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Tema: Uno de los retos más
espinosos en materia de seguridad nacional al que
se enfrenta EEUU en la actualidad es su excesiva
dependencia del petróleo procedente de algunas de
las zonas más inestables del mundo.
Resumen: EEUU es la mayor economía del mundo y la
más avanzada tecnológicamente, y sin embargo los
combustibles fósiles continúan siendo la columna vertebral
del sistema estadounidense. De hecho, EEUU es el mayor
consumidor de petróleo del mundo, pero depende de
productores extranjeros para satisfacer la mayor parte de
su demanda. Puesto que la seguridad energética está
íntimamente vinculada a la prosperidad económica y la
seguridad nacional, el petróleo es uno de los principales
factores que determinan la política exterior y militar de
EEUU. Así, desde Irak hasta Venezuela, pasando por Irán y
Nigeria, el petróleo está omnipresente en los cálculos de
la política exterior estadounidense. Incluso el fomento de
la democracia en Oriente Próximo, que es la piedra angular
de la política exterior de la Administración Bush, se ve
amenazado en la actual situación de incremento del precio
del petróleo. Conforme aumenta la demanda estadounidense
de petróleo también lo hace la exposición de EEUU a los
problemas que afectan a las inestables regiones
productoras de petróleo del mundo. Algunos analistas
argumentan que lo único que se precisa es una mayor
producción de petróleo, si bien esto sólo se conseguirá
con un incremento de la inversión, que, a su vez, requiere
un mayor nivel de seguridad en las zonas inestables del
mundo. Otros consideran que la reducción de la dependencia
estadounidense del petróleo sería el único factor
multiplicador del poderío estadounidense en el mundo.
Análisis
Adictos al petróleo
En su Discurso sobre el Estado de la Unión de enero de
2006, el presidente de EEUU George W. Bush declaró que
EEUU era “adicto al petróleo”. En efecto, con menos del 5%
de la población mundial, EEUU es el mayor consumidor de
petróleo de la tierra, con un 25% del consumo diario
mundial. Al mismo tiempo, EEUU aporta sólo el 9% de la
producción mundial de petróleo y posee menos del 3% de las
reservas probadas mundiales de petróleo. Esto hace que
EEUU dependa enormemente de los proveedores extranjeros
para satisfacer su demanda nacional de energía. De hecho,
en la actualidad las importaciones suponen el 60% del
consumo total de petróleo de EEUU y las proyecciones
indican que antes de 2025 EEUU importará más del 70% de su
petróleo.
No
debería sorprender, por lo tanto, que su dependencia del
crudo importado sea uno de los principales factores que
determinan la política exterior y militar estadounidense.
Así, el uso del poder militar para proteger el suministro
de petróleo ha sido un principio básico de la política
exterior estadounidense desde 1945, cuando el presidente
Franklin D. Roosevelt prometió al rey Abdulaziz de Arabia
Saudí que EEUU protegería su reino a cambio de un acceso
especial al petróleo saudí.
Desde
entonces, EEUU ha mantenido una presencia militar
permanente muy costosa en el Golfo Pérsico, principalmente
para evitar una interrupción en el suministro de petróleo
y la subida repentina del precio que podría tener
consecuencias macroeconómicas perjudiciales para EEUU y
sus socios comerciales. Aparte de los más de 140.000
efectivos desplegados en Irak, en la actualidad EEUU tiene
más de 6.000 tropas activas destinados en Oriente Medio.
Otros 2.000 militares, la mayoría de ellos marines, se
encuentran en buques anfibios en el Golfo Pérsico. El
coste militar derivado de la defensa de los intereses de
EEUU en el Golfo Pérsico se ha estimado en alrededor de
50.000 millones de dólares al año. Además, el Pentágono
gastó unos 60.000 millones de dólares en la Guerra del
Golfo de 1991 y unos 30.000 millones en la Guerra de Irak
de 2003. En total, EEUU ha gastado alrededor de 1 billón
de dólares solamente en asegurarse el petróleo en Oriente
Medio desde 1990.
La
adicción de EEUU al petróleo extranjero también resulta
costosa en otros aspectos. Si el precio del petróleo se
mantiene a 60 dólares/barril durante 2006, por ejemplo,
EEUU gastará alrededor de 320.000 millones de dólares en
importaciones de petróleo este año. En 2005, los costes de
la energía supusieron nada menos que la tercera parte del
déficit comercial de EEUU. El incremento del precio del
petróleo también supone la reducción del poder adquisitivo
de los consumidores y provoca una disminución del gasto
discrecional. Para una economía como la de EEUU, con un
valor de 13 billones de dólares, cada incremento de 10
dólares en el precio del petróleo causa una reducción del
poder adquisitivo de los hogares de alrededor de 35.000
millones de dólares, es decir, alrededor de un 0,5%.
