Inicios del estudio del impacto de los medios de difusión masivos
 

Cuando la gente comenzaba a especular sobre los efectos de los medios de difusión de masas, se manifestaron dos tendencias opuestas. Algunos comentaristas sociales pensaban que los medios de difusión no harían nada menos que restablecer el tipo de opinión pública informada que caracterizaba a la "asamblea de pueblo", dado que los ciudadanos tendrían nuevamente acceso igualitario a una información íntima, casi de primera mano, sobre todas aquellas cosas que requirieran sus decisiones. Según este punto de vista, la gente había perdido contacto con un mundo en constante crecimiento, y los medios de difusión de masas podrían ponerlo nuevamente a su alcance.
Había otros que veían las cosas en forma bastante distinta. para éstos los medios de difusión en gran escala aparecían como los agentes del mal, empeñados en aniquilar la sociedad democrática. Primero se temió que los diarios, y más tarde la radio, pudieran actuar como poderosas armas capaces de estampar determinadas ideas en las mentes indefensas de lectores y radioescuchas. Durante la década del 20 muchos afirmaron que había sido la propaganda de los diarios "lo que nos llevó a la guerra", en tanto que en la década del 30 la campaña de Roosvelt era también para muchos una "prueba" de que el "encanto de una voz" propalada por la radio podía arrastrar a los hombres en cualquier dirección.
Desde cierto punto de vista, estas dos concepciones acerca de la función de los medios de difusión de masas parecen netamente opuestas. Sin embargo, es posible señalar cómo, en otro sentido, no difieren mucho una de otra. Tanto quienes consideraban que el surgimiento de los grandes medios de difusión era el amanecer de la democracia, como quienes veían en ellos instrumentos de un designio perverso, tenían aproximadamente la misma imagen del  proceso de las comunicaciones en gran escala. esta imagen era, ante todo, la de una masa atomizada de millones de lectores, radioescuchas y espectadores de cine, preparados para recibir el Mensaje; en segundo lugar, se imaginaban cada Mensaje como un estímulo directo y poderoso para la acción, capaz de provocar una respuesta inmediata. En suma, se atribuía a los medios de comunicación el carácter de nueva fuerza unificadora -una especie simple de sistema nervioso- que llegaba hasta cada ojo y cada oído, en una sociedad caracterizada por una organización social amorfa y por una gran pobreza de las relaciones interpersonales.
Tal fue el "modelo" -de la sociedad y de los procesos de comunicación- que parece haberse tenido en cuenta durante las primeras investigaciones sobre los medios de comunicación de masas, cuando dichas investigaciones se iniciaron, en la década del 20, poco después de la introducción de la radio. El "modelo" derivó en parte de la imagen que la mente popular tenía del poder de dichos medios. Al mismo tiempo, este "modelo" halló confirmación en el pensamiento de ciertas escuelas de teoría social y psicológica. La sociología clásica europea de fines del siglo XIX señalaba con insistencia la desintegración de las relaciones interpersonales en la sociedad urbana industrial; y la aparición de nuevas formas de control social remoto e impersonal. Más tarde, libres ya del contexto de estas asociaciones, los métodos de muestreo al azar, las técnicas de investigación de opiniones y actitudes y una disciplina basada en el enfoque de los individuos "representativos", vincularon los comienzos de la investigación sobre comunicaciones, a la psicología aplicada.

Investigación sobre los medios de comunicación de masas: el estudio de las "campañas".

Tales fueron algunas de las ideas con las que se comenzó la investigación de los medios de difusión de masas. A medida que ésta proseguía, su división en tres grandes campos se hizo tradicional.
La investigación del auditorio -el estudio de la cantidad y el tipo de personas a quienes alcanza un determinado mensaje o medio de comunicación- es históricamente la más antigua de estas divisiones y aún hoy la más fértil.
La segunda división corresponde al análisis de contenido, y contenido y comprende el estudio del lenguaje, la lógica y la disposición interna de los mensajes transmitidos. Finalmente, lo que ha dado en llamarse análisis del efecto, o estudio del impacto de los medios de comunicación de masas.
Para algunos fines, esta triple división es útil. Para otros, sin embargo, -y especialmente en lo que hace a nuestro propósito inmediato- resulta un poco engañosa, porque oscurece un hecho fundamental: lo que se proponen en definitiva todos los estudios sobre comunicaciones es investigar los efectos. Desde las primeras teorizaciones sobre el asunto hasta las investigaciones empíricas más recientes, solo hay, en esencia, un problema subyacente -aunque no siempre se lo indique-, a saber: "¿qué es lo que pueden "hacer" los medios de comunicación?". El mismo "modelo" que hemos examinado plantea esta cuestión, y también lo hacen los "clientes" de las investigaciones sobre los medios de comunicación. Piénsese en el locutor, el dirigente de una emisora, el propagandista o el educador. Lo que les interesa a estos patrocinadores de la investigación es sencillamente el efecto que producen en el público sus mensajes. Y si nos encontramos con que encargan estudios sobre las características de sus auditorios, tenemos derecho a suponer que esos aspectos están conectados, de algún modo, con los efectos.
Más aún, si reflexionamos un poco más sobre estos modelos de investigación y sus motivaciones, podemos precisar la noción de efecto. Hemos estado hablando del efecto como si este fuera un concepto simple, cuando en realidad son de muchos tipos los efectos que los grandes medios de comunicación pueden tener sobre la sociedad, así como varias las dimensiones con arreglo a las cuales pueden clasificarse dichos efectos.
Ahora bien, puede decirse que los patrocinadores -cuyos objetivos han orientado gran parte de las investigaciones sobre los medios de comunicación -han elegido en general uno solo entre los muchos tipos de efectos estudiados o categorizados, y lo han hecho objeto de una atención casi exclusiva. Sugerimos que en la investigación predomina el interés por estudiar la efectividad que tienen los intentos de influir sobre las opiniones y actitudes, a muy corto plazo. Quizás resulte más claro decir que se trata de un interés en los resultados de las "campañas" realizadas para obtener votos, para vender jabón, para atenuar los prejuicios.
Si se toma en cuenta que existen muchas otras consecuencias de los medios de comunicación de masas que merecen indudablemente la atención de los investigadores, pero que aún no la han recibido, podemos seguir adelante, teniendo presente esta definición más cautelosa: la investigación sobre los medios de comunicación de masas ha aspirado a comprender como y en qué condiciones las campañas por medios masivos (esfuerzos más bien específicos y de corta duración) logran influir sobre las opiniones y las actitudes.

Autor: Paul Lazarsfeld. "Los medios de comunicación de masas" en Horowitz (compi. Historia y elementos de la sociología del conocimiento) Eudeba. Bs As. 1964