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Historia de la prensa escrita en Estados Unidos

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

La época colonial

Durante más de 150 años, los futuros Estados Unidos fueron colonias de población, más unidas a Inglaterra que entre ellas mismas. Así, la prehistoria de la prensa norteame­ricana se desarrolló en la Gran Bretaña entre 1622, fecha de aparición del primer periódico inglés, y 1704 cuando apa­reció el primer periódico norteamericano duradero.
En las sociedades rurales sólo se imprime la información sobre el mundo exterior: para los pioneros, ésta se encon­traba a semanas de barco de vela. Los primeros editores fueron encargados de correos que al mismo tiempo, como impresores, publicaban sin mucho orden recortes de perió­dicos londinenses atrasados. Pero incluso estos mediocres esfuerzos irritaban a los poderes establecidos: desde su nú­mero inicial, el primer periódico publicado en 1690, en Bos­ton, fue prohibido por las autoridades locales. En esa mis­ma ciudad, comercial y cultivada, apareció en 1704, con la bendición oficial, el News Letter de J. Campbell; después, en 1721, un verdadero periódico, bien escrito e independien­te, el New England Courant, de James Franklin. Su hermano, el genial Benjamín, se fue a Filadelfia, para fundar el Pennsylvania Gazette (1729). Muy pronto la prensa apareció en Virginia y en Maryland.
Los impresores fueron relevados por una joven élite que, en la línea de la tradición inglesa, convirtió la prensa en un arma. Así, en Nueva York, los radicales utilizaron el Weekly Journal de J. P. Zenger contra un gobernador despótico.
Zenger fue encarcelado pero un jurado le absolvió (1735): el principio de la libertad de la prensa quedaba establecido. La actividad de las colonias se desarrolló y con ella los cen­tros urbanos y también el servicio de correos. Los bi y tri­semanales se multiplicaron. Se leían incluso fuera de las grandes ciudades, muy especialmente en los establecimien­tos de bebidas.

La independencia

Una ley británica, la Stamp Act, que gravaba todos los documentos legales e impresos, desencadenó en 1765 la ba­talla contra el autoritarismo y el mercantilismo de la Gran Bretaña, lanzando a la prensa a esa lucha1. Los periódicos «patriotas» difundieron las ideas revolucionarias. En cuan­to a los partidarios de Inglaterra pronto fueron silenciados por el populacho.
En 1776, las colonias declararon su independencia y, por primera vez en el mundo, un Estado —Virginia— proclamó en su Constitución el derecho a la libertad de la prensa. Sólo existían 39 periódicos. Después de la victoria, la joven nación se organizó. La idea de una confederación había sido considerada ineficaz, por lo que la Constitución de 1787 instauró un poder central fuerte; pero su ratificación sólo se obtuvo por sus partidarios prometiendo diez Enmiendas (la Declaración de Derechos, 1791). La primera es de una impresionante concisión: «El Congreso no promulgará nin­guna ley que restrinja la libertad de palabra o la libertad de prensa…». Este artículo constituyó la base jurídica que hizo posible la expansión de los medios informativos en Estados Unidos2.
Comunicaciones mediocres, prensas de imprimir manua­les, papel caro, público reducido: los periódicos no podían desarrollarse. Los almanaques anuales y los panfletos te­nían mayor difusión que los efímeros periódicos, que rara­mente tiraban más de 500 ejemplares. Sin embargo, una minoría adinerada tenía necesidad de informaciones comer­ciales y marítimas: el primer diario que logró pervivir fue un periódico de anuncios, el Pennsylvania Packet and Ge­neral Advertiser (1784).

La prensa políticamente comprometida

Desde el final de la guerra, la prensa patriota se había escindido. De cada cinco diarios, cuatro eran «federalistas» y al servicio de las gentes ricas: preconizaban el orden y el respeto de los contratos. Al contrario, «los demócratas-republicanos» defendían a los granjeros independientes y reclamaban el respeto de los derechos individuales. Sus pe­riódicos respectivos se insultaban entre sí; aquella libertad de prensa entonces única en el mundo incurría en graves excesos. Jefferson consideraba que en los diarios aparecían, sobre todo, mentiras. Sin embargo, jamás retiró lo que había escrito en 1787: «Si tuviera que decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos, o periódicos sin gobierno, no vacilaría un momento en elegir la segunda proposición».
Los federalistas intentaron amordazar a la oposición por las Alien and Sedition Acts (1798), pero la opinión pública los alejó del poder. Después, tras la guerra de 1812-1815, las pasiones políticas se apaciguaron.
En 1820 había 512 periódicos (de los que 24 eran dia­rios); en 1826 había 900. Los Estados Unidos contaban en­tonces con más lectores de periódicos que ninguna otra na­ción, pero esos lectores pertenecían a la clase política y rica. Las tiradas más elevadas no excedían de 2.000 ejemplares. Las revistas dominaban la prensa.

