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Por qué Estados Unidos debe salir de Irak ya

Martes, 10 de marzo de 2009 Sin comentarios

¿Retirada inmediata o seguir como estamos? Ésa es la cuestión clave en este momento de la guerra en Irak. La opinión pública estadounidense está ahora en contra del conflicto. Desde la liberal Nueva Inglaterra, donde los ciudadanos han aprobado resoluciones en los ayuntamientos a favor del repliegue, al Sur y al Este conservadores, donde más de la mitad de los habitantes de los llamados Estados rojos (republicanos) se oponen a la guerra, los estadounidenses quieren marcharse de ese país. Es comprensible. El sueño prebélico de una democracia liberal en Irak, amiga de Washington, ya no es creíble. Ningún líder iraquí con suficiente poder y legitimidad para controlar el país será proamericano. Sin embargo, el presidente George W. Bush dice que EE UU debe mantener el rumbo. ¿Por qué? Consideremos los argumentos más populares de la Administración republicana para no abandonar Irak.

Si nos vamos, habrá una guerra civil. En realidad, ésta comenzó sólo semanas después de que las fuerzas estadounidenses derrocaran a Sadam. Cualquier observador podía verlo entonces; ahora, sólo los ciegos niegan la evidencia. Incluso el presidente Bush, que por norma es impermeable a los hechos desagradables, admitió recientemente que Irak se desliza hacia el abismo del conflicto civil. Debería aguzar la vista. Los iraquíes están luchando contra los iraquíes. Los insurgentes han matado más conciudadanos que estadounidenses. Eso es una guerra civil.

La retirada reforzará a los terroristas. Cierto, pero ése es el precio que estamos condenados a pagar. La ocupación continuada de Irak también fortalece a los asesinos, precisamente porque nuestra invasión convirtió el país en un lugar seguro para ellos. La invasión también dejó a los baazistas supervivientes ante una sola elección: rendirse o unirse a Al Qaeda. Escogieron lo último. Mantener el rumbo no cambiará este hecho. El resultado más plausible de la retirada es que los grupos suníes se vuelvan contra Al Qaeda y sus seguidores, echándolos definitivamente del país.

Antes de que las tropas de EE UU abandonen el país, las fuerzas de seguridad en Irak deben consolidarse. El problema no es la competencia militar. Es la consolidación política. Irak tiene un vasto cuerpo de oficiales con experiencia de combate en la guerra Irán-Irak. Las milicias del clérigo chií Múqtada al Sáder luchan muy bien sin asesores estadounidenses, como los peshmergas kurdos. El problema es la lealtad. ¿A quién pueden otorgársela los militares? Las facciones políticas en el país siguen siendo muy cambiantes. Así que cada soldado u oficial iraquí se arriesga a optar por el lado equivocado. El resultado es que la mayoría se mantiene a tanta distancia como es posible para cambiar de bando. Ni todos los entrenadores militares estadounidenses del mundo podrían modificar esa realidad. La estabilidad política, sí. A estas alturas debería estar claro que el poder sólo puede conseguirse a través de las pistolas y la guerra civil, no a través de elecciones o de colonialismo estadounidense por ventriloquia.

Establecer una fecha para el repliegue minará la moral de las tropas de EE UU. Esconderse tras el argumento de la moral de las tropas no muestra una buena disposición a aceptar las responsabilidades del mando. La verdad es que la mayoría de las guerras se acabarían antes si los soldados tuviesen la elección de continuarlas o no. Esto es aún más cierto en Irak, donde una retirada subiría la moral entre las fuerzas estadounidenses. Así lo muestra un reciente estudio de Zogby, que sugiere que las tropas de EE UU recibirían con alegría una fecha pronta para el repliegue. Pero la cuestión estratégica de cómo sacar a Washington del desastre iraquí no es un asunto a decidir por la tropa. Von Clausewitz distinguió entre dos tipos de valor: uno, valentía frente al peligro de muerte; dos, la disposición a aceptar las responsabilidades de las decisiones de mando. El primero es el que se espera de los soldados. El último debe exigirse a todos los superiores jerárquicos, incluido el presidente.

La retirada minaría la credibilidad de Washington en el mundo. Esto tenía sentido cuando EE UU era una potencia mediana. Pero es claramente falso en el caso de la única superpotencia mundial. Un cambio rápido de nuestra situación en Irak mejoraría la credibilidad estadounidense en el mundo. El mismo argumento se utilizó contra la retirada de Vietnam. Fue un error entonces y lo sería ahora. Desde el 11-S, la valoración mundial de EE UU ha caído en picado, la mayor bajada en un plazo corto en la historia. Washington despierta ahora tanta simpatía como Rusia. Retirarnos y admitir nuestro error podría revertir esta tendencia. Pocos países tienen esa capacidad de enmienda. Serví como agregado militar en la Embajada estadounidense en Moscú durante el asunto Watergate. Cuando Nixon dimitió, varios oficiales soviéticos, que habían expresado previamente su desprecio por EE UU, me dijeron que estaban sorprendidos.”Sólo su país es lo bastante poderoso para hacer eso. El mío se destruiría”, dijo un diplomático.
Aunque dolorosos, hay que reconocer dos hechos o seguiremos confundidos de forma peligrosa. Primero, no nos convenía invadir Irak. Les interesaba a Irán y a Al Qaeda. Para Teherán, era una venganza contra Sadam por invadir su territorio en 1980. Para Al Qaeda, era más fácil matar americanos. Segundo, el conflicto ha paralizado a Washington diplomática y estratégicamente. Aunque las relaciones con Europa muestran leves signos de mejoría, la alianza transatlántica podría no sobrevivir a la guerra. Sólo con un rápido repliegue, Washington obtendrá un margen de maniobra diplomático y militar. Atrapados como Gulliver en las arenas de Mesopotamia, no podemos atraer la necesaria cooperación para ganar la guerra contra el terrorismo. La condición previa para mejorar las cosas es salir de Irak.
De hecho, el repliegue puede ser nuestra única oportunidad para arreglar la situación en ese país. Para empezar, si nos retiramos, los políticos europeos estarían más dispuestos a cooperar con nosotros en una estrategia para el Gran Oriente Medio. Después, todos los vecinos de Bagdad responderían de manera más favorable a una oferta para estabilizar la situación. El más importante, Irán. Desprecia a Al Qaeda tanto como nosotros. Desea el equilibrio en la región tanto como nosotros. Quiere producir más petróleo y gas y venderlos. Si sus líderes aspiran a tener el arma nuclear, no podemos pararles. Pero podemos atraerlos. Ninguna de estas posibilidades es viable a menos que dejemos de hundirnos en la gran duna iraquí. Washington debe retirarse ya.

por William Odom. Teniente General retirado, investigador principal en el Instituto Hudson y profesor en la Universidad de Yale (Massachussetts). Fue director de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de 1985 a 1988. Publicado en Foreign Policy Edición Española, N° 15, junio-julio 2006, pp. 77-78

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En Latinoamérica no todos los caminos llevan a Washington

Martes, 10 de marzo de 2009 Sin comentarios

El Secretario de Estado adjunto para asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, fue el primer alto funcionario de Washington en reunirse con el presidente boliviano Evo Morales, en la víspera de su toma de posesión el 22 de enero. Sin embargo, más de un año antes de que el veterano diplomático estadounidense ofreciese una rama de olivo al líder de los cocaleros—que culminaba su ascenso con una victoria electoral en diciembre—, el presidente brasileño había enviado a su consejero para asuntos internacionales, Marco Aurelio García, a pedir garantías a Morales de que su plan de nacionalización de los recursos energéticos de Bolivia no incluiría la expropiación de empresas extranjeras.
El mayor inversor extranjero y el mayor exportador de Bolivia es la compañía estatal brasileña, Petróleo Brasileiro, SA, Petrobras, y el segundo, la española Repsol-YPF. Exxon- Mobil es una más entre otras muchas, como la francesa Total SA y las británicas BG Group y BP PLC.
El ranking de inversores extranjeros muestra cómo ha cambiado la región desde los años 90, cuando toda su atención se centraba en las relaciones políticas y económicas con Estados Unidos. Hoy no todos los caminos llevan a Washington; algunos llevan a Brasilia, Madrid o Pekín.
Distintas zonas de Latinoamérica se han convertido en campo de juego de empresas multinacionales, todas ellas en busca de concesiones de minería y petróleo. La competencia impregna las inversiones, el comercio y la política de Latinoamérica. Los beneficios de los elevados precios de las materias primas han provocado un auge inesperado en muchas economías, situando a algunos países en la senda de la independencia financiera. Mientras que hace cinco años, los gobiernos luchaban para pagar un déficit comercial de 44.000 millones de dólares, el año pasado la región obtuvo 37.000 millones de dólares de superávit. Las empresas españolas, en su afán por convertirse en actores destacados de la economía global, son las que han ido abriendo este camino.
Sin embargo, en el futuro de Latinoamérica persisten algunas sombras: los problemas aparentemente insolubles de la pobreza y la desigualdad; las implicaciones del giro político a la izquierda; la incapacidad de aprovechar la globalización para beneficiar a la región en su conjunto; la necesidad de encontrar una nueva agenda y un nuevo liderazgo regional.
“Cuando finalizamos la Cumbre de las Américas [en 1994], teníamos una única agenda”, explica Donna J. Hrinak, que culminó su carrera diplomática como embajadora de EEUU en Brasil, antes de convertirse en asesora y directora de Kissinger McLarty Associates, en Washington y Miami. “Hoy hay muchas agendas distintas”.

