de cierta manera y no de otra.
En esta perspectiva, la televisión tiene un papel, que sin ser determinante, sí es importante. Sin embargo, la estrategia metodológica no comienza con desvelar ese papel de la televisión, sino con conocer a la tele-audiencia y explorar sus interacciones, para de ahí inferir, y no deducir, el papel real y diferenciado que la televisión está, de hecho, teniendo en la sociedad.

La búsqueda por comprender

En esta perspectiva, el esfuerzo investigativo se centra en enten­der. Lograr un entendimiento de algo, en este caso de la tele-audiencia y su tele-videncia, se concibe distinto a otros esfuerzos investigativos, también legítimos pero diferentes, que buscan o predecir, o explicar o interpretar.
La actividad científica históricamente ha privilegiado distintos es­fuerzos de investigación. Quizá el más duradero ha sido el de predicción, por el cual a partir de ciertas hipótesis que traducen el descubrimiento de regularidades, un investigador es capaz de proponer la ocurrencia de un determinado evento, siempre y cuando se reúnan las condiciones requeridas. La predicción es la prioridad dentro del paradigma positivista (Garfinkel, 1981).
El esfuerzo de explicación, sustentado dentro del paradigma rea­lista de la ciencia, busca encontrar aquellos elementos que permitan contestar a por qué determinados hechos ocurren. Aquí, no sólo las regularidades, sino el contexto de donde ocurre un evento es tomado en cuenta, ya que se considera que incide en la explicación de aconte­cimientos específicos (Orozco, 1996a).
Por largo tiempo se ha entablado un debate sobre si la predicción exitosa conlleva o no la explicación del evento ocurrido. La posición más aceptada al respecto entre los dentistas sociales es que en todo caso lo que se tiene con una predicción exitosa es una «sustanciación» de por qué la ocurrencia de un evento tuvo lugar. Sustanciación que es a posteriori a la misma ocurrencia, pero que no necesariamente conlleva una explicación en el sentido estricto del término (Scheffler, 1983).
Así, es posible entender por qué en la investigación de los efectos de la televisión en las audiencias, lo que predomina son sustanciaciones, pero no explicaciones de por qué determinados efectos tienen lugar en audiencias específicas.
El esfuerzo interpretativo o hermenéutico, a diferencia de los dos anteriores, abandona las pretensiones de objetividad que conllevan la predicción y la explicación, y centra su atención en el papel subjetivo o en todo caso en la intersubjetividad de los investigadores que estudian un evento . En este esfuerzo, lo importante es la explicitación de los caminos a través de los cuales se interpreta y se arriba a conclusiones concretas en la comprensión de un hecho (Henriques et al., 1984).
El esfuerzo de entender, —como aquí se asume— aunque incluye una cierta interpretación de los acontecimientos por parte del investiga­dor o por parte de los sujetos de la investigación, o por ambos, difiere del esfuerzo meramente interpretativo en tanto que busca asociar distintos componentes, tanto del evento en cuestión, como del contexto en el que se realiza, a veces introduciendo o relacionando elementos que no aparecen naturalmente interconectados o no están necesaria­mente vinculados al evento en sí. En cierta manera, el investigador busca intervenir en el objeto para ver su comportamiento, y éste se convierte en objeto de entendimiento también o en medio para entender de otra manera lo que se quiere, o entender otros aspectos del objeto inicial.
En el esfuerzo de entendimiento, entonces, se asume que la realidad no existe per se, independiente del sujeto cognoscente, sino que existe sólo en la apreciación que éste haga de ella y de la manera en que la haga.
Por ejemplo, en la investigación del proceso de tele-videncia de tele-audiencias infantiles, se ha asociado la familia, la escuela y el grupo de pares con la intención de hacer evidente la manera en que estas «comunidades» inciden en la interacción infantil con la televisión.
Entendida así la asociación/demarcación inicial del objeto de aná­lisis, conlleva necesariamente la decisión razonada del investigador para dar por terminada su exploración o continuar y enriquecer su entendimiento del objeto estudiado. La fórmula, sin embargo, no es matemática, ya que no necesariamente incluyendo más componentes se profundiza el entendimiento. En la decisión intervienen otros criterios menos cuantitativos que tienen que ver con el sentido pragmático
y la posición política y ética del investigador.

La motivación por transformar

Si de lo que se trata es intervenir un proceso de tele-videncia para que el papel de la televisión sea un recurso para el desarrollo de la tele-audiencia en cuestión, es necesario considerar diversos «escena­rios» y «comunidades» dentro de las cuales se desenvuelve, y explorar ahí también su tele-videncia, para descubrir el tipo de interacciones que se realizan, los apoyos y límites que tienen lugar con respecto al proceso de tele-videncia, y en general, a los procesos de socialización que ahí se despliegan. Pero como es obvio, esto conlleva decisiones no sólo pragmáticas, sino éticas y políticas (Groux, 1994).
Éticas en tanto que no se trata únicamente de investigar la tele-vi­dencia per se, o porque la televisión sea el medio preferido del investi­gador (aunque lo sea) o porque el investigador considere que es un medio importante en la vida cotidiana, o simplemente porque investigar las audiencias televisivas sea considerado una moda intelectual. Son decisiones éticas, sobre todo, porque investigar y entender la televiden­cia es visto por el investigador como un medio necesario para un fin mayor, que es la transformación de la tele-audiencia y, eventualmente, del sistema comunicativo, y representa una honesta búsqueda por contribuir a la consecución de la democracia (Giroux y McLaren, 1994).
Es una decisión política, porque explorar la tele-videncia de esta manera y a partir de la audiencia, es asumir un trabajo con sectores concretos de la sociedad y para beneficio de ellos y no de otros. Sería distinto hacer investigación para una empresa, o para un consorcio televisivo por fines lucrativos. Esto no significa satanizar otros tipos de investigación desde una posición moralista radical, sino simplemente explicitar y advertir que cada tipo de investigación conlleva decisiones éticas y políticas concretas, y que la investigación, finalmente, al igual que la televisión, no es ni ingenua ni inocua (Lull, 1997).
El énfasis en investigar las teleaudiencias siempre en relación a sus comunidades y contextos no descarta el estudio de otros elementos intervinientes. Es producto de una decisión múltiplemente orientada y de una evaluación sobre las posibilidades mejores para lograr el objetivo buscado de transformación.
La «asociación» de otros componentes en la investigación se sustenta en el criterio del potencial que presenten para la comprensión y la intervención pedagógica en orden a trasformar la tele-videncia.

