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Archivo para mayo, 2009

Home Depot

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

Home Depot, la cadena de minoristas para reparaciones y mejoras caseras más grande de EE.UU. es uno de los minoristas más grandes del mundo. Se trata del ejemplo de una nueva raza de de minoristas llamados “eliminadores por categorías” (category killers). El nombre de estos gigantescos minoristas proviene de su estrategia de marketing: trabaja un enorme surtido de mercancías de una sola categoría de productos a precios tan buenos que se destruye a la competencia. Las tiendas eliminadoras por categorías ya operan en una amplia gama de industrias, que incluyen las reparaciones caseras, muebles, juguetes, música, artículos deportivos, artículos para el hogar y electrónica para el consumidor.
A primera vista, una descomunal tienda Home Depot no se ve muy atractiva. Con sus pisos de cemento y su desabrigado interior que asemeja una bodega, la tienda ofrece toda la atmósfera de un hangar de aviones.
Sin embargo, hay una buena posibilidad de que usted encuentre lo que está buscando a un precio muy atractivo. Home Depot trabaja un enorme surtido de más de cincuenta mil artículos: todo lo relacionado con las reparaciones y mejoras caseras. Sus precios están entre un 20% y un 30% por debajo de los de las ferreterías locales.
Sin embargo, Home Depot ofrece más que los productos correctos a los precios correctos, tal vez la mejor parte de ir a comprar a Home Depot sea la elevada calidad de sus servicio a clientes.
Home Depot no sólo piensa en el cliente. Está obsesionada con él. Como dice el cofundador y director Bernie Marcus. “Toda nuestra gente entiende cual es nuestra norma sagrada. No son las utilidades. Es un compromiso apasionado, casi ciego de cuidar de los clientes”.
Arthur M. Blank, el otro cofundador de Home Depot, y su Presidente y CEO, da a los nuevos gerentes de tienda estos 6 consejos: “Sirvan al cliente, Sirvan al cliente, Sirvan al cliente, Sirvan al cliente, Sirvan al cliente y denle duro a la competencia”.
Bernie Marcus y Arthur Blank fundaron Home Depot con la simple misión de ayudar a los clientes a resolver sus problemas de reparación y mejoras caseras, su meta: “tomar propietarios de casas que no sean habilidosos ni se sientan capaces de hacer algo más que cambiar una bombilla y convertirlos en el seño o la señora Arreglalotodo”. El logro de esta misión requiere más que simplemente vender los productos de la tienda y tomar el dinero de los clientes; se necesita forjar relaciones duraderas con los clientes.
Bernie y Arthr entienden la importancia de la satisfacción de los clientes.
Ellos calculan que un cliente satisfecho puede llegar a comprar más de 25.000 dólares de mercancías en la tienda durante toda su vida (U$S 38 dólares por visita a la tienda, multiplicado por 30 visitas al año, multiplicado por unos 22 años de ser cliente) La satisfacción de clientes, a su vez es el resultado de interacciones con empleados bien capacitados y altamente motivados que ofrecen buenas compras y servicio de alta calidad de forma consistente. “La parte más importante de nuestra fórmula”, dice Arthur, “es la calidad del interés que hay en nuestras tiendas entre el empleado y el cliente”. Así pues, en Home Depot el cuidado de los clientes inicia con el cuidado de los empleados.
Home Depot atrae a los mejores vendedores porque les paga salarios superiores al promedio y luego los capacita intensamente. Todos los empleados asisten con regularidad a cursos de “conocimiento de productos a fin de adquirir experiencia práctica con los problemas que los clientes enfrentarán. En lo tocante a crear valor y satisfacción para los clientes, Home Depot trata a sus empleados como socios.
Todos los empelados de tiempo completo reciben acciones de la Compañía cada año, los cuales se depositan en una cuenta de retiro. Así, los empleados de Home Depot se vuelven propietarios del negocio de servir a los clientes. Cada empleado lleva un delantal color naranja brillante que dice: “Hola, soy____ accionista de Home Depot. Permítame ayudarle.”
Bernie y Arthr han iniciado una vigorosa cruzada en favor del servicio a clientes. Por ejemplo, los dos se ponen su delantal anaranjado y sacan al aire Breakfast with Bernie and Arthur (Desayunando con Bernie y Arthur) un buen programa de renovación al estilo antigüo difundido en vivo por televisión de servicio cerrado a los 120.000 empleados de la Compañía en todo Estados Unidos. Según se cuenta, “Bernie con frecuencia entusiasma a sus discípulos con lo siguiente: “¿A dónde va uno si quiere un empleo?” Ellos contestan gritando: “Sears, Lowe’s…Builders Square”. “¿A dónde va uno si quiere una carrera?”, “¡Home Depot!” rugen ellos. A veces, cuando el entusiasmo se destaca, Marcus ha llegado a abrazar a un renuente Blank, plantar un sonoro beso en su mejilla y exclamar: “¡Arthur te amo!”.
Home Depot evita la técnica de alta presión que algunos minoristas usan para tratar de vender. Más bien, la Compañía anima a los vendedores para que formen relaciones a largo plazo con los clientes: que inviertan el tiempo que sea necesario, visita tras visita para resolver los problemas de los clientes. Home Depot paga a sus empleados un salario fijo, con el fin de que dediquen todo el tiempo que puedan a los clientes, sin preocuparse por lograr la venta. Bernie Marcus declara: “El día que esté muerto, con una manzana en la boca, es el día que pagaremos comisiones”. De hecho, en lugar de presionar a los clientes para que gasten más de los necesario, se capacita a los empleados para que ayuden a los clientes a gastar menos de lo esperado. “Me encanta cuando un comprador me dice que estaba preparado para tener que gastar U$S 150 dólares y nuestra gente les mostró como hacer el trabajo por cuatro o cinco dólares”, dice Bernie.
El cuidado de los clientes ha convertido a Home Depot en una de las tiendas de venta al detalle con mayor éxito de la actualidad. La Compañía, fundada en 1978, ha crecido explosivamente en poco más de 20 años para convertirse en la cadena de “hágalo usted mismo más grande de Estados Unidos con más de 595 tiendas que cosechan 19.500 millones de dólares en ventas cada año. Las ventas de Home Depot han crecido en un 36% anualmente durante la última década, y las ganancias han aumentado en un 57% anual desde 1990.
¡El precio de las acciones de la Compañía se han disparado en un 28.000%! -si, 28.000%- desde que la empresa se hizo pública en 1981. de hecho, un problema actual en algunas tiendas es que hay demasiado clientes; algunos establecimientos están generando la asombrosa cifra de 600 dólares de venta por pie cuadrado (en comparación con los U$S250 de Walt Mart y los U$S150 de Kmart) Esto ha creado problemas de pasillos abarrotados, existencias agotadas, falta de vendedores y largas filas en las cajas. Aunque muchos minoristas quisieran tener estos problemas, preocupan en extremo a Bernie y Arthur que se han apresurado a tomar medidas para corregirlos. Ellos saben que el éxito continuado depende de una búsqueda apasionada de la satisfacción de los clientes. Bernie suele decir: “Hay que tratar a cada cliente como si fuera la madre de uno, su padre, su hermana o su hermano.” Por supuesto, uno no querría tener a su madre esperando en una fila.
La experiencia de Home Depot ejemplifica los drásticos cambios que están ocurriendo entre las instituciones del canal.

Philip Kotler. En “Dirección de Marketing.” Prentice Hall 8ª Edición

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Historia de la prensa escrita en Estados Unidos

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

La época colonial

Durante más de 150 años, los futuros Estados Unidos fueron colonias de población, más unidas a Inglaterra que entre ellas mismas. Así, la prehistoria de la prensa norteame­ricana se desarrolló en la Gran Bretaña entre 1622, fecha de aparición del primer periódico inglés, y 1704 cuando apa­reció el primer periódico norteamericano duradero.
En las sociedades rurales sólo se imprime la información sobre el mundo exterior: para los pioneros, ésta se encon­traba a semanas de barco de vela. Los primeros editores fueron encargados de correos que al mismo tiempo, como impresores, publicaban sin mucho orden recortes de perió­dicos londinenses atrasados. Pero incluso estos mediocres esfuerzos irritaban a los poderes establecidos: desde su nú­mero inicial, el primer periódico publicado en 1690, en Bos­ton, fue prohibido por las autoridades locales. En esa mis­ma ciudad, comercial y cultivada, apareció en 1704, con la bendición oficial, el News Letter de J. Campbell; después, en 1721, un verdadero periódico, bien escrito e independien­te, el New England Courant, de James Franklin. Su hermano, el genial Benjamín, se fue a Filadelfia, para fundar el Pennsylvania Gazette (1729). Muy pronto la prensa apareció en Virginia y en Maryland.
Los impresores fueron relevados por una joven élite que, en la línea de la tradición inglesa, convirtió la prensa en un arma. Así, en Nueva York, los radicales utilizaron el Weekly Journal de J. P. Zenger contra un gobernador despótico.
Zenger fue encarcelado pero un jurado le absolvió (1735): el principio de la libertad de la prensa quedaba establecido. La actividad de las colonias se desarrolló y con ella los cen­tros urbanos y también el servicio de correos. Los bi y tri­semanales se multiplicaron. Se leían incluso fuera de las grandes ciudades, muy especialmente en los establecimien­tos de bebidas.

La independencia

Una ley británica, la Stamp Act, que gravaba todos los documentos legales e impresos, desencadenó en 1765 la ba­talla contra el autoritarismo y el mercantilismo de la Gran Bretaña, lanzando a la prensa a esa lucha1. Los periódicos «patriotas» difundieron las ideas revolucionarias. En cuan­to a los partidarios de Inglaterra pronto fueron silenciados por el populacho.
En 1776, las colonias declararon su independencia y, por primera vez en el mundo, un Estado —Virginia— proclamó en su Constitución el derecho a la libertad de la prensa. Sólo existían 39 periódicos. Después de la victoria, la joven nación se organizó. La idea de una confederación había sido considerada ineficaz, por lo que la Constitución de 1787 instauró un poder central fuerte; pero su ratificación sólo se obtuvo por sus partidarios prometiendo diez Enmiendas (la Declaración de Derechos, 1791). La primera es de una impresionante concisión: «El Congreso no promulgará nin­guna ley que restrinja la libertad de palabra o la libertad de prensa…». Este artículo constituyó la base jurídica que hizo posible la expansión de los medios informativos en Estados Unidos2.
Comunicaciones mediocres, prensas de imprimir manua­les, papel caro, público reducido: los periódicos no podían desarrollarse. Los almanaques anuales y los panfletos te­nían mayor difusión que los efímeros periódicos, que rara­mente tiraban más de 500 ejemplares. Sin embargo, una minoría adinerada tenía necesidad de informaciones comer­ciales y marítimas: el primer diario que logró pervivir fue un periódico de anuncios, el Pennsylvania Packet and Ge­neral Advertiser (1784).

La prensa políticamente comprometida

Desde el final de la guerra, la prensa patriota se había escindido. De cada cinco diarios, cuatro eran «federalistas» y al servicio de las gentes ricas: preconizaban el orden y el respeto de los contratos. Al contrario, «los demócratas-republicanos» defendían a los granjeros independientes y reclamaban el respeto de los derechos individuales. Sus pe­riódicos respectivos se insultaban entre sí; aquella libertad de prensa entonces única en el mundo incurría en graves excesos. Jefferson consideraba que en los diarios aparecían, sobre todo, mentiras. Sin embargo, jamás retiró lo que había escrito en 1787: «Si tuviera que decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos, o periódicos sin gobierno, no vacilaría un momento en elegir la segunda proposición».
Los federalistas intentaron amordazar a la oposición por las Alien and Sedition Acts (1798), pero la opinión pública los alejó del poder. Después, tras la guerra de 1812-1815, las pasiones políticas se apaciguaron.
En 1820 había 512 periódicos (de los que 24 eran dia­rios); en 1826 había 900. Los Estados Unidos contaban en­tonces con más lectores de periódicos que ninguna otra na­ción, pero esos lectores pertenecían a la clase política y rica. Las tiradas más elevadas no excedían de 2.000 ejemplares. Las revistas dominaban la prensa.