La «penny press»

En el siglo XIX, cada treinta años aproximadamente, los inmigrantes duplicaron la población del país y su coeficiente de urbanización. Hacia 1830, el 10 % de los 13 millones de norteamericanos habitaban en ciudades. Los menos ricos de éstos y los granjeros del Oeste llevaron a la presidencia a A. Jackson (1828), símbolo de una era de reformas 3: el su­fragio universal y la educación se generalizaron. La prensa reflejó e impulsó el desarrollo del igualitarismo.
En los treinta años que precedieron a la Guerra de Se­cesión aparecieron las prensas rápidas, los clichés y el pa­pel barato, así como la navegación de vapor, el ferrocarril y el telégrafo. La prensa adquirió entonces rasgos modernos. Concentró sus esfuerzos en la pura información (de ahí vino la invención del repórter) con el fin de atraer a las multitu­des, y por tanto a los anunciantes. La venta del ejemplar, muy barato, no cubría más que el costo del papel: la pu­blicidad se convertía en esencial. Así la prensa se liberó de los partidos y atrajo grandes inversiones. Como los periódi­cos se vendían en la calle y no por suscripción, a un público poco educado, su presentación se hizo más atractiva y más sencilla.
B. Day fue el primero en conseguir un diario vendido a un centavo (penny) en lugar de a seis: el New York Sun (1833). Especializándose en los sucesos locales (menos caros de obtener que la información general), sobrepasó muy pron­to la tirada global de los diarios neoyorkinos de 1833 e in­fluyó sobre toda la prensa. Sin embargo, la penny press no tardó en ser respetable.
En 1835, James Gordon Bennet lanzó el New York Herald cuya tirada alcanzó los 40.000 ejemplares a los 15 meses, y 100.000 a los 15 años. ¿Su secreto? Añadir a lo sensacional una información abundante y variada, ser el primero en darla, y acompañarla de enérgicos editoriales. Sólo en Nueva York tuvo más de treinta imitadores.
Horace Greeley, en 1841, creó el muy serio y muy popular Tribune, que no cesó de defender causas nobles y adquirió una influencia única en la Historia de los Estados Unidos.
En 1851, H. Raymond fundó el Times, y le dio su gran repu­tación de periódico objetivo.
Los 235 periódicos de 1800 se habían convertido en 2.300. Nueva Inglaterra tenía por supuesto, diarios de calidad, pero también la región del Midwest, con el Chicago Tribune. Y los impresores seguían de cerca a los colonos. «En los Estados Unidos, apenas existe una aldea que no tenga su periódico», escribía Tocqueville en 1835; y añadía: «la prensa ejerce un poder inmenso en Norteamérica. Hace circular la vida política en todas las partes de ese vasto territorio. Ella es con sus ojos siempre abiertos la que fuerza a los hombres públicos a comparecer, por turno, ante el tribunal de la opinión».

La esclavitud y la guerra de Secesión

Cuando en 1831 W. L. Garrison fundó el Liberator, el más fanático de los periódicos antiesclavistas, éstos eran escasos. El Sur, rural y feudal, no tenía más que una prensa débil, pero su causa era vigorosamente defendida en el Nor­te. En 1837, el periodista E. Lovejoy fue asesinado por una multitud esclavista en Alton (Illinois). Sin embargo, la pren­sa no fue ajena a la lenta evolución de la opinión en favor del abolicionismo.
Durante la guerra, la prensa mostró a la Vez su eficacia y su irresponsabilidad. En el Norte, el sensacionalismo y la traición obligaron a las Secretarías de Estado y de la Defensa a censurar el telégrafo y a tomar medidas contra los periódicos, pero no hubo censura preventiva. Se estableció un modus vivendi que se volvería a utilizar en las guerras siguientes.
Además de aumentar las tiradas en un 30 %, el conflicto tuvo una profunda influencia. El coste del telégrafo obligó a la concisión y a la cooperación entre los medios infor­mativos. El desarrollo de las agencias extendió un periodis­mo de reportaje de hechos, informativo, «objetivo», seco4.
Las ilustraciones se multiplicaron, pero la información seria pasó al primer plano.

