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Archivo para la categoría ‘Ceremonial y Protocolo’

El Ceremonial

Jueves, 23 de junio de 2011 Sin comentarios

Históricamente, ya desde el antiguo Egipto, las ceremonias formaban parte del acontecer diario de los egipcios. Pocos pueblos han tenido tanta veneración por el culto como este. Los rituales funerarios como la momificación por la que preparaban a sus difuntos para la otra vida, regían su sistema de creencias.
En el ámbito político, el ceremonial público tenía su representación máxima en la figura del faraón, que en la cúspide del estado cumplía con todos los menesteres impuestos por el ceremonial. Por caso, uno de estos rituales consistía en el baño matutino con agua sagrada que metafóricamente representaba las aguas del Nun mientra dos sacerdotes cubiertos con las máscaras de sus dioses cantaban invistiendo de poder al monarca. Se creía que de esta forma se le otorgaba un nuevo nacimiento.
Quienes fundamentalmente cumplían con el ceremonial eran funcionarios de la corte, y entre sus principales acciones se encontraban el encargarse de las liturgias funerarias, las coronaciones, conmemoraciones militares, entre otras.
Otro de los pueblos con una gran tradición en ceremonial es el pueblo chino que ha recolectado testimonio en el libro del ceremonial I- Li. Para el pueblo oriental el ceremonial era un arte, como lo eran, la música, la arquería, la escritura, que enaltecía la vida diaria y era fundamento de su buen vivir.
El I-Li trataba fundamentalmente temas concernientes a la vida del funcionario común en su accionar diario, sobre normas de etiqueta, acerca del honor, la nobleza y la dignidad

¿Ceremonial o protocolo?
En general se suelen utilizar indistintamente estos dos términos pero en lo preciso sus significados difieren.
El término Ceremonial deriva de “ceremonia,” y del latín “caeremoniālis” cuyo significado se asocia a veneración, culto religioso. Actualmente se entiende al Ceremonial como “el conjunto de formalidades para los actos públicos y solemnes.”
Por su parte el término protocolo deriva de la palabra griega “Proto” que significa primero y “Kollao” que significa “pegar” en alusión a la primera hoja del documento de Estado en donde se encontraban las firmas que lo validaban. De ahí que su significado se vea asociado a lo regulado, a la “regla” establecida, ya sea por decreto o por costumbre.
Así uno de los más importantes fundamentos del protocolo es la cuestión de la precedencia, es decir quién tiene prioridad por sobre otro, sea una persona o un estado. Tema de vital importancia que se suscitó en el Congreso de Viena, en 1815, donde se encontraban las ocho potencias principales dispuestas a firmar el tratado de París. En razón de organizarse armónicamente y dado que surgieron disputas de poder, los allí presentes se pusieron de acuerdo y sentaron las bases sobre cómo definir el orden de prioridades. Lo allí resuelto sentó precedente para las futuras reuniones diplomáticas.
Actualmente el orden de precedencia aplicado a organismos internacionales se basa en el Principio de la Justicia de los Estados.
En tiempos actuales, en que se avanza hacia una sociedad de servicios y gestión del capital humano, es fundamental para el buen actuar de los ciudadanos, en cualquiera de sus órdenes el hacer buen uso y respeto de las costumbres. El Ceremonial en su aspecto más solemne se entiende como un ordenador de la vida social de las comunidades. O poniéndolo en otros términos “Lo cortés no quita lo valiente.”

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Guía para enviar información a los bloggers

Miércoles, 3 de febrero de 2010 Sin comentarios

Linda Robertons, especialista en marketing y publicidad online, acaba de publicar una Guía sobre que hacer y que no hacer para lograr que un blogger te publique información de prensa.
La publicidad en Internet es un campo apasionante y no tan entendido o explorado. Aunque muchos continúan manejándose como con la publicidad tradicional o la redacción tradicional el tema es que no es lo mismo que un blogger publique una información.
El blog sobre curiosidades y temas en Internet www.online.com.es acaba de publicar en limpio algunos de estos conceptos:

Lo que NO se debe hacer

1. Para su publicación inmediata significa para un blogger para su eliminación inmediata
2. No envies el contenido equivocado. Cualquier agencia que quiere que le publiquen el contenido de su cliente debe al menos ver si al blogger al que le envía la información le interesa ese tipo de contenido. Si me envías información sobre un nuevo producto de cosmética y no pierdes el tiempo viendo que nunca he publicado nada igual, lo único que ganas es que tu agencia vaya directamente a spam y no solo la noticia.
3. No mientas. ¿Para que me tienes que decir que has estado viendo mi blog y crees que esta nota de prensa puede interesarme? o que crees que mi blog es fantástico y lo lees cada día (y luego me envías algo que no me interesa).
4. Envía información nueva. Y cuando decimos nueva en internet, nos referimos del mismo día o de apenas unas horas, no de la última semana. Si me mandas información y me dices que ha salido una nueva startup, me parece interesante, publico sobre ella y después me doy cuenta que la startup lleva 2 meses online (y ese día no pude conectarme en internet y no me enteré), nunca más volveré a fiarme de ti.
5. Mails masivos. Esto es de cajón. No se si conoces el dicho “Quien mucho abarca, poco aprieta” Un mail idéntico enviado a mucha gente es sinónimo de no interesar a nadie. Aquí puedes aplicar el punto 2, además de que mucho mejor hacerlo personal. Somos bloggers, no el editor en jefe de un periódico

Lo que SI se debe hacer

1. Investigar un poco. Un sitio similar por tu contenido, afín, o que comparta tu misma sensibilidad es mucho mejor que uno con tráfico. Obviamente tiene que tener tráfico, pero la idea es no ir a buscar los sitios con más tráfico (porque seguramente no serán afines a tu contenido)
2. Elige 8 blogs. Sabes el contenido que vas a enviar y lo que quieres es que se publique. Busca 8 blogs cuya temática encaje perfectamente con lo que vas a enviar. Hay que encontrar 8 blogs que publicarían ese contenido, solo 8 (con un tráfico decente). La probabilidad de que lo publiquen serán tremendamente alta.
3. La resistencia del blogger a las notas de prensa es directamente proporcional a la influencia del mismo. El blogger depende de la confianza de sus lectores, las agencias de PR de la confianza de los que reciben sus PRs. Si un blogger publica todo lo que le envías, su influencia será cero, o lo más probable es que sea un bot que publica lo que le envíen.
4. Se trata de relaciones. Es tan fácil como entender que se trata de una relación. Que no nos gusta que nos hagan perder el tiempo, tu me mandas información que me interesa y yo la publico. Ganamos los dos. Si me mandas algo que no me interesa, no vuelvo a perder más tiempo contigo. Se encontrar buena información solito. Si me mandas información que me interesa y veo que tu pierdes tiempo en facilitarme esa información, tienes un blogger que te escuchará permanentemente.

