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La perspectiva de indagación-intervención
que se desarrolla a continuación tiene como
objetivo hacer evidentes, «tele-evidenciar» los
procesos de ver televisión o «tele-videncia»,
como condición y a la vez estrategia pedagógica
para mejorar en beneficio de las mismas
tele-audiencias, su interacción múltiple con la
televisión. Dos convicciones
político-metodológicas sustentan y dan sentido a
esta perspectiva. La primera es la convicción de
que las tele-audiencias, esto es, las
sociedades contemporáneas segmentadas a partir
de su vinculación con la televisión, deben de
participar cada vez más crítica e informadamente
como interlocutoras de este medio y no
sólo como meras espectadoras (Orozco, 1996). La
segunda es la convicción de que la investigación
de sus interacciones televisivas debe proveer un
conocimiento útil no sólo para lograr una más
profunda y adecuada comprensión de su
«tele-videncia», sino sobre todo para mejorar
su interlocución con la televisión, a través de
sustentar estrategias educativas tendientes a
intervenir.
La apuesta en esta perspectiva, es entonces, que
una investigación que conlleve las convicciones
anteriores parte de la misma tele-audiencia y
de reconocerla no sólo como conjunto de sujetos
activos frente a la televisión, sino
principalmente como agentes sociales y
comunicativos, miembros y a la vez productores
de una cultura, en su múltiple interacción con
la televisión. Por eso, la exploración de sus
procesos de ver televisión, de tele-videncia,
constituyen una prioridad metodológica, ya que
es justamente en ellos y desde ellos, que parece
posible aprehender su agencia real y entender
sus prácticas comunicativas.
El énfasis anterior no significa soslayar al
medio, en este caso la televisión, como un
componente importante de la interacción con la
tele-audiencia. Por el contrario, en esta
perspectiva la televisión constituye un
referente fundamental en la comprensión del
proceso mismo de ver televisión y en la propia
constitución de las tele-audiencias. Componente
que es necesario entender, descubrir y asumir
como mediación,
para poder aspirar a entender el proceso de
comunicación en su conjunto.
Si bien la*televisión no es el medio
todopoderoso que se creyó que era por mucho
tiempo, y por lo cual se le ha temido tanto,
tampoco es un medio inocuo ni neutral. No es
neutral porque la televisión es, a la vez que
medio, una institución, y como tal está
necesariamente determinada de maneras
específicas en las distintas sociedades. No es
casual que la televisión actualmente en la
mayoría de los países esté en manos del gran
capital y exista así gracias a sus alianzas con
el poder político, conformando el bloque del
poder. No es inocua, porque como medio, la
televisión tiene un potencial intrínseco que
ejerce por lo menos una video-mediación en su
audiencia al estimular su percepción, sus
emociones y sus hábitos cognoscitivos y
lingüísticos de cierta manera y no de otra.
En esta perspectiva, la televisión tiene un
papel, que sin ser determinante, sí es
importante. Sin embargo, la estrategia
metodológica no comienza con desvelar ese papel
de la televisión, sino con conocer a la
tele-audiencia y explorar sus interacciones,
para de ahí inferir, y no deducir, el papel real
y diferenciado que la televisión está, de hecho,
teniendo en la sociedad.
La búsqueda por comprender
En esta perspectiva, el esfuerzo investigativo se centra
en entender. Lograr un entendimiento de algo, en
este caso de la tele-audiencia y su tele-videncia, se
concibe distinto a otros esfuerzos investigativos,
también legítimos pero diferentes, que buscan o
predecir, o explicar o interpretar.
La actividad científica históricamente ha privilegiado
distintos esfuerzos de investigación. Quizá el más
duradero ha sido el de predicción, por el cual a partir
de ciertas hipótesis que traducen el descubrimiento de
regularidades, un investigador es capaz de proponer la
ocurrencia de un determinado evento, siempre y cuando se
reúnan las condiciones requeridas. La predicción es la
prioridad dentro del paradigma positivista (Garfinkel,
1981).
El esfuerzo de explicación, sustentado dentro del
paradigma realista de la ciencia, busca encontrar
aquellos elementos que permitan contestar a por qué
determinados hechos ocurren. Aquí, no sólo las
regularidades, sino el contexto de donde ocurre un
evento es tomado en cuenta, ya que se considera que
incide en la explicación de acontecimientos específicos
(Orozco, 1996a).