EVITAR EL CALLEJÓN SIN SALIDA: POBREZA Y DESIGUALDAD

El esfuerzo de varias generaciones de ministros de Economía y presidentes de bancos centrales ha logrado estabilizar la economía, dominar la inflación, reducir el gasto público y equilibrar las balanzas por cuenta corriente. Sin embargo, muchos países de la región se encuentran en un punto muerto, puesto que el moderado crecimiento económico no ha permitido erradicar los problemas de los más desfavorecidos.
“La pobreza y la desigualdad constituyen una cuestión de primer orden para la región”, afirma Joseph S. Tulchin, investigador del Programa Latinoamericano del Woodrow Wilson Center for International Scholars.
Más de veinte años de neoliberalismo, un conjunto de medidas que llevaron la estabilidad a unas economías inflacionarias y permitieron la liberalización del comercio y la desregulación y privatización de las empresas públicas, sólo ha conseguido una pequeña reducción del número de pobres. El último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, hecho público en Santiago de Chile, anunciaba una tasa de pobreza para la región de algo más del 40% en 2005, con casi la mitad de esa población viviendo en la miseria. Estas cifras suponen una mejora respecto al 48% de 1990, pero están lejos de los Objetivos del Milenio, que aspiraban a rebajarla a la mitad para 2015. Chile sigue siendo el único país que ha disminuido de forma constante el número de pobres: de más del 40% en 1990 hasta el 18% actual.
La enorme pobreza, atrincherada en ciudades que crecieron a gran velocidad en los 90, ha encendido la chispa de las protestas callejeras que, a su vez, han apeado del poder a presidentes de Argentina, Ecuador y Bolivia y amenazaron el mandato de Alejandro Toledo en Perú. Incluso en aquellos países en los que la pobreza no se ha traducido en malestar social, está reforzando la posición de los políticos de izquierda en las elecciones presidenciales, algo que tiene poco que ver con aquella democracia prevista hace una década.
“Lo que estamos viendo ahora son expectativas, pero no políticas que puedan satisfacer esas expectativas”, señala Joy Olson, consejero del Departamento de Estado estadounidense para asuntos de Latinoamérica.
Políticos y analistas están de acuerdo en la necesidad de mayores reformas. Sin embargo, no existe consenso sobre el tipo de reformas para atajar la pobreza y la desigualdad.
Los partidarios del neoliberalismo reprochan a la región el no haber puesto en marcha cambios como la flexibilización de la rígida regulación del mercado laboral o la modificación de las políticas fiscales para incrementar los recursos públicos. A pesar de las medidas liberalizadoras, sigue siendo demasiado complicado crear una empresa, solicitar un préstamo o incluso transportar mercancías a otros países de Latinoamérica. Otros insisten en que los gobiernos deben prestar atención a la calidad del gasto público para mejorar las infraestructuras, la educación y los servicios sociales.
En las calles, los manifestantes piden más empleos y mejores salarios e instan a sus gobiernos a que abandonen cualquier vestigio de las políticas económicas que en el pasado recomendaron el FMI y Washington.
Brian Latell, investigador asociado del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, advierte que Washington ha olvidado promover los “ingredientes de la democracia”, como el Estado de Derecho, el buen gobierno, la lucha contra la corrupción y la mejora de los servicios sociales, imprescindibles para establecer vínculos y lealtad entre el pueblo y los gobernantes.
El consenso sobre la necesidad de que Latinoamérica mejore su gobernabilidad va unida a la preocupación por la pérdida de competitividad de la región, especialmente respecto a China e India. Ha disminuido el gasto en infraestructuras, así como en educación y sanidad. En los años 80, el gasto en infraestructuras rondaba el 3% del PIB; en la actualidad, no llega al 1%. La política económica se desliza hacia el terreno político. “Ha habido muy poco éxito [en la lucha contra la pobreza] y, en consecuencia, la política se ha polarizado”, señala Tulchin.

DISTINTAS DIRECCIONES: LATINOAMÉRICA GIRA A LA IZQUIERDA

Los votantes se están alejando de la dirección que marcaron en los años 90 y están optando por líderes izquierdistas, como Morales. La elección de Oscar Arias, candidato a la presidencia de Costa Rica favorable al libre comercio, parecía que era cosa de coser y cantar. Sin embargo, la reciente elección presidencial frente al economista Otton Solís tuvo un final muy reñido, una señal de la profunda insatisfacción del votante con el statu quo. Este año también se celebran elecciones presidenciales en Perú, México y Brasil: en todas las contiendas hay un candidato de izquierdas.
Los líderes izquierdistas van desde Michelle Bachelet, de Chile, que mantiene cordiales relaciones con Washington, hasta el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. “La disputa aparece sólo cuando los vecinos de un país se sienten amenazados”, señala Latell.
Washington está a la espera de ver qué camino toma Morales en Bolivia, pero parece claro que la dilatada lista de inversores presentes en su economía constituye un contrapeso ante la adopción de medidas extremistas.
En un gesto simbólico, cien días después de llegar al poder, Morales ha hecho realidad su promesa electoral de nacionalizar las inversiones energéticas extranjeras. El anuncio fue acogido con aclamaciones en su país, protestas de Gobiernos vecinos y advertencias por parte de las empresas petroleras globales de que llevarán a Bolivia ante los tribunales internacionales. Pero los detalles de la nacionalización todavía son inciertos, y tras una precipitada cumbre, ha quedado claro que los implicados todavía prefieren la negociación a la confrontación.
“Soy optimista, pues las reformas del mercado pueden tener lugar incluso con gobernantes de izquierda”, explica Javier Corrales, profesor de Ciencia Política del Amherst College de Massachusetts (EE UU), aunque dependerá, añade, del tipo grupos que dé apoyo a cada gobierno.
La principal nota discordante es la creciente retórica y hostilidad entre el gobierno de Chávez y la Administración Bush. La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, declaró recientemente que la región necesitaba un “frente unido” contra la intromisión de Venezuela en los asuntos de los demás. Latell precisa, asimismo, que los movimientos de Chávez se realizan al dictado del presidente cubano Fidel Castro. Sin embargo, el general Bantz Craddock, jefe del Mando estadounidense del Sur, intentaba rebajar el tono en una reciente conferencia sobre seguridad celebrada en Miami. “La situación en estos momentos exige hechos no palabras”, puntualizaba Craddock.
Pese al enfrentamiento entre el Gobierno Chávez y la Administración Bush, Venezuela continúa abasteciendo una quinta parte de las necesidades energéticas de EEUU, y sigue enviando su crudo pesado, de difícil refino, a las plantas estatales venezolanas, especialmente equipadas, situadas en la región del Golfo de EEUU.
Si Washington está preocupado por Chávez, los inversores parecen estarlo ante la posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), de centro izquierda, gane las elecciones presidenciales de México que se celebrarán en julio, o por que Anthony Garotinho, populista brasileño, pueda participar, en octubre, en la carrera presidencial contra Lula.
Es como si la nueva izquierda hubiera iniciado ya un diálogo con Wall Street. El día en que López Obrador presentaba oficialmente su programa, en un mitin en el Estado de Guerrero, prometía luchar contra la pobreza y controlar el gasto público. “Espero que la gente sepa y quiera escuchar”, declaraba el antiguo alcalde de la Ciudad de México. “Habrá una economía de mercado, pero el Estado fomentará el desarrollo social para luchar contra las desigualdades”.
En lugares como Brasil o Perú, la llegada de presidentes de izquierda no ha supuesto una vuelta al pasado. “Muchos tenían miedo a Toledo y, sin embargo, hemos obtenido los mejores resultados de los últimos 50 años”, precisa Roberto Danino, ex consejero del Banco Mundial y antiguo primer ministro bajo el mandato de Toledo. Si bien los índices de popularidad del presidente se sitúan sobre el 20%, el crecimiento económico alcanzó el 6,7% en 2005 y sus exportaciones se han triplicado, gracias, en parte, al incremento de los precios del cobre y otras materias primas.