Más info:
http://lindsayrobertson.tumblr.com/post/330892541/the-dos-and-donts-of-online-publicity-for-some

Comunicación política y protocolo

Domingo, 3 de mayo de 2009 Sin comentarios

La comunicación política es el proceso de transmisión y recepción de mensajes desde un componente político.
El ser humano es político por naturaleza. Anteriormente el fin de los partidos políticos tradicionales era el conocimiento personalizado de su electorado. En la actualidad, mediante la comunicación política intervienen los medios de comunicación masiva como una especie de cuatro poder. El objetivo fundamental de la comunicación política es ganar las elecciones. El candidato debe seducir al electorado para ganar miles de votos. El objetivo se cumple gracias a una estrategia de campaña, que pretenderá lograr un impacto, seducir y dar una sensación de poder al electorado.
El impacto se logra, construyendo la imagen del candidato de manera diferente a la de los demás y a través de declaraciones explosivas. La seducción se logra mediante el carisma, la inteligencia, la elocuencia, la notoriedad, la personalidad del candidato. Y la sensación de poder se logra en los sectores menos politizados de la sociedad quienes suelen sumarse al candidato ganador.
Pero..¿qué es el poder? El poder está presente a través de diferentes niveles en las sociedades, proviene de una multiplicidad de fuentes y lo poseen tanto movimientos sociales, como asociaciones de ciudadanos, estrellas de la música y el cine.
El protocolo fue desde siempre la liturgia del poder. Luis XIV tenía claro que la Corte era un espectáculo; el poder se tenía que ver, todos eran actores y espectadores. A mayor proximidad de ese espectáculo más sensación de poder de los espectadores. Como decía Jürgen Habermas, “la esfera pública se transforma en una Corte, donde los espectadores se sienten que participan”. Fuera del campo Ceremonial como ocurre hoy en día, la comunicación política contemporánea es cada vez más dominada por la banalidad, alejándose de los legados tradicionales.
La política está emparentada con el protocolo porque al igual que este, cada mensaje político tiene muchos signos; todo tiene valor simbólico, el ritual, mobiliario, vestuario, etc. El protocolo años atrás, era visto como elitista. El protocolo actual es concebido sólo como una herramienta de comunicación ritual. Es pragmático y simplificado. Se ha transformado en un medio para transmitir mensajes. De todas maneras sigue siendo determinante un riguroso protocolo en las relaciones internacionales; cuanto más fuerte es un Estado, más rígido su protocolo.

Autor: Licenciada Isabel Amaral. Presidenta de la Asociación Portuguesa de Protocolo. Conferencia realizada en el VI Congreso de Ceremonial y protocolo. Buenos Aires. Universidad Católica Argentina. Septiembre de 2005.

Precedencia entre diplomáticos

Domingo, 3 de mayo de 2009 1 comentario

En las ceremonias oficiales a las que asiste el Cuerpo Diplomático de forma colectiva, la norma protocolaria dispone que sea el Decano, el Embajador más antiguo o el Nuncio de Su Santidad por deferencia al poder espiritual de la Iglesia, el que vaya en primer lugar.
Después, se colocan los embajadores bilaterales incluidos los Altos Comisarios, por orden de antigüedad, seguidos de los Representantes Permanentes acreditados ante las organizaciones internacionales con sede en la misma capital y los Jefes de Delegaciones de organizaciones internacionales (del tipo de la UE, acreditados por la Comisión Europea). Todos ellos tienen categoría de Embajadores. Después, se colocan los encargados de Negocios titulares seguidos de los ad in-terim. Dentro de una misma categoría o rango, los agentes diplomáticos se ordenan siguiendo la antigüedad, es decir, fecha y hora de la presentación de sus Cartas Credenciales.
En las ceremonias de carácter especial, como podría ser la conmemoración de alguna fecha relevante para la Historia del país anfitrión (su independencia, su creación, etc.) los países invitados suelen enviar Misiones extraordinarias presididas por una personalidad nacional de alta categoría. esta puede ser desde un miembro de la Familia Real, si se trata de una monarquía, hasta un Ministro de Gobierno u otro dignatario de relieve. Estas representaciones del Jefe del Estado se deben hacer siempre de modo expreso y formal.
El Embajador, como máximo representante de su Jefe de Estado en el país extranjero, formará parte de la Misión extraordinaria pero cederá el paso al Presidente de la Misión, nombrado de forma expresa. El Gobierno del país de envío para evitar cualquier tipo de roce o problema entre el Enviado Extraordinario y el Embajador residente, cuidará que la categoría de Presidente de la Misión sea superior claramente a la del Embajador acreditado en el país anfitrión.
En determinados casos, cuando el Enviado nombrado sea un diplomático mayor en edad al Embajador bilateral, éste podrá cederle por deferencia la presidencia, contando con la conformidad de su Ministerio. El acuerdo final se comunicará a las autoridades del país sede.
Como simple referencia, la normativa que se sigue en España al respecto dispone que el Jefe de Misión debe ceder en estos casos la presidencia ante un miembro de la Familia Real, el Presidente del Gobierno, los presidentes del Congreso y del Senado, del Tribunal Constitucional, del Consejo del Poder Judicial, VicePresidentes y Ministros del Gobierno.
La precedencia de estas personas habrá de ser negociada y acordada con las autoridades competentes del país anfitrión para que su colocación corresponda con exactitud al lugar debido.
En el seno de una Embajada, es la legislación del país en cuestión la que determina el orden protocolario que debe seguirse en la colocación de sus miembros. En general, y éste es el caso español, después del embajador se coloca al Ministro Consejero, los Consejeros de Embajada y otros Consejeros sectoriales (representantes de Ministerios españoles por orden de su creación), Adjuntos de los Agregados militares (jefes de las oficinas militares o agregadurías), los Consejeros de embajada y otros Consejeros sectoriales (representantes de Ministerios españoles por orden de su creación) Secretarios de primera clase, Secretarios de segunda clase, Adjuntos de los Agregados militares y Agregados de las Consejerías sectoriales y Secretarios de tercera clase.
El Cónsul General de carrera, cuando asiste a un acto como organizador, se situará detrás del Embajador, que será quien lo presida. Los Cónsules de carrera pasan siempre delante de los honorarios.
De cualquier forma, será el Embajador quien dispondrá el orden de su personal diplomático de acuerdo con sus componentes, número y categorías.
Si se trata de formar una línea de saludo para dar la bienvenida a los invitados a una recepción oficial en la Embajada, se colocará en primer término el Embajador acompañado de su esposa, si fuera el caso, seguido del Ministro Consejero y del Agregado militar con sus respectivas esposas. esta línea, que no debe ser muy numerosa, se podrá adaptar a las razones que den motivo a la recepción en cuestión. Si el objeto de la reunión fuera por razones de carácter agrícola, comercial, turístico, etc. se incorporaría a la línea de saludo al Consejero sectorial correspondiente y su esposa, en sustitución del Agregado militar.

Autor: Tomás Chavarri del Rivero. Ha sido embajador de España en Francia. Posee entre otras condecoraciones la Gran Cruz del Mérito Civil (1979) Comendador de Número de la Orden de Isabel la Católica (1975) y Comendador de Número de la Orden de Carlos III (1990). Protocolo Internacional Ed. Protocolo.