Por largo tiempo se ha entablado un debate sobre si la
predicción exitosa conlleva o no la explicación del
evento ocurrido. La posición más aceptada al respecto
entre los dentistas sociales es que en todo caso lo que
se tiene con una predicción exitosa es una
«sustanciación» de por qué la ocurrencia de un evento
tuvo lugar. Sustanciación que es a posteriori a la misma
ocurrencia, pero que no necesariamente conlleva una
explicación en el sentido estricto del término (Scheffler,
1983).
Así, es posible entender por qué en la investigación de
los efectos de la televisión en las audiencias, lo que
predomina son sustanciaciones, pero no explicaciones de
por qué determinados efectos tienen lugar en audiencias
específicas.
El esfuerzo interpretativo o hermenéutico, a diferencia
de los dos anteriores, abandona las pretensiones de
objetividad que conllevan la predicción y la
explicación, y centra su atención en el papel subjetivo
o en todo caso en la intersubjetividad de los
investigadores que estudian un evento . En este
esfuerzo, lo importante es la explicitación de los
caminos a través de los cuales se interpreta y se arriba
a conclusiones concretas en la comprensión de un hecho (Henriques
et al., 1984).
El esfuerzo de entender, —como aquí se asume— aunque
incluye una cierta interpretación de los acontecimientos
por parte del investigador o por parte de los sujetos
de la investigación, o por ambos, difiere del esfuerzo
meramente interpretativo en tanto que busca asociar
distintos componentes, tanto del evento en cuestión,
como del contexto en el que se realiza, a veces
introduciendo o relacionando elementos que no aparecen
naturalmente interconectados o no están necesariamente
vinculados al evento en sí. En cierta manera, el
investigador busca intervenir en el objeto para ver su
comportamiento, y éste se convierte en objeto de
entendimiento también o en medio para entender de otra
manera lo que se quiere, o entender otros aspectos del
objeto
inicial.
En el esfuerzo de entendimiento, entonces, se asume que
la realidad no existe per se, independiente del sujeto
cognoscente, sino que existe sólo en la apreciación que
éste haga de ella y de la manera en que la haga.
Por ejemplo, en la investigación del proceso de
tele-videncia de tele-audiencias infantiles, se ha
asociado la familia, la escuela y el grupo de pares con
la intención de hacer evidente la manera en que estas
«comunidades» inciden en la interacción infantil con la
televisión.
Entendida así la asociación/demarcación inicial del
objeto de análisis, conlleva necesariamente la decisión
razonada del investigador para dar por terminada su
exploración o continuar y enriquecer su entendimiento
del objeto estudiado. La fórmula, sin embargo, no es
matemática, ya que no necesariamente incluyendo más
componentes se profundiza el entendimiento. En la
decisión intervienen otros criterios menos cuantitativos
que tienen que ver con el sentido pragmático
y la posición política y ética del investigador.
La motivación por transformar
Si de lo que se trata es intervenir un proceso de
tele-videncia para que el papel de la televisión sea un
recurso para el desarrollo de la tele-audiencia en
cuestión, es necesario considerar diversos «escenarios»
y «comunidades» dentro de las cuales se desenvuelve, y
explorar ahí también su tele-videncia, para descubrir el
tipo de interacciones que se realizan, los apoyos y
límites que tienen lugar con respecto al proceso de
tele-videncia, y en general, a los procesos de
socialización que ahí se despliegan. Pero como es obvio,
esto conlleva decisiones no sólo pragmáticas, sino
éticas y políticas (Groux, 1994).
Éticas en tanto que no se trata únicamente de investigar
la tele-videncia per se, o porque la televisión sea el
medio preferido del investigador (aunque lo sea) o
porque el investigador considere que es un medio
importante en la vida cotidiana, o simplemente porque
investigar las audiencias televisivas sea considerado
una moda intelectual. Son decisiones éticas, sobre todo,
porque investigar y entender la televidencia es visto
por el investigador como un medio necesario para un fin
mayor, que es la transformación de la tele-audiencia y,
eventualmente, del sistema comunicativo, y representa
una honesta búsqueda por contribuir a la consecución de
la democracia (Giroux y McLaren, 1994).
Es una decisión política, porque explorar la
tele-videncia de esta manera y a partir de la audiencia,
es asumir un trabajo con sectores concretos de la
sociedad y para beneficio de ellos y no de otros. Sería
distinto hacer investigación para una empresa, o para un
consorcio televisivo por fines lucrativos. Esto no
significa satanizar otros tipos de
investigación desde una posición moralista radical, sino
simplemente explicitar y advertir que cada tipo de
investigación conlleva decisiones éticas y políticas
concretas, y que la investigación, finalmente, al igual
que la televisión, no es ni ingenua ni inocua (Lull,
1997).