La «penny press»

En el siglo XIX, cada treinta años aproximadamente, los inmigrantes duplicaron la población del país y su coeficiente de urbanización. Hacia 1830, el 10 % de los 13 millones de norteamericanos habitaban en ciudades. Los menos ricos de éstos y los granjeros del Oeste llevaron a la presidencia a A. Jackson (1828), símbolo de una era de reformas 3: el su­fragio universal y la educación se generalizaron. La prensa reflejó e impulsó el desarrollo del igualitarismo.
En los treinta años que precedieron a la Guerra de Se­cesión aparecieron las prensas rápidas, los clichés y el pa­pel barato, así como la navegación de vapor, el ferrocarril y el telégrafo. La prensa adquirió entonces rasgos modernos. Concentró sus esfuerzos en la pura información (de ahí vino la invención del repórter) con el fin de atraer a las multitu­des, y por tanto a los anunciantes. La venta del ejemplar, muy barato, no cubría más que el costo del papel: la pu­blicidad se convertía en esencial. Así la prensa se liberó de los partidos y atrajo grandes inversiones. Como los periódi­cos se vendían en la calle y no por suscripción, a un público poco educado, su presentación se hizo más atractiva y más sencilla.
B. Day fue el primero en conseguir un diario vendido a un centavo (penny) en lugar de a seis: el New York Sun (1833). Especializándose en los sucesos locales (menos caros de obtener que la información general), sobrepasó muy pron­to la tirada global de los diarios neoyorkinos de 1833 e in­fluyó sobre toda la prensa. Sin embargo, la penny press no tardó en ser respetable.
En 1835, James Gordon Bennet lanzó el New York Herald cuya tirada alcanzó los 40.000 ejemplares a los 15 meses, y 100.000 a los 15 años. ¿Su secreto? Añadir a lo sensacional una información abundante y variada, ser el primero en darla, y acompañarla de enérgicos editoriales. Sólo en Nueva York tuvo más de treinta imitadores.
Horace Greeley, en 1841, creó el muy serio y muy popular Tribune, que no cesó de defender causas nobles y adquirió una influencia única en la Historia de los Estados Unidos.
En 1851, H. Raymond fundó el Times, y le dio su gran repu­tación de periódico objetivo.
Los 235 periódicos de 1800 se habían convertido en 2.300. Nueva Inglaterra tenía por supuesto, diarios de calidad, pero también la región del Midwest, con el Chicago Tribune. Y los impresores seguían de cerca a los colonos. «En los Estados Unidos, apenas existe una aldea que no tenga su periódico», escribía Tocqueville en 1835; y añadía: «la prensa ejerce un poder inmenso en Norteamérica. Hace circular la vida política en todas las partes de ese vasto territorio. Ella es con sus ojos siempre abiertos la que fuerza a los hombres públicos a comparecer, por turno, ante el tribunal de la opinión».

La esclavitud y la guerra de Secesión

Cuando en 1831 W. L. Garrison fundó el Liberator, el más fanático de los periódicos antiesclavistas, éstos eran escasos. El Sur, rural y feudal, no tenía más que una prensa débil, pero su causa era vigorosamente defendida en el Nor­te. En 1837, el periodista E. Lovejoy fue asesinado por una multitud esclavista en Alton (Illinois). Sin embargo, la pren­sa no fue ajena a la lenta evolución de la opinión en favor del abolicionismo.
Durante la guerra, la prensa mostró a la Vez su eficacia y su irresponsabilidad. En el Norte, el sensacionalismo y la traición obligaron a las Secretarías de Estado y de la Defensa a censurar el telégrafo y a tomar medidas contra los periódicos, pero no hubo censura preventiva. Se estableció un modus vivendi que se volvería a utilizar en las guerras siguientes.
Además de aumentar las tiradas en un 30 %, el conflicto tuvo una profunda influencia. El coste del telégrafo obligó a la concisión y a la cooperación entre los medios infor­mativos. El desarrollo de las agencias extendió un periodis­mo de reportaje de hechos, informativo, «objetivo», seco4.
Las ilustraciones se multiplicaron, pero la información seria pasó al primer plano.

La «yellow press»

Después de 1865, los Estados Unidos tuvieron una muta­ción industrial. Oleadas de inmigrantes miserables afluyeron a las ciudades. Pronto se escucharon voces contra la especu­lación desenfrenada, especialmente entre la población del Oeste. Existía una revolución tecnológica: cable trasatlán­tico, vía férrea transcontinental, rotativas perfeccionadas, teléfono, linotipia, etc. Se habían reunido por tanto tres con­diciones esenciales para que la prensa diera un nuevo paso adelante. Dos hombres, uno de la zona del Midwest, el otro de California, iniciaron una segunda ola de populari­zación.
El inmigrante J. Piditzer impulsó primero el St Louis Post-Dispatch (1878), después el New York World (1883), utilizando sucesos, grandes titulares e ilustraciones, pero dando también una relación exacta y completa de la actua­lidad y haciendo campaña contra la injusticia y la corrup­ción. El World batió todos los records: vendía un millón de ejemplares en 1897. Y el Sunday World impuso a la pren­sa la edición dominical, dedicada al entretenimiento.
El millonario W. R. Hearst había dado nueva vida al San Francisco Examiner (1887) vulgarizando algunos méto­dos de Pulitzer. En 1896 compró el New York Journal y se lanzó a una fortísima competencia contra el World. A fuerza de dólares conquistó un amplio público inculto, al que atraía con historias violentas, fuertes o sentimentales, escándalos inventados y cruzadas estériles. Explotó ruido­samente el nacionalismo y el imperialismo naciente en el público hasta el punto de que se le atribuye en parte la guerra hispano-norteamericana. En 1900, la Yellow press 5 abarcaba una tercera parte de los grandes periódicos norteamericanos, lo que provocó un rechazo de las capas más cul­tivadas, y graves amenazas de regulación gubernamental.
Otro gran patrón de prensa fue E. W. Scripps. Su cade­na de periódicos iniciada en los años 80 se convirtió en la mayor del país. Sus diarios vespertinos atraían a las ma­sas de las ciudades industriales de tamaño medio por sus informaciones breves y por el decidido apoyo a sus intereses. Primer magnate «moderno», Scripps dejaba a sus directores libres de actuar, con tal de que obtuvieran beneficios. A su muerte poseía 50 millones de dólares, tres cadenas de pe­riódicos y cuatro agencias, una de ellas la United Press.
Se había entrado en la era de los mass-media. Dadas las inversiones que requería, la prensa formaba parte del big business. Los diarios, grandes empresas industriales, perse­guían ante todo el beneficio. Norteamérica inauguraba la producción en masa: los mayores ingresos de la prensa ve nían ahora de la publicidad6. Para obtenerla era necesario aumentar las tiradas, lo que producía una competencia en­carnizada. Sin embargo, pronto se vio que era más razona­ble concentrar los títulos. Entre 1865 y 1900, el número de diarios se había sextuplicado. Existían entonces 2.326: ja­más habría tantos, aunque la población iba a triplicarse.
Naturalmente, la mayoría de los diarios bendecían el orden establecido sin contemplar los problemas de la sociedad. En muchas ciudades, los anunciantes controlaban la prensa y el «aparato» político, a la vez.
La prensa de calidad

En 1871, el New York Times denunció el Tweed Ring, aunque esa organización ilegal le había ofrecido 5 millones de dólares por su silencio. A pesar de todo, en 1896, el Times mal administrado no tiraba más de 9.000 ejemplares. A. S. Ochs lo compró y le dio nueva vida al bajar su precio de venta sin hacer ninguna concesión. Su divisa: dar «todas las noticias que merezcan ser impresas».
Algunos diarios de provincias, sin dejar de atender su zona propia, adquirieron entonces una audiencia nacional: dos liberales del Sur, el Atlanta Constitution y el Louisville Courier-Journal; dos activistas del Midwest, el Kansas City Star y el Chicago Daily News; y un poco más tarde el mi­núsculo Emporia Gazette, del que W. A. White hizo el por­tavoz de las aldeas del Oeste.

Las revistas

Ante la competencia de los dominicales, los periódicos se popularizaron a su vez y constituyeron una gran indus­tria7. Las primeras revistas modernas fueron lanzadas por fabricantes de ropa y de empresas de venta por correspon­dencia. Sin embargo, los constructores de imperios fueron F. Munsey, del que el Munsey’s Magazine (1893) y Argos y constituyeron los primeros pulps, mediocres tanto por el papel en que se imprimían como por su sentimentalismo ba­rato, y sobre todo C. H. K. Curtís que hizo del Saturday Evening Post una institución nacional. Beneficiándose de las bajas tarifas postales en vigor desde 1885, las revistas redujeron sus precios y algunas alcanzaron tiradas enor­mes: el Ladies Home Journal, de Curtís, tiraba un millón de ejemplares en 1903, y dos millones en 1919. Constituían entonces los únicos medios de gran difusión, absorbiendo la publicidad nacional: Curtís obtenía el 43 % de ella en 1918.
E. L. Godkin, director de The Nation (1865), fue de los que prefirieron ser influyentes en lugar de riquísimos. Al­gunos, como H. Hapgood de Collier’s, declararon la guerra a la complicidad entre capitalistas y políticos. Aparecieron los famosos muckrakers de los años 1903-1910, los «busca­dores de basura», tales como L. Steffens y I. Tarbell de McClure’s. Al presentar sus encuestas con un estilo de cali­dad, hiceron que la prensa cotribuyera eficazmente al am­plio movimiento progresista de comienzos del siglo. Para buscar un contrapeso los propietarios de negocios inventa­ron los public relations, sus encargados de relaciones públi­cas; en los años 20 y 30 proporcionaban a los periódicos del 50 al 60 % de sus artículos.

La guerra y los años 20

Una ley, Espionage Act (1917), reforzada por la Sedition Act (1918), dio al ministro de Correos la posibilidad de no distribuir cualquier publicación. Los periódicos socialistas y de lengua alemana tuvieron grandes dificultades, pero la gran prensa se puso al servicio de las autoridades para mo­vilizar todos los recursos nacionales a través de la propa­ganda. De acuerdo con esa dirección, la prensa hizo pocos esfuerzos por defender los derechos cívicos al llegar la reac­ción antirroja de la postguerra.
Abandonando su puritanismo, los Estados Unidos acep­taron el consumo de masa. Los «años locos» vieron nacer nuevas formas de prensa. Primero los tabloids; diarios ilus­trados de pequeño formato que iniciaron una tercera oleada de sensacionalismo. Esta oleada descubrió un millón y me­dio de nuevos lectores sólo en la ciudad de Nueva York: tres tabloides se enfrentaron allí utilizando fotos trucadas y sucesos sórdidos. Únicamente sobrevivió el Daily News. Toda la prensa fue contaminada por aquel jazz journalism excitado, divertido, superficial e irresponsable.
Existía una gran abundancia de información al mismo tiempo que se ofrecía a los norteamericanos nuevas formas de diversión: el cine, la radio y el automóvil. Dos presbite­rianos eligieron como meta resolver el dilema. De Witt Wallace utilizó una fórmula muy antigua; su Reader’s Digest (1922) ofrecía una antología de artículos resumidos de revis­tas, elegidos por su utilidad práctica y su apoyo al «sueño norteamericano». El Time de H. Luce resumía, explicaba, «personalizaba» toda la actualidad en un estilo compacto y pintoresco. Sobre ese mensual y ese semanario se fundaron imperios, y los dos fueron imitados en el mundo entero.

El «New Deal» y la guerra

La crisis económica (1929-1941) y después la guerra mun­dial, reforzaron el movimiento de concentración que llevaba al monopolio local en la mayor parte de las ciudades. Sin embargo, la propiedad seguía siendo familiar: no se formó ningún grupo gigante del tipo británico.
La Depresión aumentó la atención dada por la prensa a los problemas sociales, económicos y políticos. F. D. Roosevelt tenía relaciones frecuentes, eficaces y de una rara cor­dialidad con los periodistas, pero no con los editores. Sólo el 34 °/o de los diarios le sostuvieron con sus editoriales an­tes de su triunfo electoral de 1936, y el prestigio de la pren­sa sufrió por ello.
Los propietarios de periódicos que invocaban la Primera Enmienda para escapar a las exigencias de la justicia social fueron condenados por el Tribunal Supremo. El sindicato de los periodistas (American Newspaper Guild, 1933) lanzó su primera huelga en 1934 y muy pronto se hizo respetar. Paralelamente se mejoraron la formación y forma de contra­tar a los periodistas.
En esta época, Time vio aparecer dos débiles rivales, Newsweek y US News, pero Luce volvió a innovar con Fortune (1930), revista financiera independiente lanzada en ple­na crisis económica, y con Life (1936), revista de la actuali­dad a base de fotografías, muy pronto imitada por Look.
En 1941, Pearl Harbor produjo la unanimidad nacional. Un código aparecido en 1942 permitió a la prensa autocensurarse de nuevo. Las leyes de 1917 fueron aplicadas, pero sin rigor. Después de la guerra vino una nueva y violenta crisis de anti-izquierdismo. La prensa participó en esta tendencia inquisitorial: cuando no deformaba la información, se hacía «objetivamente» eco de los cazadores de brujas8.