Además, la Reserva Federal estima que una subida de 20
dólares en el precio del barril de petróleo supone una
reducción en el PIB de EEUU de alrededor del 0,75%.
Tradicionalmente, EEUU ha intentado resolver su problema
de dependencia del petróleo usando su poder militar para
proteger las rutas de suministro y apoyar o instalar a
regímenes amigos. Desde los atentados del 11 de
septiembre, la Administración Bush también ha renovado el
esfuerzo de EEUU por asegurar el suministro de petróleo de
países no pertenecientes a la OPEP, especialmente de
Canadá, Latinoamérica, África Occidental y Rusia. Esta
diversificación fuera del petróleo de Oriente Medio se
refleja en el hecho de que los principales proveedores de
petróleo a EEUU en la actualidad, por orden de
importancia, son Canadá, México, Arabia Saudí, Venezuela y
Nigeria, cada uno de los cuales suministra entre el 5% y
el 8% de la demanda diaria estadounidense de petróleo, que
alcanza los 20 millones de barriles. Desde el punto de
vista regional, las importaciones de Latinoamérica
supusieron el 34% de las importaciones estadounidenses de
crudo en 2005; Oriente Medio suministró el 24%; África el
19%; Canadá el 16%; y Europa y Asia el 7%.
Sin
embargo, la diversificación supone tan solo una solución a
corto plazo, ya que se considera que las reservas de
petróleo probadas de los productores no pertenecientes a
la OPEP cubren una media de unos 15 años al nivel actual
de producción, frente a los más de 70 años para los países
de la OPEP. Asimismo, puesto que el petróleo es un
producto básico fungible mundial, un cambio en la oferta o
la demanda en cualquier lugar afecta a los precios en todo
el mundo.
En todo
caso, puesto que la demanda mundial de petróleo crece y
las reservas disminuyen, EEUU no tendrá más remedio que
volver a los productores de la OPEP de Oriente Medio para
satisfacer su demanda de energía. De hecho, el
Departamento de Energía de EEUU prevé que las
importaciones estadounidenses de petróleo del Golfo
Pérsico se duplicarán de 2006 a 2025. Esto ha conducido a
algunos analistas a advertir que la estabilidad económica
de EEUU se encuentra cada más en peligro a causa de la
excesiva dependencia del petróleo extranjero, en
particular el petróleo de una zona tan inestable como
Oriente Medio.
Oriente Medio
El petróleo es lo que hace que Oriente Medio sea relevante
desde el punto de vista geopolítico. Las dos terceras
partes del petróleo mundial (unos 690.000 millones de
barriles de reservas probadas) se encuentran en la
inestable región del Golfo Pérsico: Arabia Saudí se sitúa
al frente de las mayores reservas de petróleo del mundo,
seguida de Irán, Irak y Kuwait. (Con arreglo a las nuevas
normas de medición de las reservas, Canadá es el segundo
país con mayores reservas de petróleo, cuando se tienen en
cuenta las arenas petrolíferas de Alberta, cuya
explotación se consideraba anteriormente excesivamente
costosa). Como consecuencia de ello, Oriente Medio ha sido
una de las principales prioridades de la política exterior
estadounidense durante el último medio siglo.
Aunque
EEUU ha mantenido su presencia militar en el Golfo Pérsico
desde el final de la Segunda Guerra Mundial, no llegó a
ser directamente responsable de la defensa de toda la
región y de los intereses occidentales en la zona hasta la
Administración Nixon. Antes de 1971, la responsabilidad de
la seguridad en la región recaía en el Reino Unido,
mientras que EEUU no desempeñaba más que un papel de
apoyo. Sin embargo, en 1968 el primer ministro británico
Harold Wilson anunció que había decidido retirar sus
tropas del Golfo Pérsico antes de finales de 1971. Esta
decisión abrió las puertas a la futura intervención de
EEUU en la región.
Desde
entonces, se ha producido una progresiva expansión de la
importancia del Golfo Pérsico para la política exterior
estadounidense. En su Discurso sobre el Estado de la Unión
de enero de 1980, el presidente Jimmy Carter anunció que
el suministro seguro de petróleo desde el Golfo Pérsico
constituía “un interés vital para los EEUU de América”. En
lo que se denominaría la Doctrina Carter, afirmó que
Washington usaría “todos los medios necesarios, incluida
la fuerza militar” para proteger dichos intereses de
fuerzas externas (en particular de la Unión Soviética, que
invadió Afganistán en diciembre de 1979). Posteriormente,
Carter incrementó la presencia naval de EEUU en el Golfo
Pérsico y el Océano Índico.