La «yellow press»

Después de 1865, los Estados Unidos tuvieron una muta­ción industrial. Oleadas de inmigrantes miserables afluyeron a las ciudades. Pronto se escucharon voces contra la especu­lación desenfrenada, especialmente entre la población del Oeste. Existía una revolución tecnológica: cable trasatlán­tico, vía férrea transcontinental, rotativas perfeccionadas, teléfono, linotipia, etc. Se habían reunido por tanto tres con­diciones esenciales para que la prensa diera un nuevo paso adelante. Dos hombres, uno de la zona del Midwest, el otro de California, iniciaron una segunda ola de populari­zación.
El inmigrante J. Piditzer impulsó primero el St Louis Post-Dispatch (1878), después el New York World (1883), utilizando sucesos, grandes titulares e ilustraciones, pero dando también una relación exacta y completa de la actua­lidad y haciendo campaña contra la injusticia y la corrup­ción. El World batió todos los records: vendía un millón de ejemplares en 1897. Y el Sunday World impuso a la pren­sa la edición dominical, dedicada al entretenimiento.
El millonario W. R. Hearst había dado nueva vida al San Francisco Examiner (1887) vulgarizando algunos méto­dos de Pulitzer. En 1896 compró el New York Journal y se lanzó a una fortísima competencia contra el World. A fuerza de dólares conquistó un amplio público inculto, al que atraía con historias violentas, fuertes o sentimentales, escándalos inventados y cruzadas estériles. Explotó ruido­samente el nacionalismo y el imperialismo naciente en el público hasta el punto de que se le atribuye en parte la guerra hispano-norteamericana. En 1900, la Yellow press 5 abarcaba una tercera parte de los grandes periódicos norteamericanos, lo que provocó un rechazo de las capas más cul­tivadas, y graves amenazas de regulación gubernamental.
Otro gran patrón de prensa fue E. W. Scripps. Su cade­na de periódicos iniciada en los años 80 se convirtió en la mayor del país. Sus diarios vespertinos atraían a las ma­sas de las ciudades industriales de tamaño medio por sus informaciones breves y por el decidido apoyo a sus intereses. Primer magnate «moderno», Scripps dejaba a sus directores libres de actuar, con tal de que obtuvieran beneficios. A su muerte poseía 50 millones de dólares, tres cadenas de pe­riódicos y cuatro agencias, una de ellas la United Press.
Se había entrado en la era de los mass-media. Dadas las inversiones que requería, la prensa formaba parte del big business. Los diarios, grandes empresas industriales, perse­guían ante todo el beneficio. Norteamérica inauguraba la producción en masa: los mayores ingresos de la prensa ve nían ahora de la publicidad6. Para obtenerla era necesario aumentar las tiradas, lo que producía una competencia en­carnizada. Sin embargo, pronto se vio que era más razona­ble concentrar los títulos. Entre 1865 y 1900, el número de diarios se había sextuplicado. Existían entonces 2.326: ja­más habría tantos, aunque la población iba a triplicarse.
Naturalmente, la mayoría de los diarios bendecían el orden establecido sin contemplar los problemas de la sociedad. En muchas ciudades, los anunciantes controlaban la prensa y el «aparato» político, a la vez.
La prensa de calidad

En 1871, el New York Times denunció el Tweed Ring, aunque esa organización ilegal le había ofrecido 5 millones de dólares por su silencio. A pesar de todo, en 1896, el Times mal administrado no tiraba más de 9.000 ejemplares. A. S. Ochs lo compró y le dio nueva vida al bajar su precio de venta sin hacer ninguna concesión. Su divisa: dar «todas las noticias que merezcan ser impresas».
Algunos diarios de provincias, sin dejar de atender su zona propia, adquirieron entonces una audiencia nacional: dos liberales del Sur, el Atlanta Constitution y el Louisville Courier-Journal; dos activistas del Midwest, el Kansas City Star y el Chicago Daily News; y un poco más tarde el mi­núsculo Emporia Gazette, del que W. A. White hizo el por­tavoz de las aldeas del Oeste.

