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El
Secretario
de Estado adjunto para asuntos del
Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, fue el
primer alto funcionario de Washington en reunirse
con el presidente boliviano Evo Morales, en la
víspera de su toma de posesión el 22 de enero. Sin
embargo, más de un año antes de que el veterano
diplomático estadounidense ofreciese una rama de
olivo al líder de los cocaleros—que
culminaba su ascenso con una victoria electoral en
diciembre—, el presidente brasileño había enviado
a su consejero para asuntos internacionales, Marco
Aurelio García, a pedir garantías a Morales de que
su plan de nacionalización de los recursos
energéticos de Bolivia no incluiría la
expropiación de empresas extranjeras.
El mayor inversor extranjero y el mayor exportador
de Bolivia es la compañía estatal brasileña,
Petróleo Brasileiro, SA, Petrobras, y el segundo,
la española Repsol-YPF. Exxon- Mobil es una más
entre otras muchas, como la francesa Total SA y
las británicas BG Group y BP PLC.
El ranking de inversores extranjeros
muestra cómo ha cambiado la región desde los años
90, cuando toda su atención se centraba en las
relaciones políticas y económicas con Estados
Unidos. Hoy no todos los caminos llevan a
Washington; algunos llevan a Brasilia, Madrid o
Pekín.
Distintas zonas de Latinoamérica se han convertido
en campo de juego de empresas multinacionales,
todas ellas en busca de concesiones de minería y
petróleo. La competencia impregna las inversiones,
el comercio y la política de Latinoamérica. Los
beneficios de los elevados precios de las materias
primas han provocado un auge inesperado en muchas
economías, situando a algunos países en la senda
de la independencia financiera. Mientras que hace
cinco años, los gobiernos luchaban para pagar un
déficit comercial de 44.000 millones de dólares,
el año pasado la región obtuvo 37.000 millones de
dólares de superávit. Las empresas españolas, en
su afán por convertirse en actores destacados de
la economía global, son las que han ido abriendo
este camino.
Sin embargo,
en el futuro de Latinoamérica persisten algunas sombras:
los problemas aparentemente insolubles de la pobreza y la
desigualdad; las implicaciones del giro político a la
izquierda; la incapacidad de aprovechar la globalización
para beneficiar a la región en su conjunto; la necesidad
de encontrar una nueva agenda y un nuevo liderazgo
regional.
“Cuando
finalizamos la Cumbre de las Américas [en 1994], teníamos
una única agenda”, explica Donna J. Hrinak, que culminó su
carrera diplomática como embajadora de EEUU en Brasil,
antes de convertirse en asesora y directora de Kissinger
McLarty Associates, en Washington y Miami. “Hoy hay muchas
agendas distintas”.
EVITAR EL
CALLEJÓN SIN SALIDA: POBREZA Y
DESIGUALDAD
El esfuerzo
de varias generaciones de ministros de Economía y
presidentes de bancos centrales ha logrado estabilizar la
economía, dominar la inflación, reducir el gasto público y
equilibrar las balanzas por cuenta corriente. Sin embargo,
muchos países de la región se encuentran en un punto
muerto, puesto que el moderado crecimiento económico no ha
permitido erradicar los problemas de los más
desfavorecidos.
“La pobreza
y la desigualdad constituyen una cuestión de primer orden
para la región”, afirma Joseph S. Tulchin, investigador
del Programa Latinoamericano del Woodrow Wilson Center for
International Scholars.
Más de
veinte años de neoliberalismo, un conjunto de medidas que
llevaron la estabilidad a unas economías inflacionarias y
permitieron la liberalización del comercio y la
desregulación y privatización de las empresas públicas,
sólo ha conseguido una pequeña reducción del número de
pobres. El último informe de la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe, hecho público en Santiago de
Chile, anunciaba una tasa de pobreza para la región de
algo más del 40% en 2005, con casi la mitad de esa
población viviendo en la miseria. Estas cifras suponen una
mejora respecto al 48% de 1990, pero están lejos de los
Objetivos del Milenio, que aspiraban a rebajarla a la
mitad para 2015. Chile sigue siendo el único país que ha
disminuido de forma constante el número de pobres: de más
del 40% en 1990 hasta el 18% actual.
La enorme
pobreza, atrincherada en ciudades que crecieron a gran
velocidad en los 90, ha encendido la chispa de las
protestas callejeras que, a su vez, han apeado del poder a
presidentes de Argentina, Ecuador y Bolivia y amenazaron
el mandato de Alejandro Toledo en Perú. Incluso en
aquellos países en los que la pobreza no se ha traducido
en malestar social, está reforzando la posición de los
políticos de izquierda en las elecciones presidenciales,
algo que tiene poco que ver con aquella democracia
prevista hace una década.