El triunfo del César

Martes, 10 de marzo de 2009 Sin comentarios

El triunfo era el desfile apoteósico de un general victorioso por la Vía Sacra romana. Era, un tiempo, desfile de la victoria y acto religioso de acción de gracias ante Júpiter Capitolino por haberlo favorecido en la batalla.
Condición indispensable para la celebración del triunfo era que el general agasajado hubiese resultado vencedor en una guerra justa (bellum iustum) en cuya batalla más importante hubiera perecido un mínimo de cinco mil enemigos.
Las tropas que habían de participar en el desfile se congregaban en el Campo de Marte y desde allí, siguiendo el itinerario oficial, entraban en Roma pasando bajo el arco triunfal, por la Vía Sacra y foro, hasta el templo de Júpiter en el Capitolio, máximo santuario romano.
A lo largo de la carrera oficial, las calles aparecían adornadas con guirnaldas y colgaduras. En una ciudad de ordinario maloliente, incluso el aire se perfumaba aquel día con incienso quemado en los templos. Abrían procesión los senadores y magistrados, seguidos de la banda de música. Luego iban los carros que transportaban el botín arrebatado a los vencidos, sus insignias, las imágenes de sus dioses, sus objetos sagrados y la figuración de las ciudades tomadas y de los territorios sojuzgados, cada cual convenientemente identificado por un letrero que los que sabían leer lo descifraban para beneficio de los analfabetos. Detrás de los trofeos desfilaban las víctimas que iban a ser inmoladas a Júpiter en acción de gracias, por lo general toros blancos con los cuernos dorados y adornados por guirnaldas. Detrás del ganado iban cuerdas de prisioneros destinados a ser vendidos como esclavos y los caudillos derrotados, con una soga al cuello o encadenados. Después del desfile, los reyes y jefes de los pueblos vencidos eran ejecutados en la Cárcel mamertita. Por cierto, ésta cárcel, instalada en una antigua cisterna etrusca, fue consagrada en época cristiana como Iglesia de San Pedro y San pablo y se ha conservado bastante bien.
Detrás de los cautivos, a prudente distancia, iban los lictores, escoltando a los magistrados con imperium (es decir, con poder de vida o muerte, de carácter sagrado) Los lictores ataviados con túnicas rosadas, portaban al hombro las fasces o varas de azotar, atadas con un haz, símbolo del poder coactivo que otorgaba el cargo al magistrado. Cuando estaban fuera de la ciudad, y por lo tanto de la jurisdicción del pueblo, añadían a las varas un hacha de verdugo (securis) cuyo hierro sobresalía del haz. Mussolini, el dictador italiano que soñaba con emular las pretéritas glorias romanas, adoptó las fasces como símbolo del partido fascista.
Junto a los lictores iba un tropel de portadores de vasos aromáticos y una banda de música que acompañaba al carro blanco, tirado por caballos también blancos del general victorioso. El triunfador iba coronado de laurel y había cambiado sus arreos militares por una túnica tachonada de estrellas de oro. En la mano derecha portaba un cetro de oro rematado en águila, en la izquierda, una rama de laurel. Detrás del general iba un esclavo que le sostenía sobre la cabeza la corona de Júpiter Capitolino y le iba susurrando al oído: Respice post te, hominem te esse memento (“mira hacia atrás y recuerda que sólo eres un hombre”)
Luego desfilaban los soldados victoriosos con sus insignias y banderas, en alegre y escasamente marcial algarabía, entonando canciones cuarteleras y gritando vivas al jefe, incluso insultándolo y mofándose de él, no por falta de respeto sino para preservarlo del mal de ojo y de la envidia de los dioses que pudieran estar celosos de su gloria. Con el mismo propósito, el general iba adornado de amuletos y decoraba su carro con un falo (el falo y la higa eran los antídotos contra el mal de ojo)
El desfile terminaba en la explanada del Capitolio. El triunfador penetraba en el templo de Júpiter y devolvía a la imagen su corona e insignias. La ceremonia religiosa continuaba con la inmolación de las víctimas; la profana, en otro lugar de la ciudad, con un multitudinario banquete al que asistían los magistrados, el ejército victorioso e incluso el pueblo de Roma.
César hizo las cosas a lo grande. Celebró cuatro triunfo sen cuatro días sucesivos: el primero por su victoria en las Galias, con exhibición y posterior ajusticiamiento de Vercingetorix, el caudillo vencido; el segundo, por su victoria en la guerra de alejandrina, no sobre Egipto, país oficialmente amigo,, sino sobre el partido egipcio rebelde. La prisionera de mayor rango que figuró fue Arsinoe, la hermana de Cleopatra, pero César no la hizo ejecutar. También aparecieron, solamente en efigie, puesto que ya habían muerto, Aquilas y Potino, los dos ministros del último Tolomeo, y una efigie que representaba al Nilo. El tercer triunfo que César conmemoró fue su victoria contra el rey Juba en África. En el triunfo africano incluso figuraron, como trofeos de guerra, cuarenta elefantes portadores de faroles, y una jirafa, animal nunca antes visto en Roma. Los atónitos romanos lo denominaron “panteracamello”.

Autor: Juan Eslava Galán en “Cleopatra, la serpiente del Nilo”, Editorial Planeta, Barcelona, 2004.

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Elegancia y buen gusto. Retrato de la persona elegante

Martes, 10 de marzo de 2009 7 comentarios

Llamamos elegante a lo que es gracioso, sencillo, bien proporcionado, suave en sus movimientos. Así, pues, es la elegancia algo que resulta de varios elementos y que puede encontrarse en todas las obras bellas. No sólo se atribuye la elegancia a las obras sencillas, así del arte como de la naturaleza, sino también a las intelectuales, especialmente a las demostraciones.
La elegancia de una buena demostración consiste, primero en que sea sencilla y después, acabada, ligera, no recargada, es decir, obtenida por caminos no complicados. Al hallarnos en presencia de una demostración de estas cualidades, sentimos cierto placer estético muy semejante al que experimentamos al contemplar algunas de aquellas obras naturales artificiales calificadas de elegantes.
A las personas que deben desenvolverse en sociedad, les está permitida alguna coquetería, aunque varonil, que indique el deseo de agradar, pues indudablemente, es uno mejor acogido en todas partes cuanto mayor es el cuidado puesto en hacerse agradable a los ojos de los demás, aparte de lo mucho que lisonjea el amor propio, tener un amigo, un compañero, que se distingue por su pulcritud y elegancia.
No es de buen gusto el abandono en el vestir y el aseo, pues con ello se demostraría desdén hacia la opinión ajena.
La persona poco cuidadosa es ridícula a los ojos de sus propios amigos y la apatía y abandono de sí mismo le enajena a menudo las simpatías de todos.
Sólo podemos exceptuar de esta regla a los excéntricos y a los sabios.
Como ya hemos dicho que la elegancia es sencillez, no es necesario gastar enormemente en trajes, pero sí poner mucha atención en la elección de los vestidos y en los adornos complementarios. Que haya armonía de colorido y que el atavío se adapte según las circunstancias, porque no es lo mismo vestirse para salir de paseo por la mañana, que ir a un té por la tarde o asistir a una fiesta campestre que a una recepción.
Teniendo esto en cuenta, todos pueden adquirir el aspecto verdaderamente elegante, pero sin olvidar que donde debe ponerse mayor esmero es en el aseo de la propia persona y esto, todo el mundo puede y debe hacerlo. Uñas sucias y mal cortadas, unos dientes descuidados, el cabello en desorden, etc., molestan a la vista y destruyen el buen efecto que un correcto traje puede producir, y esto puede evitarse a costa de poco trabajo y sin grandes dispendios.
Tampoco el verdadero elegante hace abuso de las sortijas y joyas. Con lo indispensable basta.
Finalmente: puede cuidarse del traje y de las buenas maneras, sin que en ello se demuestre pedantería, presunción o afeminamiento.
Lo justifican la dignidad personal y el deseo de agradar a los demás.
Toda persona de espíritu cultivado, sin apenas darse cuenta, llega a ser un modelo de elegancia y de buen tono, porque se inicia instintivamente en todos los usos sin darles excesiva importancia, pero sí admitiendo el lado sello de todas las cosas.
El verdadero elegante no se limita a las manifestaciones exteriores de cortesía, sino que cultiva en sí las buenas maneras.
La cortesía nace del amor a nuestros semejantes, del temor de herirles, de ofenderles, de lastimarles en su amor propio. Con sus raros méritos tiene la cortesía agradables galardones para aquél que la practica, pues hace aparecer gracioso, simpático y atrayente al menos favorecido por la naturaleza en perfecciones físicas.
No hay duda que si después de saludar con elegante desenvoltura, de haber cumplido con los requisitos que la cortesía exige, se deja escapar alguna frase grosera o inconveniente, no podrá impedir la más bella apariencia exterior que se mire con prevención a quien en esta falta incurre.
El hombre que quiere presumir de buenos modales ha de ser modesto, indulgente, cortés, generoso, no ofender nunca con sus palabras o con sus gestos, ni ser receloso con las faltas de los demás.
Refina sus gustos y sus costumbres, corrige sus defectos. No se deja guiar por la primera impresión o por el capricho. Temeroso de herir susceptibilidades nada olvida y omite de cuanto en la buena sociedad exige la cortesía y la educación. Referente a esta escribe Gabriel Compayré: “La educación es el conjunto de esfuerzos reflejos con los que se ayuda a la naturaleza en el desenvolvimiento de las facultades físicas, intelectuales y morales del hombre, con la mirada de su perfección, su felicidad y su destino social.”
Según Stuart Mill: “La educación incluye cuanto hacemos nosotros mismos por nosotros y hacen por nosotros los demás, con el fin expreso de acercarnos a la perfección de nuestra naturaleza”.
Resulta muy agradable que el hombre se muestre siempre respetuoso con las señoras, ya sea en discusión con ellas, ya en la conversación. Usará las palabras más corteses y su corrección ha de ser inalterable. Se dejará atacar o controvertir sin impacientarse y jamás contestará con una grosería o un argumento inconsiderado o inconveniente, que pueda escaparse a su interlocutora. En el trato con la mujer, en las distinciones que le prodigue, es donde adquirirá el hombre el verdadero tinte aristocrático que tanto realce le dará.
A veces sucede que algunas señoras muy vivas de genio o no bien educadas traten duramente al caballero que ha cometido alguna torpeza con respecto a ellas. La conducta de la señora, por vituperable que sea, no autoriza a que se la insulte o conteste con aspereza.
Lo que sí podrá hacerse es hacerle notar su sinrazón con alguna frase ingeniosa pero siempre conveniente y sin separarse de la respetuosa indulgencia.
En un baile de sociedad, si en el lugar donde se sirven los refrescos se exige el pago, puede el caballero ofrecer a su pareja lo que desee. Si su ofrecimiento no es aceptado, no volverá a insistir.
En la mesa, el caballero debe cuidar de la señora que esté a su izquierda, no carezca de nada durante la comida.
Cuando a una señora se le cae de la mano un objeto cualquiera, todo hombre bien educado se apresurará a recogerlo y entregárselo.