El enfoque cualitativo

Desde mitad de los años ochenta, la corriente de investigación de los (todavía llamados) procesos de recepción televisiva, conocida en la literatura internacional como «análisis crítico de la audiencia» (Jensen, 1987), ha privilegiado el enfoque cualitativo como el más idóneo. Esto no ha significado, sin embargo, la exclusión del enfoque cuantitativo. De hecho la tendencia contemporánea es por una combinación de ambos enfoques para lograr distintos tipos de conocimiento sobre el mismo objeto.
El enfoque cualitativo se ha asumido en la mayoría de estudios de audiencia como un conjunto heterogéneo de herramientas metodológi­cas —la mayoría de ellas desarrolladas dentro de otros campos de estudio, como la antropología y la sociología de la cultura— que el investigador combina para explorar distintos componentes de su objeto de análisis.
Lo que caracteriza a este enfoque es la búsqueda de un conocimiento descriptivo, lo más completo posible, que sirva de base al investigador para lograr sucesivas comprensiones, cada vez más afinadas, sobre su objeto de investigación, y para la formulación subsecuente de una cada vez más completa teorización.
A diferencia del enfoque cuantitativo, centrado en obtener un conocimiento principalmente estadístico —que una vez obtenido se desliga de los sujetos informantes para permitir realizar generalizaciones— el cualitativo se enfoca en incluir como fuente de conocimiento todos aquellos matices e interpretaciones provistas por los mismos sujetos de investigación que permitan redondear y enriquecer la comprensión del objeto investigado. No obstante, el abandono de la pretensión de generalizar en el enfoque cualitativo, el conocimiento obtenido no está circunscrito a los participantes en la investigación. Si bien no tiene una representatividad estadística, este conocimiento permite entender el objeto investigado, más allá de su manifestación dentro del grupo de sujetos de investigación, que siempre es más o menos reducido.
Por ejemplo, es posible caracterizar el proceso de tele-videncia y distintas tele-audiencias, de tal manera que pueda hablarse de «la» tele-videncia y «las» tele-audiencias en sí mismas y no sólo de una tele-audiencia específica y su tele-videncia particular. Lo importante, entonces, no es saber cuántos sujetos realizan tele-videncias similares, sino saber cómo es posible que se realice una tele-videncia, al igual que lo importante no es sólo saber cómo está conformada una tele-audien­cia, por ejemplo, de maestros de escuela básica, sino saber que hay una tele-audiencia tal, distinguible de otras.
Ahora bien, la no circunscripción del conocimiento a los pequeños grupos de donde se extrae, no significa que ese conocimiento sea automáticamente generalizable a otros grupos, en este caso, a otras tele-audiencias. Lo que significa es que ese conocimiento puede ser usado en otros contextos sólo como estimulante para ser enriquecido con nuevas aportaciones de distintos grupos, dentro de un proceso similar de investigación al del primer grupo de donde surgió.
El criterio que en esta perspectiva se ha denominado de «suficien­cia comparativa» es el criterio por el cual un investigador define cuántos sujetos de investigación y cuántos componentes del objeto explorado debe observar y examinar. La experiencia con el enfoque cualitativo muestra que lo importante no es la cantidad en sí, sino el número en función de lo que aporta, ya que llegando a un cierto número que puede ser alrededor de 25 sujetos, las diferencias en cuanto a originalidad en sus aportaciones al entendimiento de lo investigado disminuyen, mien­tras que las redundancias aumentan. De esta manera, lo importante es incluir en el grupo de participantes individuos tan diversos entre sí con respecto al objeto investigado, que puedan ofrecer tantos matices y diferencias como sea posible, hasta conseguir una «sustanciosa» des­cripción (Orozco, 1996b).
Lo anterior supone que la racionalidad metodológica es compara­tiva. A partir de comparaciones se analiza lo distintivo de cada compo­nente y luego, conjuntando los aspectos distintivos, se logra una visión más amplia del objeto analizado.
En concordancia con el esfuerzo por entender, no sólo es impor­tante la conjunción de componentes distintivos, sino la vinculación de ellos con otros elementos para obtener también distintas aproximacio­nes o visiones diferentes de lo investigado. Por esto es que en esta perspectiva se usan varias herramientas metodológicas a la vez. Por ejemplo, entrevista en profundidad, observación participante, discusión grupal entre los sujetos investigados, etc. Con cada una de estas herramientas se busca obtener visiones parciales o ángulos diferentes del mismo objeto.

La construcción de la teoría

En esta perspectiva, la formulación de teoría es una meta prioritaria. Esto se logra, sobre todo, a través de un esfuerzo de fundamentarlos hallazgos, producto del análisis. (En la literatura internacional la «teoría fundada» se conoce como grounded theory). (Orozco y Viveros, 1996). Para fundamentar la teoría, el investigador parte de las mismas expresiones de los sujetos involucrados en la investigación. Esto, sin embargo, no significa que el investigador comience el proceso sin ninguna premisa que oriente su actividad. Lo que significa es que el investigador comienza con un mínimo conocimiento o un conocimiento preliminar sobre su objeto, que es lo que le permite seleccionar a los mismos sujetos y los primeros componentes del mismo, así como decidir los primeros pasos. Sobre todo, el investigador comienza con una serie de preguntas informadas.
Lo anterior es importante resaltarlo, porque, por un lado, la diferen­cia entre un investigador y un mero recolector de informaciones, es justamente que el investigador tiene por lo menos una noción de a dónde quiere ir. Noción que no es definitiva, y puede modificarse, y de hecho, casi siempre se modifica para otorgar una verdadera flexibilidad al proceso reflexivo. Por otro lado, porque precisamente en este punto se diferencia un proceso de investigación cualitativo, de un estudio simple­mente empirista.
Iniciado el proceso de investigación, el investigador, entonces, vuelve a su conocimiento inicial, lo afina, lo modifica, lo enriquece, para, una vez más, volver sobre su objeto de análisis. Todo esto como parte de un proceso más o menos de aproximaciones sucesivas. Este proceso es uno de reflexividad, a través del cual el investigador va «haciendo sentido» de sus hallazgos y profundizando en su entendimiento. Sus reflexiones le van indicando qué otros componentes vincular, que más información obtener, pero sobre todo, le permiten ir formulando sus propias categorías de análisis.
Por ejemplo, la categoría de las «estrategias» televisivas de las tele-audiencia resultó de un proceso analítico reflexivo a partir de múltiples entrevistas con los participantes en varios estudios. De la misma manera resultaron los conceptos de «nivel pragmático» y «nivel normativo» de las prácticas televisivas, e inclusive, el mismo concepto de «tele-videncia». No obstante, ninguno de estos conceptos fueron expresados directamente por los investigados, sino que fue el esfuerzo analítico del investigador el que le permitió arribar a ellos.
La proposición de conceptos, que son a la vez categorías de aná­lisis para investigaciones posteriores, es la manera concreta como se va conformando un cuerpo teórico, y como ha sido el caso, con la cons­trucción de esta perspectiva de investigación de la tele-videncia. Así, una vez definida una categoría se sustancia o fundamenta con la in­formación procedente de los mismos participantes de donde se origina.