“Lo que
estamos viendo ahora son expectativas, pero no políticas
que puedan satisfacer esas expectativas”, señala Joy Olson,
consejero del Departamento de Estado estadounidense para
asuntos de Latinoamérica.
Políticos y
analistas están de acuerdo en la necesidad de mayores
reformas. Sin embargo, no existe consenso sobre el tipo de
reformas para atajar la pobreza y la desigualdad.
Los
partidarios del neoliberalismo reprochan a la región el no
haber puesto en marcha cambios como la flexibilización de
la rígida regulación del mercado laboral o la modificación
de las políticas fiscales para incrementar los recursos
públicos. A pesar de las medidas liberalizadoras, sigue
siendo demasiado complicado crear una empresa, solicitar
un préstamo o incluso transportar mercancías a otros
países de Latinoamérica. Otros insisten en que los
gobiernos deben prestar atención a la calidad del gasto
público para mejorar las infraestructuras, la educación y
los servicios sociales.
En las
calles, los manifestantes piden más empleos y mejores
salarios e instan a sus gobiernos a que abandonen
cualquier vestigio de las políticas económicas que en el
pasado recomendaron el FMI y Washington.
Brian Latell,
investigador asociado del Instituto de Estudios Cubanos y
Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, advierte que
Washington ha olvidado promover los “ingredientes de la
democracia”, como el Estado de Derecho, el buen gobierno,
la lucha contra la corrupción y la mejora de los servicios
sociales, imprescindibles para establecer vínculos y
lealtad entre el pueblo y los gobernantes.
El consenso
sobre la necesidad de que Latinoamérica mejore su
gobernabilidad va unida a la preocupación por la pérdida
de competitividad de la región, especialmente respecto a
China e India. Ha disminuido el gasto en infraestructuras,
así como en educación y sanidad. En los años 80, el gasto
en infraestructuras rondaba el 3% del PIB; en la
actualidad, no llega al 1%. La política económica se
desliza hacia el terreno político. “Ha habido muy poco
éxito [en la lucha contra la pobreza] y, en consecuencia,
la política se ha polarizado”, señala Tulchin.
DISTINTAS
DIRECCIONES:
LATINOAMÉRICA GIRA A LA IZQUIERDA
Los votantes
se están alejando de la dirección que marcaron en los años
90 y están optando por líderes izquierdistas, como
Morales. La elección de Oscar Arias, candidato a la
presidencia de Costa Rica favorable al libre comercio,
parecía que era cosa de coser y cantar. Sin embargo, la
reciente elección presidencial frente al economista Otton
Solís tuvo un final muy reñido, una señal de la profunda
insatisfacción del votante con el statu quo. Este
año también se celebran elecciones presidenciales en Perú,
México y Brasil: en todas las contiendas hay un candidato
de izquierdas.
Los líderes izquierdistas van desde Michelle Bachelet, de
Chile, que mantiene cordiales relaciones con Washington,
hasta el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. “La disputa
aparece sólo cuando los vecinos de un país se sienten
amenazados”, señala Latell.
Washington está a la espera de ver qué camino toma Morales
en Bolivia, pero parece claro que la dilatada lista de
inversores presentes en su economía constituye un
contrapeso ante la adopción de medidas extremistas.
En un gesto
simbólico, cien días después de llegar al poder, Morales
ha hecho realidad su promesa electoral de nacionalizar las
inversiones energéticas extranjeras. El anuncio fue
acogido con aclamaciones en su país, protestas de
Gobiernos vecinos y advertencias por parte de las empresas
petroleras globales de que llevarán a Bolivia ante los
tribunales internacionales. Pero los detalles de la
nacionalización todavía son inciertos, y tras una
precipitada cumbre, ha quedado claro que los implicados
todavía prefieren la negociación a la confrontación.
“Soy
optimista, pues las reformas del mercado pueden tener
lugar incluso con gobernantes de izquierda”, explica
Javier Corrales, profesor de Ciencia Política del Amherst
College de Massachusetts (EE UU), aunque dependerá, añade,
del tipo grupos que dé apoyo a cada gobierno.