La
Doctrina Carter fue ampliada por el presidente Ronald
Reagan para incluir la estabilidad interna de los países
de la región del Golfo Pérsico. Durante la guerra entre
Irán e Irak, por ejemplo, EEUU garantizó la estabilidad de
Kuwait asignando un nuevo pabellón a sus buques petroleros
y enviando más de 30 buques de combate y apoyo al Golfo
Pérsico con el fin de que escoltaran a los petroleros con
nuevo pabellón por el Estrecho de Ormuz. La Doctrina
Carter fue utilizada posteriormente por el presidente Bush
padre para justificar la Guerra del Golfo de 1990-1991.
También sirvió de base, en gran medida, para que el
presidente Bush hijo tomara la decisión de invadir Irak en
2003, frustrando el intento de Sadam Hussein de dominar el
Golfo Pérsico.
Hoy en
día, al igual que en el pasado, uno de los principales
factores determinantes de la política estadounidense en
Oriente Medio es asegurar el libre suministro de petróleo
a los mercados internacionales, con el fin de evitar la
interrupción del suministro a las economías de EEUU y de
sus principales socios comerciales. El principio operativo
de esta política es impedir que Oriente Medio esté
dominado por poderes que sean hostiles a EEUU y sus
aliados. En la práctica, esto implica mantener la
estabilidad en una delicada situación de equilibrio de
poderes en la región, manteniendo la independencia de los
países del Golfo Pérsico y conteniendo la amenaza del
fundamentalismo islámico. Este objetivo de la política
estadounidense se ha mantenido invariable durante cinco
administraciones presidenciales estadounidenses y está en
el origen de la actual crisis con Irán.
EEUU, al
igual que cada vez más países, cree que Irán está
utilizando su programa civil de energía nuclear como una
tapadera para construir armas nucleares. Si Irán llegara a
tener armas nucleares, se modificaría el equilibrio de
poderes en la región y, dada su posición central en
Oriente Medio, Teherán estaría en una posición
privilegiada para interrumpir el acceso a través de una
zona vital desde el punto de vista estratégico como es el
Golfo Pérsico. Alrededor del 40% del petróleo vendido en
todo el mundo pasa por el Estrecho de Ormuz.
Con esta
idea en mente, en su Discurso sobre el Estado de la Unión
de 2006, Bush reiteró su oposición a que Irán tuviera
armas nucleares. Así, afirmó que “el Gobierno iraní está
desafiando al mundo con sus ambiciones nucleares, y las
naciones del mundo no deben permitir que el régimen iraní
consiga este tipo de armas. EEUU continuará intentando
unir al mundo para hacer frente a estas amenazas”.
De hecho,
la “Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU de
América” revisada de marzo de 2006 identifica a Irán como
el mayor reto al que habrá de hacer frente EEUU en el
futuro. Según el informe, “es posible que no tengamos que
hacer frente a ningún reto mayor procedente de un único
país que el que supone Irán”. Añade que “continuaremos
adoptando todas las medidas necesarias para proteger
nuestra seguridad nacional y económica contra las
consecuencias adversas de su mala conducta”. Advierte que
las actuales gestiones diplomáticas internacionales
destinadas a poner freno al programa de enriquecimiento
nuclear de Teherán “deben tener éxito para poder evitar el
enfrentamiento”.
Mientras
tanto, algunos de los países clave implicados en este
esfuerzo diplomático, incluidos China y Rusia, se ven
condicionados por sus alianzas energéticas con Irán. Por
ejemplo, en octubre de 2004, China firmó un acuerdo con
Irán sobre gas y petróleo por un valor de 70.000 millones
de dólares que vincula a ambos países en una relación de
30 años. Asimismo, en julio de 2002, Rusia declaró que
tiene previsto suministrar a Irán cinco reactores
nucleares durante la próxima década conforme a un acuerdo
valorado en 10.000 millones de dólares. En este contexto,
¿es realmente posible evitar la intervención militar
estadounidense en Irán?
China
y la India
Con más de mil millones de habitantes, China es el segundo
país del mundo en consumo de petróleo después de EEUU.
