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En
la joven república de Birmania (hoy, Myanmar), la
democracia se interrumpió hace 44 años, cuando el
Ejército se hizo con el control del país en un
golpe de Estado. Desde entonces, la situación
política se ha desarrollado como un interminable
vídeo rayado de opresión y estancamiento.
Los generales tiranos utilizan la violencia y la
intimidación para aferrarse al poder, los
opositores que defienden la democracia se pudren
en prisiones estilo gulag, los regímenes
afines de Pekín y Pyongyang mantienen el país a
flote con flujos militares y financieros y los
gobiernos occidentales y asiáticos no se ponen de
acuerdo sobre qué hacer. Dentro del país, la
prensa nacional es censurada y controlada por el
Estado. Y, para los medios de comunicación
internacionales que, de vez en cuando, prestan
atención, la historia es la misma que hace cinco o
incluso diez años. Los últimos acontecimientos
políticos sólo confirman el statu quo. La
Junta Militar ha desoído los nuevos llamamientos
para liberar al icono de la democracia Aung San
Suu Kyi de su arresto domiciliario, ha hecho caso
omiso de los esfuerzos de la Administración Bush
para llevar el caso ante el Consejo de Seguridad
de la ONU y ha ignorado las presiones diplomáticas
de sus vecinos para abrazar la democracia.
¿Cómo cubrir una historia que no cambia? La
revista mensual The Irrawaddy ha hallado la
manera de penetrar en el país, sellado
herméticamente, confiando en una red clandestina
de contactos e informantes.
Rara vez el régimen concede visados a periodistas
occidentales, y los medios de comunicación
extranjeros que trabajan dentro del país sólo
pueden contratar a reporteros locales, que son
objeto de intimidación. Así que es casi un
misterio cómo esta publicación, que tiene su sede
en Chiang Mai, una ciudad del norte de Tailandia,
sigue publicando exclusivas como churros sobre las
luchas de poder dentro de la Junta, los grupos
rebeldes armados minoritarios, el sida y el estado
de ánimo del clero budista, por enumerar sólo unos
cuantos temas clave. "Introducimos a personas de
manera clandestina", comenta Aung Zaw, su fundador
y director. "También utilizamos fuentes
occidentales". Normalmente entran como si fueran
turistas, y si les descubren, suelen expulsarles.
La revista también cuenta con múltiples contactos
(desde intelectuales a monjes pasando por
funcionarios públicos y personal militar afín)
dispersos por toda Birmania, que proporcionan
información y documentos. "Pese a que no podamos
estar físicamente en el país", comenta el
director, "ahora hay muchas noticias sobre
Birmania". El riesgo es alto. Hace 10 años
descubrieron a un amigo suyo birmano enviando
información y lo condenaron a siete años de
prisión.
La publicación ha recorrido un largo camino desde
que su creador iniciara un boletín informativo de
cuatro páginas hace 14 años. En la actualidad,
The Irrawaddy, que recibe ese nombre por el
río que vio nacer a la civilización birmana, es
una impecable revista en color con una tirada
internacional de 3.000 ejemplares. Esa cifra puede
parecer poca cosa, pero su impacto es muy grande.
"Dado que se conoce tan poco de lo que ocurre
dentro del país", señala John Brandon, director de
programas de Relaciones Internacionales para The
Asia Fundation, cuya sede central está en San
Francisco, EE UU, "The Irrawaddy posee un
valor incalculable para los observadores externos
(…)". Aung Zaw se asegura de que los gobiernos
extranjeros, la ONU y las ONG reciban ejemplares.
"La clave es que lean la revista", afirma. "No
creo que estén siempre de acuerdo con nosotros,
pero no pueden pasarnos por alto". Su web,
www.irrawaddy.org, en inglés y birmano, alcanza la
impresionante cifra de 47.000 visitantes distintos
al mes. La Junta, que supervisa el contenido de
los e-mails y de Internet, la ha prohibido,
pero los birmanos pueden seguir accediendo a ella
a través de servidores proxy
(intermediarios). Además, 500 ejemplares de la
revista se introducen de forma subrepticia en el
país cada mes y se distribuyen entre los
diplomáticos extranjeros.
Calificada de "herramienta de Occidente" por el
régimen, The Irrawaddy es una publicación
sin ánimo de lucro que sobrevive gracias a las
subvenciones de grupos internacionales como el
National Endowment for Democracy (Fondo Nacional
para la Democracia, Washington) y Open Society,
del financiero George Soros, además de las ayudas
de un puñado de gobiernos europeos y ONG. Su
plantilla, compuesta por 24 personas, incluye
tailandeses y occidentales, así como birmanos
exiliados. Muchos de estos últimos son ex
activistas que corren el riesgo de ser detenidos
si regresan al país. Pero Aung Zaw niega que
exista cualquier tipo de parcialidad. El personal
tiene prohibido pertenecer a cualquier grupo
opositor birmano.
The Irrawaddy
publica artículos que suelen ofrecer una imagen
negativa de la Junta. Sin embargo, el director
señala que también difunde noticias desfavorables
sobre los grupos de la oposición en el exilio y
los movimientos armados independientes con base en
Bangkok y en la frontera entre Tailandia y
Birmania. "Hemos escrito artículos críticos sobre
Aung San Suu Kyi y la Liga Nacional para la
Democracia", afirma. "Somos periodistas
independientes. Nuestro trabajo no consiste en
derribar al Gobierno; eso es tarea de los grupos
prodemócratas".
Aunque es cierto que critica a todas las partes,
en gran medida la revista mantiene una
comprensible postura contraria a la Junta. Por
ejemplo, en su número de marzo, la noticia de
portada ('El ascenso y ascenso del Ejército
birmano') ofrece un análisis en profundidad e
información reciente sobre la estabilidad del
Gobierno militar. Pese a sus luchas intestinas
entre los cargos intermedios y la baja moral
entre sus filas, el Ejército, dirigido por el
infatigable general Than Shwe, no está a punto
de perder las riendas del poder. Aung Zaw expone
argumentos convincentes pero se deja llevar por
su hábito de salpicar un artículo de información
supuestamente objetivo con afirmaciones como:
"La vida del birmano de a pie no ha mejorado en
ningún aspecto discernible", sin ofrecer ningún
dato socioeconómico para respaldarlo. El
análisis es certero, pero la ira de la redacción
contra la Junta se deja sentir en sus páginas.
Por ahora,
Aung Zaw y su plantilla ya tienen suficiente con
ser la principal fuente independiente de
noticias sobre Birmania. Han soportado la
hostilidad de las autoridades tailandesas y las
amenazas de la Junta, y han pasado apuros
económicos. Pero no piden disculpas por el
resultado. "No desvirtuamos las cifras de los
asesinatos ni de los casos de la epidemia de VIH
y sida, pero la Junta sigue odiándonos", comenta
el periodista. Todo ello hace que los reportajes
de The Irrawaddy ofrezcan un
enfoque totalmente nuevo sobre Birmania.
Autor: Joe Cochrane. Cubre el
sureste asiático como corresponsal especial de
Newsweek. Artículo publicado en Foreign Policy
Edición Española, N° 15, junio-julio 2006, pp.
92-93 |