La principal
nota discordante es la creciente retórica y hostilidad
entre el gobierno de Chávez y la Administración Bush. La
secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice,
declaró recientemente que la región necesitaba un “frente
unido” contra la intromisión de Venezuela en los asuntos
de los demás. Latell precisa, asimismo, que los
movimientos de Chávez se realizan al dictado del
presidente cubano Fidel Castro. Sin embargo, el general
Bantz Craddock, jefe del Mando estadounidense del Sur,
intentaba rebajar el tono en una reciente conferencia
sobre seguridad celebrada en Miami. “La situación en estos
momentos exige hechos no palabras”, puntualizaba Craddock.
Pese al
enfrentamiento entre el Gobierno Chávez y la
Administración Bush, Venezuela continúa abasteciendo una
quinta parte de las necesidades energéticas de EEUU, y
sigue enviando su crudo pesado, de difícil refino, a las
plantas estatales venezolanas, especialmente equipadas,
situadas en la región del Golfo de EEUU.
Si
Washington está preocupado por Chávez, los inversores
parecen estarlo ante la posibilidad de que Andrés Manuel
López Obrador, candidato del Partido de la Revolución
Democrática (PRD), de centro izquierda, gane las
elecciones presidenciales de México que se celebrarán en
julio, o por que Anthony Garotinho, populista brasileño,
pueda participar, en octubre, en la carrera presidencial
contra Lula.
Es como si
la nueva izquierda hubiera iniciado ya un diálogo con Wall
Street. El día en que López Obrador presentaba
oficialmente su programa, en un mitin en el Estado de
Guerrero, prometía luchar contra la pobreza y controlar el
gasto público. “Espero que la gente sepa y quiera
escuchar”, declaraba el antiguo alcalde de la Ciudad de
México. “Habrá una economía de mercado, pero el Estado
fomentará el desarrollo social para luchar contra las
desigualdades”.
En lugares
como Brasil o Perú, la llegada de presidentes de izquierda
no ha supuesto una vuelta al pasado. “Muchos tenían miedo
a Toledo y, sin embargo, hemos obtenido los mejores
resultados de los últimos 50 años”, precisa Roberto Danino,
ex consejero del Banco Mundial y antiguo primer ministro
bajo el mandato de Toledo. Si bien los índices de
popularidad del presidente se sitúan sobre el 20%, el
crecimiento económico alcanzó el 6,7% en 2005 y sus
exportaciones se han triplicado, gracias, en parte, al
incremento de los precios del cobre y otras materias
primas.
LAS
MULTINACIONALES SE ABREN CAMINO EN
LATINOAMÉRICA
Las escenas
de neumáticos incendiados, carreteras bloqueadas y airados
manifestantes en países como Bolivia contrastan con el
optimismo y la actividad en el mundo de los negocios.
Las empresas
y los inversores han iniciado la carrera hacia
Latinoamérica a toda velocidad, impulsando una subida del
índice del mercado regional de valores de un 47% en 2005 y
de un 12% en el de bonos. Las multinacionales han tejido
una compleja red de inversiones, creando una serie
impresionante y creciente de activos e intereses
estratégicos.
Esta oleada
de optimismo sobre la estabilidad regional ha impulsado el
mercado de bonos de los mercados emergentes. “Existe esa
euforia en todos los mercados de bonos”, afirma Christian
Stracke, jefe de investigación de mercados emergentes de
CreditSights, una firma independiente de Wall Street.
Incluso el
Gobierno chino ha empezado a comprar bonos de mercados
emergentes con sus reservas de divisas. Hasta el momento,
las compras han sido escasas. “Sin embargo, una pequeña
cantidad de 800.000 millones de dólares [en reservas
externas] es mucho”, precisa Stracke.
A pesar de
que el comercio con China representa sólo el 4% del total
de la región, 20.000 millones de dólares en 2004, la
demanda china de materias primas, unida a la recuperación
del resto de Asia y Estados Unidos ha incrementado los
precios de los productos básicos en todo el mundo. Una
compañía minera como el Grupo México no necesita exportar
a China para recoger los beneficios extraordinarios
procedentes de los altos precios del cobre.
Las
exportaciones han impulsado el crecimiento económico anual
medio de Latinoamérica y el Caribe hasta una cifra record
del 5,9% en 2004 y lo mantienen a un ritmo sostenido, por
encima del 4,6% en 2005 y del 4,4% previsto para 2006, un
contraste positivo con los niveles de casi estancamiento
registrados entre 1998 y 2003.
Las
compañías chinas y otras empresas internacionales compiten
para asegurarse las concesiones de minería y energía. La
inversión extranjera directa en el sector minero de
Argentina alcanzó los 800 millones de dólares el año
pasado. En Colombia, Barrick Gold está considerando la
posibilidad de reabrir sus minas de oro abandonadas. Una
joint venture entre la China National Petroleum
Corp. y la China Petroleum y Chemical Corp. logró la
adjudicación, frente a una firma india, de los intereses
petrolíferos en Ecuador de Encana Corp., una compañía con
base en Canadá.