China tiene una de las economías de mayor crecimiento del
mundo y se prevé que su demanda de energía se incremente
en un 150% antes de 2020. En la actualidad, China importa
la mitad de su petróleo y su demanda de este producto está
creciendo siete veces más rápido que la de EEUU. Asimismo,
al igual que EEUU, China dependerá cada vez más del
petróleo de Oriente Medio en el futuro.
Como
consecuencia, el acceso al petróleo de Oriente Medio se
convertirá con el tiempo en un elemento clave de las
relaciones entre China y EEUU. Así, cuanto más se perciban
las actuaciones de China en Oriente Medio como un intento
de dominar los recursos petrolíferos, más considerará EEUU
a China como una amenaza para sus intereses y viceversa.
Esto se
refleja en la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU
revisada, que adopta una actitud muy dura con respecto a
China. La estrategia afirma que los líderes chinos “están
actuando como si quisieran, de alguna manera, ‘bloquear’
las fuentes de energía de todo el mundo o intentar dirigir
los mercados en lugar de abrirlos –como si pudieran
practicar un mercantilismo prestado de otra época–”. Y, en
referencia a las actividades llevadas a cabo por China en
países como Sudán, reprende a Pekín por “apoyar a países
ricos en recursos naturales sin considerar el mal gobierno
de estos regímenes en su política interior o exterior”.
Estas advertencias no aparecían en la primera versión de
la estrategia, y en la sesión informativa posterior a la
publicación de la nueva doctrina, el asesor de Seguridad
Nacional de EEUU, Stephen Hadley, comentó que la
advertencia es un intento de lograr que los líderes chinos
recapaciten sobre “su constelación de intereses en sentido
más amplio”.
Así,
China ha celebrado acuerdos en materia de petróleo con
lugares tan diversos como Siberia, Sudán, Indonesia, Irán,
Canadá y Cuba. Algunos responsables de la política
exterior estadounidense consideran que estos acuerdos no
tienen únicamente como objetivo asegurar el petróleo para
China, sino también retirar de forma efectiva suministros
de petróleo de un mercado mundial del que EEUU depende
cada vez más. Esto implica que un factor determinante de
la futura política de Washington con respecto a Pekín será
desactivar la potencial rivalidad entre EEUU y China por
el suministro mundial de petróleo.
Mientras
tanto, la Administración Bush está buscando la forma de
contrarrestar las pretensiones regionales de China. En
este contexto, en julio de 2005 la Casa Blanca declaró que
quería ayudar a la India a convertirse en una gran
potencia mundial en el siglo XXI, con el objetivo claro de
establecer un equilibrio en cuanto al poder económico y
militar en una región cada vez más dominada por China.
De hecho,
la Administración Bush ha llegado a la conclusión de que
conviene a los intereses estratégicos de EEUU que la India
se convierta en una gran potencia mundial y la Casa Blanca
ha afirmado que hará todo lo posible por ayudar a la India
a conseguir este objetivo. Por lo tanto, en su esfuerzo
por integrar a la India en el orden nuclear mundial, la
Administración Bush ha roto con la anterior política de no
proliferación y ha planteado convertir la plena
cooperación en materia de energía nuclear civil con la
India en la base de la nueva relación bilateral.
Rusia
y Asia Central
Rusia tiene las mayores reservas de gas de todo el mundo y
es el segundo país en exportaciones de petróleo del mundo
tras Arabia Saudí. La excesiva dependencia estadounidense
del petróleo de Arabia Saudí y otros países inestables del
Golfo Pérsico ha contribuido a la aparición de una nueva
relación en materia energética entre EEUU y Rusia. Sin
embargo, la cooperación bilateral energética se ha ido
desarrollando con lentitud. De hecho, la mayor parte del
petróleo ruso se exporta a Europa. Rusia ni siquiera se
encuentra entre los quince principales proveedores de
petróleo a EEUU. Por otro lado, el primer envío de gas
natural licuado a EEUU tuvo lugar en septiembre de 2005.
Rusia y
EEUU también han encabezado un llamamiento al incremento
de la producción de energía nuclear para conseguir un
suministro energético más seguro a nivel internacional.
Tras una reunión de los ministros de Energía de los países
del G8 en Moscú en mayo de 2006, EEUU y Rusia propugnaron
un “renacimiento sustancial” de la industria de la energía
atómica mundial. El plan energético de Moscú incluye el
incremento de la energía atómica nacional en un 25%. No
obstante, esta cooperación más estrecha se ha visto
obstaculizada por la preocupación de Washington en
relación con los acuerdos de Moscú con Irán y la propuesta
de acuerdo para suministrar uranio enriquecido a dicho
país.