Después de la llegada de la televisión

La radio había tenido poca influencia. El efecto de la televisión (1948) sobre los diarios no fue espectacular; en cambio, golpeó terriblemente a las revistas de interés gene­ral al captar la publicidad nacional mientras que aumenta­ban sus gastos de publicación. Las revistas intentaron res­ponder con campañas de suscripción muy rebajadas. Sus tiradas se hincharon: el Saturday Evening Post alcanzó seis millones y medio de ejemplares en 1960, Life, ocho millones y medio en 1970. Tratando desesperadamente de equilibrar sus cuentas, se lanzaron a una imprudente búsqueda de «trapos sucios», después redujeron su difusión a un público seleccionado, y finalmente murieron.

La gran contestación

En los años 1960, los negros reclamaban la igualdad cí­vica; los estudiantes rehusaban morir en Vietnam. Dentro de ese mismo impulso, los ecologistas, los consumidores, las mujeres, los mutilados, etc., exigieron que sus derechos fue­ran respetados. Se atacaba simultáneamente a las normas de las clases medias, al American Way of Life, y al régimen económico-político, el System. De nuevo, en un período de extraordinaria expansión económica y gracias a innovacio­nes técnicas, el offset en particular, apareció una prensa sensacionalista para servir a un movimiento social, la pren­sa underground 9. El primer periódico fue el Los Angeles Free Press (1964), el segundo el Berkeley Barb (1965).
En 1970, la tirada de sus 400 a 500 periódicos estables se estimaba en cinco millones, con unos treinta millones de lectores. Esta prensa osciló entre dos polos, el psicodélico o contra-cultural, y el radical o izquierdista. Después, en 1971-1972, se desplomó. Las causas fueron varias: por un lado, retirada americana del Vietnam, represión y rece­sión; por otro los gritos reiterados de los underground, con su tendencia hippy ingenua o apoyada en las drogas. Final­mente el marxismo por una parte y la pornografía por otra. A pesar de todo, contribuyeron a despertar a la prensa establecida.

1 Ver A. M. Schlesinger, Prelude to Independence: The Newspaper War on Britain, 1764-1776. Knopf, Nueva York, 1958.
2 La misma enmienda estableció la libertad de religión. Ver C.-J. Ber-trand, Les Eglises aux Etats-Unis. «Que Sais-Je?», n.° 1.616.
3 Tuvo por consejeros a dos periodistas, pero la gran mayoría de la prensa se opuso a él, como siempre con los Presidentes progresistas.
4 Ver M. Schudson, Discovering the News: A Social History of American Newspapers. Basic Books, Nueva York, 1978.
5 Llamada así por el color amarillo del héroe de uno de los prime­ros comics, Hogan’s Alley, tomada al World por el Journal y publicada durante algún tiempo por los dos diarios.
6 Los gastos publicitarios se quintuplicaron entre 1880 y 1910. En 1914, el Audit Bureau of Circulations se encargó de la verificación de las tiradas.
7 100 en 1825, 700 en 1865, 5.500 en 1900.
8 Ver J. Aronson, The Press and the Cold War. Bobs-Merrill, Indianápolis, 1970.
9 Ver D. Armstrong, A Trumpel to Arms: Alternative Media in America. Houghton-Mifflin, Boston, 1981.

Autor: Claude-Jean Bertrand . En: “Los medios de comunicación social en Estados Unidos”. Editorial Eunsa. Año: 1983, Pamplona (Esp.)

La perspectiva docente: ¿es posible aplicar la teoría del hipertexto a la enseñanza del periodismo?

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

El proceso de globalización ha dado lugar a una creciente interrelación económica entre los países, que cada día se encuentran más cercanos gracias al flujo de bienes y servicios, capitales e inmigrantes. Las exportaciones globales, como porcentaje del PIB mundial, se han duplicado en los últimos 40 años, y casi la mitad de este crecimiento se ha registrado en la última década. América Latina se ha sumado a esta tendencia y su comercio ha crecido de forma relevante, gracias sobre todo a las reformas de las dos últimas décadas.
A pesar de estos esfuerzos, la participación de América Latina en el comercio mundial ha disminuido. Aunque hay países que han logrado aumentar su presencia en el comercio internacional de una manera eficaz —Chile, México y la República Dominicana—, la región en su conjunto muestra una distancia importante respecto al resto del mundo. De hecho, mientras ha crecido el papel del sureste asiático en el comercio mundial, el de Latinoamérica ha ido mermando hasta casi la mitad de lo que representaba hace 40 años.
A la hora de examinar la evolución del comercio en Asia y en América Latina se ponen de relieve varias diferencias clave. En primer lugar, el crecimiento de las exportaciones de Asia se ha debido fundamentalmente al elevado dinamismo de los productos manufacturados; en cambio, las materias primas siguen nutriendo la mayor parte de las exportaciones de América Latina. Estos patrones reflejan las ventajas comparativas de cada región y muestran cómo ha mejorado la productividad de las economías asiáticas, lo que les ha permitido participar eficazmente en las cadenas de valor internacionales y dar un fuerte impulso al comercio intra-industrial.
En segundo lugar, las barreras comerciales de Asia han disminuido progresivamente, mientras las de América Latina han permanecido relativamente altas a pesar del proceso global de liberalización del comercio. En realidad, los flujos comerciales entre la región y el resto del mundo —con socios tanto de países industrializados como de países en vías de desarrollo— se topan con escollos como los picos de tarifas, la escalada de tarifas y medidas de protección de contingencia, como el antidumping y las salvaguardas, que tienen el efecto de limitar el acceso a los mercados. Esto pone de relieve cómo la reducción y la eventual eliminación de las barreras comerciales constituyen un elemento clave en la estrategia para el avance del acceso a los mercados externos.
Precisamente, a lo largo de las dos últimas décadas la mayoría de las economías de América Latina ha impulsado la liberalización del comercio. El impulso ha venido por la negociación de acuerdos comerciales bilaterales con países industrializados y en vías de desarrollo fuera de la región; el fortalecimiento y la creación de nuevos bloques sub-regionales, como Mercosur; el lanzamiento de iniciativas hemisféricas, como el Área de Libre Comercio de las Américas (FTAA), y las negociaciones multilaterales encabezadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC). De esta gran multiplicidad de acuerdos comerciales surgen retos importantes para los países de América Latina, ya que exige la movilización de muchos recursos, tanto humanos como institucionales, para garantizar un acercamiento complementario entre estos diferentes esquemas comerciales.
La elección de una ruta comercial (o grupo de rutas) exige entender bien los costes y los beneficios de cada una de las alternativas con que los países cuentan. Esto hace necesario determinar y evaluar el impacto agregado, sectorial y social de todas las esferas de negociación. Resulta muy importante la evaluación del impacto social ya que refleja el interés creciente entre los políticos por determinar la viabilidad de estos acuerdos, que depende mayoritariamente del impacto de la liberalización del comercio sobre variables clave como, por ejemplo, la creación de empleo, la distribución de la renta y la reducción de la pobreza.
Aunque existe consenso en torno al hecho de que la liberalización comercial no-discriminatoria dentro el marco de la OMC generaría mayores beneficios que los que se logran mediante acuerdos comerciales preferenciales, su lento avance y la complejidad de sus negociaciones han dado paso a la búsqueda de acuerdos alternativos, sobre todo bilaterales. En este contexto, se espera que estos acuerdos puedan romper la inercia que caracteriza a los proyectos de integración regional y multilateral. Además, unos compromisos bilaterales agresivos podrían ayudar a los bloques sub-regionales a hacer avanzar su proceso interno de integración y armonización política. El recién aprobado Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA) es un ejemplo de estos beneficios potenciales. Sin embargo, el fortalecimiento de los acuerdos regionales puede situar a las economías más débiles en una posición más ventajosa a la hora de cumplir unas obligaciones multilaterales más exigentes.
Pero también es importante que los países de América Latina aspiren a la liberalización comercial en el contexto multilateral. Unos avances claros y definitivos en la liberalización agraria, por ejemplo, sólo podrán lograrse dentro de la OMC, ya que abarcaría a todos los países integrantes. Aunque la agricultura es un sector clave en la región, debido a su contribución al PIB y sus efectos potenciales sobre otras actividades productivas, es uno de los sectores más protegidos en todo el mundo. Resulta crítica, por tanto, una mayor liberalización, y es probable que el eventual éxito o no en este terreno determine el desenlace de la actual ronda de negociaciones de Doha. Como ya se ha argumentado, progresar en la esfera multilateral no tiene por qué impedir avances parciales en el marco de otras esferas de negociación, sobre todo en lo referente al progreso en el acceso a los mercados.
En definitiva, la región necesita elaborar una estrategia coherente de negociación teniendo en cuenta las múltiples opciones de comercio que tiene a su disposición. Incrementar la participación de América Latina en el comercio internacional requiere una estrategia basada en los factores específicos de cada país, las ventajas comparativas relativas de cada uno y los respectivos intereses nacionales. Esto constituye un elemento clave de la agenda de desarrollo que busca un crecimiento económico más sólido y a la vez sostenible. Una mayor liberalización del comercio debe ir acompañada por políticas complementarias en otras áreas como la mejora de aduanas aéreas y marítimas y de normas técnicas, además de una mayor coordinación y armonización de políticas. Todo lo que suponga avanzar en el terreno del comercio ayudará a aumentar el acceso efectivo a los mercados mundiales. Ello precisará de mayores inversiones en infraestructuras. Si todo esto se lleva a cabo, se logrará aumentar el potencial de exportación y mejorar la competitividad.
En conclusión, América Latina necesita una agenda de desarrollo más amplia y completa para poder mantener unas tasas de crecimiento elevadas. Esa agenda debe basarse en una mayor participación en los mercados tanto tradicionales como emergentes. Además, hay que modificar los patrones de producción para aumentar la productividad económica total mediante la asignación más eficaz de los recursos, que a su vez asegurarán un mayor valor añadido y una mayor diversificación exportadora. Por último, una estrategia de crecimiento ha de basarse en una inclusión social cuya prioridad sea aportar a los pobres las herramientas precisas para garantizar el desarrollo autosostenible, teniendo en cuenta los efectos que podría producir a corto y medio plazo una participación más profunda en los mercados mundiales.

Autor: García, Enrique, “Hacia una estrategia coherente para aumentar la participación de América Latina en los mercados globales”, publicado en Foreign Policy Edición Española, N° 15, junio-julio 2006, pp. 26-27

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Hacia una estrategia coherente para aumentar la participación de América Latina en los mercados globales