La tele-videncia

Como se propone aquí, la tele-videncia es un proceso complejo que conlleva múltiples interacciones de la tele-audiencia con la televisión a distintos niveles y que es objeto también de múltiples mediaciones. Es un proceso largo que no está circunscrito al momento preciso de contacto directo con el referente televisivo.
Una de las características más distintivas de la tele-videncia es precisamente su múltiple dimensión, en tanto que abarca, por una parte, un intercambio simbólico, un intercambio perceptivo, un intercambio afectivo y finalmente, un intercambio «agenciativo» que involucra las diferentes actividades o «agencias» de la audiencia.
Por otra parte la televidencia conlleva una triple dimensión tempo­ral: antes, durante y después del intercambio directo con el referente televisivo, y a la vez engloba una dimensión normativa y otra pragmática. El intercambio simbólico tiene que ver con el contenido que entra en juego y es objeto de «negociación» entre la oferta programática de la televisión y la tele-audiencia. El producto de este intercambio son significados.
El intercambio perceptivo hace referencia a los esquemas, destre­zas y patrones cognoscitivos, implicados tanto en un referente televisi­vo, como en las mentes de los miembros de la tele-audiencia. Estos elementos condicionan la misma percepción del contenido y la produc­ción posterior de significados.
El intercambio afectivo se relaciona con las emociones que la televisión «mueve» entre su tele-audiencia y sus expectativas de satis­facción. Es por tanto un intercambio emocional con distintos aspectos de los referentes de la televisión: géneros programáticos, personajes, situaciones… Tiene mucho que ver con «sensaciones» que desarrolla la tele-audiencia en su interacción con la televisión.
El intercambio agenciativo se refiere a ese conjunto de actividades, tácticas y estrategias, hábitos y sobre todo usos, que despliega la audiencia en su tele-videncia general o circunscrita a géneros televisi­vos particulares. Por ejemplo, la estrategia de escuchar, en vez de ver y escuchar las noticias de la televisión.
Este múltiple intercambio puede ser simultáneo y no siempre ser consciente, o un tipo de intercambio puede predominar en alguna tele-videncia. Por ejemplo, este sería el caso de las telenovelas, donde el juego de emociones es lo sobresaliente.
Las dimensiones normativa y pragmática de la tele-videncia impli­can que, por una parte, la tele-audiencia ha desarrollado ideas acerca de lo que debiera ser o le gustaría que fuera su interacción televisiva, pero por otra, se encuentra en situaciones tan específicas siempre, que estas mismas situaciones también definen lo que realmente sucede en su interacción. Las audiencias, entonces, negocian también consigo mismas las maneras concretas de interacción con la televisión, según las circunstancias específicas en las que se encuentren. La tensión permanente que existe entre la norma y la situación, es lo que explica por qué los resultados de las tele-videncias conllevan un alto grado de impredictabilidad, al mismo tiempo que permiten entender esa cierta «autonomía relativa» que parecen gozar las tele-audiencias frente a la televisión.

La intervención de la tele-videncia

Considerando lo anterior, la intervención posible de la tele-videncia tiene que ser lo más integral posible, para realmente aspirar a tener éxito en su transformación. Esto supone que todas las dimensiones, y espe­cialmente los cuatro tipos de intercambio, deben tomarse en cuenta en el diseño de cualquier estrategia pedagógica. La dimensión quizá más difícil es la afectiva, que requeriría un trabajo psicológico especializado. Pero los otros tres intercambios —agenciativo, simbólico y perceptivo— se presentan como posibles ámbitos de intervención pedagógica.
El hecho de que la tele-videncia trascienda el mero contacto directo entre televisión y audiencia, posibilita que la intervención pueda hacerse desde distintos «escenarios» y en diferentes momentos.
Por ejemplo, en el caso de la audiencia infantil, un escenario posible de intervención y educación es ciertamente la familia, aunque no sola­mente durante el momento en que sus miembros ven televisión, ni necesariamente en el propio hogar. Otro escenario posible es la escuela, donde los niños negocian con sus compañeros sus significados provisionales con respecto a lo visto en la televisión el día anterior y donde la televisión continúa siendo referente importante de sus juegos o simplemente tema de intercambio en su conversación.
Lo anterior significa, en primer lugar, que no es por mero volunta­rismo que se diseñen cursos y talleres en distintos escenarios extra familiares y escolares, cuyo objetivo sea la educación de la tele-audien­cia. Segundo, que tiene un sentido de urgencia intervenir la tele-videncia desde cualquiera de esos escenarios y en el caso de los niños, desde su propia escuela, porque mucho de su intercambio televisivo ahí se realiza y ahí confronta su aprendizaje en el aula. Y tercero, porque si la escuela no ejerce una intervención pedagógica, pierde mucho de su sentido y misión educativa, ya que muchas veces lo que los niños aprenden de la televisión resulta más relevante para su vida que lo que aprenden en las aulas.