Al mismo
tiempo, la Casa Blanca teme que el presidente ruso
Vladimir Putin esté intentando volver a convertir a Rusia
en una gran potencia haciendo uso de los ingresos
procedentes del gas y el petróleo. Así, dichos ingresos,
cada vez mayores, han permitido a Putin consolidar la
autoridad del Kremlin, imponerse a los centros de poder
que compiten con él y reafirmar el control sobre las
antiguas repúblicas soviéticas. El Kremlin también se ha
hecho con el control de los recursos energéticos por medio
de empresas estatales, como Rosneft, la compañía
petrolífera estatal, y Gazprom, el monopolio de gas
estatal.
En un
discurso pronunciado en Vilnius (Lituania) el 4 de mayo,
el vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, advirtió al
Kremlin de que no debía utilizar el suministro de gas y
petróleo como un arma política. Cheney afirmó que “no
existen intereses legítimos cuando el gas y el petróleo se
convierten en armas de intimidación o chantaje, ya sea a
través de la manipulación del abastecimiento o de los
intentos de monopolizar el transporte”. Sus comentarios
han generado un intenso debate en Europa acerca de la
seguridad del suministro de energía procedente de Rusia. A
comienzos de 2006, el monopolio de gas ruso Gazprom
interrumpió temporalmente su suministro a Ucrania debido a
una disputa sobre el precio, una decisión que fue
duramente criticada por la Casa Blanca. Las previsiones
indican que para el año 2025 Rusia suministrará el 70% del
gas natural de Europa Occidental. Puesto que la
vulnerabilidad de Europa va en aumento, algunos analistas
temen que Rusia pueda usar su suministro energético como
un arma para imponer sus prioridades geopolíticas,
incluida la quiebra de la solidaridad en el seno de la
OTAN.
Sin
embargo, las acusaciones mutuas entre Washington y Moscú
podrían complicar los esfuerzos por controlar la seguridad
energética, que es el principal tema a tratar en la Cumbre
del G8 en San Petersburgo (Rusia) en julio de 2006.
Asimismo, podrían poner en peligro el intento de EEUU de
conseguir el respaldo de Rusia a una resolución firme en
la ONU con respecto al programa nuclear de Irán.
Washington está intentando convencer a Moscú de que olvide
sus objeciones a una resolución en la que se imponga a
Teherán un plazo para paralizar las actividades nucleares
sensibles o se enfrente a las posibles sanciones.
Sin
embargo, Moscú otorga una gran importancia al
mantenimiento de su acuerdo con Teherán para finalizar la
construcción de una central nuclear en Bushehr, ya que, en
efecto, Irán ha salvado el sector de la energía nuclear de
Rusia. La industria rusa tuvo que hacer frente a un futuro
incierto después de la pérdida de clientes tras la caída
del comunismo y el acuerdo con Irán da trabajo a decenas
de miles de empresas rusas.
En
octubre de 2003, EEUU persuadió a Rusia para que aplazara
la entrega de las barras de combustible a Bushehr, lo cual
ha ralentizado el programa iraní y la inauguración del
reactor valorado en 800 millones de dolares se pospuso
recientemente hasta octubre de 2006. Mientras tanto, Rusia
e Irán continúan adelante con sus largas negociaciones
sobre la construcción de tres a cinco instalaciones
adicionales por un coste de 3.200 millones de dólares.
Entre
tanto, la apertura del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC)
en octubre de 2005, que llevará el petróleo del Caspio a
los mercados mundiales, constituyó un importante éxito de
la política exterior estadounidense. El oleoducto va desde
los pozos petrolíferos submarinos de Azerbaiyán hasta el
puerto mediterráneo de Ceyhan en Turquía, a través de
Georgia, evitando pasar por Rusia, que domina todas las
rutas hacia los mercados occidentales del petróleo desde
el Caspio y Asia Central. EEUU lideró el proyecto como un
medio para fortalecer la independencia de las antiguas
repúblicas soviéticas frente a Moscú.
Latinoamérica
La inestabilidad en Oriente Medio ha incrementado más que
nunca el carácter estratégico de los recursos energéticos
de Latinoamérica para EEUU. Colombia produce más petróleo
que algunos de los países del Golfo Pérsico y exporta la
mayor parte del mismo a las refinerías de Texas y Luisiana.
Por lo tanto la estabilidad de Colombia es la prioridad de
la política de seguridad estadounidense en Latinoamérica.