Codelco, la
empresa estatal chilena de cobre, y la china Minmetalls
firmaron en febrero un contrato por el cual la primera
suministrará 836.000 toneladas de cobre a China, durante
los próximos 15 años, por 2.000 millones de dólares.
Minmetals cuenta, asimismo, con opción a compra de entre
un 25% y un 49% de una mina de Codelco que estará en
funcionamiento en 2009. Endesa International está
construyendo una planta térmica, TermoFortaleza Power
Project, en el desfavorecido noreste brasileño.
Una
investigación reciente realizada por KPMG LLP revela que
los gestores de fondos de inversión privados se muestran
optimistas y pronostican un incremento de las inversiones
del 25% o superior en la región, en 2006.
Según
Dealogic, las fusiones y adquisiciones con compañías
latinoamericanas han pasado de 8.900 millones de dólares,
en 2004, a 10.900 en 2005, mientras el número de
operaciones aumentó de 140 a 155. “En un 94% de ellas
participan Brasil, Argentina y México”, afirma Víctor
Esquivel, jefe de los servicios de asesoría financiera de
KPMG en México. “En esos países, existe liquidez y
compañías con claros planes de expansión”, como es el caso
de la argentina Techint, que ha comprado la acería
mexicana Hylsa.
Las
españolas han sido las pioneras; muchas son compañías
estatales de servicios públicos que llegaron a la región
en los 90 cuando se pusieron a la venta numerosas empresas
públicas. Los riesgos eran elevados; algunas operaciones
fueron absolutos fracasos como la adquisición, por Iberia,
de las líneas aéreas de Argentina y Venezuela. Otras
fueron muy lucrativas, como la compra por Telefónica de
las compañías de telefonía de Perú y Argentina.
“Se trata de
sectores muy regulados, muy visibles, altamente
politizados. Hay que ser capaz de negociar con los
gobiernos. Es muy arriesgado, pero los beneficios son
enormes,” señala Mauro Guillén, catedrático de Gestión
Internacional de Empresas en la Wharton School de la
Universidad de Pennsylvania. “Obviamente se aprende, la
experiencia acumulada es muy importante”, añade Guillén.
Las buenas
inversiones se vuelven en contra cuando las condiciones
económicas se debilitan, como ocurrió con el desplome
financiero de Argentina, en 2001, que hizo que las
compañías españolas se lanzaran a presentar una avalancha
de reclamaciones ante el Centro Internacional para la
Resolución de Conflictos sobre Inversiones, del Banco
Mundial, contra la devaluación del peso decretada por el
Gobierno.
No obstante,
su experiencia en Latinoamérica ha permitido a las
empresas españolas aumentar su dimensión. Santander y BBVA
son no sólo los mayores bancos de la región —y además, muy
rentables—, sino que Santander es, también, uno de los 10
mayores bancos del mundo. Telefónica, a su vez, es la
mayor compañía de telecomunicaciones de la zona y la
tercera mayor del mundo. La expansión también ha permitido
aumentar los beneficios de Petrobras, hasta los 11.200
millones de dólares en 2005, la cifra más alta alcanzada
hasta ahora por una empresa en la región.
Las firmas
estadounidenses, por su parte, tampoco dan marcha atrás.
“Se habla mucho de los aspectos negativos”, señala
Kathleen C. Barclay, presidenta de la Asociación de
Cámaras de Comercio de Latinoamérica. “Sin embargo, las
empresas de EEUU están haciendo bastantes negocios”.
Barclay, directiva de Asesorías KCB Ltda., una consultora
internacional de Santiago, considera la proliferación de
inversores extranjeros como un factor de estabilidad.
CÓMO
APROVECHAR LA DEMANDA GLOBAL PARA
BENEFICIAR A LA REGIÓN
La codicia
de China por el mineral de hierro, el cobre, el petróleo y
la soja ha servido para impulsar el crecimiento, liderado
por las exportaciones, de Argentina, Brasil, Chile y Perú.
Pero incluso los países que se enfrentan a la competencia
feroz de los productos de consumo chinos, desde México
hasta Ecuador y Colombia, se han beneficiado de los altos
precios de las materias primas.
El factor
China ha servido para otorgar a los países
latinoamericanos independencia, tanto financiera como
respecto al Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus
dictados económicos. El dinero procedente de las
exportaciones va a parar a las reservas de divisas de
Argentina y Brasil, lo que ha permitido a ambos países
liquidar su deuda con el FMI.