Autor: Mary Duaygües. Educación y Etiqueta moderna. Ed. El Molino. Buenos Aires. 1949

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El protocolo militar adaptado a las exigencias de la sociedad

Martes, 10 de marzo de 2009 Sin comentarios

Como Director de Protocolo del Ministerio de Defensa de España, lidero un equipo de personas dedicadas en cuerpo y alma a la gestión integral de este tipo de proyectos. Entre mis cometidos, tengo la responsabilidad de dirigir y coordinar la organización y el desarrollo de los eventos que se realizan en el Departamento de Defensa y, en la medida en que afecten a las Fuerzas Armadas y a las autoridades del Ministerio o de entidad similar o superior (Jefatura del Estado, Presidencia del Gobierno, otros poderes de la Nación, otros ministerios, etc.), los que se desarrollan en el seno del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, así como del Estado Mayor de la Defensa.
Además, mi departamento tiene la responsabilidad de establecer las directrices en materia de ceremonial, protocolo y organización de actos en las Fuerzas Armadas.
Permítame, antes de nada, hacer un preámbulo histórico.
Remontándonos al siglo pasado, en el camino hacia la democracia que emprendió España en 1975, hoy felizmente consolidado, podemos decir con orgullo que nuestro país se ha incorporado hace tiempo plenamente al concierto de las naciones del primer mundo. Entre las instituciones que también iniciaron ese camino, con disciplina y lealtad a la Nación, están las Fuerzas Armadas, hoy por completo al servicio de la sociedad, a la que sirven y de la que se nutren. Por tanto, podemos afirmar desde el principio que el protocolo militar es fiel reflejo de las exigencias, o de los mandatos de la sociedad, a la que pertenecemos plenamente.
Las Fuerzas Armadas sufrieron un proceso de modernización desde la muerte de Franco hasta finales del siglo XX que han hecho del estamento militar una de las instituciones más modernas de la sociedad. Los militares somos, ahora más que nunca, conscientes no sólo de que de nuestra misión es de servicio al ciudadano, por el que trabajamos a diario (el general Casas de la Vega, historiador y poeta, en uno de sus poemas más hermosos, dentro del libro “Dejadles descansar en el silencio” describía en unos pocos versos la razón final de los Ejércitos: “He venido a luchar porque florezcan las rosas en tu suelo, … porque no vengan otros a tomar lo que es nuestro,… porque crezcan tus hijos y mis hijos sin miedo”), sino de que ese servicio se presta formando parte, sin tapujos, de esa misma sociedad.
Por otra parte, como no puede ser de otro modo, las Fuerzas Armadas están subordinadas a los poderes públicos a través del Gobierno de la Nación y de la Jefatura del Estado (recordemos que SM el Rey es el Jefe supremo de las Fuerzas Armadas españolas). Con todo lo anterior en cuenta, podemos decir que forma parte de nuestras obligaciones colaborar con la sociedad en todo aquello para lo que se nos necesite, dentro del marco de la legalidad vigente.
La estructura militar, tradicionalmente encerrado en sí mismo, ha sufrido en los últimos decenios, por tanto, una enorme transformación. No sólo modernizando sus estructuras, sino pasando de un servicio militar de reclutamiento forzoso a estar plenamente profesionalizado.
Así, a vida militar, tradicionalmente endógena, se ha transformado en abierta y cercana, muy próxima al resto de la sociedad.
Antes, la vida militar del profesional de las Fuerzas Armadas le ocupaba todo el día, desde el amanecer hasta las horas más íntimas y hogareñas de la noche. Así, no era extraño que el militar estuviese de uniforme incluso en su casa, bien finalizada la jornada laboral.
Las razones para ello quizá no vengan al caso. Baste decir que eran motivos de tipo socioeconómico. Lo que sí es cierto es que, por culpa de ellas, el estamento militar, tanto antes de la dictadura como durante ella, estaba encerrado en sí mismo y se construyó su propia sociedad, compuesta por elementos tales como viviendas, economatos, farmacias, etc., todos ellos de carácter militar y diferenciados del resto. Es decir, auténticas barriadas diferenciadas que permitían, con precios sustancialmente más bajos, disimular lo escaso de sus emolumentos.
El final de la dictadura, el inicio de la democracia, el advenimiento del estado de derecho y una fuerte disciplina dentro de las filas de las Fuerzas Armadas, no exentas de alguna sonada excepción afortunadamente fallida, hicieron que esta institución sufriese un proceso de modernización que la ha convertido en una de las más modernas de la sociedad actual.
Esta apertura a la sociedad, de la que formamos parte, ha hecho que los miembros civiles de esa sociedad nos vean como un elemento cotidiano al que, a través de los organismos pertinentes, se le solicita la colaboración en la seguridad de que estamos dispuestos a colaborar con los acontecimientos y actos de carácter civil que se nos pida u ordene. A ello, y a dar los mejor de nosotros mismos en el lugar del Mundo en que se nos necesite, como han demostrado las vidas de nuestros compañeros fallecidos allende nuestras fronteras en diversas misiones, a los que me permito rendir hoy un pequeño homenaje.
En base a esta participación, en mi país, es muy frecuente ahora confundir determinados actos y celebraciones estatales del Gobierno de la Nación o de la Jefatura del Estado con un acontecimiento de carácter militar.