De hecho, los estrategas estadounidenses han temido
durante mucho tiempo que la inestabilidad en Colombia
pudiera extenderse y desestabilizar a sus países vecinos
(Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela), todos ellos
proveedores de energía a EEUU. Esto fue lo que motivó el
apoyo financiero estadounidense al “Plan Colombia”, un
plan de seis años destinado a reforzar la estabilidad en
este país. Desde que EEUU empezó a dar su apoyo al Plan
Colombia con el presidente Bill Clinton en 2000, la ayuda
estadounidense a Colombia ha alcanzado los 4.500 millones
de dólares, de forma que se ha convertido en el principal
receptor de ayuda financiera estadounidense de todo el
mundo después de Israel y Egipto.
Mientras
tanto, la vecina Venezuela es el cuarto proveedor de
petróleo a EEUU, tras Arabia Saudí, México y Canadá.
Venezuela vende alrededor del 60% de sus exportaciones de
petróleo a EEUU, lo cual supone aproximadamente 1,5
millones de barriles al día. Algunos de los destinos más
importantes de las ventas de la compañía petrolífera
estatal de Venezuela son las refinerías de CITGO en EEUU,
que utilizan el crudo pesado como materia prima. Puesto
que existen pocas refinerías de este tipo en otras partes
del mundo que permitan que las importaciones de crudo
venezolano sean económicamente viables, Venezuela continúa
siendo un proveedor formal de petróleo a EEUU, a pesar de
las amenazas periódicas en sentido contrario.
África Occidental
A menudo se ha afirmado que África Occidental podría ser
un sustituto para la dependencia cada vez mayor de EEUU de
las exportaciones de petróleo de una zona tan inestable
como Oriente Medio. Así, en su Informe Nacional sobre la
Energía, el vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, dijo que
“África Occidental se perfila como una de las fuentes de
petróleo y gas para el mercado estadounidense de más
rápido crecimiento. El petróleo africano tiende a ser de
gran calidad y bajo en sulfuro lo que lo hace idóneo para
los rigurosos requisitos de los productos de refino y
brinda una creciente cuota de mercado a los centros de
refino de la costa este de EEUU”.
De hecho,
los países de África Occidental (también conocidos como
Comunidad Económica de Estados de África Occidental o
ECOWAS, por sus siglas en inglés) suministran en la
actualidad a EEUU aproximadamente el 18% de sus
importaciones anuales de crudo. Se prevé que esta cifra se
incremente hasta el 25% antes de 2015. La región tiene
cerca de 40.000 millones de barriles de reservas de
petróleo constatadas, es decir, alrededor del 3% del total
mundial. Teniendo en cuenta las reservas no probadas, la
cuota de África Occidental asciende a alrededor del 7% del
total mundial. En su esfuerzo por promover una mayor
diversidad en el suministro del petróleo, la
Administración Bush se ha acercado a seis países
africanos: Angola, Chad, Congo, Guinea Ecuatorial, Gabón y
Nigeria.
Nigeria
es, con gran diferencia, el mayor productor de petróleo de
África, con alrededor de 2 millones de barriles de
petróleo al día (aproximadamente lo mismo que Irak antes
de la guerra) y es el quinto proveedor de petróleo a EEUU.
Además, Nigeria cuenta con unos ingentes depósitos de gas
natural. Sin embargo, hasta una cuarta parte de la
producción diaria de Nigeria ha quedado paralizada en
ocasiones debido a la inestabilidad existente en el Delta
del Níger, que es una zona rica en petróleo. Por otro
lado, Nigeria tiene conflictos fronterizos con varios
países por el control de territorios potencialmente ricos
en petróleo. Dichos conflictos amenazan la explotación
petrolífera tanto en tierra como en el mar. Y puesto que
Nigeria es miembro de la OPEP, sus exportaciones de crudo
también están limitadas por las restricciones impuestas
por la política de esta organización.
Asimismo,
Nigeria es un país inestable desde el punto de vista
político y está al borde del desastre. Con una población
muy diversa de alrededor de 130 millones de personas (unas
250 etnias en conjunto), Nigeria se enfrenta a la
perspectiva del descontento en su seno antes de las
elecciones presidenciales de 2007. Conforme a lo dispuesto
en la Constitución, el presidente Olusegun Obasanjo no
puede presentarse a las elecciones por tercera vez y la
futura sucesión en el Gobierno sigue siendo una incógnita.
Los
problemas de Nigeria se ven agravados por la corrupción.