Las «competencias» comunicativas para la tele-videncia

No obstante el descubrimiento y la aceptación ya generalizada entre los investigadores críticos, de que las tele-audiencias no son pasivas por definición, sino activas y de que poseen una capacidad considerable para usar creativamente la televisión, negociar, resistir y aun contraponer significados o «resemantizarlos» a partir de los refe­rentes televisivos, en esta perspectiva se asume que estas cualidades o competencias comunicativas son siempre limitadas y están siempre condicionadas. Por eso tiene sentido instrumentar estrategias de inter­vención pedagógica para desarrollarlas y potenciarlas lo más posible.
La capacidad de resemantización de las tele-audiencia, así como su capacidad crítica y creativa para realizar tele-videncias más autó­nomas e inteligentes están limitadas desde el hecho de que aun en el mejor de los casos —cuando estén altamente desarrolladas— siempre se realizan en condiciones dadas. Condiciones estructurales que no son producto de la agencia de las mismas tele-audiencias. Esto significa que aún la creatividad se ejerce dentro de ciertos parámetros y con refer­encia a la misma televisión, por una parte y, por otra, con referencia a la propia formación y cultura de pertenencia de las tele-audiencias (Hall, 1980).
La idea generalizada, que inclusive a veces se toma por dada, aun como premisa en investigaciones recientes, de que por naturaleza las tele-audiencias son activas, merece asumirse con cuidado, porque lo que interesa desde un punto de vista crítico, pedagógico y político, no es reconocer y estimular la actividad per se de las tele-audiencias, sino sus posibilidades de transformación de sus tele-videncias en una direc­ción emancipatoria. Esto tiene que ver, más que con la mera actividad, con un cierto tipo de actividad, que es aquella que al tener lugar, «empodera» a la audiencia para modificar su propio proceso de interac­ción televisiva (Fiske, 1993).
Lo anterior significa, que no sirve de mucho o por lo menos es un logro parcial, estimular la reflexión de la audiencia, si en esa reflexión no se establecen las bases para una transformación real de su vinculación con la televisión, de sus rutinas y hábitos televisivos y comunicati­vos, de sus modos de pasar el tiempo libre y realizar sus consumos culturales.
Además de condicionamientos sustantivos, las tele-audiencias pro­fesan una serie de ideas, derivadas de su propia cultura, tanto sobre la televisión, como sobre el proceso de verla, como sobre sí mismas en tanto tele-audiencias. Ideas que en parte son producto de la misma influencia de la televisión, en tanto la única institución que ha incidido sistemáticamente y a su manera, en la conformación de sus tele-audien­cias, en un contexto de omisión o autoexclusión de otras instituciones socializantes como la familia y la escuela en la educación de sus miembros como televidentes.
Por ejemplo, una idea generalizada entre tele-audiencias latinoa­mericanas, es: «la relación con la televisión no es algo sobre lo cual deba reflexionarse mucho»; lo cual las predispone a enchufarse des­preocupadamente a la televisión, como se estila frente a cualquier espectáculo en donde no se le pide nada, más allá de «disfrutar la función». Otra idea común es: «los televidentes no somos responsables de modificar la televisión»; lo cual ha acostumbrado a las tele-audiencias a eximirse de cualquier intento por modificarla y atribuir esa responsa­bilidad a otros en abstracto, o en todo caso al gobierno, a la escuela o alguna organización o movimiento popular. Es muy común también, que ante el avasallamiento televisivo que constatan cotidianamente entre los niños, los padres de familia y los maestros, en tanto agentes sociales directamente involucrados con la educación infantil, mutuamente se adjudiquen la responsabilidad unos a otros, evadiendo así convertirse en auténticos protagonistas de la educación infantil (Orozco, 1997).
Todo lo anterior, obviamente, constituye un clima cultural poco favorable para la intervención, entendida como fomento de las compe­tencias comunicativas de las tele-audiencias, pero sobre todo para la asunción de responsabilidades específicas frente a la televisión.
El primer desafío que enfrenta cualquier educador es, entonces, convencer de la importancia de tomar «en serio» a la televisión, sin que eso signifique hacerla seria, y luego, convencer de que hacerlo es posible.
El otro desafío, y a la vez posibilidad de enfrentar el anterior, es —como lo he remarcado aquí— realizar una investigación con una perspectiva como la propuesta en estas páginas, que permita hacer evidentes para todos los implicados en el proceso de transformación, educadores y educandos, los procesos de tele-videncia. Inde­pendientemente de las técnicas de intervención pedagógica que se utilicen (cursos formales, talleres, grupos de reflexión…) la racionalidad sustantiva de «tele-evidenciar» parece ser la condición sine qua non para transformar la vinculación de las tele-audiencias con la televisión.

Referencias bibliográficas

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Hall, Stuart. «Cultural Studies: two Paradigms». Media, Culture and Society. No. 2. Londres, 1980.
Henriques, J., W. Hollway, C. Urwin, C. Venn y V. Wallkerdine. Changing the Subject: Psychology, Social Regulation and Subjectivity. Methuen, N. York, 1984.
Jensen, Klaus. «Qualitative Audience Research: Toward an integrative approach to reception». Critica! Studies in Mass Communication. Vol. 4. No.1, 1987.
Lull, James. «The Political Correctness of Cultural Studies». Ponencia presentada en la Conferencia de IAMCR, Sydney, Australia, Agosto, 1996 (manuscrito).
Orozco, Guillermo. «¿Espectadores o interlocutores? Desafío de los medios en el fin de milenio». Conferencia inaugural de la Cátedra UNESCO de Comunicación Social. Univ. Pontificia Javeriana, Bogotá, Colombia, 1996 (manuscrito).
Orozco, Guillermo. La investigación de la comunicación desde la perspectiva cualitativa.
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Madrid/Universidad Iberoamericana, México, España, 1996b. Orozco, Guillermo. «La recepción televisiva desde la familia y la escuela». Antología didáctica de los medios de comunicación. SEP. México, 1997. Orozco, G. y F. Viveros. «La oferta de televisión y su percepción por jóvenes de la ciudad de México». Anuario de Investigación de la Comunicación. CONEICC. México, 1996.
Scheffler, Israel. Conditions of Knowledge. An Introduction to Epistemology and Education. Chicago Univ. Press. Estados Unidos, 1983.

