La UE y su papel de mediadora en el conflicto con Medio Oriente
La Unión Europea consiguió mantener una posición unánime ante el conflicto del Líbano durante la reunión extraordinaria de ministros de Asuntos Exteriores que acordaron pedir un “cese inmediato de las hostilidades”.
El acuerdo realizado en Bruselas abre la puerta a la acción conjunta europea en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Este hecho, plasma un gran precedente, ya que Europa, frente a un tema o acontecimiento trascendental en la política mundial contemporánea, viene jugando un papel inconsistente e insustancial y esto, se ha venido observando más que nunca en las arenas de Oriente Medio.
Pues el desconocimiento de políticos, diplomáticos e intelectuales occidentales sobre la manifestación de identidades culturales, étnicas o religiosas están lejos de ser comprendidas.
Ejemplo de ello, son las más recientes y peligrosas simplificaciones de una “guerra tercermundista” contra “una alianza terrorista de Irán, Siria, Hezbolá y Hamás” (según el republicano estadounidense Newt Gingrich) o un “movimiento totalitario unificado” del islamismo político (según el parlamentario y periodista conservador británico Michael Gove).
Antes de este pronunciamiento de ministros, la Unión Europea no existía como ente unitario diplomático, capaz de alzar su voz y promover soluciones viables en el conflicto de Medio Oriente, existía sí Alemania, España, Italia y Francia en tanto actores individuales.
Según George Chaya, director del Bureau de Informaciones Libanesas para América latina, “a nivel continente, Europa en su contexto y para el pensamiento de gente como Nasrallah, es una simple oficina de subsidios. En Damasco o Teherán utilizan la ideología progresista europea para sus propios fines y ríen cuando escuchan a la diplomacia del viejo continente hablar de Alianza de Civilizaciones.”
Actualmente, en el Líbano, lo que está en juego es la credibilidad de la comunidad internacional, que hizo de intermediaria y dio legitimidad a la retirada israelí del país en mayo de 2001. Sin olvidar también, la importancia de intereses vitales para Europa: petróleo, proliferación nuclear y la posible reacción de sus propias minorías musulmanas marginadas.
Intervención Internacional
Israel se retiró hace seis años del país, hasta la frontera internacional, conforme a la resolución 425 del Consejo de Seguridad, y posteriormente se aprobó la resolución 1559, que exigía al Líbano que desmantelara Hezbollah, desplegara su ejército en el sur y acabara con la absurda y peligrosa anomalía consistente en que una milicia al servicio de Irán y Siria controle la frontera con Israel y prácticamente tenga en sus manos la llave de la estabilidad de todo Oriente Próximo.
La debilidad del Gobierno libanés y la fragilidad de su equilibrio inter-étnico exigió que el posible alto el fuego vaya acompañado del despliegue de una sólida fuerza internacional en el sur del país.
Veintiocho años después se barajan las mismas posibilidades de salidas al conflicto actual, agudizada la presión internacional en mayor medida por el ataque israelí a la ciudad libanesa de Qana, dando muerte a 60 civiles.
Ante la demostrada falta de interés en Washington por imponer un rápido final a los combates en curso, las consultas en la ONU han comenzado en torno a un proyecto de resolución propuesto por Francia.
El texto contempla los siguientes puntos:
• Cese inmediato de hostilidades y negociaciones para un alto al fuego permanente.
• La liberación de los soldados israelíes y la de los prisioneros libaneses.
• La retirada definitiva de Hezbollah en el sur del Líbano (implica el cumplimiento de la resolución 1559 de la ONU)
• La delineación de las fronteras líbano-sirio-israelíes, por el pedido libanés de la zona conocida como las granjas de Shebaa, hoy en propiedad de Siria.
• La presencia de una fuerza internacional bajo mandato de la Naciones Unidas.
Pero esta vez se requiere un cambio esencial. Sólo una fuerza militar efectiva y con legitimidad internacional puede proporcionarlo. De lo contrario, se ha de producir la prolongación de los actuales ciclos de violencia.
Michèle Alliot-Marie, ministra de Defensa de Francia, país que con toda probabilidad liderará la operación, declaró a Le Monde que “debe ser una fuerza internacional importante y creíble, con misiones precisas, bien armada, con capacidad de abrir fuego y [equipada con] blindados”. En su opinión, la cifra de 10.000 soldados manejada por la ONU se queda corta.
Los mandos militares europeos dan por sentado que la presencia militar en el Líbano se prolongará durante años. Históricamente, tanto EEUU como Francia aprendieron el costo de su presencia en el Líbano en 1983, cuando militantes de Hezbollah se inmolaron matando a más de 300 militares.
Sumado a este punto, el hecho de la existencia de una fuerza de mantenimiento de paz en el sur libanés desde 1978 (paradójicamente llamado Fuerzas Interinas de las Naciones Unidas en Líbano, Unifil) para “restaurar la paz internacional y la seguridad”.
Justamente esta “fuerza de paz” fue la misión más mortífera de la ONU, ya que murieron 260 personas en 28 años. Cuatro de las cuales, murieron la semana pasada a manos de un ataque aéreo israelí y fuertemente condenadas por Kofi Annan por ser un acto “aparentemente deliberado”.
Fuentes diplomáticas europeas consideran que la única posibilidad de que Israel acepte esta propuesta pasa por el apoyo del Consejo de Seguridad, después del refuerzo europeo, y también por el apoyo de Estados Unidos.
Otro factor importante en la resolución del conflicto es el planteo realizado por Alemania y Francia, en el cual plantean la necesidad de aceptar a Irán y Siria como negociadores por ser padres y tutores económicos de Hezbollah.
La negativa de Washington de aceptar este punto sumado a la posición del presidente W. Bush de culpar de la violencia (tanto árabe como israelí) a Hezbollah y a sus aliados extranjeros de Irán Y Siria, echan por tierra la posibilidad de una negociación viable europea.
La verdad es que, más que nunca, la clave diplomática está en que EE UU se comprometa a fondo, utilice su influencia sobre Israel y negocie de la forma más directa posible con todas las partes en el conflicto, por desagradable que resulte. Mientras eso no ocurra, Europa puede hacer poco por sí sola.