Brasil
anunciaba recientemente su intención de recomprar 6.600
millones de dólares de sus bonos Brady; Venezuela y
Colombia también han declarado su intención de recomprar
los bonos Brady que permanecen en el mercado desde la
crisis de los 80. Venezuela, gracias a los beneficios del
petróleo, calculados en 33.000 millones de dólares para
2006, ha empezado a prestar dinero a sus vecinos,
comprando nuevas emisiones de deuda de Argentina y más de
300 millones de dólares de deuda en Ecuador.
Brasil, que
recibe de Bolivia la mitad del gas natural que consume,
planea firmar acuerdos de inversión y cooperación con YPFB.
Superadas las dudas iniciales, Repsol-YPF también ha
prometido realizar nuevas inversiones.
Tulchin
afirma que “la estabilización económica y los procesos de
liberalización de los 90 han permitido a los países
latinoamericanos participar en el mercado global”.
Existen
riesgos. China e India o Estados Unidos podrían tropezar
provocando el hundimiento de la demanda mundial y dejando
a los países latinoamericanos con recursos naturales sin
sus beneficios. No obstante, Latinoamérica está en estos
momentos ganando dinero en lugar de ser el último eslabón
de la cadena de préstamos internacionales.
EL CAMINO
HACIA LA INTEGRACIÓN REGIONAL: UNA
CARRETERA LLENA DE BACHES
La propuesta
del Área de Libre Comercio de las Américas se encuentra
hoy en punto muerto.
Los
defensores del libre comercio han tenido que reducir sus
aspiraciones de establecer un bloque comercial regional
con sede en Washington, aunque sigue habiendo algunos
países dispuestos a avanzar al unísono con Estados Unidos.
Perú finalizó en diciembre sus negociaciones para alcanzar
un acuerdo bilateral, mientras que Colombia lo hizo a
finales de febrero. Las negociaciones con Panamá y Ecuador
siguen en la agenda. Los acuerdos peruanos y colombianos
pueden pasar sin dificultad por el Congreso de EEUU, como
fue el caso del acuerdo chileno de libre comercio, pero
también podrían tropezar con una fuerte oposición, como en
el caso del Acuerdo de Libre Comercio con Centroamérica y
la República Dominicana el verano pasado.
“En todas
partes se ha marchitado la rosa de la globalización,”
señala Gary Hufbauer, un experto en comercio del Institute
for International Economics de Washington. “Los acuerdos
de libre comercio son uno de los sellos de marca de la
globalización”.
Igual que
Estados Unidos y Europa, Latinoamérica debe competir con
China. Brasil, Argentina, Perú y Chile concedieron a
China, a finales de 2004, el estatus de economía de
mercado. Sin embargo, mientras que las exportaciones
chinas, especialmente de ropa y calzado, han entrado a
raudales a la región, Brasil todavía está esperando las
infraestructuras prometidas por el presidente Hu Jintao en
su visita oficial de 2004, y en los últimos meses ha
pedido a China reducciones voluntarias de sus
exportaciones de textil y calzado.
Los intentos
de integración de los países de la región han avanzado,
también, aunque a paso lento. No se ha realizado, sin
embargo, ningún progreso en la creación de una Comunidad
Suramericana de Naciones, si bien Brasil y Perú han
inaugurado recientemente un puente de más de 200 metros
que enlaza los dos países por el Amazonas. Petrobras ha
propuesto construir un gaseoducto para transportar gas
natural desde Venezuela hasta Argentina. Chávez, por su
parte, habla a menudo de sus planes para crear una
organización bolivariana de naciones.
Ninguna de
estas propuestas tiene el profundo atractivo del Área de
Libre Comercio para las Américas ni el apoyo de todos los
países. El problema, según los expertos, es el liderazgo.
La Administración Bush dejó claro en las crisis argentina
de 2001 y boliviana de 2003 que Washington no iba a “hacer
de Santa Claus” nunca más saliendo fiador de angustiados
gobiernos en apuros.
“¿Quién va a
aceptar ese papel?”, apunta la diplomática estadounidense
Hrinak. Brasil y Estados Unidos necesitan trabajar juntos
como líderes regionales. “Es el momento de que
Latinoamérica muestre que está preparada para asumir su
lugar en el mundo”.
Autor: Jane
Bussey. en "Latinoamérica, no todos los caminos llevan a
Washington”, Foreign Policy Edición Española, N°
15, junio-julio 2006, pp. 4-10. |