Autor: Guillermo Orozco Gómez es profesor/Investigador titular del Departamento de Estudios de la Comunicación Social, Universidad de Guadalajara, México. Autor, entre otros trabajos, de Al rescate de los medios (1995). Fuente: Voces y culturas – Revista de Comunicación – Estrategias y conflictos culturales – Nº11/12 – 1997 – Pág. 149 a 162

Inteligencia comercial: las claves del marketing actual

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

Desde un punto de vista histórico, la inteligencia comercial podría caracterizarse como una actividad reservada prioritariamente a tas tareas de prospección de mercados externos —esto es, a la exploración de posibilidades futuras basada en indicios presen­tes— circunscripta al comercio exterior. Desde esta visión retrospectiva, el objetivo de la inteligencia comercial es obtener información de ciudades, países o regiones, interpretar señales de valor y entender las reglas del juego de mercados, las más de las veces, diferen­tes en lo cultural, lo social y lo económico.
Se necesita una visión pragmática para encontrar oportunidades de negocios mediante el análisis de plazas, segmentos y nichos a fin de conciliar las aptitudes manu­factureras, de servicio o comerciales de nuestra organización con las oportunidades presentadas en ellos. Debido a las fuerzas puestas en juego por los procesos de globalización, hoy las características de los distintos mercados externos tienden a converger, mientras que las grandes brechas culturales que antes presentaban algunas regiones entre sí comien­zan a reducirse gracias a la propuesta de patrones de comportamiento convergentes.
Existen múltiples razones para explicar este comportamiento. Hay causas endógenas, como las surgidas de los procesos de integración regionales, y otras exógenas, que son fruto de la voluntad de las empresas multinacionales, que requieren de mercados más homogéneos para la unificación de sus ofertas.
Si se continúa con este razonamiento, se corre el riesgo de concluir que, con la pro­fundidad y las características que la inteligencia comercial propone para asegurar la via­bilidad de los negocios, ya no son tan necesarias las habilidades de prospección de estos mercados. Pero si bien es cierto que esta convergencia existe, hoy los procesos de comer­cialización exigen especializaciones con prácticas de segmentación mucho más fragmen­tadas y, por ende, mayor conocimiento, con lo cual en muchos casos se alcanza el límite del Marketing relacional uno a uno, donde la micro segmentación lleva a atender las pecu­liaridades individuales de los clientes.
Las particularidades mencionadas tienen su frontera en el grado de aceptación o rechazo que los potenciales clientes puedan presentar al advertir que conductas, gustos, deseos y formas de pensamiento propias de su privacidad se encuentran atesoradas en una base de datos, y que si bien puede alegarse que estos datos sirven para ajustar la oferta de productos o servicios a fin de brindar un grado de satisfacción más alto, también puede argumentarse que podrían servir para una manipulación mercantilista, exenta de toda ética. Por tal motivo, el nivel de conocimiento o la explicitación de su posesión deberán ser ajustados según la sensibilidad a la exposición de su privacidad que posea el potencial cliente.
Como parte de los efectos ocasionados por los procesos globalizadores, se observa también una aceleración en los cambios de los mercados y de su contexto. Estas mutacio­nes poseen tal envergadura y sus ciclos son tan cortos, que la dinámica que imprimen torna imposible alcanzar su conocimiento por medio de la racionalización preconceptual. A partir del pragmatismo político, existen grandes inestabilidades en el entorno macro-económico. Como consecuencia del reduccionismo ideológico, surgen importantes abdica­ciones en cuestiones que, en otros tiempos, presentaban barreras infranqueables a los cam­bios de conducta y a la aceptación de formas culturales hoy vistas como algo corriente.
En presencia de este escenario, se advierte la necesidad de poseer información de manera dinámica para la toma de decisiones en cuestiones de comercio internacional. Pero lo expuesto para mercados externos también puede ser extrapolado a los internos, ya que en ellos se registran comportamientos cambiantes generadores de brechas similares a las observadas al analizar mercados geográficos distintos.
Las diferencias entre segmentos geográficos son hoy equivalentes a los cambios observables entre segmentos temporales en una misma región. Esto nos lleva a definir un modelo de segmentación temporal tanto en mercados externos como internos, por lo cual, para ambos casos, existe la oportunidad de aplicar las herramientas de la inteligencia comercial.
Los clientes modifican drásticamente sus preferencias en lapsos de tiem­po cada vez más cortos. Por tal motivo, la inte­ligencia comercial debe operar con conceptos de segmentación temporal.

La inteligencia comercial como herramienta sinérgica del Marketing estratégico

El estudio y aplicación de los procesos de planeamiento estratégico previos a la glo­balización se desarrollaron en un marco en el cual los cambios en los mercados podían predecirse. Si bien en la década de 1980 se hablaba de la volubilidad de los mercados, lo vivido en los años finales del siglo XX y comienzos del actual nos muestra qué tan inesta­bles y cambiantes pueden ser para haberse visto alterados el macroentorno, la competen­cia, los consumidores, y para que cualquier plan estratégico, a mediano o largo plazo, que no haya sido concebido bajo estas nuevas circunstancias haya quedado invalidado.
Estos nuevos mercados requieren un planeamiento estratégico que se nutra con información surgida del uso de herramientas intrínsecamente dinámicas, a fin de ser capa­ces de acompañar lo cambiante de los estados.
Dice Philips Kotler: “El Marketing está convir­tiéndose en una batalla basada más en la infor­mación que en el poder de las ventas”.
Los procesos de comercialización tienen como base el Marketing estratégico. En una primera definición podemos decir, citando a J. J. Lambin, que su función es orientar a la empresa hacia las oportunidades económicas adaptadas a sus recursos y a su saber hacer, y que ofrezcan un potencial atrayente de crecimiento y rentabilidad.
Desde una proyección de mediatez, la inteligencia comercial debe velar para alcan­zar el conocimiento y proveer información que permita precisar la misión de la empresa, definir sus objetivos, elaborar una estrategia de desarrollo y mantener una estructura equi­librada de la relación producto-mercado mediante la provisión de las correcciones nece­sarias para adaptar nuestros procesos de comercialización a lo entrópico del entorno.
Los pilares históricos del Marketing estratégico son la segmentación, el posiciona-miento, el porfolio de negocios y la transvección.1 Atendiendo al carácter dinámico de los procesos antes mencionados, hoy puede advertirse la necesidad de desarrollar un sistema de vigilancia que incluya la inteligencia comercial. De esta manera, podrá lograrse la transformación de la información en un activo estratégico.

Pilares del Marketing estratégico

• Segmentación.
• Posicionamiento.
• Cartera de productos.
• Transvección.
• Inteligencia comercial.

Este sistema de toma, procesamiento, análisis y aplicación de la información debe colaborar para la definición de los objetivos del Marketing estratégico, los cuales pueden resumirse en el siguiente cuadro:

Objetivos estratégicos e inteligencia comercial

■ Definir la misión de la empresa.
■ Determinar el mercado-meta y vigilar su evolución. Realizar la segmentación y acom­pañar su dinámica.
■ Plantear las estrategias de posicionamiento.
■ Definir y revisar el porfolio de negocios, y vigilar la relación producto-mercado.
■ Poner en evidencia las ventajas competitivas, procurando que sean duraderas y se plasmen en rentabilidad sostenible.