LAS MULTINACIONALES SE ABREN CAMINO EN LATINOAMÉRICA

Las escenas de neumáticos incendiados, carreteras bloqueadas y airados manifestantes en países como Bolivia contrastan con el optimismo y la actividad en el mundo de los negocios.
Las empresas y los inversores han iniciado la carrera hacia Latinoamérica a toda velocidad, impulsando una subida del índice del mercado regional de valores de un 47% en 2005 y de un 12% en el de bonos. Las multinacionales han tejido una compleja red de inversiones, creando una serie impresionante y creciente de activos e intereses estratégicos.
Esta oleada de optimismo sobre la estabilidad regional ha impulsado el mercado de bonos de los mercados emergentes. “Existe esa euforia en todos los mercados de bonos”, afirma Christian Stracke, jefe de investigación de mercados emergentes de CreditSights, una firma independiente de Wall Street.
Incluso el Gobierno chino ha empezado a comprar bonos de mercados emergentes con sus reservas de divisas. Hasta el momento, las compras han sido escasas. “Sin embargo, una pequeña cantidad de 800.000 millones de dólares [en reservas externas] es mucho”, precisa Stracke.
A pesar de que el comercio con China representa sólo el 4% del total de la región, 20.000 millones de dólares en 2004, la demanda china de materias primas, unida a la recuperación del resto de Asia y Estados Unidos ha incrementado los precios de los productos básicos en todo el mundo. Una compañía minera como el Grupo México no necesita exportar a China para recoger los beneficios extraordinarios procedentes de los altos precios del cobre.
Las exportaciones han impulsado el crecimiento económico anual medio de Latinoamérica y el Caribe hasta una cifra record del 5,9% en 2004 y lo mantienen a un ritmo sostenido, por encima del 4,6% en 2005 y del 4,4% previsto para 2006, un contraste positivo con los niveles de casi estancamiento registrados entre 1998 y 2003.
Las compañías chinas y otras empresas internacionales compiten para asegurarse las concesiones de minería y energía. La inversión extranjera directa en el sector minero de Argentina alcanzó los 800 millones de dólares el año pasado. En Colombia, Barrick Gold está considerando la posibilidad de reabrir sus minas de oro abandonadas. Una joint venture entre la China National Petroleum Corp. y la China Petroleum y Chemical Corp. logró la adjudicación, frente a una firma india, de los intereses petrolíferos en Ecuador de Encana Corp., una compañía con base en Canadá.
Codelco, la empresa estatal chilena de cobre, y la china Minmetalls firmaron en febrero un contrato por el cual la primera suministrará 836.000 toneladas de cobre a China, durante los próximos 15 años, por 2.000 millones de dólares. Minmetals cuenta, asimismo, con opción a compra de entre un 25% y un 49% de una mina de Codelco que estará en funcionamiento en 2009. Endesa International está construyendo una planta térmica, TermoFortaleza Power Project, en el desfavorecido noreste brasileño.
Una investigación reciente realizada por KPMG LLP revela que los gestores de fondos de inversión privados se muestran optimistas y pronostican un incremento de las inversiones del 25% o superior en la región, en 2006.
Según Dealogic, las fusiones y adquisiciones con compañías latinoamericanas han pasado de 8.900 millones de dólares, en 2004, a 10.900 en 2005, mientras el número de operaciones aumentó de 140 a 155. “En un 94% de ellas participan Brasil, Argentina y México”, afirma Víctor Esquivel, jefe de los servicios de asesoría financiera de KPMG en México. “En esos países, existe liquidez y compañías con claros planes de expansión”, como es el caso de la argentina Techint, que ha comprado la acería mexicana Hylsa.
Las españolas han sido las pioneras; muchas son compañías estatales de servicios públicos que llegaron a la región en los 90 cuando se pusieron a la venta numerosas empresas públicas. Los riesgos eran elevados; algunas operaciones fueron absolutos fracasos como la adquisición, por Iberia, de las líneas aéreas de Argentina y Venezuela. Otras fueron muy lucrativas, como la compra por Telefónica de las compañías de telefonía de Perú y Argentina.
“Se trata de sectores muy regulados, muy visibles, altamente politizados. Hay que ser capaz de negociar con los gobiernos. Es muy arriesgado, pero los beneficios son enormes,” señala Mauro Guillén, catedrático de Gestión Internacional de Empresas en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania. “Obviamente se aprende, la experiencia acumulada es muy importante”, añade Guillén.
Las buenas inversiones se vuelven en contra cuando las condiciones económicas se debilitan, como ocurrió con el desplome financiero de Argentina, en 2001, que hizo que las compañías españolas se lanzaran a presentar una avalancha de reclamaciones ante el Centro Internacional para la Resolución de Conflictos sobre Inversiones, del Banco Mundial, contra la devaluación del peso decretada por el Gobierno.
No obstante, su experiencia en Latinoamérica ha permitido a las empresas españolas aumentar su dimensión. Santander y BBVA son no sólo los mayores bancos de la región —y además, muy rentables—, sino que Santander es, también, uno de los 10 mayores bancos del mundo. Telefónica, a su vez, es la mayor compañía de telecomunicaciones de la zona y la tercera mayor del mundo. La expansión también ha permitido aumentar los beneficios de Petrobras, hasta los 11.200 millones de dólares en 2005, la cifra más alta alcanzada hasta ahora por una empresa en la región.
Las firmas estadounidenses, por su parte, tampoco dan marcha atrás. “Se habla mucho de los aspectos negativos”, señala Kathleen C. Barclay, presidenta de la Asociación de Cámaras de Comercio de Latinoamérica. “Sin embargo, las empresas de EEUU están haciendo bastantes negocios”. Barclay, directiva de Asesorías KCB Ltda., una consultora internacional de Santiago, considera la proliferación de inversores extranjeros como un factor de estabilidad.

CÓMO APROVECHAR LA DEMANDA GLOBAL PARA BENEFICIAR A LA REGIÓN

La codicia de China por el mineral de hierro, el cobre, el petróleo y la soja ha servido para impulsar el crecimiento, liderado por las exportaciones, de Argentina, Brasil, Chile y Perú. Pero incluso los países que se enfrentan a la competencia feroz de los productos de consumo chinos, desde México hasta Ecuador y Colombia, se han beneficiado de los altos precios de las materias primas.
El factor China ha servido para otorgar a los países latinoamericanos independencia, tanto financiera como respecto al Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus dictados económicos. El dinero procedente de las exportaciones va a parar a las reservas de divisas de Argentina y Brasil, lo que ha permitido a ambos países liquidar su deuda con el FMI.
Brasil anunciaba recientemente su intención de recomprar 6.600 millones de dólares de sus bonos Brady; Venezuela y Colombia también han declarado su intención de recomprar los bonos Brady que permanecen en el mercado desde la crisis de los 80. Venezuela, gracias a los beneficios del petróleo, calculados en 33.000 millones de dólares para 2006, ha empezado a prestar dinero a sus vecinos, comprando nuevas emisiones de deuda de Argentina y más de 300 millones de dólares de deuda en Ecuador.
Brasil, que recibe de Bolivia la mitad del gas natural que consume, planea firmar acuerdos de inversión y cooperación con YPFB. Superadas las dudas iniciales, Repsol-YPF también ha prometido realizar nuevas inversiones.
Tulchin afirma que “la estabilización económica y los procesos de liberalización de los 90 han permitido a los países latinoamericanos participar en el mercado global”.
Existen riesgos. China e India o Estados Unidos podrían tropezar provocando el hundimiento de la demanda mundial y dejando a los países latinoamericanos con recursos naturales sin sus beneficios. No obstante, Latinoamérica está en estos momentos ganando dinero en lugar de ser el último eslabón de la cadena de préstamos internacionales.

EL CAMINO HACIA LA INTEGRACIÓN REGIONAL: UNA CARRETERA LLENA DE BACHES

La propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas se encuentra hoy en punto muerto.
Los defensores del libre comercio han tenido que reducir sus aspiraciones de establecer un bloque comercial regional con sede en Washington, aunque sigue habiendo algunos países dispuestos a avanzar al unísono con Estados Unidos. Perú finalizó en diciembre sus negociaciones para alcanzar un acuerdo bilateral, mientras que Colombia lo hizo a finales de febrero. Las negociaciones con Panamá y Ecuador siguen en la agenda. Los acuerdos peruanos y colombianos pueden pasar sin dificultad por el Congreso de EEUU, como fue el caso del acuerdo chileno de libre comercio, pero también podrían tropezar con una fuerte oposición, como en el caso del Acuerdo de Libre Comercio con Centroamérica y la República Dominicana el verano pasado.
“En todas partes se ha marchitado la rosa de la globalización,” señala Gary Hufbauer, un experto en comercio del Institute for International Economics de Washington. “Los acuerdos de libre comercio son uno de los sellos de marca de la globalización”.
Igual que Estados Unidos y Europa, Latinoamérica debe competir con China. Brasil, Argentina, Perú y Chile concedieron a China, a finales de 2004, el estatus de economía de mercado. Sin embargo, mientras que las exportaciones chinas, especialmente de ropa y calzado, han entrado a raudales a la región, Brasil todavía está esperando las infraestructuras prometidas por el presidente Hu Jintao en su visita oficial de 2004, y en los últimos meses ha pedido a China reducciones voluntarias de sus exportaciones de textil y calzado.
Los intentos de integración de los países de la región han avanzado, también, aunque a paso lento. No se ha realizado, sin embargo, ningún progreso en la creación de una Comunidad Suramericana de Naciones, si bien Brasil y Perú han inaugurado recientemente un puente de más de 200 metros que enlaza los dos países por el Amazonas. Petrobras ha propuesto construir un gaseoducto para transportar gas natural desde Venezuela hasta Argentina. Chávez, por su parte, habla a menudo de sus planes para crear una organización bolivariana de naciones.
Ninguna de estas propuestas tiene el profundo atractivo del Área de Libre Comercio para las Américas ni el apoyo de todos los países. El problema, según los expertos, es el liderazgo. La Administración Bush dejó claro en las crisis argentina de 2001 y boliviana de 2003 que Washington no iba a “hacer de Santa Claus” nunca más saliendo fiador de angustiados gobiernos en apuros.
“¿Quién va a aceptar ese papel?”, apunta la diplomática estadounidense Hrinak. Brasil y Estados Unidos necesitan trabajar juntos como líderes regionales. “Es el momento de que Latinoamérica muestre que está preparada para asumir su lugar en el mundo”.

Autor: Jane Bussey. en “Latinoamérica, no todos los caminos llevan a Washington”, Foreign Policy Edición Española, N° 15, junio-julio 2006, pp. 4-10.

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Hacia una estrategia coherente para aumentar la participación de América Latina en los mercados globales