Fiesta Nacional frente al Día de las Fuerzas Armadas
Un ejemplo que se me viene a la cabeza es, para mí, muy claro. Por otra parte, está íntimamente ligado al continente en que nos encontramos: la celebración del Día de la Fiesta Nacional de España, que se celebra con ocasión del llamado Día de la Hispanidad: el 12 de octubre.
Hasta 1995, a penas 10 años atrás, en España se celebraba esta fiesta con carácter oficial en un pequeño, aunque emotivo acto en la Plaza de la Lealtad de Madrid, la capital del Reino, seguida por una recepción real en Palacio.
Sin embargo, otra celebración de carácter más reducido, que había sufrido varias transformaciones y diversos formatos: el Día de las Fuerzas Armadas, se celebraba, permítanme la expresión, “a bombo y platillo”, con una parada militar en pleno Paso de la Castellana, famosa avenida madrileña que cruza de norte a sur la capital de España.
Pues bien, la sociedad demandaba un cambio. La celebración “por todo lo alto” del Día de las Fuerzas Armadas, frente a la Fiesta Nacional, con un pequeño acto en un sitio céntrico, pero reducido de la capital, era un sinsentido.
Así, la propia sociedad, a través del Gobierno de la Nación y la Jefatura del Estado, estimó más oportuno hacer del primero un acto itinerante, ofreciendo las Fuerzas Armadas, año a año, en diversas capitales o poblaciones, a la sociedad a la que sirven, acudiendo al lugar de origen de cada ciudadano a celebrar con él nuestra fiesta militar, y dar a la Fiesta Nacional el carácter global que le corresponde, pasando así a modificarse la filosofía de ambos actos, adaptando y aceptando la demanda de la sociedad, de modo que, desde 1996, lo que comúnmente conocemos como la “Fiesta del 12 de octubre” se celebra, al menos por ahora, con una serie de actos cuyo centro gravita sobre una parada militar completa por el mismo Paseo de la Castellana, que da cita a más de 200.000 personas por las calles, amén de un gran número de telespectadores. Este acto central, que acoge a las principales autoridades de la nación, autonómicas y provinciales, permite que se celebren, además, permite la celebración de una serie de otros actos como son almuerzos de presidentes de comunidades y asambleas legislativas autónomas, delegados del gobierno en las comunidades autónomas y alcaldes de las capitales de provincias.
Además, el día se ve coronado, nunca mejor dicho, por una recepción en el Palacio Real a cargo de SS. MM. los Reyes de España a diversos estamentos de la sociedad: políticos, el llamado mundo de la cultura, empresarios, militares, etc.
Este acto central al que me he referido inicialmente, tiene un fuerte componente militar. De hecho, está coordinado, dirigido y ejecutado por el Ministerio de Defensa; Es, decir, por quien les habla, junto con el fenomenal equipo que tengo el orgullo de dirigir.
Así, la Dirección de Protocolo del Ministerio de Defensa se encarga de dirigir, coordinar y ejecutar todo lo referente a:
- Gestión de espacios:
o Gradas para más de 6.000 personas
o Aparcamientos
o Zonas de acceso
o Planes de evacuación y emergencia
o Zonas de seguridad
o Zonas para la ejecución de los actos
o Zonas para discapacitados (novedad en 2005)
- Diseño, ornamentación y decoración (imagen institucional, por cierto, nueva en 2005)
- Gestión de invitados
- Control de accesos
- Montaje y diseño del Centro de Coordinación y Control
- Gestión protocolaria
Lo demás, es decir, la ejecución del acto en sí (homenajes y desfile) corresponde a los Ejércitos.
El acto, muy brevemente, consiste en lo siguiente:
- Recepción de autoridades
- Recepción de la Familia Real y Honores a SM el Rey
- Revista por el Rey a un Batallón de Honores de la Guardia Real
- Saludo a autoridades
- Homenaje a la Bandera
- Homenaje a los que dieron su vida por España
- Desfile aéreo y terrestre
- Arriado de Bandera
- Despedida de la Familia Real y de las demás autoridades.
Sin embargo, el Día de las Fuerzas Armadas, como ya he apuntado, se traslada cada año de escenario, buscando un punto de España en donde los Ejércitos tengan el calor de la sociedad a la que sirven y que constituye su esencia y objetivo final.
Con este motivo, durante una semana, en la ciudad elegida, siempre con una buena acogida por parte de la autoridad local, se realizan una serie de conmemoraciones y representaciones artísticas y culturales: conferencias, exposiciones, conciertos, jornadas de puertas abiertas, exposiciones de material militar, etc., todo ello culminado con una parad militar de menor nivel que la anterior, que también suele reunir a un gran número de espectadores en directo y de telespectadores, cuando conseguimos que se retransmita.
Pero todo ello siempre, permítanme que lo repita, teniendo en cuenta a la sociedad de la que formamos parte.
Este año, en concreto, se ha celebrado en la ciudad de A Coruña, y en toda España con un ciclo de conferencias llamado “Doce miradas sobre España”, y con exposiciones de carácter cultural y social, así como de material militar, jornadas de puertas abiertas, bautismos de mar, conciertos y un largo etcétera.

Honores militares
Otro aspecto para el que se nos ordena estar a disposición de la sociedad es el de la rendición de honores, en mi modesta opinión, mal llamados militares,
Así, en el 11 de abril de 1984, se promulgó el Real Decreto 834/1984 por el que se aprobaba el Reglamento de honores militares. Este reglamento, que recogía (recoge) la tradición de los precedentes, ordena en su artículo 1º lo siguiente:
Las Fuerzas Armadas, representando a la Nación y en nombre de los poderes del Estado, serán las encargadas de rendir los honores de Ordenanza en los actos o ceremonias oficiales.
Por tanto, en cumplimiento de la legalidad vigente, cuando se celebre un acto oficial en el que se decida que la autoridad que lo presida debe recibir honores, serán los Ejércitos los encargados de dicha rendición.
¿A qué autoridades nos referimos? Ese mismo artículo indica claramente quiénes son objeto de honores en un acto oficial:
Se rendirán honores a:
-La Bandera de España.
-Su Majestad el Rey y a S. M. La Reina -Su Alteza Real el Príncipe de Asturias.
-Sus Altezas Reales los Infantes de España.
-Los Poderes del Estado definidos por la Constitución en las personas que los representan.
-Las autoridades civiles y mandos militares que se determinan en este reglamento.
-Las autoridades extranjeras de rango equivalente.
Las autoridades civiles a las que se rinden honores son:
Nacionales:
- Presidente del Gobierno
- Presidentes del Congreso y del Senado
- Presidente del Tribunal Constitucional
- Presidente del Consejo General del Poder Judicial
- Vicepresidentes del Gobierno
- Ministros del Gobierno
- Jefes de Representación Diplomática y cónsules en el extranjero
Extranjeras:
- Jefes de Estado y de Gobierno
- Ministros de Defensa
- Jefes de Representación Diplomática acreditados en España
Además, el Art. 2 define que al Santísimo Sacramento se le tributarán los honores especiales previstos en este Reglamento.
España es un a nación aconfesional pero de una honda raíz católica que conserva entre sus tradiciones la rendición de honores al Santísimo Sacramento.

Honras fúnebres y exequias
Retornando al Reglamento de honores militares, ya comentado, también nos encomienda rendir honras fúnebres a una serie de autoridades y mandos militares.
De entre ellas, cabe destacar, por supuesto, las debidas a los miembros de la Familia Real, a los presidentes de los poderes, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, a los ministros del Gobierno, etc.
Estas Autoridades, en resumen, son:
- S. M. el Rey
- S. M. la Reina
- S. A. R. el Príncipe de Asturias
- SS. AA. RR los Infantes de España
- Presidente del Gobierno
- Presidentes del Congreso de los Diputados y del Senado
- Presidente del Tribunal Constitucional
- Presidente del Consejo General del Poder Judicial
- Vicepresidentes del Gobierno
- Ministro de Defensa
No quiero relatar unas honras fúnebres completas, pero sí mencionar, por su importancia social, las que se tributarían al Rey o la Reina de España:
Dice el reglamento que la naturaleza y extensión del luto oficial como consecuencia del fallecimiento de S. M. El Rey o de S. M. La Reina se regulará, en cada caso, por las normas que dicte el Gobierno.

