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Habatsu: la conducta de manera rigurosa

Domingo, 8 de marzo de 2009 Sin comentarios

A pesar de toda la coherencia e igualdad que revela la sociedad japonesa cuando la contemplamos desde el exterior, los japoneses de hecho están divididos en grupos grandes y pequeños, tanto económicamente como social y políticamente, y esos diversos grupos giran alrededor de las compañías individuales, los ministerios del gobierno, los hospitales, las escuelas y las diversas organizaciones. Estos miles de grupos separados tienen una importancia vital, porque al abrirles o cerrarles las puertas a los individuos, conservan en su poder las llaves del éxito para la abrumadora mayoría.
El éxito para todo sen Japón, exceptuando a algún raro individuo, radica en ingresar al grupo “adecuado”. En general, el individuo para ingresar a uno de esos grupos selectos de estructura vertical sólo desde abajo, cuando es joven y acaba de salir de la escuela. Las excepciones más sobresalientes han sido tradicionalmente las burócratas que se jubilan después de ocupar un alto cargo en el gobierno, debido al valor de la influencia que conservan con sus antiguos colegas junior en sus antiguas oficinas. Esta práctica se conoce comúnmente como  amakudari o “descender del cielo”.
Una implicación de la palabra amakudari es el que al renunciar al poder, el prestigio, la seguridad y la armonía de un puesto de viceministro, a cambio de la penosa incertidumbre del mundo comercial, implica un considerable descenso. Otra implicación, por supuesto, es que esos, “seres celestiales” pueden lograr cosas extraordinarias cuando es necesario hacer un trato con sus antiguos ministerios.
Otra nueva excepción a la costumbre establecida hace largo tiempo de permitir el ingreso de nuevos empleados o miembros del grupo sólo desde el nivel inferior se conoce como chuto saiyo, que significa “un nombramiento a mitad  de carrera”.
Empezando más ó menos en el año 1970, a muchas compañías les resultó conveniente salirse de su “sistema cerrado” para contratar ocasionalmente a un personal experimentado de edad madura, con la necesaria experiencia técnica: de allí la contratación “a mitad de carrera”.
No es de sorprender que, por lo general, a los empleados de la categoría de chuyo saiyo no se les trate como “empleados” regulares. Su salario puede estar uno o dos grados más abajo del que perciben los empleados regulares dentro de su propio grupo de edad (porque pagarles lo mismo sería “injusto” para los empelados que han estado con la compañía durante toda su vida de trabajo”) y que a menudo los demás empelados los discriminan en varias formas sutiles.
A pesar de las excepciones  de los amakudari y chuto saiyo en lo concerniente a las principales empresas (pero no a los trabajos en el gobierno) la mayoría de las compañías más deseables todavía está básicamente cerrada al ingreso de intrusos, con excepción de los jóvenes recién salidos de la escuela que ingresan en la parte inferior de la pirámide. Una vez que un individuo se ha convertido en miembro de una gran  compañía o de una organización de élite y ha pasado varios años allí, le resulta difícil o imposible convertirse en un miembro plenamente aceptado de otra organización.
Hay varias razones para esto. En un sistema en el cual las promociones, el ingreso, el prestigio, etc. se basan primordialmente en la antigüedad, un nuevo miembro que ingresa en cualquier parte, excepto desde abajo del nuevo miembro, puesto que sólo hay un número específico de oportunidades en los niveles administrativos y ejecutivos más altos.
Cuando un japonés renuncia a su puesto en una compañía grande y se cambia a otra –algo que es muy raro- no puede llevarse consigo sus conexiones personales y sus buenas relaciones. Generalmente hablando, jamás podrá desarrollar las mismas relaciones con sus nuevos compañeros de trabajo. Los gerentes japoneses que han cambiado de jefe y que han pasado más de 10 años con sus nuevas compañías, con frecuencia comentan que todavía los consideran como “intrusos”.
Por consiguiente, renunciar a una compañía grande y trabajar para otra, o ser transferido por una compañía matriz a una subsidiaria distante o a una nueva compañía que es una empresa colectiva, es una proposición muy seria para un gerente japonés, porque significa que lo han lanzado a la deriva, separándolo de los vínculos que significan lo máximo para él.
Puesto que los sistemas, tanto de grupo como de progreso, por antigüedad que existen en Japón formulan todo sobre una base personal, las relaciones humanas estrechas son el “cemento” de la sociedad japonesa, no sólo en los negocios, sino también en la vida privada. Una compañía no hará negocios con otra antes de que los gerentes que se involucrarán en el inicio y la continuación del negocio hayan desarrollado relaciones personales necesarias antes de establecer lazos de negocios con una nueva compañía es algo prescrito, meticuloso y que lleva mucho tiempo.

Autor: Boye de Mente. La etiqueta y la ética japonesas en los negocios. Capítulo 2 . Ed. Mc Graw Hill, México, 1992.