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

El proceso de globalización ha dado lugar a una creciente interrelación económica entre los países, que cada día se encuentran más cercanos gracias al flujo de bienes y servicios, capitales e inmigrantes. Las exportaciones globales, como porcentaje del PIB mundial, se han duplicado en los últimos 40 años, y casi la mitad de este crecimiento se ha registrado en la última década. América Latina se ha sumado a esta tendencia y su comercio ha crecido de forma relevante, gracias sobre todo a las reformas de las dos últimas décadas.
A pesar de estos esfuerzos, la participación de América Latina en el comercio mundial ha disminuido. Aunque hay países que han logrado aumentar su presencia en el comercio internacional de una manera eficaz —Chile, México y la República Dominicana—, la región en su conjunto muestra una distancia importante respecto al resto del mundo. De hecho, mientras ha crecido el papel del sureste asiático en el comercio mundial, el de Latinoamérica ha ido mermando hasta casi la mitad de lo que representaba hace 40 años.
A la hora de examinar la evolución del comercio en Asia y en América Latina se ponen de relieve varias diferencias clave. En primer lugar, el crecimiento de las exportaciones de Asia se ha debido fundamentalmente al elevado dinamismo de los productos manufacturados; en cambio, las materias primas siguen nutriendo la mayor parte de las exportaciones de América Latina. Estos patrones reflejan las ventajas comparativas de cada región y muestran cómo ha mejorado la productividad de las economías asiáticas, lo que les ha permitido participar eficazmente en las cadenas de valor internacionales y dar un fuerte impulso al comercio intra-industrial.
En segundo lugar, las barreras comerciales de Asia han disminuido progresivamente, mientras las de América Latina han permanecido relativamente altas a pesar del proceso global de liberalización del comercio. En realidad, los flujos comerciales entre la región y el resto del mundo —con socios tanto de países industrializados como de países en vías de desarrollo— se topan con escollos como los picos de tarifas, la escalada de tarifas y medidas de protección de contingencia, como el antidumping y las salvaguardas, que tienen el efecto de limitar el acceso a los mercados. Esto pone de relieve cómo la reducción y la eventual eliminación de las barreras comerciales constituyen un elemento clave en la estrategia para el avance del acceso a los mercados externos.
Precisamente, a lo largo de las dos últimas décadas la mayoría de las economías de América Latina ha impulsado la liberalización del comercio. El impulso ha venido por la negociación de acuerdos comerciales bilaterales con países industrializados y en vías de desarrollo fuera de la región; el fortalecimiento y la creación de nuevos bloques sub-regionales, como Mercosur; el lanzamiento de iniciativas hemisféricas, como el Área de Libre Comercio de las Américas (FTAA), y las negociaciones multilaterales encabezadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC). De esta gran multiplicidad de acuerdos comerciales surgen retos importantes para los países de América Latina, ya que exige la movilización de muchos recursos, tanto humanos como institucionales, para garantizar un acercamiento complementario entre estos diferentes esquemas comerciales.
La elección de una ruta comercial (o grupo de rutas) exige entender bien los costes y los beneficios de cada una de las alternativas con que los países cuentan. Esto hace necesario determinar y evaluar el impacto agregado, sectorial y social de todas las esferas de negociación. Resulta muy importante la evaluación del impacto social ya que refleja el interés creciente entre los políticos por determinar la viabilidad de estos acuerdos, que depende mayoritariamente del impacto de la liberalización del comercio sobre variables clave como, por ejemplo, la creación de empleo, la distribución de la renta y la reducción de la pobreza.
Aunque existe consenso en torno al hecho de que la liberalización comercial no-discriminatoria dentro el marco de la OMC generaría mayores beneficios que los que se logran mediante acuerdos comerciales preferenciales, su lento avance y la complejidad de sus negociaciones han dado paso a la búsqueda de acuerdos alternativos, sobre todo bilaterales. En este contexto, se espera que estos acuerdos puedan romper la inercia que caracteriza a los proyectos de integración regional y multilateral. Además, unos compromisos bilaterales agresivos podrían ayudar a los bloques sub-regionales a hacer avanzar su proceso interno de integración y armonización política. El recién aprobado Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA) es un ejemplo de estos beneficios potenciales. Sin embargo, el fortalecimiento de los acuerdos regionales puede situar a las economías más débiles en una posición más ventajosa a la hora de cumplir unas obligaciones multilaterales más exigentes.
Pero también es importante que los países de América Latina aspiren a la liberalización comercial en el contexto multilateral. Unos avances claros y definitivos en la liberalización agraria, por ejemplo, sólo podrán lograrse dentro de la OMC, ya que abarcaría a todos los países integrantes. Aunque la agricultura es un sector clave en la región, debido a su contribución al PIB y sus efectos potenciales sobre otras actividades productivas, es uno de los sectores más protegidos en todo el mundo. Resulta crítica, por tanto, una mayor liberalización, y es probable que el eventual éxito o no en este terreno determine el desenlace de la actual ronda de negociaciones de Doha. Como ya se ha argumentado, progresar en la esfera multilateral no tiene por qué impedir avances parciales en el marco de otras esferas de negociación, sobre todo en lo referente al progreso en el acceso a los mercados.
En definitiva, la región necesita elaborar una estrategia coherente de negociación teniendo en cuenta las múltiples opciones de comercio que tiene a su disposición. Incrementar la participación de América Latina en el comercio internacional requiere una estrategia basada en los factores específicos de cada país, las ventajas comparativas relativas de cada uno y los respectivos intereses nacionales. Esto constituye un elemento clave de la agenda de desarrollo que busca un crecimiento económico más sólido y a la vez sostenible. Una mayor liberalización del comercio debe ir acompañada por políticas complementarias en otras áreas como la mejora de aduanas aéreas y marítimas y de normas técnicas, además de una mayor coordinación y armonización de políticas. Todo lo que suponga avanzar en el terreno del comercio ayudará a aumentar el acceso efectivo a los mercados mundiales. Ello precisará de mayores inversiones en infraestructuras. Si todo esto se lleva a cabo, se logrará aumentar el potencial de exportación y mejorar la competitividad.
En conclusión, América Latina necesita una agenda de desarrollo más amplia y completa para poder mantener unas tasas de crecimiento elevadas. Esa agenda debe basarse en una mayor participación en los mercados tanto tradicionales como emergentes. Además, hay que modificar los patrones de producción para aumentar la productividad económica total mediante la asignación más eficaz de los recursos, que a su vez asegurarán un mayor valor añadido y una mayor diversificación exportadora. Por último, una estrategia de crecimiento ha de basarse en una inclusión social cuya prioridad sea aportar a los pobres las herramientas precisas para garantizar el desarrollo autosostenible, teniendo en cuenta los efectos que podría producir a corto y medio plazo una participación más profunda en los mercados mundiales.

Autor: García, Enrique, “Hacia una estrategia coherente para aumentar la participación de América Latina en los mercados globales”, publicado en Foreign Policy Edición Española, N° 15, junio-julio 2006, pp. 26-27

Evolución de la prensa escrita desde el papiro hasta Internet

Domingo, 3 de mayo de 2009 1 comentario

A diario escuchamos, leemos y vemos diversos medios de comunicación, definirlos ha sido una tarea compleja para los especialistas, por la cantidad de conceptos que involucran. No obstante, se puede decir que son instrumentos mediante los cuales se informa y se comunica de forma masiva a una sociedad, son el canal mediante el cual la información se obtiene, se procesa, y finalmente, se comunica. La evolución del medio escrito se remonta a posteriori de la cultura oral del ser humano.
En esta etapa oral, el hombre ha evolucionado en sociedad y en el lenguaje, la cultura y la comunicación dependían en gran medida en la capacidad de recordar y contar historias que se perpetuaban con el paso de las generaciones, hasta que el hombre crea la escritura y los medios que lo soportarían, así aparece la cultura de la escritura y la imprenta, método de intercomunicación humana que se realiza por medio de signos gráficos.
La escritura provoca en el hombre un pensamiento más lineal, las complejas historias orales pasan a ser más sencillas y perduraran en el tiempo con más solidez.
Aparecen como forma más representativa los jeroglíficos en papiros en el antiguo Egipto. Bajo esta forma se realizaron composiciones religiosas, relatos históricos, privados reales, instrucciones, historias y tratados científicos sobre medicina, matemáticas y astronomía.
Posteriormente, aparecen el pergamino y la vitela, superficies para escribir, realizadas con pieles de ovejas, alrededor del año 200 a.c. empezaron a sustituir al papiro. Este material fue utilizado por los pueblos antiguos y medievales para escribir en ellos textos sagrados y literarios. Aproximadamente entre los años 1200 y 1400 fueron remplazados por el papel.
La aparición del papel en la evolución de la humanidad se remonta al año 105 en China, durante 500 años el arte de su fabricación estuvo limitado a ese país, a partir del año 610 se introdujo en el Japón, posteriormente en el Asia central y luego en Europa traído por los árabes. La primera fábrica europea de papel se estableció en España alrededor del año 1150 y posteriormente se expandió por la mayoría de los países del viejo continente.
En esta evolución conseguimos los orígenes del periodismo en Roma donde se comenzaron a realizar comentarios, anales históricos y actas en los cuales donde aparecen edictos, noticias de sociedad, sucesos y comentarios. Así se identifican dos diarios de relevancia el acta pública y el acta diurna, esta última revestía carácter oficial.
En la edad media, la práctica escrita cayó en franco desuso y se regresó a la tradición oral a pesar que algunos reyes escribieron sus gestas y los juglares se encargaron de contar las crónicas, hazañas de guerreros, milagros y acontecimiento de la época de pueblo en pueblo.
En el renacimiento europeo en especial el italiano, debido a la infinidad de sucesos que signaron a esta etapa de la humanidad, aparecieron en Venecia, las gazzetas, en las cuales se publicaban noticias de acontecimientos portuarios y comerciales, práctica esta que se propagó y popularizó por toda Europa.
En el siglo XV se produce la primera fundición de tipos móviles de metal los cuales se utilizaban para imprimir sobre papel con una prensa. A mediado de este siglo ya se fabricaban grandes cantidades de papel y con la evolución del renacimiento, la clase media próspera e ilustrada aumentó la demanda de materiales escritos. La figura de Martín Lutero y la Reforma Protestante dependieron en gran medida de la prensa y del flujo continuo de impresos.
Para este momento histórico los fundamentos de la imprenta ya habían sido utilizados por los artesanos textiles europeos para estampar los tejidos. En el año 1450 el alemán Johann Gutenberg presentó su invento y como resultado de ese avance tecnológico imprimió lo que hoy se conoce como la Biblia de Gutenberg, posteriormente editó en el año 1457 el Libro de Salmos. A partir de este año la imprenta se popularizó en toda Europa y mientras los impresores del norte de Europa fabricaban libros eminentemente religiosos, los impresores de Italia se especializaban en autores clásicos griegos y obras científicas de los eruditos renacentistas.
Este invento contribuyó con la propagación de escritos que surgían para un fin particular o un hecho relevante. Para el año 1457 se funda en Alemania uno de los primeros precursores del periódico impreso con la denominación Nurenberg Zeitung, en el año 1493 circularon en Europa una hoja informativa titulada Descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón, y en América circuló para el año 1541 la Hoja de México que describía los sucesos del terremoto de Guatemala. Estas publicaciones carecían de periodicidad y constancia, características que adquieren los que se fundaron a partir de los años 1600.
En 1615 aparece el periódico Frankfurten Journal; en 1640 en Italia la Gazzeta Publica; en 1661 en Madrid nace la Gaceta y en 1695 en Inglaterra es fundado el Stanford Mercury.
En el año 1702 se funda el primer periódico diario en Inglaterra: el Daily Courrant. Para el año 1715 había en este país una gran actividad editorial, aparecen varias publicaciones de periodicidad variable y con este desarrollo de la prensa empieza a emerger el concepto de opinión pública.
A comienzo del siglo XVIII, el sistema político se percata del enorme potencial del medio informativo impreso como herramienta para moldear la opinión de la sociedad y para el año 1792 se promulga la primera ley que reglamenta la actividad de la prensa con el Libel Actm.
En América. aparece en Boston para el año 1704, el Boletín de Boston; en México, la Gaceta de México y Noticias de España en el año 1722; en Perú la Gaceta de Perú en el año 1743; en Cuba es fundado la Gaceta de la Habana en el año 1764 y en Venezuela la Gaceta de Caracas en el año 1806, entre otros.
A finales del siglo XVIII la prensa toma matiz de negocio, se introducen innovaciones técnicas, se establece una infraestructura informativa para recoger la noticia y optimizar los sistemas de reproducción, se reducen los costo, se aumenta la capacidad productiva y en consecuencia aparecen periódicos emblemáticos como el The Times en el año 1785.
En el siglo XIX, los efectos de la revolución francesa, trae como consecuencia en Europa una reacción conservadora y se enfrenta a la prensa liberal, estas publicaciones de clara tendencia política defendieron la libertad, el concepto de opinión pública. Entre tanto, para el año 1836 aparece el telégrafo lo que influye en el nacimiento de las asociaciones y agencias de prensa como organizaciones especializadas en la recogida y distribución de noticias; hay una búsqueda de la consolidación de la libertad de expresión. Los diarios se empiezan a caracterizar por el seguimiento serio y exhaustivo de las noticias y profundo análisis de sus consecuencias.
Tras el triunfo del liberalismo los países occidentales reconocieron hacia 1881 la libertad de expresión lo que se traduce en leyes del Estado en materia de prensa. En el año 1884 el alemán Ottmar Mergenthaler inventa la linotipia, sistema mecánico que permite la composición de textos para periódicos.
En este período se produce la diversificación de este medio de comunicación: La prensa política que se caracteriza por la utilización del periódico como vehículo de transmisión de una ideología. La prensa informativa, su objetivo es el beneficio económico a partir de la noticia, lo que evolucionará hacia la prensa de masa del siglo XX.
Aparecen a finales de este siglo un gran número de periódicos, de elites para las clases sociales altas, de gran calidad y elevado precio; populares, más baratos y sensacionalistas, para las clases más bajas y periódicos radicales de carácter político, se ha forjado de esta manera una gran masa de lectores que favoreció el desarrollo de las empresas informativas y produjo grandes beneficios económicos y políticos, estableciéndose las bases para el desarrollo del sistema periodístico del próximo siglo.
La mayoría de países occidentales dictan leyes de prensa en la que se reconoce la libertad de expresión y organizan su estructura informativa, las agencias nacionales de información las cuales mantienen cercanas relaciones con los gobiernos se convierten en la piedra angular y son las que surten de información a los periódicos, bajo esta forma se produce la ubicuidad informativa y la tendencia a la uniformidad de la información propias del siglo XX.
A principio del siglo XX, en los Estados Unidos de América y algunos países de Europa se produce la generación de nuevos periódicos enmarcados en un nuevo periodismo, cuyo ejemplo paradigmático fue The World, de Pulitzer, vienen a hacer los primeros periódicos de masas, aumentan el tiraje, tienen muchas páginas de publicidad, se convierten en los íconos del cuarto poder.
En esta etapa los periódicos han asumido nuevas funciones en la sociedad, se convierten en bienes de uso y consumo, ofrecen un producto atractivo y bien acabado, su presencia en el orden social, político, económico y cultural de la sociedad los convierten en un instrumento de gran influencia.
Surgen así los periódicos de elite de información como el New York Time, diario que creó el modelo del periodismo basado en la documentación exhaustiva y el análisis de los hechos, con sus homólogos como Le Figaro en Francia, el Frankfurter Zeitung en Alemania, Il Corriere de la Sera en Italia y el Imparcial en España.
En este siglo se producen dos grandes conflagraciones bélicas, en la Primera Guerra Mundial, los periodistas colaboran con los ejércitos y difunden historias heroicas falsas con el fin de mantener la moral alta en la retaguardia y la población civil. Al finalizar la confrontación, la población europea se enfrentó a la realidad manipulada enterándose de los horrores de la guerra lo que condujo a una crisis de confianza hacia la prensa. En la Segunda Guerra Mundial, la prensa además de los otros medios se utilizaron con fines propagandísticos, la técnica más resaltante fue la utilizada por Adolfo Hitler, denominada “La propaganda mecanicista”, fundada en la idea que ante un determinado estímulo, las poblaciones responderían con una misma respuesta.
Nace en este siglo el fotoperiodismo como respuesta a los otros medios, el cine, la radio y la televisión. La inclusión de las imágenes fotográficas no obedece a un superfluo adorno de la noticia, sino por el contrario se empieza a tejer un nuevo lenguaje comunicativo y alternativo.
Para la década de los 70, se empieza a gestar lo que conoceremos como la revolución de la información. El desarrollo de las nuevas tecnologías afectó y afecta a todos los medios de comunicación, es innegable que la informática, la computación y la irrupción de la Internet han mejorado y optimizado el proceso de producción y modo de transmisión de las noticias.
Es en esta década que el computador se hace dueño en la producción industrial del periódico y hoy en día desde las redacciones electrónicas, pasando por las modernas fotocomponedoras, la realización de las planchas para la impresión, la selección de colores, el control de las rotativas lo que incluye control de papel, tinta y calidad de impresión es dirigido por las computadoras.
Aunado a esto, han nacido nuevos instrumentos para la obtención de la información desde los correo electrónicos, las señales satelitales, los teléfonos celulares y las cámaras digitales que entre otros recursos han transformado los medios escritos tradicionales.
La Internet logró imponerse en la sociedad con mayor rapidez en comparación a la escritura y la imprenta de tal manera que las sociedades que se resistan a este medio están condenadas al medievalismo informativo. Internet acabó con el concepto de distancia para la obtención de la información de tal manera que estamos viviendo la “infinita globalidad”.
Algunos teóricos consideran a la Internet como un nuevo medio de comunicación, otros lo consideran como un soporte para los medios masivos tradicionales, aduciendo que no se puede considerar como un nuevo medio de comunicación de masas, por cuanto haría falta una masa de receptores que reciban el mismo contenido y es evidente que Internet no funciona de esa manera, en consecuencia, se puede considerar como un nuevo canal de comunicación donde convergen los medios de comunicación tradicionales.
En Internet conseguimos la escritura y la fotografía de los periódicos, las imágenes de video, de la televisión y el sonido de la radio, sumado a la interacción y personalización del mensaje, de tal manera que la prensa, la radio y la televisión, están presente en la red en su forma tradicional, surgiendo así la prensa, radio y televisión on line dedicada a la Web.
La prensa tradicional tiene el reto, más allá de utilizar la Web como un medio de publicidad, forzosamente debe sustentarse en la prensa on line con características muy especiales. En principio debe responder a un uso ilimitado de recursos, siendo un periódico no podrá sustentarse en texto y fotografía únicamente, debe contener además audio y video. Los periódicos on line deben responder a la interactividad con el usuario lector y al servicio personalizado, es decir permitir la individualización, leer, ver y escuchar las noticias, mensajes y publicidad que desee y por último en cuanto a la noticia, ésta debe actualizarse constantemente al momento de suceder, sin la limitación física de los medios tradicionales.
En síntesis, Internet incide en la comunicación social no sólo como medio o canal de comunicación o herramienta de investigación para un periodismo de excelencia, se presenta como un espacio profesional poco explorado que obliga a los noveles periodistas plantearse la forma de abordarlo con éxito.
En retrospectiva de la síntesis, desde la escritura jeroglífica, pasando por la invención del alfabeto y el papel, lo que forzó la invención de la imprenta y esta el desarrollo de la prensa escrita, que moldeó los conceptos de libertad de expresión y opinión pública para la sociedad occidental, donde irrumpen las nuevas tecnologías de información y en especial la Internet como un supra canal de comunicación en el cual surge la necesidad para la prensa tradicional presentar un periódico on line en que confluyan el escrito y la fotografía, las imágenes de video de la televisión y el sonido de la radio para encarar el desarrollo noticioso del siglo XXI.