Al fallecer S. M. El Rey o S. M. La Reina, se observarán las disposiciones siguientes:
1. Al conocerse la noticia oficial, las autoridades militares jurisdiccionales dispondrán que a las Banderas y Estandartes de las unidades se les ponga una corbata negra y que sea izada a media asta la Bandera Nacional en los buques, bases, acuartelamientos y demás establecimientos de las fuerzas armadas.
2. Se ordenará que por una batería de cada plaza en que exista artillería y por uno de los buques de la Armada fondeados en cada puerto nacional se efectúe una salva de cinco cañonazos.
3. Mientras el cadáver esté de cuerpo presente, las baterías en tierra y a flote, citadas en el punto anterior, harán cada día una salva de cinco cañonazos a las ocho horas y otra al ocaso.
El día del entierro, por una de las baterías de la plaza donde haya de verificarse éste y por un buque si se trata de plaza marítima, se hará una salva de veintiún cañonazos en el momento de la salida del cortejo.
El Ministerio de Defensa coordinará la participación de las fuerzas que cubran la carrera. Designará, además, la fuerza de escolta, que estará constituida por un Batallón o Unidad equivalente de cada uno de los tres Ejércitos.
Las fuerzas pertenecientes a la Guardia Real, con Bandera, Escuadra de Gastadores, Banda y Música, constituirán la Guardia de Honor y serán las encargadas de rendir honores militares a los restos mortales. De estas fuerzas se designará un piquete de ocho Guardias Reales, que se colocarán a ambos lados del féretro.
Los restos mortales serán conducidos en un armón de artillería, acompañados por los dos generales en activo de mayor antigüedad de cada Ejército.
La fuerza de escolta formará a la cabeza del cortejo; la Guardia de Honor lo hará a retaguardia.
En el momento de la inhumación se hará otra salva de veintiún cañonazos y la Guardia de Honor efectuará una descarga de fusilería.

Visitas de Estado
Además, siguiendo de algún modo con los “honores” u “honras”, y en relación con las autoridades extranjeras, también estamos encargados de otro cometido de carácter civil. Dentro de las visitas de Estado que los dignatarios extranjeros realizan a España, hay un componente de participación de las Fuerzas Armadas.
Una visita de este tipo tiene tres días de duración; dentro de esos tres días, se programan una serie de actividades entre las que se encuentran las siguientes:
El primer día, además de la recepción en el Pabellón de Estado del aeropuerto de Barajas a cargo de una serie de autoridades que no vienen al caso, la recepción oficial en el Palacio Real de El Pardo, residencia de dignatarios extranjeros en estas ocasiones, y primer acto de carácter militar dentro de este protocolo civil: honores militares y revista a la formación, con posterior desfile, a cargo de una unidad militar de la Guardia Real.
El segundo día de la visita oficial, tiene lugar la segunda actividad social con plena participación de las Fuerzas Armadas: el acto de Homenaje a los que dieron su vida por España en la plaza de la Lealtad de Madrid.
En este acto, una unidad de honores perteneciente a uno de los tres Ejércitos, por turno, rinde honores a nuestros muertos. Y cuando digo “nuestros” no me refiero a mi condición de militar, sino a la de ciudadano; en ese monumento se originó como homenaje a la Lealtad: a aquellos ciudadanos españoles que se levantaron en armas contra la invasión francesa; ahora, en él hay una llama perpetua como homenaje a las personas, de todos los tiempos y de todas las condiciones sociales, que supieron dar su vida por los ideales más sagrados de una nación.
Por último, también las FAS, a través de la Guardia Real una vez más, participan en el solemne acto de despedida del ilustre visitante.

Apertura de legislatura
También participamos en otro acto de proclamación de la soberanía nacional tan importante para los ciudadanos, como es la apertura de la legislatura.
Tras las elecciones generales, cada cuatro años como máximo, se realiza un acto solemne llamado, como he dicho, de “apertura de la legislatura” en el que se reúnen las principales autoridades de la Nación: el Gobierno saliente, los diputados y senadores recién elegidos, las principales autoridades militares, etc. en un solemne acto de inauguración de un nuevo ciclo legislativo muy similar a la apertura de un curso académico.
Este acto se inicia con una recepción con honores a la llegada de SS. M.M los Reyes y otros miembros de la Familia Real, que previamente han sido escoltados en su carrera; es decir, se les ha cubierto carrera, a modo de honores, por una unidad de las Fuerzas Armadas.
Posteriormente, se realiza un acto solemne en el interior del hemiciclo (así se conoce en la jerga parlamentaria y periodística al lugar en donde se reúnen las Cortes Generales para ejercer la soberanía popular) para, una vez finalizado, volver al exterior para presenciar un desfile militar, que simboliza, en su conjunto, la plena integración de las Fuerzas Armadas en la sociedad a la que sirven.

Cobertura de carrera y cordón de honor
Otra actividad que la sociedad encarga a las Fuerzas Armadas, y que acabo de mencionar, pero merece la pena destacar, es la cobertura de carrera en diversos acontecimientos de gran solemnidad, casi nunca relacionados específicamente con la institución militar, sino con autoridades o acontecimientos sociales de relevancia: la cobertura de carrera y, en menor medida, los cordones de honor. Un ejemplo de ello es el anteriormente citado en la llegada de los Reyes al Congreso de los Diputados en la ceremonia de apertura de legislatura, que comentaremos más adelante, o las diversas bodas reales y, más concretamente, la de SS. AA. RR. los Príncipes de Asturias, el pasado año.
Los cordones de honor se dan en determinadas circunstancias o ante hechos de relieve que, sin requerir unos honores militares como tal, si requieren la distinción de una autoridad, personalidad o hecho importante.

Conferencias y cumbres
Por último, para no ser excesivamente exhaustivo, también organizamos o formamos parte de la organización de cumbres, encuentros y reuniones del más alto nivel. No sólo las protagonizadas por el propio ministerio, que son continuas y, por tanto, un hecho habitual en nuestra vida cotidiana.
Ejemplos de ello son las conferencias de carácter cultural o de hermandad, dirigidas también a la sociedad. Entre las más recientes podemos destacar la III Semana Iberoamericana sobre Paz, Seguridad y Defensa, que acaba de celebrarse en Madrid, o el Seminario sobre Seguridad en el Mediterráneo, que inauguraremos el próximo lunes en Barcelona, por no mencionar reuniones ministeriales o interministeriales del más variado nivel y temática.
Y, como no, la XV Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Salamanca y de la cual, quien les habla, forma parte de la Comisión Ejecutiva que preside el Secretario General de la Presidencia del Gobierno, y que cuenta con una oficina de apoyo de gestión protocolaria integral de la que forman parte, entre otros, varios militares. En esa cumbre, como digo, las Fuerzas Armadas no sólo participarán como elementos esenciales para la rendición de honores, sino que, como digo, oficiales de esta institución están integrados plenamente en el planeamiento y desarrollo de los acontecimientos que en ella se desempeñen. Ello sin mencionar los cuatro militares que, en la actualidad forman parte del equipo de protocolo de la Presidencia del Gobierno, y de los muchos otros que integran ese mismo equipo en la Jefatura del Estado.

El Cano, embajador flotante
Y, realmente, no puedo dejar de mencionar un elemento que representa a España y su sociedad, civil y militar, por todas las aguas del mundo y por todos los puertos.
El Buque escuela Juan Sebastián de El Cano, flotado n Cádiz en 1927, ha recorrido los mares en muy diversas singladuras ejerciendo de Embajador de España en cientos de puertos por todo el mundo, con una dotación de guardiamarinas, alumnos de la Escuela Naval Militar.
Sin ir mas lejos, el pasado mes de mayo, con ocasión de su entrada en el puerto de la Ciudad de Nueva York, el Ministro de defensa dio una recepción a bordo a la que se invitó a diversas autoridades norteamericanas, pero sobre todo a la sociedad española presente en esa ciudad y en sus proximidades, llevando un pedazo de nuestra querida Patria a esas lejanas tierras. La emoción con que se celebró esa recepción fue tal que supuso una enorme inyección de moral a esa sociedad, esa parte de España en el exterior que tanto echa de menos su tierra.
Baste decir como dato que el “El Cano” ha hecho 76 cruceros de instrucción y ha completado 10 vueltas al Mundo, y el ceremonial protocolario que realiza, de acuerdo con la tradición marinera universal y con el ceremonial marítimo, es de una belleza insuperable que atrae a muy diversas personas de todo tipo y condición.