Precedencia entre diplomáticos

Domingo, 8 de marzo de 2009 Sin comentarios

En las ceremonias oficiales a las que asiste el Cuerpo Diplomático de forma colectiva, la norma protocolaria dispone que sea el Decano, el Embajador más antiguo o el Nuncio de Su Santidad por deferencia al poder espiritual de la Iglesia, el que vaya en primer lugar.
Después, se colocan los embajadores bilaterales incluidos los Altos Comisarios, por orden de antigüedad, seguidos de los Representantes Permanentes acreditados ante las organizaciones internacionales con sede en la misma capital y los Jefes de Delegaciones de organizaciones internacionales (del tipo de la UE, acreditados por la Comisión Europea). Todos ellos tienen categoría de Embajadores. Después, se colocan los encargados de Negocios titulares seguidos de los ad in-terim. Dentro de una misma categoría o rango, los agentes diplomáticos se ordenan siguiendo la antigüedad, es decir, fecha y hora de la presentación de sus Cartas Credenciales.
En las ceremonias de carácter especial, como podría ser la conmemoración de alguna fecha relevante para la Historia del país anfitrión (su independencia, su creación, etc.) los países invitados suelen enviar Misiones extraordinarias presididas por una personalidad nacional de alta categoría. esta puede ser desde un miembro de la Familia Real, si se trata de una monarquía, hasta un Ministro de Gobierno u otro dignatario de relieve. Estas representaciones del Jefe del Estado se deben hacer siempre de modo expreso y formal.
El Embajador, como máximo representante de su Jefe de Estado en el país extranjero, formará parte de la Misión extraordinaria pero cederá el paso al Presidente de la Misión, nombrado de forma expresa. El Gobierno del país de envío para evitar cualquier tipo de roce o problema entre el Enviado Extraordinario y el Embajador residente, cuidará que la categoría de Presidente de la Misión sea superior claramente a la del Embajador acreditado en el país anfitrión.
En determinados casos, cuando el Enviado nombrado sea un diplomático mayor en edad al Embajador bilateral, éste podrá cederle por deferencia la presidencia, contando con la conformidad de su Ministerio. El acuerdo final se comunicará a las autoridades del país sede.
Como simple referencia, la normativa que se sigue en España al respecto dispone que el Jefe de Misión debe ceder en estos casos la presidencia ante un miembro de la Familia Real, el Presidente del Gobierno, los presidentes del Congreso y del Senado, del Tribunal Constitucional, del Consejo del Poder Judicial, VicePresidentes y Ministros del Gobierno.
La precedencia de estas personas habrá de ser negociada y acordada con las autoridades competentes del país anfitrión para que su colocación corresponda con exactitud al lugar debido.
En el seno de una Embajada, es la legislación del país en cuestión la que determina el orden protocolario que debe seguirse en la colocación de sus miembros. En general, y éste es el caso español, después del embajador se coloca al Ministro Consejero, los Consejeros de Embajada y otros Consejeros sectoriales (representantes de Ministerios españoles por orden de su creación), Adjuntos de los Agregados militares (jefes de las oficinas militares o agregadurías), los Consejeros de embajada y otros Consejeros sectoriales (representantes de Ministerios españoles por orden de su creación) Secretarios de primera clase, Secretarios de segunda clase, Adjuntos de los Agregados militares y Agregados de las Consejerías sectoriales y Secretarios de tercera clase.
El Cónsul General de carrera, cuando asiste a un acto como organizador, se situará detrás del Embajador, que será quien lo presida. Los Cónsules de carrera pasan siempre delante de los honorarios.
De cualquier forma, será el Embajador quien dispondrá el orden de su personal diplomático de acuerdo con sus componentes, número y categorías.
Si se trata de formar una línea de saludo para dar la bienvenida a los invitados a una recepción oficial en la Embajada, se colocará en primer término el Embajador acompañado de su esposa, si fuera el caso, seguido del Ministro Consejero y del Agregado militar con sus respectivas esposas. esta línea, que no debe ser muy numerosa, se podrá adaptar a las razones que den motivo a la recepción en cuestión. Si el objeto de la reunión fuera por razones de carácter agrícola, comercial, turístico, etc. se incorporaría a la línea de saludo al Consejero sectorial correspondiente y su esposa, en sustitución del Agregado militar.

Autor: Tomás Chavarri del Rivero. Ha sido embajador de España en Francia. Posee entre otras condecoraciones la Gran Cruz del Mérito Civil (1979) Comendador de Número  de la Orden de Isabel la Católica (1975) y Comendador de Número de la Orden de Carlos III (1990). Protocolo Internacional  Ed. Protocolo.

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Precedencia entre Jefes de Estado

Domingo, 8 de marzo de 2009 Sin comentarios

Los Jefes de Estado, sean Reyes o Presidentes de República, tienen siempre el mismo rango y categoría. Su precedencia en un acto oficial se establece, por tanto, de acuerdo a la fecha de acceso al trono para un Rey, o de la toma de posesión de su cargo par aun Presidente de República.
Por eso, cuando varios Reyes y Presidentes de República asisten conjuntamente a un acto oficial y solemne en un organismo determinado, sea internacional o regional, toman su sitio cualquiera que sea el procedimiento establecido por la institución para colocar a los representantes de los países participantes en la reunión, siguiendo el orden de antigüedad de sus respectivos nombramientos como Jefes de Estado.
Tan sólo en casos muy excepcionales, el país donde se celebra el acto oficial puede aplicar otros criterios siempre que estén justificados y no supongan ninguna discriminación. Las razones o motivos para no aplicar la norma general pueden estar basados en factores de tipo personal o familiar.
Así, en el entierro del último Emperador de Japón, Hiro Hito, se dió preferencia en el cortejo fúnebre a aquellos Jefes de Estado que habían hecho una visita de estado al país (y por consiguiente ya habían establecido una cierta relación y conocimiento con el difunto Emperador). A continuación de éstos, se situaron los Jefes de Estado que habían visitado Japón sin carácter oficial y, por último, a todos los demás Jefes de Estado. Como se puede observar, las precedencias en este caso se hicieron sobre una base personal y sin afectar para nada la dignidad de los máximos representantes de las naciones asistentes.

Autor: Tomás Chavarri del Rivero. Ha sido embajador de España en Francia. Posee entre otras condecoraciones la Gran Cruz del Mérito Civil (1979) Comendador de Número  de la Orden de Isabel la Católica (1975) y Comendador de Número de la Orden de Carlos III (1990). Protocolo Internacional  Ed. Protocolo.

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