Las revistas

Ante la competencia de los dominicales, los periódicos se popularizaron a su vez y constituyeron una gran indus­tria7. Las primeras revistas modernas fueron lanzadas por fabricantes de ropa y de empresas de venta por correspon­dencia. Sin embargo, los constructores de imperios fueron F. Munsey, del que el Munsey’s Magazine (1893) y Argos y constituyeron los primeros pulps, mediocres tanto por el papel en que se imprimían como por su sentimentalismo ba­rato, y sobre todo C. H. K. Curtís que hizo del Saturday Evening Post una institución nacional. Beneficiándose de las bajas tarifas postales en vigor desde 1885, las revistas redujeron sus precios y algunas alcanzaron tiradas enor­mes: el Ladies Home Journal, de Curtís, tiraba un millón de ejemplares en 1903, y dos millones en 1919. Constituían entonces los únicos medios de gran difusión, absorbiendo la publicidad nacional: Curtís obtenía el 43 % de ella en 1918.
E. L. Godkin, director de The Nation (1865), fue de los que prefirieron ser influyentes en lugar de riquísimos. Al­gunos, como H. Hapgood de Collier’s, declararon la guerra a la complicidad entre capitalistas y políticos. Aparecieron los famosos muckrakers de los años 1903-1910, los «busca­dores de basura», tales como L. Steffens y I. Tarbell de McClure’s. Al presentar sus encuestas con un estilo de cali­dad, hiceron que la prensa cotribuyera eficazmente al am­plio movimiento progresista de comienzos del siglo. Para buscar un contrapeso los propietarios de negocios inventa­ron los public relations, sus encargados de relaciones públi­cas; en los años 20 y 30 proporcionaban a los periódicos del 50 al 60 % de sus artículos.

La guerra y los años 20

Una ley, Espionage Act (1917), reforzada por la Sedition Act (1918), dio al ministro de Correos la posibilidad de no distribuir cualquier publicación. Los periódicos socialistas y de lengua alemana tuvieron grandes dificultades, pero la gran prensa se puso al servicio de las autoridades para mo­vilizar todos los recursos nacionales a través de la propa­ganda. De acuerdo con esa dirección, la prensa hizo pocos esfuerzos por defender los derechos cívicos al llegar la reac­ción antirroja de la postguerra.
Abandonando su puritanismo, los Estados Unidos acep­taron el consumo de masa. Los «años locos» vieron nacer nuevas formas de prensa. Primero los tabloids; diarios ilus­trados de pequeño formato que iniciaron una tercera oleada de sensacionalismo. Esta oleada descubrió un millón y me­dio de nuevos lectores sólo en la ciudad de Nueva York: tres tabloides se enfrentaron allí utilizando fotos trucadas y sucesos sórdidos. Únicamente sobrevivió el Daily News. Toda la prensa fue contaminada por aquel jazz journalism excitado, divertido, superficial e irresponsable.
Existía una gran abundancia de información al mismo tiempo que se ofrecía a los norteamericanos nuevas formas de diversión: el cine, la radio y el automóvil. Dos presbite­rianos eligieron como meta resolver el dilema. De Witt Wallace utilizó una fórmula muy antigua; su Reader’s Digest (1922) ofrecía una antología de artículos resumidos de revis­tas, elegidos por su utilidad práctica y su apoyo al «sueño norteamericano». El Time de H. Luce resumía, explicaba, «personalizaba» toda la actualidad en un estilo compacto y pintoresco. Sobre ese mensual y ese semanario se fundaron imperios, y los dos fueron imitados en el mundo entero.

El «New Deal» y la guerra

La crisis económica (1929-1941) y después la guerra mun­dial, reforzaron el movimiento de concentración que llevaba al monopolio local en la mayor parte de las ciudades. Sin embargo, la propiedad seguía siendo familiar: no se formó ningún grupo gigante del tipo británico.
La Depresión aumentó la atención dada por la prensa a los problemas sociales, económicos y políticos. F. D. Roosevelt tenía relaciones frecuentes, eficaces y de una rara cor­dialidad con los periodistas, pero no con los editores. Sólo el 34 °/o de los diarios le sostuvieron con sus editoriales an­tes de su triunfo electoral de 1936, y el prestigio de la pren­sa sufrió por ello.
Los propietarios de periódicos que invocaban la Primera Enmienda para escapar a las exigencias de la justicia social fueron condenados por el Tribunal Supremo. El sindicato de los periodistas (American Newspaper Guild, 1933) lanzó su primera huelga en 1934 y muy pronto se hizo respetar. Paralelamente se mejoraron la formación y forma de contra­tar a los periodistas.
En esta época, Time vio aparecer dos débiles rivales, Newsweek y US News, pero Luce volvió a innovar con Fortune (1930), revista financiera independiente lanzada en ple­na crisis económica, y con Life (1936), revista de la actuali­dad a base de fotografías, muy pronto imitada por Look.
En 1941, Pearl Harbor produjo la unanimidad nacional. Un código aparecido en 1942 permitió a la prensa autocensurarse de nuevo. Las leyes de 1917 fueron aplicadas, pero sin rigor. Después de la guerra vino una nueva y violenta crisis de anti-izquierdismo. La prensa participó en esta tendencia inquisitorial: cuando no deformaba la información, se hacía «objetivamente» eco de los cazadores de brujas8.