La inteligencia comercial en el Marketing táctico-operativo

También desde el punto de vista táctico-operativo son necesarias acciones de inves­tigación con características dinámicas. El desarrollo de las variables controlables del Marketing necesita mantener un equilibrio en su definición para que cada una de ellas coadyuve a un resultado balanceado de la mezcla de Marketing (Marketing mix óptimo).

Variables controlables del Marketing

• Producto
• Logística de distribución
• Impulsión
■ Publicidad
■ Promoción
■ Difusión
■ Fuerza de venta

• Precio

Distintos autores, entre ellos Philip Kotler, extienden las herramientas del Marketing táctico-operativo a las relaciones públicas, al Marketing directo y en línea, a la vez que extraen las relaciones públicas de la impulsión para alcanzar con ella un lugar más destacado. De la misma manera, el Marketing directo y en línea —los cuales teórica­mente forman parte de la logística de distribución cuando se materializan en un canal para la comercialización o como impulsión cuando operan en promoción, publicidad o venta— también cobran una dimensión propia. La razón es que dichas técnicas, hoy en auge, se encuentran apoyadas por el avance de los medios electrónicos y, en particular, por el desarrollo de redes informáticas globales que operan como sus medios de soporte y comunicación. Es entonces en el Marketing táctico-operativo donde la gerencia o la jefa­tura deben resolver el contacto del día a día.
Allí se manifiesta toda la dinámica del mercado junto con la necesidad de la inme­diatez de resultados cuantitativos. Por ello, cobra mayor peso contar con información actualizada y concordante con esas acciones. La inteligencia comercial resulta una herra­mienta para alcanzar sus objetivos.

Objetivos tácticos operativos y la inteligencia comercial

■ Determinar el producto-servicio óptimo y dinámico en todas sus dimensiones.
■ Acompañar la definición y seguimiento de las variables logísticas.
■ Operar sobre las variables de la impulsión brindando datos para su definición, seguimiento y corrección.
■ Proveer la información para el manejo de la variable precio.
■ Proveer la información para optimizar las relaciones públicas.
■ Operar en el ámbito de los medios electrónicos para identificar, seleccionar y definir la conveniencia del uso de la información contenida en ellos.

La inteligencia comercial y los distintos alcances del Marketing externo, interno e interactivo

Philip Kotler nos presenta una clasificación en tres tipos de Marketing, con una importante aplicación en los servicios. Esta clasificación conforma un triángulo en cuyos vértices están la compañía, los clientes internos y los clientes externos. Es así que cuando la compañía mira a sus clientes externos debe actuar dentro del Marketing externo y generalmente vemos en ella acciones masivas, cuando lo hace hacia los clientes internos utiliza el Marketing interno, y cuando la acción es entre los clientes internos y los exter­nos debe aplicarse el Marketing interactivo.

CUADRO

■ En el Marketing externo

Se debe actuar sobre las acciones externas de la compañía —en particular, sobre los mercados— con la idea de que la inteligencia comercial no reniega de las investigaciones de mercado tradicionales, sino que expande su horizonte al incorporar como objetos de estudio todas las variables del Marketing y al detectar, caracterizar y realizar el segui­miento de segmentos y nichos para poder actuar con una relación producto-mercado ópti­ma. Para el caso, y a manera de ejemplo, si el Marketing estratégico ya ha definido el o los segmentos habrá que medir la potencialidad del mercado definido de esta forma y eva­luar el mercado potencial, el calificado, el calificado disponible, el ocupado, hasta alcan­zar el mercado-meta.
La importancia de la inteligencia comercial consiste en medir el mercado-meta en el sentido de evaluar su potencialidad de forma completa. Deberá ser cuali y cuantificado el número de personas, la extracción socioeconómica, el segmento vincular, los hábitos de compra y el segmento geográfico donde se localizan. De la misma manera, cuando se habla del mercado ocupado, la inteligencia comercial deberá proveer la información de la competencia a través de la medición de su potencialidad y destacando indicadores que sigan de cerca su accionar. Lo anterior vale como ejemplo de las necesidades del Marketing externo de contar con información calificada para su accionar.

■ En el Marketing interno

En estos tiempos, en los que hay más productos y servicios para comercializar que gente calificada para comprar, surge la necesidad de presentar ofertas que propongan ven­tajas competitivas. En mercados donde los productos convergen hacia la indiferenciación, la forma de alcanzar esa distinción estará en los servicios asociados a dichos productos y en la superación de la prestación en el caso de la comercialización de intangibles.
La fortaleza en la prestación de servicios será detentar una fuerte cadena de valor en el proceso de prestación. Para ello, es necesaria la potencialización de los recursos humanos a fin de lograr que cada miembro de la empresa se transforme en un represen­tante de la organización que irradie una imagen coherente de ella. Para alcanzar estos objetivos, se requiere disponer de información interna capaz de interpretar la dinámica y el comportamiento de las personas que desarrollan actividades con objetivos comunes o que interaccionan.
La inteligencia comercial debe proporcionar herramientas capaces de caracterizar y realizar el seguimiento de los estados internos de nuestra organización. También debe proveer un permanente sondeo del clima organizacional a fin de obtener de este modo el resultado de una organización predecible y acotar los riesgos de eventuales crisis internas.

■ En el Marketing interactivo

Hoy más que nunca, la creación y recreación de clientes externos depende de los clientes internos, especialmente en las empresas de servicio. Siendo ésta una realidad irre­batible, tales clientes internos necesitan información que facilite su accionar para no tener que operar con el método de prueba y error.
Como ejemplo, en los procesos de atención es fundamental poder disponer a priori de las características de nuestro interlocutor, que deberán incluir el conocimiento de múltiples aspectos para adecuar el proceso de comunicación a la argumentación, al mane­jo de interferencias, etc. Para ello, la inteligencia comercial debe realizar la toma de infor­mación e incorporarla por algún medio, como una base de datos que permita al personal de contacto disponer de perfiles actualizados que, asociados a técnicas, faciliten su tarea. Este ejemplo constituye sólo una mención de múltiples necesidades de información del personal de contacto que deberá proveer la inteligencia comercial.
A partir de la necesidad de contar con información fidedigna para la toma de deci­siones, el proceso de estructuración se corresponde con el siguiente diagrama:

claves-marketing

Planteo inicial con la determinación de los objetivos a alcanzar

El proceso de determinación de los objetos de estudio debe contar, por un lado, con la especificidad de los requerimientos y, por otro, con aquellos mecanismos capaces de identificar la necesidad de los cambios ya que luego habrá que determinar cuáles son y rea­lizar el seguimiento que garantice su cumplimiento.
La primera pregunta presenta la particularidad de que su respuesta está enmarcada en una dinámica donde la determinación del objeto de estudio es un objeto de estudio en sí mismo. Es, pues, el comienzo de un proceso de interrogación, de toma de información, de análisis y de decisión, en el cual la inteligencia comercial se realimenta a sí misma al listar y depurar las cuestiones sujetas a investigación. Cada una de tales cuestiones debe­rá poder plasmarse en una pregunta, a fin de delimitar el alcance de la investigación, e incluir la posibilidad de plantear una respuesta hipotética.
Los objetos de estudio determinados deben superar el análisis de viabilidad. Dentro de estas cuestiones, encontramos el acceso a la información, los tiempos de realización, la disponibilidad de recursos humanos, y particularmente en las empresas comerciales habrá que contraponer los costos que insumirá su determinación con la proyección de mejoras a alcanzar en términos cuantitativos como resultado de esa información.
Planificación de la estructura

En esta parte del proceso, debe ser definido el modelo metodológico a emplear en la investigación, al cual se acudirá para obtener la información. De acuerdo con las clasi­ficaciones clásicas, las fuentes pueden ser:

• Secundarias.

• Primarias.

Autor: Benito Cleres – Fuente: Inteligencia comercial. Cap. 5 – Las claves del marketing actual. Ed. Norma Jorge Stern, Guillermo Testorelli y Miguel Vicente.

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Inicios del estudio del impacto de los medios de difusión masivos

Domingo, 3 de mayo de 2009 2 comentarios

Cuando la gente comenzaba a especular sobre los efectos de los medios de difusión de masas, se manifestaron dos tendencias opuestas. Algunos comentaristas sociales pensaban que los medios de difusión no harían nada menos que restablecer el tipo de opinión pública informada que caracterizaba a la “asamblea de pueblo”, dado que los ciudadanos tendrían nuevamente acceso igualitario a una información íntima, casi de primera mano, sobre todas aquellas cosas que requirieran sus decisiones. Según este punto de vista, la gente había perdido contacto con un mundo en constante crecimiento, y los medios de difusión de masas podrían ponerlo nuevamente a su alcance.
Había otros que veían las cosas en forma bastante distinta. para éstos los medios de difusión en gran escala aparecían como los agentes del mal, empeñados en aniquilar la sociedad democrática. Primero se temió que los diarios, y más tarde la radio, pudieran actuar como poderosas armas capaces de estampar determinadas ideas en las mentes indefensas de lectores y radioescuchas. Durante la década del 20 muchos afirmaron que había sido la propaganda de los diarios “lo que nos llevó a la guerra”, en tanto que en la década del 30 la campaña de Roosvelt era también para muchos una “prueba” de que el “encanto de una voz” propalada por la radio podía arrastrar a los hombres en cualquier dirección.
Desde cierto punto de vista, estas dos concepciones acerca de la función de los medios de difusión de masas parecen netamente opuestas. Sin embargo, es posible señalar cómo, en otro sentido, no difieren mucho una de otra. Tanto quienes consideraban que el surgimiento de los grandes medios de difusión era el amanecer de la democracia, como quienes veían en ellos instrumentos de un designio perverso, tenían aproximadamente la misma imagen del proceso de las comunicaciones en gran escala. esta imagen era, ante todo, la de una masa atomizada de millones de lectores, radioescuchas y espectadores de cine, preparados para recibir el Mensaje; en segundo lugar, se imaginaban cada Mensaje como un estímulo directo y poderoso para la acción, capaz de provocar una respuesta inmediata. En suma, se atribuía a los medios de comunicación el carácter de nueva fuerza unificadora -una especie simple de sistema nervioso- que llegaba hasta cada ojo y cada oído, en una sociedad caracterizada por una organización social amorfa y por una gran pobreza de las relaciones interpersonales.
Tal fue el “modelo” -de la sociedad y de los procesos de comunicación- que parece haberse tenido en cuenta durante las primeras investigaciones sobre los medios de comunicación de masas, cuando dichas investigaciones se iniciaron, en la década del 20, poco después de la introducción de la radio. El “modelo” derivó en parte de la imagen que la mente popular tenía del poder de dichos medios. Al mismo tiempo, este “modelo” halló confirmación en el pensamiento de ciertas escuelas de teoría social y psicológica. La sociología clásica europea de fines del siglo XIX señalaba con insistencia la desintegración de las relaciones interpersonales en la sociedad urbana industrial; y la aparición de nuevas formas de control social remoto e impersonal. Más tarde, libres ya del contexto de estas asociaciones, los métodos de muestreo al azar, las técnicas de investigación de opiniones y actitudes y una disciplina basada en el enfoque de los individuos “representativos”, vincularon los comienzos de la investigación sobre comunicaciones, a la psicología aplicada.

Investigación sobre los medios de comunicación de masas: el estudio de las “campañas”.