Martes, 10 de marzo de 2009 Sin comentarios

El proceso de globalización ha dado lugar a una creciente interrelación económica entre los países, que cada día se encuentran más cercanos gracias al flujo de bienes y servicios, capitales e inmigrantes. Las exportaciones globales, como porcentaje del PIB mundial, se han duplicado en los últimos 40 años, y casi la mitad de este crecimiento se ha registrado en la última década. América Latina se ha sumado a esta tendencia y su comercio ha crecido de forma relevante, gracias sobre todo a las reformas de las dos últimas décadas.
A pesar de estos esfuerzos, la participación de América Latina en el comercio mundial ha disminuido. Aunque hay países que han logrado aumentar su presencia en el comercio internacional de una manera eficaz —Chile, México y la República Dominicana—, la región en su conjunto muestra una distancia importante respecto al resto del mundo. De hecho, mientras ha crecido el papel del sureste asiático en el comercio mundial, el de Latinoamérica ha ido mermando hasta casi la mitad de lo que representaba hace 40 años.
A la hora de examinar la evolución del comercio en Asia y en América Latina se ponen de relieve varias diferencias clave. En primer lugar, el crecimiento de las exportaciones de Asia se ha debido fundamentalmente al elevado dinamismo de los productos manufacturados; en cambio, las materias primas siguen nutriendo la mayor parte de las exportaciones de América Latina. Estos patrones reflejan las ventajas comparativas de cada región y muestran cómo ha mejorado la productividad de las economías asiáticas, lo que les ha permitido participar eficazmente en las cadenas de valor internacionales y dar un fuerte impulso al comercio intra-industrial.
En segundo lugar, las barreras comerciales de Asia han disminuido progresivamente, mientras las de América Latina han permanecido relativamente altas a pesar del proceso global de liberalización del comercio. En realidad, los flujos comerciales entre la región y el resto del mundo —con socios tanto de países industrializados como de países en vías de desarrollo— se topan con escollos como los picos de tarifas, la escalada de tarifas y medidas de protección de contingencia, como el antidumping y las salvaguardas, que tienen el efecto de limitar el acceso a los mercados. Esto pone de relieve cómo la reducción y la eventual eliminación de las barreras comerciales constituyen un elemento clave en la estrategia para el avance del acceso a los mercados externos.
Precisamente, a lo largo de las dos últimas décadas la mayoría de las economías de América Latina ha impulsado la liberalización del comercio. El impulso ha venido por la negociación de acuerdos comerciales bilaterales con países industrializados y en vías de desarrollo fuera de la región; el fortalecimiento y la creación de nuevos bloques sub-regionales, como Mercosur; el lanzamiento de iniciativas hemisféricas, como el Área de Libre Comercio de las Américas (FTAA), y las negociaciones multilaterales encabezadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC). De esta gran multiplicidad de acuerdos comerciales surgen retos importantes para los países de América Latina, ya que exige la movilización de muchos recursos, tanto humanos como institucionales, para garantizar un acercamiento complementario entre estos diferentes esquemas comerciales.
La elección de una ruta comercial (o grupo de rutas) exige entender bien los costes y los beneficios de cada una de las alternativas con que los países cuentan. Esto hace necesario determinar y evaluar el impacto agregado, sectorial y social de todas las esferas de negociación. Resulta muy importante la evaluación del impacto social ya que refleja el interés creciente entre los políticos por determinar la viabilidad de estos acuerdos, que depende mayoritariamente del impacto de la liberalización del comercio sobre variables clave como, por ejemplo, la creación de empleo, la distribución de la renta y la reducción de la pobreza.
Aunque existe consenso en torno al hecho de que la liberalización comercial no-discriminatoria dentro el marco de la OMC generaría mayores beneficios que los que se logran mediante acuerdos comerciales preferenciales, su lento avance y la complejidad de sus negociaciones han dado paso a la búsqueda de acuerdos alternativos, sobre todo bilaterales. En este contexto, se espera que estos acuerdos puedan romper la inercia que caracteriza a los proyectos de integración regional y multilateral. Además, unos compromisos bilaterales agresivos podrían ayudar a los bloques sub-regionales a hacer avanzar su proceso interno de integración y armonización política. El recién aprobado Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA) es un ejemplo de estos beneficios potenciales. Sin embargo, el fortalecimiento de los acuerdos regionales puede situar a las economías más débiles en una posición más ventajosa a la hora de cumplir unas obligaciones multilaterales más exigentes.
Pero también es importante que los países de América Latina aspiren a la liberalización comercial en el contexto multilateral. Unos avances claros y definitivos en la liberalización agraria, por ejemplo, sólo podrán lograrse dentro de la OMC, ya que abarcaría a todos los países integrantes. Aunque la agricultura es un sector clave en la región, debido a su contribución al PIB y sus efectos potenciales sobre otras actividades productivas, es uno de los sectores más protegidos en todo el mundo. Resulta crítica, por tanto, una mayor liberalización, y es probable que el eventual éxito o no en este terreno determine el desenlace de la actual ronda de negociaciones de Doha. Como ya se ha argumentado, progresar en la esfera multilateral no tiene por qué impedir avances parciales en el marco de otras esferas de negociación, sobre todo en lo referente al progreso en el acceso a los mercados.
En definitiva, la región necesita elaborar una estrategia coherente de negociación teniendo en cuenta las múltiples opciones de comercio que tiene a su disposición. Incrementar la participación de América Latina en el comercio internacional requiere una estrategia basada en los factores específicos de cada país, las ventajas comparativas relativas de cada uno y los respectivos intereses nacionales. Esto constituye un elemento clave de la agenda de desarrollo que busca un crecimiento económico más sólido y a la vez sostenible. Una mayor liberalización del comercio debe ir acompañada por políticas complementarias en otras áreas como la mejora de aduanas aéreas y marítimas y de normas técnicas, además de una mayor coordinación y armonización de políticas. Todo lo que suponga avanzar en el terreno del comercio ayudará a aumentar el acceso efectivo a los mercados mundiales. Ello precisará de mayores inversiones en infraestructuras. Si todo esto se lleva a cabo, se logrará aumentar el potencial de exportación y mejorar la competitividad.
En conclusión, América Latina necesita una agenda de desarrollo más amplia y completa para poder mantener unas tasas de crecimiento elevadas. Esa agenda debe basarse en una mayor participación en los mercados tanto tradicionales como emergentes. Además, hay que modificar los patrones de producción para aumentar la productividad económica total mediante la asignación más eficaz de los recursos, que a su vez asegurarán un mayor valor añadido y una mayor diversificación exportadora. Por último, una estrategia de crecimiento ha de basarse en una inclusión social cuya prioridad sea aportar a los pobres las herramientas precisas para garantizar el desarrollo autosostenible, teniendo en cuenta los efectos que podría producir a corto y medio plazo una participación más profunda en los mercados mundiales.

Autor: García, Enrique, “Hacia una estrategia coherente para aumentar la participación de América Latina en los mercados globales”, publicado en Foreign Policy Edición Española, N° 15, junio-julio 2006, pp. 26-27

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¿Sufre América Latina un trastorno bipolar?

Martes, 10 de marzo de 2009 Sin comentarios

Si América Latina fuera una persona, se le diagnosticaría un trastorno bipolar. Acudiría a las elecciones a votar, pero tendría serias dudas sobre las promesas electorales. Recibiría una educación primaria, pero sólo trabajaría en la economía sumergida. Se establecería como autónomo, trabajaría mucho, pero no gozaría de la seguridad de una pensión y sus ingresos, muy limitados, apenas llegarían para cubrir sus gastos sanitarios y las necesidades básicas de su familia. Los síntomas de esta condición se manifiestan en las tres paradojas principales que se observan en esta región: hay más democracia, pero una parte creciente de la población cuestiona su capacidad de mejorar sus condiciones de vida; hay crecimiento, pero la pobreza se encuentra en sus niveles más altos desde los 80; y aunque se han realizado reformas económicas, los resultados distan mucho de ser los esperados. Las consecuencias políticas, sociales y económicas de los últimos 20 años de democratización y desarrollo son dispares. América Latina lleva más de dos décadas de gobierno democrático, en las que ha vivido tiempos de crecimiento y de grandes mejoras en terrenos importantes como la sanidad y la educación. Sin embargo, los niveles de desigualdad, pobreza y desempleo permanecen elevados, suscitando preguntas de importancia vital sobre la relación entre democracia, desarrollo y política. El juego entre estos tres polos dibuja el perfil de una región frágil pero obstinada, cuyo futuro dependerá de su compromiso y su capacidad de resolver sus paradojas y lograr que la democracia y el desarrollo funcionen para todos.
Estos desequilibrios inspiran el análisis, el debate y los esfuerzos hacia el cambio en la región. Entre ellos está el informe La democracia en América Latina: Hacia una democracia de los ciudadanos, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que se sirve de una compleja base de datos sobre las democracias latinoamericanas para explicar los retos a la sostenibilidad y para ofrecer elementos que ayuden a comprender de qué manera pueden superarse. Casi toda la región goza hoy del sufragio universal y de unas elecciones casi siempre libres, ecuánimes y competitivas; la sociedad civil es vibrante y cada vez más activa; la prensa va ganando mayores cotas de libertad, y los partidos opositores organizan campañas efectivas y salen victoriosos en los comicios. Pese a estos avances, el informe pone de relieve un sentimiento creciente de desengaño entre los ciudadanos. Una proporción elevada de la población cree que la democratización ha hecho muy poco por ellos, y muchos se muestran escépticos respecto a la capacidad de sus gobiernos. En algunos casos el descontento popular se ha transformado en inestabilidad política y social. Un motivo de estas dudas es la baja estima en la que en muchos países se tiene a las principales instituciones democráticas como los parlamentos, los jueces, los partidos políticos y la clase política en su conjunto. Con todo, aunque el informe del PNUD señala que grandes segmentos de la población se muestran muy insatisfechos con el estado de la democracia —a pesar de que se prefiere el sistema democrático por principio—, deja claro que buena parte del malestar puede atribuirse a las condiciones económicas.
La primera paradoja, por tanto, está relacionada de forma ineludible a la segunda. La pobreza es uno de los problemas más enquistados de América Latina; desde los 80 —cuando muchos países volvieron a la democracia— el número absoluto de personas que viven en la pobreza y en la extrema pobreza casi se ha duplicado. La edición de 2005 de Panorama Social de América Latina, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), estima que durante el crecimiento económico más fuerte experimentado en los años 2003 y 2004, los niveles de pobreza y de pobreza extrema bajaron desde el 44% hasta el 40,6% y del 19,4% al 16,8% de la población, respectivamente, un avance importante. Sin embargo, el crecimiento económico se halla disminuido en su capacidad de combatir la pobreza. Las desigualdades son el motivo básico de este reto: cada vez que la región crece, se ve obligada a hacerlo más que antes para poder lograr reducciones similares en el nivel de pobreza. La persistencia de las desigualdades, entendida como un obstáculo principal al desarrollo en términos de oportunidades y resultados, ha incidido especialmente en las mujeres, las minorías étnicas, la población rural y otros colectivos que han visto mermada su capacidad de adaptarse a un entorno económico y político en plena evolución. Las redes de la seguridad social a menudo no han funcionado para estos grupos. Además, en las últimas décadas la clase media se ha sentido cada vez más excluida de los beneficios del crecimiento, y una proporción más alta se ha vuelto más vulnerable ante la apertura de la economía a los mercados mundiales y menos amparada por el ciclo económico.
Para los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de la ONU, una de las metas principales es reducir el nivel de pobreza hasta la mitad para 2015. Aunque América Latina ha avanzado mucho en el camino hacia algunos ODM, el retraso en la consecución de otros ha distorsionado el conjunto de los resultados. Desde el comienzo de la última década, América Latina ha progresado mucho en objetivos como la reducción de carencias en la nutrición infantil, el aumento del índice de escolarización, la garantía de igualdad de oportunidades en la educación, la mejora del acceso al agua potable, y la reducción del hambre. Sin embargo, la región progresa lentamente en la reducción del fracaso escolar en la enseñanza primaria, la reducción de la mortandad en el parto, el control de la propagación del sida, la promoción de la sostenibilidad medioambiental y la mejora de la sanidad básica.
La relación entre las políticas y estos retos sociales forma el núcleo de la tercera paradoja: las reformas no han arrojado los resultados previstos. La década de los 90 fue testigo de hondas reformas macroeconómicas y estructurales en América Latina y en el Caribe, a medida que las tendencias intelectuales y las exigencias políticas fueron cuajando en torno a un conjunto de principios para la reestructuración de las economías. El Consenso de Washington, como llegó a denominarse este conjunto de principios, se extendió rápidamente por la región, y con una fuerza notable. Las reformas macroeconómicas —déficit fiscal, control, reforma de políticas monetarias— ayudaron a frenar la inflación y atraer a los inversores. Sin embargo, no lograron producir ni la calidad ni el tipo de crecimiento deseado. Al contrario, el crecimiento de América Latina ha sido tan mediocre como volátil. Además, no ha sido capaz de generar ni la cantidad ni la calidad de empleo que la región necesita. Aunque las tasas de paro han ido disminuyendo desde 2003, siguen siendo más altas que en 1990. Y una proporción creciente del desempleo, el 47% —un 4% más desde 1990— se encuentra en la economía sumergida, donde la estabilidad laboral es baja y donde los sueldos caen, exagerando aún más la polarización salarial.
Mientras, la política desatendió áreas como el desarrollo institucional y rural, la colaboración entre entidades públicas y privadas para encontrar nuevas bolsas de productividad, el apoyo a las pymes y los programas de bienestar social para mitigar los efectos negativos de la integración en la economía global. La fe en el mercado llegó a sustituir a la confianza en las decisiones de Estado y en las personas que elegían a sus líderes; los paquetes “de talla única” llegaron a prevalecer sobre la actualización autónoma, todo ello, irónicamente, durante un periodo en el que las jóvenes democracias de la región empezaban a dar señales de ir fortaleciéndose.
Para poder resolver las paradojas de América Latina será preciso superar la dicotomía Estado-Mercado; y será necesaria una nueva relación entre el Estado y la sociedad. Tras años de reformas, la región debe continuar construyendo y fortaleciendo sus instituciones, incluido un Estado robusto, plenamente capaz de llevar adelante sus políticas democráticas.
Hoy, como parecen poner de relieve los resultados electorales, muchos países latinoamericanos se esfuerzan por resolver estas paradojas con métodos distintos a los del pasado.
Hará falta abordar el desarrollo de una manera innovadora y habrá que recurrir a políticas y reformas específicas según la experiencia de cada país. Para ello también hará falta canalizar el exceso de fe en el mercado y la privatización hacia otras opciones, aplicando las lecciones aprendidas en el pasado. De la misma manera, será necesario apostar por alternativas de políticas responsables surgidas de procesos democráticos. Si resulta posible transformar la lucha contra las desigualdades en un valor ético compartido por los ciudadanos de América Latina, esa lucha desempeñará un papel central en las agendas políticas, sociales y económicas de la región.
Trabajar en todos estos frentes ayudará a convertir las democracias electorales en unas más amplias democracias del ciudadano. La región debe seguir invirtiendo en sus gentes para potenciar sus capacidades y proporcionarles igualdad de oportunidades. El desarrollo en América Latina ha de abarcarlo todo y debe reflejar los principios de la universalidad, la solidaridad, la eficacia y la inclusión. Esperamos que, así, los ciudadanos vayan a votar convencidos de la capacidad de sus instituciones democráticas para lograr resultados y mejoren sus condiciones de vida. De esta manera, empezarán a erosionarse las paradojas de América Latina, y se logrará el equilibrio en unas sociedades marcadas por la polaridad.