Conclusiones
Ya, para finalizar, quisiera concluir con esta breve pincelada que las Fuerzas Armadas españolas han sabido y, lo que es más importante, han querido adaptar sus usos y costumbres, su ceremonial y su protocolo a la sociedad española.
Era, desde luego, una propia exigencia: o formar parte plena de la sociedad, o separarse y formar un gueto. Las exigencias de un mundo moderno, de una sociedad democrática y civilizada, no permiten disensiones ni elementos que causen temor o sean elementos desconocidos; hemos nacido de la sociedad y a ella pertenecemos. Por tanto, estamos a su pleno servicio; tanto en los aspectos militares como en otros que, en apariencia menos importantes, tienen una decidida repercusión en la vida social, como es el protocolo, el ceremonial y la gestión integral de eventos.

Autor: Alfredo A. Rodríguez Gómez. Director de Protocolo del Ministerio de Defensa del Reino de España. Conferencia celebrada en el VI Congreso de Protocolo. Buenos Aires. Septiembre de 2005

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Tate Shakai: Vivir y trabajar en una sociedad vertical

Domingo, 8 de marzo de 2009 Sin comentarios

Con limitadas excepciones, las relaciones humanas en Japón, en particular las formales y profesionales, se basan en relaciones “verticales” o de superior a subordinado entre las personas involucradas. Por supuesto, no hay nada extraordinario en una sociedad basada en una disposición jerárquica de superiores e inferiores. La mayoría  de las sociedades, si no es que todas, se basan poco más o menos en esta estructura. Lo que hace que la “sociedad vertical” de Japón sea diferente es que siempre hay una sola relación característica entre los individuos y los grupos, o no hay ninguna relación. El carácter de ésta relación, o la ausencia de una relación, es lo que sustenta no sólo la etiqueta y la ética de los hombres de negocios japoneses, sino también la mayor parte de la conducta “japonesa”.
La frase de la “sociedad vertical” fue empleada por vez primera por Chie Nekane, profesora de antropología social del Instituto de Cultura Oriental de la Universidad de Tokio, en su fascinante libro Tate Shakai no Ningen Kankei (Las relaciones humanas en una sociedad vertical).
La profesora Nekane considera a la estructura de superior-subordinado de la sociedad japonesa, basada en rangos “centrados en el ego”, como base primordial para el orden social en el país, modelando no sólo las actitudes y la conducta, sino dominando también todo lo demás: el carácter, la personalidad, la profesión, la capacidad, los logros.
Si los rangos de una estructura de superior-inferior son un lado de la moneda social en Japón, el otro lado es un impulso igualmente profundo y penetrante entre los japoneses, para formarse a sí mismos e identificarse con los grupos sobre la base de la proximidad y la actividad. Tanto los rangos como los grupos, como mecanismos sociales y económicos, tienen profundas raíces en la cultura de Japón. Desde los tiempos antiguos, la sociedad japonesa se dividía en clases, clanes y grupo9s ocupacionales muy marcados. Cada una de éstas categorías y todos los miembros de ellas estaban clasificados por rangos conforme a una escala vertical, empezando con el trabajador o servidor de menor rango y ascendiendo hasta el amo o jefe inmediato, el jefe de la aldea o población, el señor del clan y, por último, hasta el Emperador mismo.
Durante la época feudal de Japón (que no terminó sino hasta el año 1868), estas afiliaciones a un grupo eran en su mayor parte hereditarias y rígidamente exclusivas, lo que significaba que, en su mayor parte, un individuo sólo podía mejorar dentro de su propio grupo inmediato.
Con la caída del gobierno feudal en 1868 y con el inicio subsiguiente de la industrialización, fueron abolidos tanto los clanes como los sistemas hereditarios de clases. Durante las siguientes décadas, la sociedad japonesa sufrió profundos cambios, y las empresas comerciales y las vastas burocracias gubernamentales reemplazaron las funciones tanto económicas como políticas de los clanes tradicionales. En esta nueva situación abierta, la base para agrupar y clasificar por rangos a los individuos cambió de una posición por derecho de nacimiento a lso antecedentes educacionales y el éxito económico en el mundo mercantil. Sin embargo, no cambiaron ni el concepto ni la mecánica de la relación de inferior-superior entre las personas. Simplemente se transfirieron al nuevo orden burocrático e industrial.
Durante la prolongada Era Feudal de Japón (1192 -1868) este principio de superior-subordinado casi siempre se expresaba en los contextos de los negocios con los vocablos de oyabun que significa “Jefe”, “patrón” o “amo” y  kobun, que significa “seguidor”, “servidor” o “empleado”. Los propietarios de tiendas, fábricas y restaurantes; los jefes de las cuadrillas de la construcción; las organizaciones políticas; e incluso los jefes de grupos criminales, eran los oyabun. Sus empleados o seguidores eran los  kobun. Oya significa “padre”, mientras que ko significa “niño”, lo que es indicativo de la connotación de estas palabras.
Desde tiempso antiguos, la relación entre el  oyabun  y el  kobun por lo general era un arreglo a largo plazo, a menudo durante toda la vida, y era intensamente personal, incorporado en la relación los elementos padre-hijo, amo-servidor y señor feudal-esclavo. Cualquiera  que fuese la naturaleza exacta del vínculo, cada grupo de oyabun-kobun funcionaba como una sola unidad, en la cual las vidas de los miembros y de sus familias estaban íntimamente ligadas. Por consiguiente, el sistema ejercía un efecto estabilizador sobre la sociedad, tanto política como económicamente, y también actuaba como un medio muy eficaz para transmitir las artesanías y la tecnología de negocios de una generación a la siguiente.
En el sistema de  oyabun-kobun, el progreso y la autoridad por lo común se basaban primero en al antigüedad y en segundo lugar en el talento y los logros. En una empresa propiedad de la familia, la sucesión normalmente era del padre al primer hijo o yerno; pero si el heredero de la familia era incompetente, el empleado de más alto rango administraba el negocio.
Aún cuando el sistema apoyaba y protegía a los miembros menos capaces de la sociedad, tendía a sofocar el potencial de aquellos que poseían talento y ambición, pero que no estaban en línea para suceder al amo. Si único recurso era alejarse del grupo e iniciar su propio grupo, lo que no era fácil en el Japón feudal, cuando esa conducta estaba prohibida o estrictamente limitada.
El sistema de oyabun-kobun aún sigue vigente en Japón en nuestros tiempos, a pesar de que no siempre se le describe oficialmente como tal. En muchas tiendas y grupos de trabajo, y en las pandillas de maleantes, todavía se refieren con toda deferencia al jefe llamándolo oyabun y los empleados y los miembros del grupo se comportan con los mejores modales del  kobun. Las películas del período, en las cuales el sistema de oyabun-kobun es uno de los principales aspectos, son eternamente populares entre los millones de japoneses aficionados al cine y la televisión.

Autor: Boye de Mente en “La etiqueta y la ética japonesas en los negocios” Cap. 2 Ed. Mc Graw Hill, Méx. 1992.