Tales fueron algunas de las ideas con las que se comenzó la investigación de los medios de difusión de masas. A medida que ésta proseguía, su división en tres grandes campos se hizo tradicional.
La investigación del auditorio -el estudio de la cantidad y el tipo de personas a quienes alcanza un determinado mensaje o medio de comunicación- es históricamente la más antigua de estas divisiones y aún hoy la más fértil.
La segunda división corresponde al análisis de contenido, y contenido y comprende el estudio del lenguaje, la lógica y la disposición interna de los mensajes transmitidos. Finalmente, lo que ha dado en llamarse análisis del efecto, o estudio del impacto de los medios de comunicación de masas.
Para algunos fines, esta triple división es útil. Para otros, sin embargo, -y especialmente en lo que hace a nuestro propósito inmediato- resulta un poco engañosa, porque oscurece un hecho fundamental: lo que se proponen en definitiva todos los estudios sobre comunicaciones es investigar los efectos. Desde las primeras teorizaciones sobre el asunto hasta las investigaciones empíricas más recientes, solo hay, en esencia, un problema subyacente -aunque no siempre se lo indique-, a saber: “¿qué es lo que pueden “hacer” los medios de comunicación?”. El mismo “modelo” que hemos examinado plantea esta cuestión, y también lo hacen los “clientes” de las investigaciones sobre los medios de comunicación. Piénsese en el locutor, el dirigente de una emisora, el propagandista o el educador. Lo que les interesa a estos patrocinadores de la investigación es sencillamente el efecto que producen en el público sus mensajes. Y si nos encontramos con que encargan estudios sobre las características de sus auditorios, tenemos derecho a suponer que esos aspectos están conectados, de algún modo, con los efectos.
Más aún, si reflexionamos un poco más sobre estos modelos de investigación y sus motivaciones, podemos precisar la noción de efecto. Hemos estado hablando del efecto como si este fuera un concepto simple, cuando en realidad son de muchos tipos los efectos que los grandes medios de comunicación pueden tener sobre la sociedad, así como varias las dimensiones con arreglo a las cuales pueden clasificarse dichos efectos.
Ahora bien, puede decirse que los patrocinadores -cuyos objetivos han orientado gran parte de las investigaciones sobre los medios de comunicación -han elegido en general uno solo entre los muchos tipos de efectos estudiados o categorizados, y lo han hecho objeto de una atención casi exclusiva. Sugerimos que en la investigación predomina el interés por estudiar la efectividad que tienen los intentos de influir sobre las opiniones y actitudes, a muy corto plazo. Quizás resulte más claro decir que se trata de un interés en los resultados de las “campañas” realizadas para obtener votos, para vender jabón, para atenuar los prejuicios.
Si se toma en cuenta que existen muchas otras consecuencias de los medios de comunicación de masas que merecen indudablemente la atención de los investigadores, pero que aún no la han recibido, podemos seguir adelante, teniendo presente esta definición más cautelosa: la investigación sobre los medios de comunicación de masas ha aspirado a comprender como y en qué condiciones las campañas por medios masivos (esfuerzos más bien específicos y de corta duración) logran influir sobre las opiniones y las actitudes.

Autor: Paul Lazarsfeld. “Los medios de comunicación de masas” en Horowitz (compi. Historia y elementos de la sociología del conocimiento) Eudeba. Bs As. 1964

Identidad visual corporativa

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

La identidad visual es la traducción simbólica de la identidad corporativa de una organización, concretada en un programa o manual de normas de uso que establece los procedimientos para aplicarla correctamente.
La identidad visual ha sido objeto en los últimos años de valoraciones muy dispares. Desde su ignorancia, y el menosprecio por su implantación y desarrollo, propia de empresas con un perfil bajo de comunicación, hasta su valoración excesiva concediéndole una importancia trascendental que en ocasiones llega al punto de confundir identidad visual con imagen corporativa (lo que no deja de constituir un ejemplo de ignorancia conceptual notable) existe una multitud de opiniones sobre su auténtica importancia.
En mi opinión, la identidad visual es importante en sí misma dentro del proceso de gestión de la imagen de una entidad, especialmente en todo lo que afecta a su identificación como tal y a la diferenciación de otras entidades, ya sean competidoras o no. Ahora bien, en el conjunto de ese proceso global constituye probablemente el proceso más fácil gestión de los denominados activos intangibles de una organización.
En este sentido, el desenfoque respecto a la importancia de la identidad visual, al que antes hacía referencia, no tiene ninguna razón de ser. Esta tiene una importancia relativa; por supuesto menor que la cultura corporativa, y su manejo es más sencillo que el de la comunicación, pero dado lo fácil que resulta una gestión correcta de la identidad visual, no se entiende por qué se convierte en más ocasiones en una debilidad que en una fortaleza de la imagen de las empresas.
Otro hecho frecuente es el desigual desarrollo profesional de la identidad visual, en cuanto a rigor y competencia se refiere, respecto a algunas facetas de la comunicación empresarial, como pueden ser, por ejemplo, la comunicación corporativa o la publicidad de producto. En estos casos las organizaciones suelen ser muy exigentes a la hora de contratar servicios externos o de seleccionar a los profesionales que, desde dentro de la propia organización, desempeñen tal función. No ocurre lo mismo, o al menos el nivel de exigencia no es igual, en lo que atañe a la creación o actualización de la identidad visual.
Con excepción de las grandes corporaciones, con frecuencia se recurre a quipos de trabajo que reproducen metodologías productivas basadas en dudosas rutinas profesionales, ignorando en esa codificación icónica de la identidad aspectos básicos de la organización, como puede ser su cultura organizativa o su propia historia, o renuncian a efectuar algunas investigaciones elementales y ciertas comprobaciones empíricas necesarias para asegurar el resultado pragmático de todo programa de identidad visual corporativa.
La identidad visual ha sido hasta ahora el “patito feo” dentro del desarrollo corporativo; y lo ha sido de una manera innecesaria y gratuita, puesto que, como he dicho ya, su concepción y su gestión no son especialmente difíciles, al menos si se las compara con otras facetas del corporate. En consecuencia, junto a la correcta valoración de su importancia real para una organización, la segunda recomendación que, a mi juicio resulta oportuna es la necesidad de gestionarla profesionalmente, término que no admite otros sinónimos que los de rigor y competencia en el desempeño profesional aludido.
Una última reflexión que en mi opinión resulta pertinente y que, de alguna manera, resume las dos anteriores es la conveniencia de situar la identidad visual dentro del marco más amplio del corporate de una organización. Esto significa que debe ser contextualizada junto a las otras variables corporativas que, cuando están correctamente gestionadas, contribuyen sinérgicamente a proyectar una imagen positiva de dicha organización, convirtiendo a esa en una poderosa ventaja competitiva tanto desde el punto de vista organizativo como de marketing.
Contemplar la identidad visual desde esta perspectiva global ofrece dos ventajas añadidas. En primer lugar, facilita su comprensión, descubriendo todas sus implicaciones con otros factores involucrados en el desarrollo corporativo de la organización.
Pero también, y esto quizás sea lo más importante, permite llevar a cabo una gestión eficaz de la identidad visual en la medida en que tanto su concepción como las posibles disfunciones que en esta puedan darse dependería de factores, como puede ser el proyecto empresarial, que la trascienden pero que constituyen el eje de la gestión corporativa globalmente considerada y , en este sentido, de la propia identidad visual.

Justo Villafañe en La gestión profesional de la imagen corporativa. Ed. Pirámide. Madrid 1999