Autor: Rebeca Grynspan. Administradora Adjunta y Directora Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Publicado en: Foreign Policy Edición Española, N° 15, junio-julio 2006, pp. 36-38.

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Multinacionales españolas y política exterior en Latinoamérica

Martes, 10 de marzo de 2009 Sin comentarios

En las últimas tres décadas España ha experimentado transformaciones políticas, sociales y económicas importantes. La expansión internacional de las compañías españolas se revela como el cambio de mayores consecuencias a largo plazo. Mientras en los 80 el valor acumulado de la inversión extranjera directa de las empresas españolas se situaba por debajo del 1% del PIB, a finales de 2004 alcanzó casi el 35%. En torno a un tercio de dichas inversiones se realizó en América Latina, especialmente en sectores destacados como banca, telecomunicaciones, electricidad, petróleo y gas, agua, saneamiento y transporte. Las inversiones españolas son particularmente relevantes en Argentina, Brasil, México y Perú.
Las consecuencias de esta creciente presencia se han notado en ambas partes. Desde una perspectiva económica, España se ha beneficiado de las oportunidades propias de los mercados emergentes, si bien también se ha visto más expuesta a los riesgos de contagio financiero, y de ello es un buen ejemplo la crisis argentina de 2002. A su vez, los países latinoamericanos se han beneficiado de la transferencia de fondos y de conocimientos. Desde una perspectiva geopolítica, España ejerce ahora mayor influencia en la región. Mientras que, hace pocos años, los presidentes y ministros de Economía latinoamericanos viajaban a Washington, Nueva York y Londres para cumplir con sus respectivas agendas, actualmente realizan una parada adicional en Madrid. Y, desde una perspectiva diplomática, las inversiones de las empresas españolas han hecho aparecer oportunidades y dificultades en las relaciones bilaterales con distintos países, tal como lo demuestran el contencioso sobre la extradición de Pinochet a España, la crisis argentina, la caída de Fujimori en Perú y las secuelas de la victoria de Morales en Bolivia.
El auge de la inversión extranjera española ha dejado al descubierto debilidades y problemas en política exterior que exigen la adopción de acciones concluyentes. España es una potencia diplomática de tercer nivel y dedica escasos recursos a la acción diplomática y la ayuda externa, establecidas sobre la base de una incierta combinación de intereses y prioridades en Europa, el Magreb, Estados Unidos y América Latina. Un primer desafío es hacer compatibles todos esos intereses entre sí. Una cuestión política crucial es la de aumentar el número de diplomáticos, sus retribuciones y los recursos disponibles para la acción exterior. Por último, la política exterior española no ha encontrado aún el modo de ayudar tanto a las grandes multinacionales españolas, presentes en los sectores de infraestructuras, como a los cientos de pequeñas y medianas empresas que operan en el extranjero.
En Latinoamérica, la creciente importancia de las firmas españolas ofrece enormes oportunidades para establecer unas relaciones más serias y sólidas. La política exterior española en la región ha variado desde un hispanismo “lírico” hasta un interés práctico por el desarrollo económico, la cooperación internacional y las reformas institucionales. Teniendo en cuenta el aumento de los flujos migratorios que parten desde Latinoamérica, España podría hacer más para mejorar la suerte de la población de la región y ayudar a forjar las instituciones políticas, económicas y sociales que favorecen el desarrollo.
Un último aspecto es el relativo al triángulo formado por España, China y Latinoamérica. En los últimos años, China se ha convertido en el tercer socio comercial de Brasil y de Chile. Las importaciones chinas de materias primas y petróleo procedentes de Latinoamérica se han multiplicado por siete desde el ingreso del país asiático como miembro de pleno derecho en la Organización Mundial del Comercio (OMC), en 2001. España constituye una parte esencial de estas relaciones por la importancia de las empresas españolas en los procesos de extracción, procesamiento y transporte de las materias primas. No resulta sorprendente que compañías como BBVA, Santander y Telefónica estén tomando posiciones en el mercado chino. Quizá esta relación triangular pueda aportar ventajas a Latinoamérica, una región cuya población no ha logrado nunca, desde la llegada de los descubridores y conquistadores españoles y portugueses, beneficiarse realmente del comercio transoceánico.

Autor: Mauro F. Guillén. Titular de la cátedra Zandman de Gestión Internacional de Empresas y de Sociología en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania. Su libro más reciente es El auge de las multinacionales españolas (Marcial Pons, Madrid, 2006). Artículo publicado en Foreign Policy Edición Española, N° 15, junio-julio 2006, pp. 14

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La política exterior de EE UU hacia América Latina: de Roosevelt a Clinton

Martes, 10 de marzo de 2009 Sin comentarios

Franklin RoosevelT

? En su discurso inaugural del 4 de marzo de 1933, Roosevelt comprometió “a aplicar la Nación la política de buena vecindad”.

? El 30 de noviembre de 1936, más de un millón de argentinos dieron la bienvenida a F.D. Roosevelt en Buenos Aires. Era el primer presidente estadounidense que realizaba un viaje oficial al país.

? La Política de Buena Vecindad se mereció la confianza de América Latina y obtuvo el respaldo del Congreso de Estados Unidos, logrando así la consolidación del sistema interamericano.

Harry TrumaN

? Truman delegó en el Departamento de Estado la política hacia América Latina. La prioridad de EEUU en aquellos momentos era la Guerra Fría.

? El Programa del Punto Cuatro se dirigía al mundo en general, y América Latina era simplemente una región más.

? El Plan Marshall para la reconstrucción de la Europa de la posguerra en el periodo 1949-52 recibió unos 15.000 millones de dólares, mientras que las ayudas para América Latina fueron casi inexistentes.

Dwight Eisenhower

? La amenaza comunista se estableció como la prioridad de la política exterior estadounidense. Los dictadores militares resultaban aceptables cuando eran anticomunistas. Esto produjo un gran resentimiento en América Latina y desembocó, en 1958, en protestas callejeras violentas en Lima y Caracas contra el entonces vicepresidente Richard Nixon.