Después de la llegada de la televisión

La radio había tenido poca influencia. El efecto de la televisión (1948) sobre los diarios no fue espectacular; en cambio, golpeó terriblemente a las revistas de interés gene­ral al captar la publicidad nacional mientras que aumenta­ban sus gastos de publicación. Las revistas intentaron res­ponder con campañas de suscripción muy rebajadas. Sus tiradas se hincharon: el Saturday Evening Post alcanzó seis millones y medio de ejemplares en 1960, Life, ocho millones y medio en 1970. Tratando desesperadamente de equilibrar sus cuentas, se lanzaron a una imprudente búsqueda de «trapos sucios», después redujeron su difusión a un público seleccionado, y finalmente murieron.

La gran contestación

En los años 1960, los negros reclamaban la igualdad cí­vica; los estudiantes rehusaban morir en Vietnam. Dentro de ese mismo impulso, los ecologistas, los consumidores, las mujeres, los mutilados, etc., exigieron que sus derechos fue­ran respetados. Se atacaba simultáneamente a las normas de las clases medias, al American Way of Life, y al régimen económico-político, el System. De nuevo, en un período de extraordinaria expansión económica y gracias a innovacio­nes técnicas, el offset en particular, apareció una prensa sensacionalista para servir a un movimiento social, la pren­sa underground 9. El primer periódico fue el Los Angeles Free Press (1964), el segundo el Berkeley Barb (1965).
En 1970, la tirada de sus 400 a 500 periódicos estables se estimaba en cinco millones, con unos treinta millones de lectores. Esta prensa osciló entre dos polos, el psicodélico o contra-cultural, y el radical o izquierdista. Después, en 1971-1972, se desplomó. Las causas fueron varias: por un lado, retirada americana del Vietnam, represión y rece­sión; por otro los gritos reiterados de los underground, con su tendencia hippy ingenua o apoyada en las drogas. Final­mente el marxismo por una parte y la pornografía por otra. A pesar de todo, contribuyeron a despertar a la prensa establecida.

1 Ver A. M. Schlesinger, Prelude to Independence: The Newspaper War on Britain, 1764-1776. Knopf, Nueva York, 1958.
2 La misma enmienda estableció la libertad de religión. Ver C.-J. Ber-trand, Les Eglises aux Etats-Unis. «Que Sais-Je?», n.° 1.616.
3 Tuvo por consejeros a dos periodistas, pero la gran mayoría de la prensa se opuso a él, como siempre con los Presidentes progresistas.
4 Ver M. Schudson, Discovering the News: A Social History of American Newspapers. Basic Books, Nueva York, 1978.
5 Llamada así por el color amarillo del héroe de uno de los prime­ros comics, Hogan’s Alley, tomada al World por el Journal y publicada durante algún tiempo por los dos diarios.
6 Los gastos publicitarios se quintuplicaron entre 1880 y 1910. En 1914, el Audit Bureau of Circulations se encargó de la verificación de las tiradas.
7 100 en 1825, 700 en 1865, 5.500 en 1900.
8 Ver J. Aronson, The Press and the Cold War. Bobs-Merrill, Indianápolis, 1970.
9 Ver D. Armstrong, A Trumpel to Arms: Alternative Media in America. Houghton-Mifflin, Boston, 1981.

Autor: Claude-Jean Bertrand . En: “Los medios de comunicación social en Estados Unidos”. Editorial Eunsa. Año: 1983, Pamplona (Esp.)