Lisandro Bautista Landaeta. Abogado, Magíster Scientiarum en Ciencias Jurídicas Militares. Oficial del Ejército Venezolano, adscrito al Ministerio Público Militar. Fotógrafo, especialidad en Fotografía forense, documental y paisajística. Estudiante de Comunicación Social en la Universidad Católica Cecilio Acosta. lisandrobl@cantv.net

La estrategia miope

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

Desde hace ya varios años una palabra viene sosteniéndose como puntera en el rating del léxico empresarial: la palabra “estrategia”. Y este honor lo tiene bien ganado pues para triunfar no ha tenido que previamente imponerse en los hechos. Más bien al contrario: entre el volumen total de usos y de usuarios del vocablo, sólo un minúsculo segmento acierta en su contenido. A “estrategia” le pasa lo que a “democracia”. Quizá, por estar ambas en griego.
Lo cierto es que la verborragia solemne de las “visiones y misiones de empresa” apenas logra encubrir el cortoplacismo de las conductas. Así, la comunicación estratégica con su objetivos de posicionamiento a largo plazo queda sedienta de presupuesto ante la succión imperiosa de las campañas de producto y las ofertas de temporada. Aunque se declare lo contrario: primero hay que hacer caja y después crecer.

FÁBULA 1

Empresa con productos femeninos e infantiles líderes absolutos, casi genéricos, debe lanzar un producto hiper-masculino ultra competitivo pues posee toda la tecnología para abrirse un nicho y ganarle terreno a otras marcas. Pero su bien ganado prestigio no le sirve para nada a la hora de apalancar el nuevo producto: sus marcas líderes son contraindicadas para el nuevo público. Se habían olvidado de construir una marca corporativa. De los multimillonarios presupuestos para las marcas originales no supieron distraer ni un penique para posicionar a la empresa. Al mundo masculino accederán pagando derecho de piso como un recién llegado.

FÁBULA 2

Pequeño banco provincial se lanza a la venta de paquetes financieros respaldado en un sólido fondeo internacional. Sus productos tienen un éxito tan grande que la gente se olvida de quien se los vendió. Todo le presupuesto fue a las marcas comerciales y nada a la empresa. los años de bonanza terminan, los inversores extranjeros se hacen los distraídos y la empresa comienza a lamentar su baja captación de depósitos. Y en épocas de quiebras y traiciones, nadie deja un peso sino en una marca corporativa sólida.

FÁBULA 3

Gran empresa pública de servicios públicos universales y monopólicos se ve venir la desregulación y comienza a tenerle miedo a las pequeñas empresas complementarias y de servicios especializados de su sector. Corre aguas abajo y se mimetiza con la “empresa privada, ágil, próxima, moderna, desenfadada y con productos actualizados”. Hipoteca su trayectoria, patrimonio, experiencia y función social original. En su carrera, pierde las joyas de la abuela que le aportaban un diferencial estratégico. En eso llega multinacional virgen el país y con marca descomunalmente grande, concita todas las expectativas del público y se queda con el mercado.
Tres son las posibles raíces de esta extraña impotencia estratégica. Una es de naturaleza cultural: padecen una concepción inmediatista de la empresa que desprecia todo proyecto a largo plazo o escala compleja. La segunda es de índole técnica: creen realmente en la importancia de la comunicación estratégica, pero no saben como crearla e implantarla. la tercera es política: la organización posee trabas y compromisos operativos que bloquean la acción estratégica.
La primera se resuelve con un cambio de cúpula, la segunda con un cambio de consultores, la tercera con un cambio de cúpula y un cambio de organigrama.
Pero cambiar de verdad requiere que alguien con poder posea ambiciones de triunfo, un coraje directamente proporcional a las ambiciones. Mientras llega esta persona, habrá que seguir contando la fábula de la Cigarra y la Hormiga, el cuento de los Tres Chanchitos y la historia del Rey Midas.

Norberto Chaves. Socio de I+C Consultores. Especialista en Imagen corporativa. Profesor de la Escola EINA (Barcelona) y de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires. Ha dictado seminarios en ESADE, IDEA, DZ (Bilbao) Universidad Austral, entre otros.

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Estilo discursivo y planeamiento comunicacional

Domingo, 3 de mayo de 2009 1 comentario

Cualquier plan de comunicación, sea público o privado, institucional o de producto, que pretenda proponer cambios de conducta o incentivar un consumo, trabaja a partir de criterios aproximativos. No existe la certeza absoluta de éxito.
Para hacer más racionales esos criterios de aproximación al resultado deseado y perfeccionar los mecanismos de control sobre el plan, se recurre a distintos tipos de investigación. Cada tipo de investigación está apoyado, a su vez, en los desarrollos teóricos y metodológicos que proveen las distintas disciplinas que abordan lo social.
En este artículo se plantea un camino, que todavía hace falta explorar en profundidad, para aprovechar los conocimientos desarrollados por la semiótica en general, principalmente en el estudio de los estilos discursivos sociales.
El interés por el campo de los estilos discursivos sociales es doble. Por un lado, porque a través de sus mecanismos se clasifican textos, la “materia prima” de todo trabajo comunicacional. Por el otro, porque esas clasificaciones de textos contribuyen a constituir segmentos de población diferenciados en el mismo nivel, el discursivo, sobre el que se pretende incidir.

Problemas estilísticos

Tomemos un ejemplo construido, pero representativo de las dificultades que pueden abordarse desde esta perspectiva. Supongamos el caso de un sector de la población urbana que, a esta altura del siglo, se resiste a participar en las campañas masivas de vacunación. En esas circunstancias, resultar pertinente emprender un proceso de investigación para indagar acerca de los núcleos de resistencia existentes que llevan a ese sector a no adoptar una conducta reconocida ya, en el conjunto del verosímil social, como “correcta”.
En principio, mediante cualquier procedimiento de indagación que se utilice, el investigador se encontrar con las respuestas que cualquier integrante del grupo resistente daría hacia “afuera” del propio grupo. Es decir: resulta difícil pensar que un individuo se enfrente al conjunto del verosímil sanitario de la sociedad, que dice que la vacunación es un mecanismo apto y necesario para la prevención de enfermedades.(1) Ante esa dificultad, es posible que el entrevistado trate de negar su resistencia como tal (la que tendería a excluirlo del verosímil) aduciendo que su no participación se debe a circunstancias casuales u operativas (horarios inconvenientes, problemas de trabajo, lejanía de los centros de vacunación, etc.).
Por supuesto, desde las ciencias sociales pueden detectarse esos síntomas de ocultamiento cruzando las afirmaciones supuestas acerca de la mala localización de los centros de vacunación, por ejemplo, con los lugares de residencia de los entrevistados. Pero el reconocimiento del síntoma es sólo el primer paso para conocer su etiología.
Esa posición hacia el exterior del grupo, que aparece en la indagación y que resulta observable en muchas vinculaciones entre grupos, es difícilmente pensable que aparezca también en el interior del sector. Se trataría, de ser así, de un extraño grupo social, cuya vida se encontraría fundada en falsedades evidentes para su propio sistema de sentido: sería un grupo que no vive de acuerdo a ningún verosímil.
Existe la imposibilidad teórica de sostener esa afirmación (todo grupo social actúa de acuerdo a verosímiles que ordenan el mundo y, dentro de él, la vida social) y si se tiene la posibilidad de observar situaciones conversacionales de un grupo ajeno al propio –sin que se evidencie la posición de ajenidad del observador– se constata que ese grupo sostiene sus posiciones con firmeza y con tanta congruencia interna como cualquier otro, sin hacerlo desde posiciones de autodesvalorización. Todo lo contrario: resulta tan etnocéntrico como cualquiera y son los “otros” los equivocados o, en el extremo, los “inhumanos”.
No se trata, en ese caso, de que el grupo no reconozca su situación de minusvalía frente al poder cultural o a la fuerza del número de seguidores de la idea contraria: por eso “miente” o “se adecua”. Pero en el interior de sus intercambios discursivos pueden permanecer, intactos, conceptos y maneras de hablar impenetrables al discurso externo. En el caso hipotético de la resistencia a la vacunación, por ejemplo, puede tener vigencia una idea general acerca de “lo sanitario”, que sería el auténtico soporte discursivo de la resistencia.
Una acción comunicacional que intentara vencer esa resistencia a la vacunación podría seguir dos caminos:

· disuasivo, quitando espacio a las manifestaciones de resistencia mediante, por ejemplo, la saturación del espacio conceptual-discursivo con manifestaciones de apoyo a la política de vacunación, y

· persuasivo, atacando el núcleo mismo de la concepción sanitaria interna tratando de cambiar su estructuración esperando luego, por lógica consecuencia, que se modifique la conducta del grupo.