? En 1952, el presidente Eisenhower encomendó a su hermano Milton una misión para recabar información; la iniciativa ayudó, a corto plazo, a mejorar la buena voluntad, pero no produjo ningún resultado tangible.

? En 1954 es derrocado el presidente guatemalteco, Jacobo Arbenz.

? En 1958 se produce la Operación Pan América; suscita grandes esperanzas pero decepciona tanto en lo político como en lo económico, y crea más frustración en América Latina.

John Kennedy

? Con John F. Kennedy, América Latina vuelve a la lista de prioridades de EEUU. El 13 de marzo de 1961, Kennedy presenta su Alianza para el Progreso (ALPRO), que algunos diplomáticos latinoamericanos definieron como “forma moderna del anticomunismo”.

? La ALPRO insiste en la interconexión entre democracia y desarrollo económico. Muchos en América Latina creen que no se oía nada similar desde Roosevelt. Pero no logró avanzar debido al escaso apoyo de los inversores privados y de los propios latinoamericanos.

? El 17 de abril de 1961 fracasa la invasión de la Bahía de Cochinos, y en América Latina queda muy empañada la imagen de EEUU. Con el desenlace de la crisis de los misiles cubanos, en octubre de 1962, EEUU logra recuperar, en buena parte, el brillo perdido.

Lyndon Johnson

? Aseguraba tener una afinidad especial con América Latina, pero en realidad mantenía una actitud esencialmente paternalista.

? La preocupación principal de la política exterior de Johnson era el anticomunismo. Durante su presidencia,hasta 13 países de América Latina estuvieron en manos de dictadores militares.

? En la época Johnson se producen dos crisis en América Latina: en Panamá y en la República Dominicana, a las que EEUU responde con la intervención militar.

? La deuda latinoamericana aumentó y cayeron las exportaciones.

Richard Nixon

? En octubre de 1969, Nixon propuso reducir las barreras arancelarias contra los productos de América Latina, pero el Congreso rechazó la propuesta.

? En 1969, una misión de Nelson Rockefeller para recabar información no logró resultados positivos en la relación EEUU-América Latina. Durante el mandato de Nixon, fue derrocado el presidente chileno, Salvador Allende.

? El principal asesor de política exterior de Nixon, Henry Kissinger, afirma: “Nada importante puede salir del Sur. La Historia nunca se ha escrito en el Sur”.

? El lema de Nixon en lo que a América Latina se refiere era: “Más comercio, menos ayudas”.

Gerald Ford

? El interés se centró en los tres países más grandes: Brasil, Argentina y México.

? En 1975, la Ley de Reforma del Comercio descarta otorgar a Ecuador y Venezuela, ambos integrantes de la OPEP, la consideración de naciones más favorecidas. Esto provoca un fuerte rechazo en el Cono Sur.

JimmycarteR

? El Presidente Carter muestra una gran afinidad con América Latina. Nombra una comisión, encabezada por Sol M. Linowitz y Galo Plaza, para estudiar las relaciones EEUU-América Latina.

? Carter dio prioridad a las cuestiones de Derechos Humanos. Aunque en general permaneció fiel a esta política, los Derechos Humanos se vieron subordinados a las consideraciones políticas en el caso de Nicaragua y El Salvador, donde se llevaron a cabo violaciones de derechos humanos sin que EEUU los condenara expresamente.

? Se completó satisfactoriamente el Tratado del Canal de Panamá gracias a los esfuerzos de Carter y del presidente panameño, Torrijos.

Ronald Reagan

? El presidente Reagan decidió luchar contra el expansionismo soviético en todo el planeta, sobre todo en América Latina, y de manera especial en Nicaragua, El Salvador y en otros países de Centroamérica. Se concedió menos importancia a la democracia y al endeudamiento exterior, que había crecido sensiblemente.

? Las ideas de la profesora de la Universidad de Georgetown, Jeanne Kirkpatrick, en el sentido de que no se debía imponer la democracia a América Latina, tuvieron una gran influencia sobre la política exterior de este periodo.

? La Comisión sobre América Central, encabezada por Henry Kissinger, desembocó en la Iniciativa para la Cuenca del Caribe, que logró promover con bastante éxito tanto la inversión en la región como el comercio.

? La invasión de las Islas Malvinas por tropas argentinas en 1982 provoca una crisis en las relaciones entre EEUU y América Latina, debido a que Reagan se alineó con los británicos durante el conflicto.

? En 1982 Reagan realiza una vista oficial de una semana a América Latina, pero no logra reparar los daños producidos por las crisis de América Central y de Argentina.

George H. W. Bush

? Solucionar la crisis de Centroamérica y elaborar un Plan de desarrollo económico basado en la condonación de la deuda (Plan Brady, Plan Baker) fueron las prioridades de la política exterior de Bush. En 1992, el presidente afirmó que “aquí en EEUU estamos reconstruyendo algo inédito en la historia de la humanidad: el primer hemisferio plenamente democrático del mundo”.

? Para lograr su plan económico, los recursos del Banco Interamericano de Desarrollo casi se duplicaron, de 34.000 millones de dólares hasta 60.000 millones.

? En términos generales, las relaciones entre EEUU y América Latina mejoraron sensiblemente durante el mandato del presidente Bush.

Bill Clinton

? México recibe un crédito de 12.500 millones de dólares para paliar los efectos de su maltrecha economía y el colapso de su divisa.

? En 1994, EEUU convoca la Cumbre de las Américas, la primera reunión con América Latina a la que asiste un mandatario estadounidense desde que, en 1964, el presidente Johnson acudiera a la reunión de Punta del Este. Allí se esbozó una Zona de Libre Comercio, desde Alaska hasta Argentina, y que entraría en vigor en 2005. El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se convirtió en uno de los principales logros de Clinton a lo largo de sus dos mandatos.

? Se creó el Plan Colombia, dotado de 1.300 millones de dólares.

Referencia

Este resumen está basado en el libro Troubled Neighbours: The Story of US-Latin
American Relations, from FDR to the Present, de Henry Raymont. Century Foundation. Westview, 2005.

Fuente: “La política exterior de EE UU hacia América Latina: de Roosevelt a Clinton”, Foreign Policy Edición Española, N° 15, junio-julio 2006, pp. 30;32

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Selección y nombramiento de un embajador

Martes, 10 de marzo de 2009 Sin comentarios

Los Estados envían como Embajador a representantes del máximo nivel o rango para subrayar la importancia que concede a las relaciones con el estado receptor.
El Embajador o Jefe de Misión es la persona que dirige la Cancillería u oficina diplomática. Es, en definitiva, el superior jerárquico de los funcionarios destinados en ella.
La selección de una Embajador está condicionada, en general, por las aptitudes del candidato y las necesidades del puesto. En Europa, en la mayoría de los países, la elección de los Jefes de la Misión suele recaer en los funcionarios de rango superior en el seno de la carrera diplomática, siempre que no sea un nombramiento de tipo político. En este caso, se elige a veces como candidato para el puesto a alguna personalidad descollante fuera de la carrera, hombres o mujeres de relumbre en el campo de la política, de la economía, de la cultura, que por sus méritos y condiciones personales pueda ser considerada en perfectas condiciones para cubrir el citado puesto. En cualquier caso, en todo nombramiento de un Embajador, el Gobierno acreditante debe velar, en principio, por el bien de la Nación y del servicio, en particular.
En algunos países, como en EEUU, después de una elección presidencial, los embajadores acreditados en las grandes capitales del mundo son renovados casi en su totalidad y el nombramiento de sus sucesores se convierte, la mayoría de las veces, en una recompensa a los apoyos electorales, políticos y financieros, prestados por ciertas personalidades a favor del candidato elegido como presidente, lo que se conoce como “servicios prestados a ciertos intereses del partido”. El gobierno de Washington, en estos temas, actúa con una gran libertad de acción y una ausencia casi total de control político, ya que la decisión final que depende de la Comisión de Exteriores del Senado apoya, salvo casos muy contados al candidato presidencial.
En cambio, los puestos de Jefes de Misión en naciones de menor importancia se cubren con diplomáticos del servicio ya experimentados y que mantienen sus funciones a pesar del cambio de administración de la Casa Blanca.
En España, como en casi todos los países europeos, el procedimiento para elegir candidato se basa en su capacidad profesional y su trayectoria en la carrera diplomática cuando pertenece a ella.
El Embajador, cuando se ausenta de la Cancillería por algún tiempo, tiene que notificarlo tanto al Servicio de Protocolo del Ministerio de AA.EE. del Estado receptor como a todos los Embajadores acreditados en la capital. Asi mismo, deberá facilitar el nombre del Encargado de Negocios que le sustituya. En el momento de su reincorporación, volverá a hacer las notificaciones oportunas.
El nombramiento de un Embajador corresponde al Gobierno y requiere previamente el placet, agréement o conformidad que concede al país donde sea pedida su acreditación. La acreditación deberá ir precedida de una serie de gestiones a título oficioso y oficial para comprobar que el candidato elegido por el país de envío reúne las condiciones necesarias para que su nombramiento sea aceptado en el país receptor.