Evolución de la prensa escrita desde el papiro hasta Internet

Domingo, 3 de mayo de 2009 1 comentario

A diario escuchamos, leemos y vemos diversos medios de comunicación, definirlos ha sido una tarea compleja para los especialistas, por la cantidad de conceptos que involucran. No obstante, se puede decir que son instrumentos mediante los cuales se informa y se comunica de forma masiva a una sociedad, son el canal mediante el cual la información se obtiene, se procesa, y finalmente, se comunica. La evolución del medio escrito se remonta a posteriori de la cultura oral del ser humano.
En esta etapa oral, el hombre ha evolucionado en sociedad y en el lenguaje, la cultura y la comunicación dependían en gran medida en la capacidad de recordar y contar historias que se perpetuaban con el paso de las generaciones, hasta que el hombre crea la escritura y los medios que lo soportarían, así aparece la cultura de la escritura y la imprenta, método de intercomunicación humana que se realiza por medio de signos gráficos.
La escritura provoca en el hombre un pensamiento más lineal, las complejas historias orales pasan a ser más sencillas y perduraran en el tiempo con más solidez.
Aparecen como forma más representativa los jeroglíficos en papiros en el antiguo Egipto. Bajo esta forma se realizaron composiciones religiosas, relatos históricos, privados reales, instrucciones, historias y tratados científicos sobre medicina, matemáticas y astronomía.
Posteriormente, aparecen el pergamino y la vitela, superficies para escribir, realizadas con pieles de ovejas, alrededor del año 200 a.c. empezaron a sustituir al papiro. Este material fue utilizado por los pueblos antiguos y medievales para escribir en ellos textos sagrados y literarios. Aproximadamente entre los años 1200 y 1400 fueron remplazados por el papel.
La aparición del papel en la evolución de la humanidad se remonta al año 105 en China, durante 500 años el arte de su fabricación estuvo limitado a ese país, a partir del año 610 se introdujo en el Japón, posteriormente en el Asia central y luego en Europa traído por los árabes. La primera fábrica europea de papel se estableció en España alrededor del año 1150 y posteriormente se expandió por la mayoría de los países del viejo continente.
En esta evolución conseguimos los orígenes del periodismo en Roma donde se comenzaron a realizar comentarios, anales históricos y actas en los cuales donde aparecen edictos, noticias de sociedad, sucesos y comentarios. Así se identifican dos diarios de relevancia el acta pública y el acta diurna, esta última revestía carácter oficial.
En la edad media, la práctica escrita cayó en franco desuso y se regresó a la tradición oral a pesar que algunos reyes escribieron sus gestas y los juglares se encargaron de contar las crónicas, hazañas de guerreros, milagros y acontecimiento de la época de pueblo en pueblo.
En el renacimiento europeo en especial el italiano, debido a la infinidad de sucesos que signaron a esta etapa de la humanidad, aparecieron en Venecia, las gazzetas, en las cuales se publicaban noticias de acontecimientos portuarios y comerciales, práctica esta que se propagó y popularizó por toda Europa.
En el siglo XV se produce la primera fundición de tipos móviles de metal los cuales se utilizaban para imprimir sobre papel con una prensa. A mediado de este siglo ya se fabricaban grandes cantidades de papel y con la evolución del renacimiento, la clase media próspera e ilustrada aumentó la demanda de materiales escritos. La figura de Martín Lutero y la Reforma Protestante dependieron en gran medida de la prensa y del flujo continuo de impresos.
Para este momento histórico los fundamentos de la imprenta ya habían sido utilizados por los artesanos textiles europeos para estampar los tejidos. En el año 1450 el alemán Johann Gutenberg presentó su invento y como resultado de ese avance tecnológico imprimió lo que hoy se conoce como la Biblia de Gutenberg, posteriormente editó en el año 1457 el Libro de Salmos. A partir de este año la imprenta se popularizó en toda Europa y mientras los impresores del norte de Europa fabricaban libros eminentemente religiosos, los impresores de Italia se especializaban en autores clásicos griegos y obras científicas de los eruditos renacentistas.
Este invento contribuyó con la propagación de escritos que surgían para un fin particular o un hecho relevante. Para el año 1457 se funda en Alemania uno de los primeros precursores del periódico impreso con la denominación Nurenberg Zeitung, en el año 1493 circularon en Europa una hoja informativa titulada Descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón, y en América circuló para el año 1541 la Hoja de México que describía los sucesos del terremoto de Guatemala. Estas publicaciones carecían de periodicidad y constancia, características que adquieren los que se fundaron a partir de los años 1600.