Durante los últimos veinticinco años, Nigeria ha obtenido
más de 300.000 millones de dólares en ingresos procedentes
del petróleo, pero la renta per cápita anual se
vio reducida de 1.000 dólares a 390. Según el Índice de
Desarrollo Humano de la ONU, Nigeria tiene uno de los
niveles de vida más bajos, por debajo de Haití y
Bangladesh. Según el Banco Mundial, alrededor del 80% de
la riqueza del petróleo de este país beneficia a tan solo
el 1% de la población.
Así, los
problemas de Nigeria son tan graves (muchos analistas la
consideran el mayor Estado fallido del mundo) que pueden
llegar a afectar a EEUU. De hecho, una intervención
estadounidense sigue siendo una clara posibilidad. En
2002, la Casa Blanca declaró que el petróleo de África es
“un interés nacional estratégico”, lo cual significa que
EEUU utilizaría la fuerza militar para protegerlo, si
fuera necesario.
La
inestabilidad en toda África Occidental limita el papel
que puede desempeñar la región en la mejora de la
seguridad energética de EEUU. En julio de 2005, el Center
for Strategic and International Studies (CSIS, con sede en
Washington) publicó un informe titulado A Strategic US
Approach to Governance and Security in the Gulf of Guinea.
Dado el creciente interés de EEUU en el sector energético
de la región, el informe recomendaba que “EEUU debe
convertir la seguridad y el gobierno en el Golfo de Guinea
en una prioridad explícita de su política exterior con
respecto a África y establecer una política sólida y
completa para la zona”.
En este
contexto, el Pentágono ha comenzado a incrementar su
presencia militar en la región. En 2005, EEUU lanzó la
Iniciativa Trans-Sahariana Anti Terrorista (TSCTI, por sus
siglas en inglés) con nueve países africanos, con el
objetivo de introducir un enfoque más amplio con respecto
a la seguridad regional mediante la formación y el
equipamiento de las fuerzas militares nacionales. El
Pentágono también ha estudiado la posibilidad de
establecer bases militares en algunos países africanos,
entre los que se incluyen Ghana, Kenia, Malí y Senegal,
países en los que el acceso a los puertos y aeropuertos
tiene una importancia estratégica cada vez mayor.
¿Independencia energética o seguridad energética?
En su Discurso del Estado de la Unión de enero de 2006, el
presidente Bush anunció una Iniciativa de Energía
Avanzada, que proyecta el gasto en tecnologías con el fin
de “poner fin” a la adicción de EEUU al petróleo. Continuó
indicando que EEUU debería “dejar atrás su economía basada
en el petróleo”. Puesto que el petróleo se importa a
menudo de zonas inestables del mundo, Bush también fijó el
objetivo de sustituir más del 75% de sus importaciones de
petróleo de Oriente Medio antes de 2025. (Por el
contrario, durante la campaña presidencial de 2000, cuando
el elevado precio de la gasolina ya era una cuestión
política, Bush se decantó por presionar a los productores
del Golfo Pérsico para que extrajeran más petróleo).
En agosto
de 2005, Bush aprobó el primer Plan Nacional de la Energía
después de más de una década. El plan fue concebido para
fomentar la eficiencia y el ahorro energéticos, promover
las fuentes de energía renovable y alternativa, reducir la
dependencia estadounidense de las fuentes de energía
extranjeras, incrementar la producción nacional,
modernizar la red eléctrica y fomentar la expansión de la
energía nuclear.
Sin
embargo, los observadores políticos no han tardado en
señalar que en 1971 el presidente Nixon elaboró el
“Proyecto Independencia” concebido con el fin de que EEUU
fuera autosuficiente en materia energética antes de 1980.
Asimismo, en 1979 el presidente Carter afirmó que la
nación “nunca volvería a utilizar más petróleo extranjero
que el utilizado en 1977”. Además, durante la mayor parte
de su presidencia, la prioridad energética de Bush ha sido
incrementar la producción nacional de gas y petróleo, pero
en la actualidad EEUU depende del petróleo extranjero más
que nunca.
De hecho,
entre 1990 y 2005, las importaciones estadounidenses de
petróleo aumentaron en seis millones de barriles al día,
por encima del consumo de petróleo de todos los demás
países del mundo, excepto China, e igual al total de la
demanda china. El sector estadounidense de los transportes
por sí solo supone casi el 70% del consumo estadounidense
de petróleo. Los automóviles utilizan alrededor de nueve
millones de barriles de los 20 millones que consume EEUU
cada día. Los camiones, la maquinaria pesada y algunas
centrales eléctricas consumen el resto. En conjunto, se
prevé que los estadounidenses gasten más de 600.000
millones de dólares en compras relacionadas con el
petróleo durante 2006. Además, la Agencia de Información
sobre la Energía prevé que en 2030 EEUU consumirá un 36%
más de petróleo para el transporte que en la actualidad,
ya que habrá más coches que recorrerán mayores distancias.