Autor: Tomás Chavarri del Rivero. Ha sido embajador de España en Francia. Posee entre otras condecoraciones la Gran Cruz del Mérito Civil (1979) Comendador de Número de la Orden de Isabel la Católica (1975) y Comendador de Número de la Orden de Carlos III (1990). Protocolo Internacional

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Selección y nombramiento de agentes diplomáticos

Domingo, 8 de marzo de 2009 Sin comentarios

Respecto a la selección de los agentes diplomáticos, cada país tiene su propio sistema de reclutamiento con los exámenes y convocatorias oportunas. Es posible que esta forma de actuar por el entorno en el que España se encuentra enclavada en el seno de la UE se considere en el futuro como mejorable y se traten de establecer nuevas formas de selección especialmente en el Occidente europeo y de cara a una política exterior más integrada en el seno de la UE.
El columnista Andrés Ortega en un artículo publicado en El País en la primavera del 2002, refiriéndose a los procedimientos de reclutamiento de los diplomáticos europeos, indicaba como un especialmente atractivo, el existente en el Reino Unido, en el que “los funcionarios diplomáticos se reclutan directamente de la Universidad, se les pone a trabajar sin pasar por escuela alguna y se les hace rotar en puestos de organizaciones internacionales como la UE”.
El nombramiento de un miembro diplomático en una Embajada se hace por el Ministerio de AA.EE. a propuesta del Subsecretario en base a un acuerdo votado por la Junta de Personal que democráticamente examina las condiciones de cada uno de los candidatos para cada puesto. Una vez nombrado el agente diplomático, la embajada lo deberá comunicar inmediatamente al Servicio de Protocolo del Ministerio de AA.EE. del país receptor, adjuntándole asimismo el currículum vitae  del interesado. este nombramiento se sustancia simplemente a través de una Nota verbal dirigida por la Misión.
Cualquier cese o cambio que se produzca en el personal diplomático de la Embajada se deberá comunicar de inmediato al Servicio de Protocolo y a los Embajadores acreditados en la capital.
El nombramiento del resto del personal de una Misión, administrativo y técnico, es tema de la competencia interna de los Estados y corresponde al Embajador comunicarlo al Protocolo del país sede.
En el caso del nombramiento de los Agregados Militares, por tratarse de una cuestión más especial y delicada, se debe someter previamente al protocolo del país receptor para su aprobación, mediante una Nota verbal que enviará el Embajador con los nombres e historial de cada uno de ellos. Ningún país puede oponerse a estos nombramientos, salvo que existan razones muy particulares.
En todo caso, una decisión de carácter negativo tendría que extenderse a todos los países de la comunidad internacional y carecer por tanto de carácter discriminatorio frente a uno de ellos, ya que de lo contrario podría implicar la correspondiente imposición de sanciones diplomáticas.
Con la creación de la UE y la posibilidad de futuro de llegar a la unificación de las políticas exteriores de los países miembros, la carrera diplomática española, como la de los demás países miembros podría verse integrada en la comunitaria y concebida de manera diferente en su futura estructura. existen ya países comunitarios cuyos diplomáticos, durante un cierto período de tiempo,  desempeñan sus funciones en las Embajadas de otros países miembros con el fin de ir superando los problemas de lengua y de coordinación entre sistemas de preparación muy diferentes en sus planteamientos y objetivos. Sin embargo, hasta el presente, ni la posibilidad de una coordinación completa de las políticas exteriores de los países miembros se consideran como una meta que pueda llegar a ser realizable a largo plazo.

Autor: Tomás Chavarri del Rivero. Ex embajador de España en Francia. Posee entre otras condecoraciones la Gran Cruz del Mérito Civil (1979) Comendador de Número  de la Orden de Isabel la Católica (1975) y Comendador de Número de la Orden de Carlos III (1990)  en Protocolo Internacional  Ed. Protocolo.

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Precursores de la diplomacia en el mundo antiguo

Domingo, 8 de marzo de 2009 Sin comentarios

No sería infundado decir que la primera rama del derecho que apareció entre la gente fue la diplomática; ella ha sido cultivada antes que ninguna otra forma del Derecho Internacional. Según una simple definición de Seignobos, la historia empieza en la época en que hay relatos. Y así, en cuanto a diplomacia, la historia comenzaría por los heraldos que declaraban la guerra o publicaba la paz. En un comienzo fueron los generales los que tenían poder, más o menos extenso, para tratar con los países. La inviolabilidad diplomática aparece también desde las primeras épocas de la historia como una de las características del derecho de embajada. El Código de Manú es el primer momento jurídico en que se habla concretamente la diplomacia: “elíjase por Embajador al que tenga conocimiento no sólo de los sastras y sepa interpretar las señales, el semblante y los gestos; puro de costumbres, incorruptible, hábil y de familia ilustre. Se recomienda por sí Embajador de un Rey cuando es afable, puro, diestro, de buena memoria, práctico en lugares y tiempos, de bellas condiciones físicas, intrépido y elocuente. Del General depende el ejército; de la presta aplicación de las penas, el buen gobierno, el tesoro y el país, el Rey, la paz y la guerra del Embajador. El Embajador reúne a los amigos y separa a los aliados porque trata de los asuntos que determinan el rompimiento o la buena armonía. En las negociaciones con un rey por ciertos signos y movimientos de sus emisarios secretos y enfrentándose con agentes avarientos o descontentadizos, conozca las intenciones de aquel príncipe. Instruido en los designios del soberano extranjero, provea al rey, a fin de no dañarle de manera alguna”
Es asombrosa la semejanza entre el texto del Código de Manú y las palabras con las que se expresa en 1626 en su libro “El Embajador”, Abraham de Wicquefort, el primer escritor que ha tenido la literatura diplomática tal como se la considera hoy. Este personaje, holandés de nacimiento, pasó 35 años de su vida en Francia, donde fue nombrado residente del Elector de Branderburgo, cerca de la corte francesa. En el SXVII no era necesario que los representantes de los príncipes o estados fuesen necesariamente sus súbditos. Podría ser de cualquier procedencia con tal de que supiera cumplir con su deber. Había entonces naciones que tenían fama de disponer y poder ofrecer al mundo al arquetipo humano para determinado oficio; tal era el suizo como soldado leal y respetuoso de los compromisos contraídos en los ejércitos y el holandés o el flamenco en las cuestiones de diplomacia.
Los egipcios, caldeos, griegos, persas, romanos y cartagineses se enviaron recíprocamente misiones que trataron de concertar convenios en asuntos de paz y guerra. En la Ilíada, y la Odisea se habla frecuentemente de pactos en el sentido que esta palabra tiene en nuestros días; y se tienen indicios de que Aristóteles había escrito un tratado sobre las embajadas. El pueblo griego confiaba las embajadas a los ciudadanos más ilustres y estimaba en muchos que sus representantes obtuvieran éxito en sus gestiones, tanto es así que a Esodoro le concedieron una corona de oro y le erigieron una estatua por los amplios triunfos obtenidos en sus gestiones diplomáticas. Pero, del mismo modo, la negligencia, la torpeza, la indiscreción en esta clase de trabajador eran castigadas severamente por el Estado. Una ley atribuía a Solón prohibía a los Embajadores, bajo fuertes castigos, recibir dádivas o beneficios de aquel ante quien eran enviados. Ipéride, basado en esa ley, acusó e hizo condenar a Filvesate, y Demóstenes en un discurso sindicó a Esquines de haber prevaricado como Embajador. Curioso pero explicable es que los griegos hayan tenido marcada propensión a designar a los actores para desempeñar misiones diplomáticas en el extranjero. Y decimos que es explicable por cuanto los actores estaban asociados a las ceremonias de culto religioso. Por ésta última razón eran inviolables; y se entendía que esto era un motivo para que los pueblos a donde fueran a ejercer su misión diplomática los respetaran en su comisión. Pero dentro de la historia de la diplomacia, en lo que a Grecia corresponde, es oportuno referirnos a Anatalcidas y a Timócrates, precursor el primero de los negociadores modernos y de los agentes secretos el segundo. En la lucha de Esparta contra los persas, el sátrapa Vitiauste creyó conveniente alejar de Asia al victorioso Agesilao, y para ello pensó crearle enemigos dentro de la misma Grecia. Envió a un griego de Rodas, llamado Timócrates, con mucho dinero para levantar el resto de los griegos contra la insolencia y el poderío de Esparta. Los más irritados de todos eran loso tébanos a quienes Esparta no dejaba dominar en la Beocia, y los corintios que todavía esperaban Corcira y Siracusa.
Timócrates consiguió unir a todos los descontentos –Tebas, Corintio, Atenas, Argos- en una liga contra Esparta y les dio dinero para alistar mercenarios y construir fortalezas; se estableció un tesoro común y se nombró un consejo con residencia en Corintio. Se peleó junto al lago de Nemena. Los 24.000 hoplitas de Eubea, de Atenas, de Argos, de Beocia, chocaron contra 15.000 espartanos. Estos resultaron triunfantes pero no pudieron sacar provecho de su victoria, y lo mismo aconteció en Coronea, donde vencido Agesilao, hizo retroceder a los aliados, pero no pudo vencer el paso para entrar en el Peloponeso. El almirante Conón, refugiado en Chipre, equipó 8 barcos con el dinero del rey de esa isla y el sátrapa Farnabazo. Con esta flota destruyó la de Esparta dando muerte a su almirante. Los espartanos acababan de perder Asia Menor. Después de 6 años de lucha, llegaron a comprender y no podían combatir a la vez contra personas y griegos y enviaron a Antalcidas a que negociara con Artajerjes. Tribazo, compañero de Antalcidas, trajo el mensaje de los persas: “el rey Artajerjes cree que es justo que le pertenezcan las ciudades de Asia y la isla de Chipre y que las demás ciudades griegas, grandes o pequeñas, sean independientes, excepto Lemmos, Imbro y Esciros, que continuarán siendo atenienses. A todos los que no acepten esta paz, él los combatirá de acuerdo con los que la acepten y les hará la guerra por tierra y por mar con sus naves y sus tesoros”
La unión de personas y espartanos que sucedió a los acontecimientos antes referidos fue el resultado de una diplomacia diabólica. Nadie comprendía como los persas, después de haber lanzado todo Grecia contra Esparta, fueran ahora aliados de Esparta contra Grecia. Toda la península desde el Pindo hasta Creta, fue un renovado clamor de protesta. Pero, al fin, los griegos, como todo pueblo civilizado se contentó con hacer frases del tipo: “es una vergüenza que Esparta persée”- le decían a Agesilao.
Desde el tiempo del Imperio Romano, los Embajadores de la India eran famosos por su esplendidez. Y los romanos trataban de que el brillo de las fiestas fueran igual en magnitud a la riqueza de los presentes que recibían. Dion Cassio describe entusiasmado el esplendor de las fiestas que en tiempos de Trajano se realizaban en honor de los Embajadores del rey de India; ellos duraron 23 días y tomaron parte en las luchas del circo más de dos mil gladiadores.
Numa y Anea habrían creado “los feriales” que en número de veinte, representaban al pueblo en todo lo referente a las relaciones exteriores de Roma. Participaban estos funcionarios en triple carácter de Embajadores, de sacerdotes y de jueces del derecho público. Atendían las ceremonias de culto, conocían como jueces las quejas incoadas por los ciudadanos, recibían las prerrogativas de los Embajadores y procuraban resolver todos los conflictos internacionales. Y como representantes del pueblo romano, cuando ocurría un conflicto con otro pueblo, intervenían para hacer las reclamaciones del caso. Se presentaban llevando en la cabeza una corona de hojas escogidas en el capitolio en recuerdo de su patria. Llevaban, asimismo, un velo blanco que simbolizaba la justicia y la buena fe. Si sus demandas no obtenían satisfacción, rasgaban el velo y regresando a la patria daban cuenta de su cometido. Tornaban luego al campo enemigo y arrojaban una pica, en señal de que la guerra estaba declarada.
En toda la Edad Media, son muy frecuentes las misiones y embajadas que tenían por objeto estrechar vínculos, crear alianzas, fundamentar compromisos. Tenían tanta importancia estos convenios y se había adelantado tanto en el arte de negociar, que el tratado de Audelot, firmado en 587, es la base y esencia del feudalismo.
Puede citarse como embajada de tipo moderno la enviada por el jefe del gran Imperio árabe Harún –al –Raschid a Carlomagno. Esta misión, cuyos presentes asombraron a los franceses, se recuerda como una historia en la que lo verdadero se mezcla con lo fabuloso. Por primera vez se veía un elefante en Europa. Para demostrar el adelanto de la mecánica relojeril entre los árabes, Harún –al –Raschid envió al emperador Carlomagno un reloj con figuras que bailaban al sonar de las horas. Podrían enumerarse algunas de las muchas embajadas que ese enviaron y recibieron por esos tiempos. Fueron famosas las que recibió Abderraman III del emperador Constantino Porfiro y de Otón a Alemania y otras que en la Edad Media hacían largas travesías para llevar un presente.