En realidad cualquiera de las dos estrategias comunicacionales es utilizable según los objetivos que se propongan. Ninguna de las dos tiene, a la vez, garantía de éxito aunque puede afirmarse que la primera tiende a producir efectos en plazos más breves y con resultados menos permanentes y la segunda, por su parte, a la inversa. Pero, en ambos casos, será necesario “sintonizarse” con el “modo de pensar” del sector resistente de población, ya sea para que registre la presión social sobre su conducta, como para que permita la discusión de verosímiles que lleve al cambio de actitud. Ese “modo de pensar” se manifiesta a través del estilo discursivo social que es propio del segmento delimitado.

Definición del estilo discursivo social

El concepto de estilo es utilizado, desde múltiples perspectivas, como criterio clasificatorio de sectores sociales, de épocas históricas o de conjuntos de textos. Así, según el corte que el punto de vista descriptivo utilizado haga sobre lo social, se hablará de estilo regional cuando la focalización sea territorial, de estilo de época cuando sea temporal, de estilo generacional cuando sea etaria, etc.(2)
En general, cuando se habla de “estilos sociales” suelen circunscri­birse fenómenos que tanto pueden tener que ver con formas de organización de prácticas sociales (“estilo de vida”, “formas de vida”, etc.), como con prácticas específicamente discursivas. Por supuesto, este último aspecto es el que nos interesa en planeamiento comunicacional. Sabemos que el sentido dentro de una sociedad está sustentado en su dimensión significante.(3) Es dentro de ésta que todo objeto o fenómeno social cobra sentido. Pero, al mismo tiempo, se registran siempre desfasajes, fracturas, entre distintos planos del sistema. Es decir, que cuando se trata de reconstruir los procedimientos internos mediante los cuales una sociedad produce e intercambia textos -relacionados, explícitamente o no, con el resto de la vida social- conviene diferenciar el estudio del aspecto discursivo del resto de los componentes que constituyen el conjunto del “estilo de vida”. Es necesario por lo tanto precisar el concepto de estilo discursivo social.
Al hacer referencia a un estilo discursivo social se tiene en cuenta la dimensión específicamente textual de la dimensión significante de los fenómenos sociales. Se trata entonces con el conjunto de los modos de producción y de lectura de textos con los que una sociedad (o un sector dentro de ella) delimita, en el momento histórico de su vigencia, las fronteras discursivas que la diferencian con otras sociedades (o, en caso de tratarse de sectores, con otros dentro de la misma).
Esas fronteras socio-discursivas pueden relacionarse con componentes regionales, históricos, generacionales, económicos, políticos, etc., o con diversas combinaciones entre ellos. Por otra parte, los estilos se transforman históricamente. Es más, pueden desaparecer. Pero cada uno de esos cambios o desapariciones alteran las interacciones con los otros estilos.

Consecuencias de las fronteras estilísticas

La diferenciación entre actitudes internas y externas dentro de un grupo social, ha sido planteada en términos microsociológicos por Goffman (4) En una perspectiva más ligada al nivel discursivo, la diferenciación entre esos aspectos del estilo discursivo de un sector social se vincula a la establecida por Lotman cuando definía dos posiciones posibles que puede ocupar un sujeto frente a la legislación, dentro de su propio grupo (la vergüenza, ligada al honor) y frente a los otros (el miedo, ligado a la coerción de las instituciones sociales) (5).
En cambio, la teoría del enclasamiento de Bourdieu, por ejemplo, focaliza los factores de conflicto entre estilos discursivos de sectores sociales. (6) Esta perspectiva aparece ligada a los que hemos denominado aquí aspectos externos de la vida estilística y, entre ellos, a sus manifestaciones conflictivas. En el caso de la resistencia a la vacunación, desde esa teoría se focalizaría la imposibilidad del sector resistente de afir­marse frente al resto, desde sus propios verosímiles. En este sentido, podrá decirse que, en la lucha interdiscursiva, ha triunfado el verosímil sanitario de base medicinal.
Es innegable que la perspectiva de Bourdieu es útil para afinar la visión sobre ciertas clasificaciones hechas por la sociedad. Pero es limitada para explicar los resultados esperados e inesperados que la lucha estilística produce y que, el mismo Bourdieu, detecta en sus propios trabajos. Para avanzar en ese sentido hace falta profundizar en los aspectos que se han denominado internos.
Es en los estudios de origen etnológico donde podemos encontrar las más ricas observaciones acerca de los estilos discursivos sociales en sus aspectos internos. Esto es así, seguramente en primer lugar, por las di­mensiones reducidas que suelen tener las sociedades que se estudian. Ello permite hacer observaciones de conjunto con mayor facilidad. Pero el aspecto más decisivo debe estar en la ajenidad absoluta que el obser­vador tiene con respecto a la sociedad observada.
Para el extranjero en una sociedad exótica, resultan tan extrañas las formas de producir y utilizar la cestería, como las costumbres alimentarias, las relaciones de parentesco, las formas discursivas y los distintos tipos de relación que pueden postularse entre esos múltiples niveles. A pesar de esa extrañeza no puede evitar, sin embargo, que la sociedad observada se le aparezca como un todo, al que hay que, por lo tanto, explicar como sistema.
En un artículo ya clásico, escrito a principios de la década del ’20, Malinowski reflexionaba acerca de la relación entre las palabras intercambiadas por un grupo con las situaciones sociales en las que se llevaban a cabo.(7) La imposibilidad de la explicación lingüística lo llevaba a formular vinculaciones entre texto y contexto mucho más complejas que las planteadas después por algunos de sus seguidores funcionalistas.
Replanteando y profundizando la perspectiva funcionalista, en la obra de Levy-Strauss encontramos múltiples aproximaciones a fenómenos -como los mitos, las pinturas corporales, las formas urbanísticas, las más­caras, etc.- que, por un lado, muestran un obsesivo respeto por los detalles textuales que aparecen en esas dimensiones del sentido social y, por el otro, procuran relacionar esas manifestaciones con otros niveles de la vida social como las relaciones de parentesco, de poder, de producción, etc.
La ligazón del estilo discursivo con el resto de la vida social apa­rece en Levy-Strauss en el marco de un concepto caro a los estudios so­ciales: el de regulación. Pero la regulación que establecería el estilo dis­cursivo sobre los con­flictos sociales no aparece representada mecánicamente, sino a través de la metáfora del “sueño”: a través del estilo de la pintura corporal, por ejemplo, la sociedad encontraría una solución orna­mental a un problema sociológico en el nivel del parentesco. Pero esto no lo “piensa” la sociedad consciente­mente, sino que lo construye el investigador desde su posición externa.(8)
Podría postularse, en principio, que los aspectos inter­nos del estilo son inaccesibles a quien sea externo al mismo. Estudiar esos aspectos, que nos parecen fundamentales, sería un trabajo indirecto consistente en encontrar indicios inadvertidos, que se convertirían a través del análisis, en huellas del estilo discursivo subyacente. Los resultados de los procesos del sueño habría que encontrarlos hurgando en los raros momentos en que el sujeto social acta como “sonámbulo”.(9)
Los procedimientos de condensación y desplazamiento que, freudianamente, hay que hacer para interpretar los “materiales del sueño” (en este caso, los textos sociales) se podrían extraer en la situación de sonam­bulismo: en los momentos de interacción no prevista y no reglada los sujetos reaccionarían de distintas maneras, pero sin poder evitar el afloramiento de los condicionamientos de la repetición estilística que ordenan, en el nivel más profundo, su actividad social.
Por supuesto, como veremos después en nuestras proposi­ciones metodológicas, es imposible basar una investigación sobre hechos relati­vamente azarosos de la vida social. Su ri­queza se encuentra, precisamente, en su imprevisibilidad y exigencia de reacción “espontánea” que excluye toda construcción en el laboratorio y hasta la presencia misma del investiga­dor como tal. Pero esta escisión entre “modelo teórico” y “modelo metodológico” nos permite sostener la doble conceptualización del estilo como sueño y del so­námbulo como autómata estilístico, que sirve como marco general de comprensión del fenómeno del es­tilo discur­sivo social como nos preocupa.
El atajo conceptual para abordar el estudio de los as­pectos internos de los estilos discursivos nos lo brinda tam­bién Levy-Strauss. El método estructural muestra que un texto, de cualquier tipo que sea, nunca debe estudiarse en sí mismo. Su lugar podrá de­terminarse a partir de sus relaciones con otros aspectos de la cultura en que se lo pro­duce o en los de “una cultura vecina”.(10) Si esta hipótesis es aplicable al estudio de los discur­sos de un segmento social, debe ayu­darnos para captar sus aspectos internos. Deben encontrarse huellas (que no es necesario que estén relacio­nadas directamente con el tema in­vestigado) en otros planos de la actividad discursiva del segmento indagado -o de otros segmentos que compartan con él espacios sociales próximos- que permitan reconstruir los rasgos diferenciadores de esa actividad discursiva interna.

Circunscripción del estilo discursivo social

Antes de internarnos en la metodología necesaria para investigar estilo discur­sivo conviene, por supuesto, tratar de circunscribir nuestro objeto de estudio discrimi­nando sus atributos.
Steimberg y Traversa, en un trabajo que establece crite­rios para in­corporar con­ceptos e indagaciones estilísticas para introducirse en el uni­verso de la planificación, proponen tener en cuenta dos dimensiones del intercambio de mensajes: el “soporte mítico” y “el soporte estilístico”. (11) En ese momento de su trabajo, el primero remita “al conjunto de significaciones sociales a las que reenvía un enunciado” y el segundo “al conjunto de operaciones capaces de producir un conjunto de mensajes que presentan entre sí un ‘parecido de familia’ basado en regularidades lexicales, sintácticas, figurales, enunciativas, etc…”.
Si se leen con atención tanto las citas extraídas aquí, como el con­junto del trabajo, se apreciará que esa oposición sólo parcialmente res­ponde a la habitualmente utilizada entre “concepto” y “forma”. Se trata más bien de aislar, por un lado, los condicionamientos generales que ma­nifiesta un sec­tor social en su producción discursiva y, por el otro, las restricciones específicas que posibilitan la producción efectiva de mensajes. En este sentido, la oposición se aproxima a la que entre “discurso” y “texto” desarrollar unos años después Verón y que, entre otros aspectos, opone los fenómenos efectivos de intercambio -que se dan a través de los textos- a las condiciones de producción, pero también de reconocimiento, que el investigador postula como propios de ese universo discursivo. En la indagación, por lo tanto, “se encuentran” textos y “se construyen” discursos.
Hoy estamos en condiciones de profundizar y afinar esas formula­ciones, en gran parte, también, por los desarrollos teóricos producidos por los autores citados en los párrafos precedentes. Trataremos de circunscribir, en principio, los “tipos de atributos” que resulta necesario indagar.
El primer tipo de atributos que constituye un estilo discursivo social tiene que ver con el o los modos en que la propia sociedad circunscribe a un segmento social como tal y éste, a su vez, se diferencia “superficialmente” frente al conjunto.
La diferenciación se produce, en ambos casos a través de dos procedimientos muchas veces complementarios:

· la descripción, generalmente parcial, y cargada de valorización de las diferencias a ni­vel sincrónico, y

· la narración, muchas veces también fragmentaria, del pro­ceso de diferenciación que procura la justificación diacró­nica de la segmentación. La narración del proceso gene­rador de las diferencias que constituyen a un segmento, puede, a su vez, tomar la forma de tres procedimientos narrativos diferenciables y también en sí mismos dife­renciadores, tanto del segmentador como del seg­mentado:

· el mito (que remite a un pasado sin acceso a la comprobación empírica),

· la leyenda (forma mixta que combina com­ponentes míticos e históricos) y

· la historia (que pretende asentarse en hechos comproba­bles empíricamente).

