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Concepto de Identidad corporativa

Jueves, 23 de junio de 2011 Sin comentarios

El concepto de comunicación corporativa está relacionado a las definiciones de identidad, imagen y reputación.
La identidad corporativa es un concepto importante, y posee diversas definiciones. Dowling la define como todos los aspectos que una organización utiliza para identificarse ante distintas personas. Para Verónica Nápoles, es un símbolo que refleja la forma en que la compañía quiere ser percibida. Según Olins, son los modos en que la organización se presenta a sí misma. En definitiva, la identidad es lo que la organización piensa de sí misma.
A partir de esto, la identidad corporativa se clasifica en: identidad corporativa global y  la identidad corporativa interna.
La identidad corporativa global está determinada por cuatro factores: el comportamiento corporativo, la cultura corporativa, la identidad visual y la comunicación corporativa. El primero se refiere a las actuaciones productivas que tiene una organización. La cultura corporativa es el conjunto de valores compartidos por la mayoría de los miembros de la organización. La identidad visual es un conjunto de signos que muestran la esencia corporativa, y la comunicación corporativa es el conjunto de formas expresivas que presenta una organización. A su vez, también está la identidad corporativa interna, que como cualquier otra representación, tiene un proceso de selección, y a veces incluso de transformación.
Por otra parte, existe la imagen corporativa, que son todos los significados que una persona asocia a una organización. Dowling la define como la impresión que una organización genera en la gente. Sin embargo, se debe hablar más bien de imágenes corporativas, ya que están conformadas por las percepciones de muchas personas.
Además, se pueden distinguir tres fuentes de información que intervienen en la construcción de la imagen: los medios de comunicación masivos (difunden información que determina la imagen de las organizaciones), las relaciones interpersonales (se destaca como fuente de información la influencia de los grupos de referencia y la de los líderes de opinión) y la experiencia personal (es la fuente informativa más importante, ya que proporciona datos fehacientes). Las dos primeras fuentes son indirectas y la tercera es directa.
Otro aspecto de la imagen corporativa, es que posee cuatro niveles: La identidad, el entorno, la conducta y la comunicación, y en cada uno de ellos existe un componente de imagen: la imagen esencial, la imagen contextual, la imagen factual y la imagen conceptual.
   La imagen esencial está compuesta por características vinculadas a la identidad central de la organización y a la percepción que se tiene de ella, desde afuera y desde adentro. La imagen contextual está relacionada con el espacio de la empresa: Toda organización está en un lugar específico. Son las características de este escenario las que determinarán una cierta imagen contextual.  La imagen factual es resultado del comportamiento de la organización, y la imagen conceptual es la difundida por la organización a través de distintos instrumentos comunicativos.
Por otro lado, existe un elemento conectado a la imagen corporativa: la reputación de una organización. Ésta es el resultado de la apreciación y percepción de las personas que tienen una relación con la empresa.
La reputación está conformada por cinco componentes: reputación comercial, reputación económico-financiera, reputación interna, reputación sectorial y reputación social. La primera es la valoración que los clientes hacen de la organización a partir de su experiencia con los productos comercializados. Es decir, valorarán más a la empresa si ésta realiza buenas transacciones. La segunda está determinada por el valor que le den los inversores a la empresa. Estos, valorarán a la empresa según su grado de credibilidad, rentabilidad y estabilidad. La reputación interna dependerá de la valoración que los trabajadores hagan de su misma empresa. Aquí, es importante lo que ellos piensan de las condiciones laborales y la participación que poseen. La reputación sectorial depende de la valoración que las empresas competidoras hagan de una organización. Acá, es importante la valoración de capacidad de liderazgo, y el nivel de innovación de una organización. Por último, la reputación social está conformada por los atributos que las distintas personas le dan a la empresa.
En conclusión, los conceptos de identidad e imagen corporativa se relacionan; no hay imagen sin identidad, y al mismo tiempo, no hay representación posible de la identidad si no es a través de la imagen.

 

La comunicación de crisis

Lunes, 4 de mayo de 2009 Sin comentarios

Mucho se ha escrito en los últimos años sobre la comunicación de crisis, y me temo que se seguirá escribiendo en el futuro. Cómo abordar una crisis comunicativamente sigue siendo uno de los temas estrella del corporate, aunque a juzgar por el número de empresas que realmente disponen de estrategias anticrisis más bien parece tratarse de un tema virtual.
En efecto, y aunque no existen estimaciones suficientemente contrastables, parece que en España las empresas con una facturación superior a los 20.000 millones/año que disponen de una estrategia anticrisis estarían por debajo de un 20 por 100, y entre las que sí la tienen ésta se orienta casi exclusivamente hacia las crisis catastróficas o accidentales imprevisibles…A estas razones yo añadiría una más: la farragosa que supone casi siempre la descripción sobre el papel de la comunicación de crisis en los libros sobre la materia.
Al revisar esa abundante bibliografía uno se pierde frecuentemente en descripciones excesivamente genéricas sobre como prevenir primero, y cómo actuar después, en el caso de una posible crisis; crisis que, insisto si es entendida como algo pavoroso probablemente nunca se produzca, pero que si la identificamos con disfunciones corporativas, como puede ser un conflicto laboral, un fallo de producción, o cualquier otro asunto que afecte a la imagen y a la reputación corporativas, veremos que puede llegar a ser incluso habitual, y de este hecho es de donde hay que extraer la primera conclusión para empezar a valorar correctamente la importancia de la comunicación de crisis.
No tiene mucho sentido entender la comunicación de crisis como un recetario que se guara en la caja fuerte de la Compañía esperando el día en que suceda una catástrofe. Cada empresa debe aprender a manejarse en una situación de auténtica crisis gestionando, como si lo fueran, los pequeños problemas y conflictos cotidianos. Ese es el mejor entrenamiento para enfrentar con garantías una crisis severa, lo cual no excluye que la Compañía disponga de un plan anticrisis ad hoc.
La segunda premisa para entender cabalmente el sentido de la comunicación de crisis es considerar que el mejor escudo contra la crisis lo constituye una buena reputación corporativa, entendida esta noción como la consolidación en el tiempo y ante públicos prioritarios de una imagen positiva de la empresa. En este sentido, la comunicación de crisis debe ser entendida y asumida por la organización como un instrumento más para lograr esa reputación corporativa.
En resumen, una propuesta creíble en relación a la comunicación de crisis, para que ésta sea asumida por la mayor parte de las empresas como una herramienta más del corporate y no como una proposición alambicada que sólo interesa a las Compañías propietarias de centrales nucleares o a las líneas aéreas, se basaría en estas premisas:

1. Desarrollar permanentemente habilidades en la gestión de la comunicación de crisis a partir de la resolución de asuntos menores.
2. Formalizar un dispositivo de comunicación de crisis armónico en cuanto a su dimensión con el perfil e imagen de la Compañía, no con el riesgo potencial de sufrir una catástrofe, es decir, coherente con los objetivos y el perfil de su imagen intencional.

Autor: Justo Villafañe en La gestión profesional de la imagen corporativa. (Universidad Complutense de Madrid). Pirámide. Madrid 1999. p.267