Por otro
lado, muchos analistas indican que aunque la
autosuficiencia en materia energética es un objetivo
loable, no puede aislar a EEUU de lo que ocurra en otros
países. Por ejemplo, incluso en el caso de que EEUU
consiguiera superar su dependencia energética de Oriente
Medio, otros países seguirían dependiendo del petróleo del
Golfo Pérsico y, por lo tanto, tendrían que estar
pendientes de las preocupaciones de los gobiernos de la
región. Esta dependencia de Oriente Medio por parte de los
países consumidores provoca una vulnerabilidad política
para EEUU, en el sentido de que a Washington le podría
resultar más difícil persuadir a las naciones consumidoras
de que cooperen en iniciativas políticas a las que se
opongan los productores de petróleo de Oriente Medio, como
la promoción de la democracia o las sanciones a Irán.
Otros
analistas señalan que, puesto que el petróleo se negocia
en un mercado mundial, incluso en el caso de que EEUU
dejara de depender totalmente del petróleo de Oriente
Medio, ello no tendría ningún efecto práctico, ya que el
precio del petróleo viene determinado por la oferta y la
demanda mundiales y no por las compras de un país a otro.
Por consiguiente, EEUU seguirá siendo vulnerable desde el
punto de vista económico con independencia de la cantidad
de petróleo procedente de Oriente Medio que consuma.
Algunos
economistas afirman que la única solución para el problema
energético de EEUU es un cambio drástico en el
comportamiento de los consumidores estadounidenses. Por
ejemplo, la Oficina de Presupuestos del Congreso, que
tiene carácter independiente, calculó en 2004 que un
impuesto sobre la gasolina de 46 centavos el galón
(equivalente a 4 litros), frente al impuesto federal
actual de 18 centavos, reduciría el consumo de gasolina en
un 10% durante los próximos 14 años. Sin embargo, Bush se
opuso a cualquier intento de fijar un impuesto sobre la
gasolina más elevado, ya que dicha medida sigue siendo
políticamente impopular.
En todo
caso, los beneficios del Plan Energético Nacional de Bush
de poner fin a la “adicción de EEUU al petróleo”, como los
derivados del aumento de fondos destinados a la
investigación energética federal en tecnologías que puedan
reducir el consumo de petróleo, solamente se verán
optimizados a largo plazo, posiblemente a 20 o más años
vista. Mientras tanto, el problema más inminente al que ha
de hacer frente la Casa Blanca es el hecho de que un
enfrentamiento con Irán por su programa nuclear podría
disparar el precio del petróleo.
Por lo
tanto, la seguridad energética sigue prevaleciendo sobre
la independencia energética en la política exterior
estadounidense, lo cual supone que la relación energética
más importante del mundo en el futuro será la misma que
realmente ha importado durante más de medio siglo: la
relación entre EEUU y Arabia Saudí. Sin embargo, conforme
se van agotando los recursos de los países de la OPEP y la
producción saudí se incrementa notablemente, Arabia Saudí
será cada vez más vulnerable a los terroristas radicales
islámicos, que consideran al petróleo como el talón de
Aquiles de Occidente.
En
consecuencia, los saudíes comprenden en la actualidad lo
que el rey Abdulaziz y el presidente Roosevelt compartían
ya en 1945: EEUU es el único país del mundo capaz de
proteger el petróleo saudí. Esto implica que EEUU
mantendrá una fuerte presencia militar en Oriente Medio
durante muchas décadas. Las circunstancias cambian, pero
todo sigue igual.
Conclusión: La premisa que subyace a la política
energética estadounidense es que el acceso a unas fuentes
de energía seguras, fiables y baratas es un factor
fundamental para la seguridad económica nacional. Sin
embargo, la mayor parte del petróleo mundial está
concentrada en lugares que resultan hostiles a los
intereses estadounidenses o vulnerables a las convulsiones
políticas o al terrorismo. Así, de Irán a Irak y de China
a Rusia, el petróleo sigue siendo la base de muchos de los
retos más inmediatos de la política exterior de EEUU, lo
cual implica que hasta que este país supere su economía
basada en el petróleo, la seguridad de este producto
continuará siendo uno de los elementos determinantes de la
política exterior y militar estadounidense.
Autor:
Soeren Kern
Investigador Principal de EEUU y Diálogo Trasatlántico,
Traducción. Real Instituto Elcano de España.
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