Sempai-Kohai: seniors y juniors

Domingo, 8 de marzo de 2009 Sin comentarios

En el Japón de nuestros tiempos, la relación de superior-subordinado entre los individuos puede ser muy conspicua, o bien tan sutil que a un extraño le resultará difícil discernirla y mucho menos apreciarla. Pero está allí y es muy poderosa.
En la actualidad, el concepto vertical de superior-subordinado se expresa casi siempre tanto en la situaciones de negocios como en las educacionales, con los términos de  okay  o “junior”, y  semphai o “senior”. En el vocabulario japonés hay un palabra que significa “igual” doryo, pero se usa muy rara vez porque prácticamente siempre hay algo que hace que una persona sea superior o inferior a otra. En efecto, las sociedades iguales en los negocios son muy raras en Japón, debido a que son muy pocos los individuos que pueden funcionar como iguales.
La base de la relación semphai-kohai es educacional y económica, además de que incluye al factor tiempo. Se relaciona específicamente con las escuelas a las cuales ha asistido la persona, con el año de su graduación, el nivel educacional alcanzado, en donde tuvo lugar su experiencia en relación con cualquier otro individuo específico, la organización para la cual trabaja, la longevidad con la compañía, el volumen y la importancia de la compañía ú organización, y el título o grado del individuo.
Mientras que la relación de superior-inferior les concierne específicamente a los individuos que asisten a la misma escuela o que trabajan en la misma organización (y aquellos que asistieron a la misma escuela y trabajan para la misma organización), la posición que un individuo adquiere por haber asistido a una universidad de prestigio y por estar empleado por una compañía importante o un ministerio del gobierno también lleva consigo una posición social general, para no mencionar los elevados ingresos que garantiza.
Aún cuando el individuo que se graduó de la escuela X, trabaja par ala compañía Y y ha llegado a un rango Z en la jerarquía administrativa, no está obligado a comportarse como un subordinado en cualquier contacto casual con otro individuo cuya escuela o empresa exceda en rango a las suyas, es muy probable que lo haga si se llega a conocer el “linaje” superior de la otra persona.
Por consiguiente, el sistema de superior-inferior basado en al educación/el trabajo que impera en Japón afecta a todos y cada uno de los individuos en el país, en una forma o en otra. Incluso el individuo que provienen de una familia opulenta y de “nombre” es nominalmente inferior a sus compañeros de clase señor en la escuela y más adelante a sus colegas señor en el trabajo.
Incluso si la compañía es propiedad e la familia, debe comportarse en la forma prescrita para los subordinados.

Kata-gaki. El rango lo es todo
La clave del sistema estructurado de superior-subordinado de Japón es el kata-gaki o “rango”. Todo y todos tienen un rango, ya sea dentro de la escuela a al que asisten o dentro de la organización para la cual trabajan, primero sobre la base de sus antecedentes educacionales, después e su antigüedad y, por último, de su capacidad de congeniar con los demás, de su personalidad y de su talento.
En el mundo de los negocios, así como en cierto número de profesiones, el rango específico de los individuos (los que tienen un rango) se expresa pro medio de títulos que por lo común terminan con el sufijo cho, que significa “jefe” o “líder”. Por encima de estos símbolos obvios del rango está la posición de compañía o de la organización en la cual el individuo tiene ese rango. Mientras mayor es el rango de quien lo emplea, más elevada será la posición de cualquier individuo dentro de la organización. Esta posición se exhibe visualmente por medio de un escudo de la compañía o de la organización que usan en la solapa los empelados de la mayoría de las corporaciones importantes y de las oficinas de gobierno.

Autor: Boye de Mente en “La etiqueta y la ética japonesas en los negocios” Cap. 2 Ed. Mc Graw Hill, Méx. 1992.

Meishi: quien hace primero la reverencia

Domingo, 8 de marzo de 2009 Sin comentarios

El rango relativo entre los individuos en las empresas y organizaciones particulares, y en menor grado entre ellos y los extraños, determina no sólo la conducta, sino también los derechos, privilegios, responsabilidades y obligaciones del japonés individual.
Por consiguiente, para todos los hombres de negocios japoneses es muy importante saber cuál es el rango de las personas cono quienes están en contacto. Deben saber no sólo cuál es el rango personal de cualquier individuo en cuestión, sino también cómo se clasifica la organización que lo emplea. Una de las consideraciones en esto es que el jefe de sección de una compañía grande y poderosa “supera en rango” a un jefe de departamento de una compañía más pequeña y menos importante.
Esta necesidad vital de conocer el rango de la otra persona es la razón del uso y la importancia universales de la meishi o “tarjeta de negocios con el nombre” en el mundo de los negocios en Japón. La tarjeta le indica a quien la recibe el rango del individuo y algo acerca de la importancia de la compañía a la cual representa.
Después de recibir la tarjeta individual (con ambas manos y haciendo al mismo tiempo una ligera reverencia), cada recipiente se toma varios segundos para leer con cuidado el nombre de la compañía de la otra persona, su dirección y el título de la persona, antes de iniciar cualquier tipo de conversación. Además de revelar cuál de las dos personas es subordinada de la otra, estableciendo así el nivel de lenguaje que usará cada una de ellas, las tarjetas a menudo revelan áreas comunes que se pueden utilizar rápidamente para reforzar la nueva relación: direcciones de oficinas en la misma área, un familiar que trabaja para la otra compañía o para una subsidiaria y otros lazos personales por el estilo.
Los hombres de negocios extranjeros que hacen negocios con los japoneses deben estar enterados de la función y la importancia de la tarjeta, y saber cómo usarla. Debido a su función particular, hay una forma prescrita para el intercambio de tarjetas. La tarjeta se debe presentar cuando tienen lugar las primeras etapas de la presentación, de manera que el recipiente japonés pueda determinar la posición y rango de usted, así sabrá cómo responder.
El procedimiento normal es que el japonés le entregue su tarjeta y acepte al mismo tiempo la que usted le ofrece, la lea y después lo salude formalmente, por tradición haciendo una reverencia y con algunos comentarios apropiados. En l actualidad también es común que ambas partes se estrechen la mano y hagan una mutua reverencia. Por supuesto, este proceso se facilita si uno de los lados de la tarjeta incluye la traducción al japonés de su nombre, título y compañía; por supuesto, debe presentar su tarjeta “con el lado japonés hacia arriba”.
Es sorprendente ver cuántos hombres de negocios extranjeros llegan a Japón reciben visitantes japoneses en sus propias oficinas sin tener a mano tarjetas en idioma japonés. Esto no es una cuestión de cortesía; es un reflejo de su sentido de los negocios, de su propia imagen personal y la de su compañía, de su actitud hacia Japón y de muchas otras cosas más.
Además de que los hombres de negocios extranjeros no iniciados a menudo malinterpretan el papel de la tarjeta y hacen un mal uso de ella, el hábito occidental de estrechar al mano en el momento de conocer a alguien con frecuencia estropea una entrevista con los japoneses. El orden formal es intercambiar las tarjetas antes de hacer la reverencia y de estrecharse la mano.
Aún cuando no es algo demasiado serio, en especial si el apretón de manos va seguido de inmediato de la presentación de tarjetas, es un área en la cual los hombres de negocios extranjeros pueden ganar algunos puntos al demostrar que conocen y aprecian las costumbres japonesas.
Como resultado de la “sociedad vertical” de Japón, el rango invade las vidas de los hombres de negocios japoneses, en donde quiera que ese encuentren. Bromean entre ellos mismos diciendo que cuando juegan golf acostumbran darle primero al golpe a la pelota de acuerdo con su salario (antiguamente lo hacían de acuerdo con el capital de sus compañías).
En cualquier reunión, el hombre de negocios japonés está sujeto por las reglas del sistema de rangos de senior-junior y por la necesidad adicional de conservar la armonía. Lo que dice, la forma y el momento de decirlo, están determinados por su rango dentro del grupo.
Otra indicación gráfica de la atención que se le presta a la posición es la práctica común de hacer arreglos cuidadosos para sentar a los individuos conforme a su rango, tanto en las cenas formales como en otras funciones oficiales.

Autor: Boye de Mente. La etiqueta y la ética japonesas en los negocios. Capítulo 2 . Ed. Mc Graw Hill, México, 1992.