El segundo tipo de atributos tiene que ver con el hecho de que, de un segmento social, puede obtenerse información acerca de su “consumo” de textos. Con esto queremos decir medios, géneros y estilos textuales con los que tiene contacto habitual. Este atributo puede definirse como el que describe las costumbres discursivas de recepción de un sector social.
El tercer tipo de atributos de un estilo discursivo debe circunscribir los intercambios discursivos en el interior del segmento. En este nivel se deben establecer las maneras textuales mediante las cuales los inte­grantes del grupo se conectan entre sí y construyen el mundo social desde la propia perspectiva.
Cada uno de estos tres tipos de atributos debe abordarse a partir de rasgos temáticos, retóricos, enunciativos y de distribución textual, utiliza­dos habitualmente (aunque no ne­cesariamente en ese orden y con esa terminología) para analizar textos.(12) Esos son las marcas “concretas”, atri­butivas de diferencia estilística, que se deben rastrear y que permiten, en sistema, construir el posicionamiento estilístico del sector aislado.
En su conjunto, los tres tipos de atributos establecen una secuencia de profundización que va desde el conjunto de la escena social, en la que el estilo focalizado se distingue, hasta el interior de la práctica discursiva del segmento.
Para dar cuenta de la complejidad del problema, hay que agregar que, en cada segmento que compone una sociedad pueden describirse, junto a rasgos diferen­ciadores que permiten definirlo como segmento, rasgos estilísticos que permiten definirlo, por su parte, como perteneciente al conjunto de la misma. Además, entre esos rasgos que definen un estilo, algu­nos tienen vigencia durante períodos prolongados de tiempo; otros, en cambio, varían en lapsos breves.
Planteada así, la tarea de investigación discursiva social parecería exceder toda posibilidad de concreción, dadas las complejidades de sus dimensiones a las que hay que agregar sus variaciones temporales.
Una manera de acotar el trabajo, aprovechando las posibilidades y necesidades del planeamiento comunicacional, es, como venimos haciendo aquí, el anclaje en un tema social o en un aspecto de él. Lo que debe tenerse en cuenta en ese caso es que la circunscripción misma de un tema puede estar constituida por las restricciones introducidas inadvertidamente por un estilo discursivo social, en función globalizante o segmentadora. Es decir que la propia circunscripción temá­tica, una vez elegida, puede ser problematizada en las instan­cias de investigación.

Metodologías para la investigación estilística

Creemos que es posible en este momento proponer ciertas perspectivas metodológicas, que no pretenden agotar las posibilidades de indagación, sino ordenar las experiencias acumuladas hasta el momento.
Debe recordarse que, por todas las dificultades que venimos exponiendo, un es­tilo discursivo no se estudia “en sí”. Muchos rasgos podrán circunscribirse, no a través de la observación directa, sino estudiando rasgos de diferenciación que aparecen en estilos que podríamos denominar aledaños a aquel sobre el que focalizamos la investigación, al menos desde la perspectiva temática elegida.
Con todos los cuidados que corresponden, proponemos, para la investigación de estilos discursivos sociales, la concreción de cinco etapas relacionadas (recordemos que todo el trabajo deber girar alrededor de un tema, o de un fragmento de él). Las etapas pueden describirse de la siguiente manera:

Etapa 1. Descripción de la escena estilística

Recopilación escrita de observaciones (descripciones) de cómo se ubica el seg­mento con­siderado con respecto a otros que participan de la problemática. Listado y recolección de textos que tratan la problemática, tenga o no acceso a ellos el segmento. Cálculo aproximado (que puede ser preciso, en caso de contar con estadísticas al respecto) de la magnitud cuantitativa del segmento en sí y en relación con otros segmentos involucrados. Testimonios directos (entrevistas no estructuradas, por ejemplo) que posibiliten el primer contacto con la consideración que tiene el segmento del tema que se indaga. El objetivo de esta etapa es construir hipótesis que posibiliten la constitución del “sujeto del segmento estilístico”, a partir de su captación en la posición de “sonámbulo”.

Etapa 2. Análisis de textos

Análisis con herramental semiótico (de rasgos temáticos, retóricos y enunciati­vos) de los textos recolectados que permitan construir, en término de efectos de sentido, una visión de: cómo está construido el tema para el conjunto de la sociedad y qué aspectos del mismo estarían destinados al seg­mento seleccionado; cómo se constituye en los textos seleccionados el “receptor medio” y, en caso de que ocurra, cómo se inscribe al receptor ideal del segmento seleccionado (como se ve, los análisis de los distintos rasgos confluyen a análisis de tipo enunciativo que tratan de establecer “lugares” de emisión y recepción).

Etapa 3. Entrevistas en profundidad

El objetivo de esta etapa es el registro a través de las entrevistas, y el posterior análisis, de textos producidos por individuos del sector indagado. Las preguntas del cuestionario deben procurar limitar temáticamente las respuestas, pero dejando campo libre a las manifestaciones retóricas y enunciativas. Los textos producidos por el entrevistado deben ser analizados también con herramental semiótico, describiendo los desvíos con respecto a la circunscripción temática previa (por ejemplo, la detección de motivos no ligados necesariamente a la temática circunscripta) junto con los procedimientos retóricos y, como consecuencia de ellos enunciativos, que presenten una primera aproximación formalizada a la concepción que con respecto al tema, y su procesamiento estilístico, pueda evaluarse que hace el segmento.

Etapa 4. Grupo de manifestación estilística de segmentos

Se trata de grupos de los denominados “productivos”[. En ellos se registran enunciados producidos por integrantes indudables del segmento indagado. Se persigue un doble objetivo: encontrar procedimientos discursivos “internos” del grupo y registrar modos verbales de construir ideas y opiniones sobre el tema indagado. Ambos aspectos, que se manifiestan en textos producidos en la dinámica grupal, deben ser tomados como textos del segmento, y analizados con herramental semiótico. Deben producirse, como resultado final, tanto definiciones del estilo interno, como fronteras de desempeño (del tipo “rigidez” o “permeabilidad”).

Etapa 5. Dimensionamiento cuantitativo

Además de ser esta la instancia de validación y formulación cuantitativa de las hipótesis de las etapas anteriores (por ejemplo, qué porcentaje de los integrantes indudables del grupo cumplen los criterios discursivos postulados para el conjunto, en cuántos grupos puede clasificarse internamente el grupo en términos de rigidez o permeabilidad, etc.), debe aprovecharse la etapa para dimensionar cuantitativamente tanto al conjunto del grupo como a ciertos aspectos de su circunscripción por la sociedad, que fueron detectados en un principio (por ejemplo, cuantificar las dimensiones de contacto con medios, géneros y estilos atribuidos, por el resto de la sociedad, al grupo).
Las etapas de investigación circunscriptas se ordenan, en términos de atributos de estilo, desde las perspectivas puramente externas (etapas 1 y 2) hasta las internas (etapa 3 exploratoria, etapa 4 productiva). La última etapa es la de formulación de guías de tra­bajo y resulta una reconstrucción de la escena con la que se toma contacto al principio de la investigación, esta vez ordenada por la indagación.
Con respecto al tema sobre el que se trabaje (en el ejemplo que tomamos al prin­cipio, una posible resistencia segmentaria a la vacunación) sirve como guía de ordena­miento de la indagación pero, a su vez, es muy posible que sea reformulado en su trans­curso.
Luego de las cinco etapas, la posibilidad de un planeamiento más eficaz de la comunicación queda abierta y sostenida en principios raciona­les y no prejuiciosos de tra­bajo. Pero, el intento de generalizar como ob­jeto de estudio al “estilo discursivo social” lleva a otorgar un lugar preponderante a la semiótica por sobre las otras disciplinas que abordan los fenómenos de comunicación. Sobre esto, las ultimas reflexiones.
En el desarrollo de todo plan de comunicación asistido por investigaciones, existen varios momentos en que se deben “traducir” resultados de indagaciones (sociológicas, sociológicas o semiológicas) a proposiciones que tienen que ver con lo discursivo. Sea esto para recomendar formas textuales útiles para los objetivos a alcanzar, como para evaluar recorridos de lectura producidos tras la emisión. Es decir que la “instancia semiótica” es inevitable, más allá de quien ocupe el centro de la escena de trabajo en ese momento. La negación de la semiótica llevará, muy posiblemente, a utilizar una “mala semiótica”.
El estudio de los estilos discursivos sociales es, por definición, transdisciplinario; pero el respeto por el estilo discursivo del otro no puede basarse en la buena voluntad del planificador o del realizador. La fuerza del estilo propio se impondrá siempre como repetición o como criterio de valoración.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Para ver variaciones registradas en niveles considerados “estables” en el verosímil sanitario: Ramos, Silvina Maternidad en Bue­nos Aires: la experiencia popular. Buenos Aires, Estudios CEDES, Vol.4.
2. Steimberg, O. Semiótica de los medios masivos. Buenos Aires, Atuel, 1993, p.45 y sgtes.
3. Los conceptos de “dimensión significante”, “texto” y “discurso”, y “producción” y “reconocimiento”, utilizados aquí, están desa­rrollados en Verón, E. La semiosis social. Buenos Aires, Gedisa, l987, Parte II.
4. Ver los conceptos de “equipo” y de “región anterior” (front region) y “región posterior” (back region) en: Goffman, E. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires, Amorrortu, 1989.
5. Lotman, Y. “Semiótica de los conceptos de miedo y vergüenza”. En: Semiótica de la cultura. Madrid, Cáte­dra, 1979, p.205 y sgtes.
6. Para una exposición sucinta de la teoría: “Espacio social y poder simbólico”. En: Cosas dichas. Barcelona, Gedisa, 1988.
7. Malinowski, B. “El problema del significado en las lenguas primitivas”. En: Ogden, C.K. y Richards, I.A. El significado del significado. Buenos Aires, Paidós, 1964, p. 313 y sgtes.
8. Levy-Strauss, C. “Una sociedad indígena y su estilo”. En: Tristes trópicos. Buenos Aires, Eudeba, 1970, p.188
9. La descripción de las posiciones del “insomne” y el “sonámbulo” las desarrolla Joseph, I. “El extranjero traductor”. En: El transeúnte y el espacio urbano. Barcelona, Gedisa, 1988, p.13 y sgtes.
10. Levy-Strauss, C. La vía de las máscaras. México, Siglo XXI, 1987, p.18.
11. Steimberg, O. y Traversa, O. “El momento del Plan en los Medios: un tema técnico”. En: Lenguajes 4. Buenos Aires, Tierra Baldía, 1980, p.53.
12. Ver para el caso de la radio, por ejemplo, Muraro, H. Segmentación de los públicos del medio radio. Buenos Aires, Mercados y Tendencias. (Publicado como ficha por el CECSO, Fac. de Cs. Sociales, UBA.1990.)
13. El proponer como metodología a la “observación” y a la “descripción” es siempre conflictivo por la inevitable carga de subjetividad con que se realizan esas tareas. Pero, en definitiva, resulta imposible dejarlas de lado. Para observaciones en campos diferenciados, pero comunes búsquedas de rigor, como la sociolingüítica y la investigación socio-cuantitativa ver, respectivamente, Labov, W. Modelos sociolingüísticos. Madrid, Cátedra, 1983, Cap. 8 y Blalock, H. Introducción a la investigación social. Buenos Aires, Amorrortu, 1971, p.50 y sgtes. (en este caso se desarrolla la necesidad y las dificultades de la “observación participativa”).
14. Steimberg, O. Semiótica de…, p. 47 y sgtes.
15. Steimberg, O. y Traversa, O. op.cit. p.58 y sgtes.

Autor: Lic. José Luis Fernández. Docente Carrera Ciencias de la Comunicación. Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A.)
Publicado en: Oficios Terrestres Nº1. La Plata, Fac. de Periodismo y Comunicación Social, UNLP, 1995.

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Endemol Argentina pide disculpas por ofender a la Virgen María en un programa de Telefe

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

Los representantes de la Fundación Argentina del Mañana, una ONG que defiende los valores cristianos enviaron cartas a los anunciantes del programa Antes del Mediodía que se emite por Telefe, por una parodia que hicieron de la Virgen María con una vedette.
El pasado 24 de julio, el presidente de la Fundación Argentina del Mañana, Juan Carlos Voiseau y Jardón, dirigió una carta a las empresas anunciantes en el programa AM-Antes del Mediodía, emitido por TELEFE el día 17 del mismo mes, en la que protestó enérgicamente por el hecho de que la Santísima Virgen fue allí tomada como objeto de irrisión reiterada y expuesta al escarnio de los televidentes.

Sres.
Fundación Argentina del Mañana
Av. Gral Gelly y Obes 1147, 3° “A”
Ciudad de Buenos Aires
Att. Juan Carlos Voiseau y Jardón

Ref.: Programa “AM – Antes del Mediodía”

De Nuestra Consideración:

Me dirijo a Ud. en mi carácter de Director Ejecutivo de Endemol Argentina S.A. y en respuesta a la nota que Uds. le hicieran llegar al presidente de la Cámara Argentina de Anunciantes, D. Luis Mario Castro con fecha el 24 de julio pasado.

Quiero manifestarles que de ninguna manera ha sido intención de la producción del programa “AM- Antes del Mediodía” ofender a la comunidad cristiana al realizar la desafortunada comparación entre la invitada, Sta. Wanda Nara, con la Santísima Virgen María. Siento la obligación de extenderles mis sinceras disculpas, en nombre propio y de Endemol Argentina S.A. por tan lamentable suceso; a la vez que ruego sepan comprender que en ocasiones puede ocurrir que al ser un programa “en vivo”, la productora no pueda preveer y/o detectar a tiempo este tipo de hechos.

