Estados Unidos y Europa: ¿Aliados o rivales?

Mientras los conflictos se multiplican en todo el planeta, Estados Unidos y Europa parecen no poder alcanzar un acuerdo sobre la forma de manejar las situaciones de riesgo. A ambos lados del Atlántico, los analistas señalan que sus relaciones están en el punto más tenso de los últimos tiempos.

> La CIA en Europa
El 2006 empezó con dificultades diplomáticas serias cuando se dio a conocer que la CIA habría utilizado espacio aéreo y aeropuertos europeos para transportar individuos secuestrados por su presunta conexión con actividades terroristas.
De acuerdo con una investigación del diario Washington Post, entre los destinos de estos vuelos figurarían países de Europa del Este, Afganistán y otras zonas de fuerte presencia militar estadounidense. Allí se encontrarían centros de detención donde los sujetos secuestrados habrían sido interrogados bajo métodos de tortura.
La irritación de los principales líderes europeos no tardó en manifestarse: se sucedieron múltiples exigencias de explicaciones, el debate alcanzó al seno de la OTAN, y la Asamblea del Consejo de Europa inició una investigación para determinar la existencia de actividades ilegales estadounidenses en territorio de la Unión Europea.
Ante este delicado escenario, la respuesta por parte de Estados Unidos no se hizo esperar. Y sorprendió por su dureza. El Presidente Bush negó el uso de tortura en los interrogatorios, pero reivindicó los operativos de la CIA como una herramienta de vital importancia en su estrategia de lucha contra el terrorismo.

> Posiciones contrapuestas
Este episodio es una expresión clara de las profundas diferencias que existen entre Estados Unidos y Europa a la hora de enfrentar los desafíos de un mundo cada vez más inestable.
En el país norteamericano, que desde septiembre del 2001 está en estado de guerra contra el terrorismo, los sentimientos nacionalistas parecen dominar la opinión pública. Al mismo tiempo, se impone una política exterior pragmática más orientada hacia los resultados a corto plazo que por las normas y valores diplomáticos.
Desde Europa, en cambio, se plantea un modelo de seguridad basado en acciones multilaterales a través de organismos como la ONU, donde el énfasis está puesto en el diálogo y el logro de consensos más que en el uso de la fuerza. En esta perspectiva, el respeto por los derechos humanos y las convenciones internacionales es considerado un principio no negociable.
De ahí que las prácticas unilaterales norteamericanas, apoyadas en una supremacía militar incontestable, sean uno de los blancos de las críticas a la gestión del Presidente Bush. Pierre Lellouche, miembro del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento francés, es categórico: “La divisoria de aguas es el absoluto desastre en Irak, que ha arrasado con toda credibilidad americana.”
Como muestra del impacto de estas tensiones a nivel de la opinión pública europea, una encuesta del Centro de Investigaciones Pew señala que la imagen de Estados Unidos ha alcanzado su punto más negativo en los últimos 50 años.
La cumbre de Viena, el pasado mes de junio, fue el contexto de un acercamiento de estas posiciones enfrentadas. En este caso, la situación de los detenidos en la base de Guantánamo ocupó el primer plano en los debates.
Un intenso trabajo diplomático tuvo como fruto una declaración conjunta, en la que la Unión Europea y los Estados Unidos manifestaron su compromiso de garantizar el respeto por los derechos humanos y el derecho internacional en el combate contra el terrorismo.
Lamentablemente, el estallido del conflicto entre Israel y el Líbano volvió a poner de manifiesto las divergencias. Mientras los líderes europeos presionaban para obtener una rápida resolución de la ONU que exigiera un cese del fuego, Estados Unidos pedía a sus aliados europeos tropas para conformar un cuerpo de paz en el sur del Líbano.

> Las claves estructurales
Algunos analistas sugieren que la actual política exterior de Estados Unidos sería una de las causas de la precariedad creciente del escenario internacional.
El director de la revista Foreign Policy, Moisés Naim, señala que “Desde que Bush está en la Casa Blanca se han exacerbado conflictos en distintas partes del planeta que ya estaban antes. Nadie duda, por ejemplo, de que la invasión a Irak alentó la inestabilidad”. Sin embargo, advierte: “Mucho de la actual situación mundial es producto de fenómenos que trascienden al gobierno republicano y a los estadounidenses.”
El factor estructural en la inestabilidad de las relaciones internacionales es la necesidad de garantizar el control de los recursos energéticos. Mientras las reservas naturales de petróleo disminuyen, las disputas alrededor de los puntos estratégicos se hacen más candentes.
Frank Kane, analista del diario The Guardian, indica que esta situación podría reconfigurar las relaciones de fuerza entre los países centrales y los periféricos: “Lo que solíamos llamar el Tercer Mundo tiene la última palabra en la batalla por los recursos energéticos, desde Bahrain a Bogotá, y Occidente tendrá que acostumbrarse a un nuevo balance de poder en los mercados de energía mundiales.”

> El futuro incierto
El cambio en el mapa estratégico internacional se tradujo rápidamente en novedades en el mundo de la diplomacia. De los 74 nuevos puestos diplomáticos creados por Estados Unidos este año, la abrumadora mayoría está destinada a países considerados periféricos en Asia y América Latina. Para equilibrar sus gastos, 61 posiciones fueron cerradas. ¿Dónde? En Inglaterra, Rusia, Alemania, Bélgica, Polonia, Italia y España.
Europa también redefine sus prioridades. Inglaterra, Alemania y Francia coinciden en un movimiento que lleva a sus diplomáticos hacia el Norte de África, Medio Oriente, Indonesia, Pakistán y Afganistán.
En marzo de este año, en la presentación de las prioridades estratégicas internacionales de la Oficina de Asuntos Exteriores del Reino Unido, el entonces ministro Jack Straw remarcó la diferencia entre una diplomacia “en” un mundo cambiante y “para” un mundo cambiante.
Ante un panorama internacional altamente inestable, la única alternativa para evitar una posición desventajosa está en tomar la iniciativa y darle forma al incierto futuro.
Las rencillas diplomáticas entre Europa y Estados Unidos son parte de la disputa por quién definirá el modelo del mundo por venir.

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