En 1615 aparece el periódico Frankfurten Journal; en 1640 en Italia la Gazzeta Publica; en 1661 en Madrid nace la Gaceta y en 1695 en Inglaterra es fundado el Stanford Mercury.
En el año 1702 se funda el primer periódico diario en Inglaterra: el Daily Courrant. Para el año 1715 había en este país una gran actividad editorial, aparecen varias publicaciones de periodicidad variable y con este desarrollo de la prensa empieza a emerger el concepto de opinión pública.
A comienzo del siglo XVIII, el sistema político se percata del enorme potencial del medio informativo impreso como herramienta para moldear la opinión de la sociedad y para el año 1792 se promulga la primera ley que reglamenta la actividad de la prensa con el Libel Actm.
En América. aparece en Boston para el año 1704, el Boletín de Boston; en México, la Gaceta de México y Noticias de España en el año 1722; en Perú la Gaceta de Perú en el año 1743; en Cuba es fundado la Gaceta de la Habana en el año 1764 y en Venezuela la Gaceta de Caracas en el año 1806, entre otros.
A finales del siglo XVIII la prensa toma matiz de negocio, se introducen innovaciones técnicas, se establece una infraestructura informativa para recoger la noticia y optimizar los sistemas de reproducción, se reducen los costo, se aumenta la capacidad productiva y en consecuencia aparecen periódicos emblemáticos como el The Times en el año 1785.
En el siglo XIX, los efectos de la revolución francesa, trae como consecuencia en Europa una reacción conservadora y se enfrenta a la prensa liberal, estas publicaciones de clara tendencia política defendieron la libertad, el concepto de opinión pública. Entre tanto, para el año 1836 aparece el telégrafo lo que influye en el nacimiento de las asociaciones y agencias de prensa como organizaciones especializadas en la recogida y distribución de noticias; hay una búsqueda de la consolidación de la libertad de expresión. Los diarios se empiezan a caracterizar por el seguimiento serio y exhaustivo de las noticias y profundo análisis de sus consecuencias.
Tras el triunfo del liberalismo los países occidentales reconocieron hacia 1881 la libertad de expresión lo que se traduce en leyes del Estado en materia de prensa. En el año 1884 el alemán Ottmar Mergenthaler inventa la linotipia, sistema mecánico que permite la composición de textos para periódicos.
En este período se produce la diversificación de este medio de comunicación: La prensa política que se caracteriza por la utilización del periódico como vehículo de transmisión de una ideología. La prensa informativa, su objetivo es el beneficio económico a partir de la noticia, lo que evolucionará hacia la prensa de masa del siglo XX.
Aparecen a finales de este siglo un gran número de periódicos, de elites para las clases sociales altas, de gran calidad y elevado precio; populares, más baratos y sensacionalistas, para las clases más bajas y periódicos radicales de carácter político, se ha forjado de esta manera una gran masa de lectores que favoreció el desarrollo de las empresas informativas y produjo grandes beneficios económicos y políticos, estableciéndose las bases para el desarrollo del sistema periodístico del próximo siglo.
La mayoría de países occidentales dictan leyes de prensa en la que se reconoce la libertad de expresión y organizan su estructura informativa, las agencias nacionales de información las cuales mantienen cercanas relaciones con los gobiernos se convierten en la piedra angular y son las que surten de información a los periódicos, bajo esta forma se produce la ubicuidad informativa y la tendencia a la uniformidad de la información propias del siglo XX.
A principio del siglo XX, en los Estados Unidos de América y algunos países de Europa se produce la generación de nuevos periódicos enmarcados en un nuevo periodismo, cuyo ejemplo paradigmático fue The World, de Pulitzer, vienen a hacer los primeros periódicos de masas, aumentan el tiraje, tienen muchas páginas de publicidad, se convierten en los íconos del cuarto poder.
En esta etapa los periódicos han asumido nuevas funciones en la sociedad, se convierten en bienes de uso y consumo, ofrecen un producto atractivo y bien acabado, su presencia en el orden social, político, económico y cultural de la sociedad los convierten en un instrumento de gran influencia.
Surgen así los periódicos de elite de información como el New York Time, diario que creó el modelo del periodismo basado en la documentación exhaustiva y el análisis de los hechos, con sus homólogos como Le Figaro en Francia, el Frankfurter Zeitung en Alemania, Il Corriere de la Sera en Italia y el Imparcial en España.