Asimismo, deseo aclararles que reprochamos cualquier caracterización burlesca de la imagen y pureza de la Virgen y entendemos que fue un desacierto de nuestra producción la comparación realizada, pero es menester aclarar que la misma tuvo por objeto únicamente ridiculizar a la Srta. Wanda Nara por sus declaraciones públicas.

Reitero las disculpas por la deshonrosa comparación tanto en nombre de la producción de “AM – Antes del Mediodía” como de Endemol Argentina S.A.

Sin menoscabo de lo anterior, quisiera informarles que en las próximas emisiones del programa se realizará la debida disculpa al aire con la intención de hacer reparación por las ofensas en contra de la moralidad cristiana.

Sin otro particular los saludo con mi mas alta y distinguida consideración.

Marcelo Kohen

Endemol Argentina S.A.
Dr. E. Ravignani 1470
C1414CPJ – Buenos Aires
Argentina

El producto/marca en la planificación de medios

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

Es el punto de partida sin el cual no puede arrancar ninguna planificación. Ninguna acción publicitaria ni de planificación puede realizarse de espaldas a un producto ni iniciarse sin un consentimiento suficiente del mismo.
Tomamos la palabra producto en sentido amplio, ya que incluimos no sólo objetos físicos y tangibles, como un ordenador o un reloj, sino también servicios (un banco, unos grandes almacenes) y, aunque con menos frecuencia, ideas o conceptos que afectan al bien común o al interés de determinados grupos (por ejemplo, campañas para la prevención de accidentes o por cuenta de partidos políticos). En todos los casos hablamos de “producto” y, aunque la expresión resulte a veces sorprendente, tenemos que habituarnos a entender el concepto en toda su amplitud, ya que las herramientas que hay que aplicar para su estudio son siempre las mismas.
El producto es sí (su composición, sus puntos fuertes y débiles, los aspectos que lo diferencian de sus competidores, la imagen que de él tengan los consumidores actuales o potenciales y los objetivos que para él se fijen) es responsabilidad del fabricante. El planificador de medios tiene que conocerlo para poder programar una campaña adecuada al mismo y seleccionar unos medios y soportes que vayan acordes con su naturaleza y características. Pero poco o nada puede hacer para modificarlo. Por ello, toda la información relativa al producto tiene que ser considerada como un dato, ya que le viene de afuera.
El planificador debe tener muy en cuenta tres aspectos relativos al producto:

1. La posición del producto en cuanto a su ciclo de vida es especialmente importante a la hora de planificar medios. Si se trata de un lanzamiento, la selección de medios y soportes será completamente distinta si se trata de un producto en plena madurez o en declive.
El lanzamiento de productos tangibles necesita hacerse a través de medios que puedan reflejar el aspecto de los mismos, es decir, medios que poseían imagen (prensa, televisión, cine) y permitan mostrarlo. En cambio, una vez que ya está lanzado y es suficientemente conocido por los consumidores, no es tan necesario mostrar el producto y sus formas de uso y puede anunciarse con medios carentes de imagen. A su vez, la imagen puede necesitar color o movimiento ( o ambas cosas) y es preciso tener en cuenta este aspecto a la hora de seleccionar los soportes.
Por otra parte, cuando se trata de lanzamientos o relanzamientos, se necesita una campaña que garantice una penetración lo más rápida posible. En cambio, cuando el producto a anunciar ya está introducido en el mercado, puede ser conveniente mantener una presencia publicitaria menor, aunque constante. Estas circunstancias exigen la utilización, en el primer caso, de medios audiovisuales (de penetración mucho más rápida, sobre todo la televisión) mientras que el segundo, puede ser aconsejable la utilización de medios impresos, de más lenta penetración pero cuyo efecto es más prolongado.

2. La adecuación del medio al producto también debe cuidarse. Hay productos sencillos, cuya mera presentación puede incitar a la compra. Por el contrario, hay productos complicados (todas las máquinas, todos aquellos que implican funcionamiento) y deben anunciarse en medios que se presenten a explicaciones de tipo técnico. En este caso, los medios impresos son fundamentales, ya que los audiovisuales, mucho más volátiles, o el medio exterior, que se percibe de una sola ojeada, no permiten textos muy largos.

3. Adecuación del medio a la imagen del producto. Es uno de los aspectos más importantes de la planificación. En período de lanzamiento, la imagen que los consumidores obtienen del producto viene dada principalmente por la publicidad. La responsabilidad del publicitario al planificar la campaña es relativamente mayor que cuando se hace una campaña para un producto que ya está en el mercado, ya que en este caso, la imagen del mismo se comunica no sólo a través de la campaña sino también a través del propio producto y de los comentarios y comunicadores que puedan haber tenido lugar por parte de los consumidores.
Hay productos para los que se pretende una imagen popular, que cale entre amplias capas de la población y genere muchas ventas a un precio no muy elevado. Por el contrario, hay productos a los que se quiere dotar de una imagen selecta, ya que su éxito está en que pocos consumidores los adquieran a un alto precio. En todo caso, el prestigio del medio se transfiere al producto anunciado. Y si bien no puede hablarse hoy en España de medios más o menos prestigiosos, sí puede afirmarse de los soportes. El contenido editorial, el tono y el estilo del programa o sección donde se inserta un anuncio hacen por el prestigio del producto anunciado tanto o más que el contenido creativo de la propia campaña publicitaria que, por otra parte, también habrá de ser cuidado. Lo mismo puede decirse de los aspectos formales. Soportes bien cuidados técnicamente, con una buena impresión y un buen papel si se trata de medios impresos, que utilizan buenos profesionales y se valen de buenos instrumentos técnicos, comunican una alta imagen de sí mismos y de los productos que en ellos se anuncian.

Autor: Ma. Ángeles González Lobo y Enrique Carrero López en Manual de Planificación de Medios. Ed. Escuela Superior de Gestión comercial y Marketing (ESIC) Madrid. 1999

El prestigio de la marca

Domingo, 3 de mayo de 2009 1 comentario

Mientras crece el rol de las Pymes en el actual ciclo económico, surgen en paralelo requerimientos a los que se les ha prestado poca atención. Uno de ellos es la importancia que tiene la marca (branding) en la fidelización de usuarios o consumidores.
Una empresa tiene un valor por distintos factores. Los más conocidos se refieren a la capacidad instalada y al potencial de facturación anual, en un entorno económico previsible. Se acepta que esos elementos constituyen el 60 ó 70 por ciento de la valorización, pero queda un margen para intangibles que también suman valor. En ese espacio debe incluirse la fortaleza de la marca o las marcas que la empresa comercializa.
Para argumentar sobre el tema, pasó por Santa Fe (Argentina) Néstor Díaz, experto en branding, convocado por la Cámara de Comercio Exterior, quien dio una charla ante un nutrido grupo de pequeños y medianos empresarios de la región. El evento se suma al plan de difusión sobre los beneficios que otorga la Secretaría Pyme del gobierno nacional (Sepyme), a distintos requerimientos empresariales, que pueden gestionarse a través de la cámara santafesina.

Poca información
Para muchos pequeños y medianos empresarios, el tema marcario se circunscribe a la propiedad legal de un nombre, de un isotipo o de un logotipo. Pero tienen poca información sobre el valor que ese elemento puede agregar al éxito de un producto o servicio.
Para el experto, un primer ítem a tener en cuenta es que toda marca debe pasar por un proceso de “creación”, que incluye el análisis de la visión y misión de la compañía. “La razón de ser de la empresa es la esencia de una marca. Todo el discurso que se elabora cuando se establece la filosofía de la organización, debe transmitirse a través de la marca”, dice.
A ese primer análisis, deben agregarse otros: Valores, que definen la conducta de la empresa en el mercado; Atributos, divididos entre tangibles (calidad o rendimiento del producto) e intangibles, que son los que el usuario o consumidor puede atribuirle, y finalmente “lo que se ve”, que es la asociación que se produce entre la marca y conceptos como garantía, confiabilidad o pertenencia a determinado grupo. En definitiva, todo apunta a crear una relación subjetiva (emocional), entre la marca y el entorno en donde opera.

No sólo el producto
Según Díaz, la fortaleza marcaria se extiende a todo punto de contacto entre la empresa y los involucrados en su operatoria, ya se trate de clientes externos o internos. En ese esfuerzo deben sumarse: packaging, argumento de venta, folletería, tarjeta personal, página web, marketing directo en ferias u otros eventos, piezas publicitarias si las hubiese y hasta el modo en que atiende la telefonista.
“Obviamente, cuando una marca tiene más puntos de contacto, existen más oportunidades de ir construyéndola en la mente del consumidor. En la medida en que haya pocos puntos de contacto, por ejemplo limitarse a una presentación correcta del packaging, todo será más lento y difícil, porque en las góndolas, el consumidor es bombardeado por decenas de otras marcas que están buscando ese mismo lugar”.
Se le comenta a Díaz que, más allá de que su definición es cierta, existe la idea que un proceso de ese tipo parece estar reservado a grandes marcas o empresas que compiten por el consumo masivo. ¿Puede una Pyme asumir el costo que significa crear una marca?
“Construir una marca no es privativo de las grandes compañías -dice el experto. Las que hicieron punta fueron ellas y marcaron la cancha demostrando cómo se construye una marca. La metodología es la misma para construir una marca poderosa, que pelea en grandes mercados o para una Pyme. Hay que adaptar las cosas. La inversión necesaria no es la misma, pero los elementos sí lo son”.>

Tendencias
Díaz, que atiende firmas como Roemmers, Molinos, SanCor y Central Puerto, comenta que desde hace 3 años, llega a su estudio en Buenos Aires una cantidad creciente de consultas de pequeñas y medianas empresas. “No es una avalancha -se sincera-, pero comienza a existir una tendencia, sobre todo de aquellas Pymes que exportan o tienen intención de exportar”.
Pero el fenómeno también se registra en empresas que sólo apuntan al mercado local. “Durante la crisis -dice- algunas segundas marcas lograron instalarse y ahora se mantienen en su nicho. Al punto que los supermercados, que vieron el filón, han comenzado a vender sus propias segundas marcas. Las empresas con segundas marcas están haciendo grandes esfuerzos, con niveles de inversión acordes con su mercado, pero también esas segundas marcas hay que construirlas”.
Se le recuerda a Díaz que hay marcas ya existentes, de pequeñas y medianas empresas, que se establecieron durante la crisis, pero que ahora tienen dificultades para mantener su posicionamiento. Responde: “Debe hacerse un diagnóstico. Puede ser la gráfica, puede ser el discurso o algún otro intangible y puede corregirse. No se trata de cambiar la marca, sino de reelaborarla”.

En el branding está el negocio
El branding es un concepto abstracto que se podría definir como el proceso de creación y gestión de una marca, y consiste en lograr muchas cosas a la vez, entre otras: posicionamiento, mantenimiento, recordación y reconocimiento de un producto o servicio.
Tradicionalmente, la noción de marca estuvo muy asociada con el diseño gráfico y al talento del profesional que podía encontrar una imagen fuerte y perdurable. Pero, a partir de los años 80 del siglo pasado, se fueron sumando nuevos elementos, que transformaron esta disciplina en una “ejecutora” -con obligado talento- de la información que debía comunicar el diseño.
Tom Peters, el conocido gurú empresarial que surgió al conocimiento público en 1982 con su libro “En busca de la excelencia”, razona que en el mundo de los negocios, diferenciarse se tornará cada vez más difícil, ya que la calidad y el costo de los productos tienden a estandarizarse. Es por eso que ve como una clave el poder de las marcas, que sí tienen la oportunidad de establecer una diferencia con la competencia.
Esa diferenciación -a igualdad de productos- tendrá soporte en lo que llama intangibles de una empresa. Los elementos tangibles son fácilmente desarrollados y pueden ser analizados y copiados por un competidor (benchmarking). Por eso, la auténtica clave del éxito empresarial está en los intangibles (las cosas que no pueden ser medidas con números y replicadas), que se identifican como el valor, la credibilidad y la singularidad de una marca.
Para Peters, la imagen de marca es de donde proviene la capitalización de mercado y es mucho más que el marketing o los logotipos. Tiene que ver con la pasión, con la historia que se quiere contar, con la causa que motiva a la empresa. Las historias y experiencias -dice- en el futuro serán más importantes que los productos; la capacidad para transmitir emoción es lo más importante en un mundo controlado por la tecnología.
Peters desarrolla este pensamiento en su libro “El meollo del branding”, donde augura que en un futuro inmediato lo definitorio será la marca, en la medida en que ésta logre la fidelización de usuarios o consumidores, mediante la corriente de empatía que despierte la comunicación emocional.

Autor: Félix Canale. Publicado en diario El Litoral (Santa Fe) 05/12/2006

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