Autor: Pablo Rojas Paz. Hombres y momentos de la diplomacia. Colección oro de cultura general. Ed. Atlántida Bs As 1946

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Diplomacia. Origen de la palabra

Domingo, 8 de marzo de 2009 Sin comentarios

Con frecuencia la etimología de una palabra puede decirnos mucho de su acepción. Según Monleau “diplomacia” viene del griego diploos –doble- y en ese sentido se referiría a aquello que se dobla o a aquello de lo cual se guarda duplicado. Tal es el caso de los papeles, despachos, bulas y demás documentos de los cuales se guarda original, enviándose el duplicado al destinatario. De ahí salió –en esa doble acepción- el sentido actual de diplomacia que quiere decir “servicio de los estados en sus relaciones internacionales”. Otra acepción desfigurada nos lleva a confundir diplomacia con cortesanía aparente o interesada o bien con política, dando a esta palabra el sentido de arte o traza con que se conduce un asunto o los medios que se emplean para alcanzar un fin determinado. Al diplomático le vuelcan en los diccionarios de sinónimos una carretada de vocablos; entre los muchos sentidos que Barcia da a esta palabra se encuentran los equivalentes de disimulado, astuto, sagaz, ladino.
Si de los diccionarios pasamos a los tratados vemos que el tratadista español Ricardo Spatano tiene por diplomacia a la ciencia de las relaciones exteriores de los Estados y al arte de las negociaciones. En definitiva, la diplomacia es lo contrario de la guerra. Por eso en la iconografía clásica la diplomacia está representada por una majestuosa mujer que ciñe su frente con una corona de laureles, que pisa trofeos guerreros destrozados.
En la diestra tiene una pluma y con la izquierda sujeta un papel desplegado que dice: “mis poderosas armas son la persuasión, la sagacidad, la cautela y la sabiduría”.
Es necesario, pues, formar hombres que no sólo posean condiciones de talento, de habilidad, de tacto, sino que además sepan encauzar éstas condiciones por caminos que ofrezcan mayores probabilidades de éxito. Porque si bien la ciencia es la medida de la verdad, el arte es la medida del hombre. La diplomacia es una arte en el que todo está condicionado a las cualidades y méritos de sus cultores. La historia de la diplomacia es, pues, la historia de sus grandes hombres, de sus Dosat, Temple, Torcy, Trautmansdorf, Kaunitz, Bismarck. Y ha tenido también sus mártires. Quizás el primer hombre que pagó con su vida el cumplimiento de una gestión diplomática fue Dicetas, orador tebano que floreció doscientos años antes de nuestra Era. Enviado por su patria junto a Quinto Marco Filipo, que gobernaba Calcis, para disculpar a Tebas por haberse unido a Perseo, al llegar a su destino los tebanos refugiados en Calcis, en castigo por haberse unido a los romanos, lo encerraron en una torre. Dicetas se suicidó en prisión. Existieron así mismo las mujeres diplomáticas. Por las condiciones de carácter que hay que poner a prueba; quizás no hayan sido mujeres muy afectas a la diplomacia. Sin embargo, las ha habido, y muy felices en sus gestiones. Tal es el caso de Renée du Bec, viuda del Mariscal de Quebriant, nombrada formalmente embajadora y acreditada como tal por Luis XIV ante Ladislao IV, rey de Polonia en 1646. Se conoce en la historia con el nombre de “Paz de las damas” al tratado de Combrai elaborado por la madre de Francisco Iº y la archiduquesa de los Países Bajos, tía de Carlos V, en calidad de plenipotenciarios.
El caso más curioso de la historia de la diplomacia fue el de Eon de Beaumont, en el siglo XVIII. Después de haber servido en los ejércitos de Luis XV fue nombrado por este monarca su agente secreto, primero en San Petesburgo y después en Londres. Secretario de la embajada del duque de Invernáis, puso en juego tales condiciones de simpatía y don de gentes que el rey Jorge III lo honró con la misión de ser él en persona quien llevara a Francia la ratificación del Tratado de Paz. Pero, siendo Ministro plenipotenciario reveló el secreto de algunos documentos, y fue destituido. Más tarde, a raíz de un ruidoso proceso entablado en 1777, se difundió que Eon de Beaumont era mujer y no varón. No teniendo nada que hacer en Londres, este curioso personaje retornó a Paris buscando que el Rey lo perdonara. Después de muchos dimes y diretes, Luis XVI le concedió una pensión; pero debía usar vestiduras de mujer. En 1791, solicitó un nuevo puesto en el ejército “son coeur se revoltait contre sa coiffe et ses jupes”. Al morir en Londres en 1810, los periódicos afirmaron que era hombre. Pero lo indiscutible es que este extraño personaje de la diplomacia poseía indudablemente altas condiciones para el oficio.
Una de las normas fundamentales de la diplomacia –la cuestión de precedencia- ha originado episodios curiosos, simplemente pintorescos unos, lamentablemente trágicos otros. Según la cuestión de precedencia, todos los países son jurídicamente iguales. Pero en la práctica, ésta igualdad de derecho encuentra escollos en una desigualdad de hecho y provoca conflictos que son famosos en la historia. El más serio de estos incidentes fue el asunto de los coches en Septiembre de 1661, en Londres, con motivo de la recepción del embajador de Suecia. El embajador de España, llamado Watteville, envió su carruaje con algunos hombres de su séquito y una escolta de unos 40 sirvientes armados. El coche del embajador francés, conde d’Estrades, y la carroza que había de ocupar el nuevo embajador de Suecia se encontraban ya en el lugar de donde partiría la comitiva.
En el carruaje francés iba el hijo de d’Estrades con algunos caballeros del séquito del embajador, seguido de una escolta de 150 hombres, de los cuales 40 llevaban armas de fuego. En cuanto el embajador sueco tomó asiento en la carroza real, el carruaje del representante francés trató de colocarse inmediatamente detrás. La representación española se negó firmemente a cederle la precedencia, lo que originó una verdadera batalla campal. Los franceses se lanzaron sobre los españoles espada en mano, empuñando pistolas, tratando de abrirse paso a fuerza de tiros y estocadas. Pero los españoles, enardecidos, mataron los caballos del carruaje francés, echaron al cochero del pescante y mataron al postillón. No teniendo quien los dificultara en su intento –eliminados los franceses- los españoles ocuparon el primer puesto inmediatamente después de la carroza que conducía el embajador de Suecia. Pero las cuestiones diplomáticas no terminan tan pronto. Luis XIV –el rey más poderoso de la Tierra en ese entonces- hizo temblar a Europa con su ira al tener conocimiento de lo ocurrido. Ordenó que el embajador de España en París abandonara inmediatamente el reino al mismo tiempo que ordenaba a su representante en Madrid que exigiese el castigo de los culpables y el compromiso solemne de que jamás los embajadores españoles volverían a disputar a los franceses la precedencia en las cuestiones de ceremonial. Cualquier negativa a las condiciones impuestas significaría la guerra. Por supuesto que Watteville fue sacrificado. El Marqués de la Fuente como embajador extraordinario fue a Francia a desautorizar la conducta del flamenco Watteville y a proclamar a la faz de la Tierra que el monarca español había prohibido a todos sus embajadores disputar a los representantes del rey de Francia la cuestión de la precedencia. Fue en Versalles, ante el mismo Luis XIV, donde el embajador de la Fuente dejó establecido que el valor físico era a la diplomacia lo que la ceguera a la pintura.
La cuestión fue definitivamente resuelta en el Pacto de la Familia el 15 de agosto de 1761, estableciendo que en Nápoles y en Parma, donde los soberanos pertenecían a la Casa de Borbón, el embajador de Francia tendría siempre la precedencia; pero en las otras cortes, la precedencia se determinaría por la fecha de llegada, teniendo prioridad Francia en el caso de que los dos embajadores hubiesen llegado el mismo día.

Autor: Pablo Rojas Paz. Hombres y momentos de la diplomacia. Colección Oro de Cultura General. Ed. Atlántida Bs. As. 1946

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