En este siglo se producen dos grandes conflagraciones bélicas, en la Primera Guerra Mundial, los periodistas colaboran con los ejércitos y difunden historias heroicas falsas con el fin de mantener la moral alta en la retaguardia y la población civil. Al finalizar la confrontación, la población europea se enfrentó a la realidad manipulada enterándose de los horrores de la guerra lo que condujo a una crisis de confianza hacia la prensa. En la Segunda Guerra Mundial, la prensa además de los otros medios se utilizaron con fines propagandísticos, la técnica más resaltante fue la utilizada por Adolfo Hitler, denominada “La propaganda mecanicista”, fundada en la idea que ante un determinado estímulo, las poblaciones responderían con una misma respuesta.
Nace en este siglo el fotoperiodismo como respuesta a los otros medios, el cine, la radio y la televisión. La inclusión de las imágenes fotográficas no obedece a un superfluo adorno de la noticia, sino por el contrario se empieza a tejer un nuevo lenguaje comunicativo y alternativo.
Para la década de los 70, se empieza a gestar lo que conoceremos como la revolución de la información. El desarrollo de las nuevas tecnologías afectó y afecta a todos los medios de comunicación, es innegable que la informática, la computación y la irrupción de la Internet han mejorado y optimizado el proceso de producción y modo de transmisión de las noticias.
Es en esta década que el computador se hace dueño en la producción industrial del periódico y hoy en día desde las redacciones electrónicas, pasando por las modernas fotocomponedoras, la realización de las planchas para la impresión, la selección de colores, el control de las rotativas lo que incluye control de papel, tinta y calidad de impresión es dirigido por las computadoras.
Aunado a esto, han nacido nuevos instrumentos para la obtención de la información desde los correo electrónicos, las señales satelitales, los teléfonos celulares y las cámaras digitales que entre otros recursos han transformado los medios escritos tradicionales.
La Internet logró imponerse en la sociedad con mayor rapidez en comparación a la escritura y la imprenta de tal manera que las sociedades que se resistan a este medio están condenadas al medievalismo informativo. Internet acabó con el concepto de distancia para la obtención de la información de tal manera que estamos viviendo la “infinita globalidad”.
Algunos teóricos consideran a la Internet como un nuevo medio de comunicación, otros lo consideran como un soporte para los medios masivos tradicionales, aduciendo que no se puede considerar como un nuevo medio de comunicación de masas, por cuanto haría falta una masa de receptores que reciban el mismo contenido y es evidente que Internet no funciona de esa manera, en consecuencia, se puede considerar como un nuevo canal de comunicación donde convergen los medios de comunicación tradicionales.
En Internet conseguimos la escritura y la fotografía de los periódicos, las imágenes de video, de la televisión y el sonido de la radio, sumado a la interacción y personalización del mensaje, de tal manera que la prensa, la radio y la televisión, están presente en la red en su forma tradicional, surgiendo así la prensa, radio y televisión on line dedicada a la Web.
La prensa tradicional tiene el reto, más allá de utilizar la Web como un medio de publicidad, forzosamente debe sustentarse en la prensa on line con características muy especiales. En principio debe responder a un uso ilimitado de recursos, siendo un periódico no podrá sustentarse en texto y fotografía únicamente, debe contener además audio y video. Los periódicos on line deben responder a la interactividad con el usuario lector y al servicio personalizado, es decir permitir la individualización, leer, ver y escuchar las noticias, mensajes y publicidad que desee y por último en cuanto a la noticia, ésta debe actualizarse constantemente al momento de suceder, sin la limitación física de los medios tradicionales.
En síntesis, Internet incide en la comunicación social no sólo como medio o canal de comunicación o herramienta de investigación para un periodismo de excelencia, se presenta como un espacio profesional poco explorado que obliga a los noveles periodistas plantearse la forma de abordarlo con éxito.
En retrospectiva de la síntesis, desde la escritura jeroglífica, pasando por la invención del alfabeto y el papel, lo que forzó la invención de la imprenta y esta el desarrollo de la prensa escrita, que moldeó los conceptos de libertad de expresión y opinión pública para la sociedad occidental, donde irrumpen las nuevas tecnologías de información y en especial la Internet como un supra canal de comunicación en el cual surge la necesidad para la prensa tradicional presentar un periódico on line en que confluyan el escrito y la fotografía, las imágenes de video de la televisión y el sonido de la radio para encarar el desarrollo noticioso del siglo XXI.

Lisandro Bautista Landaeta. Abogado, Magíster Scientiarum en Ciencias Jurídicas Militares. Oficial del Ejército Venezolano, adscrito al Ministerio Público Militar. Fotógrafo, especialidad en Fotografía forense, documental y paisajística. Estudiante de Comunicación Social en la Universidad Católica Cecilio Acosta. lisandrobl@cantv.net