El énfasis en investigar las teleaudiencias siempre en
relación
a sus comunidades y contextos no descarta el estudio de
otros elementos intervinientes. Es producto de una
decisión múltiplemente orientada y de una evaluación
sobre las posibilidades mejores para lograr el objetivo
buscado de transformación.
La «asociación» de otros componentes en la investigación
se sustenta en el criterio del potencial que presenten
para la comprensión y la intervención pedagógica en
orden a trasformar la tele-videncia.
El enfoque cualitativo
Desde mitad de los años ochenta, la corriente de
investigación de los (todavía llamados) procesos de
recepción televisiva, conocida en la literatura
internacional como «análisis crítico de la audiencia» (Jensen,
1987), ha privilegiado el enfoque cualitativo como el
más idóneo. Esto no ha significado, sin embargo, la
exclusión del enfoque cuantitativo. De hecho la
tendencia contemporánea es por una combinación de ambos
enfoques para lograr distintos tipos de conocimiento
sobre el mismo
objeto.
El enfoque cualitativo se ha asumido en la mayoría de
estudios de audiencia como un conjunto heterogéneo de
herramientas metodológicas —la mayoría de ellas
desarrolladas dentro de otros campos de estudio, como la
antropología y la sociología de la cultura— que el
investigador combina para explorar distintos componentes
de su objeto
de análisis.
Lo que caracteriza a este enfoque es la búsqueda de un
conocimiento descriptivo, lo más completo posible, que
sirva de base al investigador para lograr sucesivas
comprensiones, cada vez más afinadas, sobre su objeto de
investigación, y para la formulación subsecuente de una
cada vez más completa teorización.
A diferencia del enfoque cuantitativo, centrado en
obtener un conocimiento principalmente estadístico —que
una vez obtenido se desliga de los sujetos informantes
para permitir realizar generalizaciones— el cualitativo
se enfoca en incluir como fuente de conocimiento todos
aquellos matices e interpretaciones provistas por los
mismos sujetos de investigación que permitan redondear y
enriquecer la comprensión del objeto investigado. No
obstante, el abandono de la pretensión de generalizar en
el enfoque cualitativo, el conocimiento obtenido no está
circunscrito a los participantes en la investigación. Si
bien no tiene una representatividad estadística, este
conocimiento permite entender el objeto investigado, más
allá de su manifestación dentro del grupo de sujetos de
investigación, que siempre es más o menos reducido.
Por ejemplo, es posible caracterizar el proceso de
tele-videncia y distintas tele-audiencias, de tal manera
que pueda hablarse de «la» tele-videncia y «las»
tele-audiencias en sí mismas y no sólo de una
tele-audiencia específica y su tele-videncia particular.
Lo importante, entonces, no es saber cuántos sujetos
realizan tele-videncias similares, sino saber cómo es
posible que se realice una tele-videncia, al igual que
lo importante no es sólo saber cómo está conformada una
tele-audiencia, por ejemplo, de maestros de escuela
básica, sino saber que hay una tele-audiencia tal,
distinguible de otras.
Ahora bien, la no circunscripción del conocimiento a los
pequeños grupos de donde se extrae, no significa que ese
conocimiento sea automáticamente generalizable a otros
grupos, en este caso, a otras tele-audiencias. Lo que
significa es que ese conocimiento puede ser usado en
otros contextos sólo como estimulante para ser
enriquecido con nuevas aportaciones de distintos grupos,
dentro de un proceso similar de investigación al del
primer grupo de donde surgió.
El criterio que en esta perspectiva se ha denominado de
«suficiencia comparativa» es el criterio por el cual un
investigador define cuántos sujetos de investigación y
cuántos componentes del objeto explorado debe observar y
examinar. La experiencia con el enfoque cualitativo
muestra que lo importante no es la cantidad en sí, sino
el número en función de lo que aporta, ya que llegando a
un cierto número que puede ser alrededor de 25 sujetos,
las diferencias en cuanto a originalidad en sus
aportaciones al entendimiento de lo investigado
disminuyen, mientras que las redundancias aumentan. De
esta manera, lo importante es incluir en el grupo de
participantes individuos tan diversos entre sí con
respecto al objeto investigado, que puedan ofrecer
tantos matices y diferencias como sea posible, hasta
conseguir una «sustanciosa» descripción (Orozco,
1996b).
Lo anterior supone que la racionalidad
metodológica es comparativa. A partir de comparaciones
se analiza lo distintivo de cada componente y luego,
conjuntando los aspectos distintivos, se logra una
visión más amplia del objeto analizado.
En concordancia con el esfuerzo por entender, no sólo es
importante la conjunción de componentes distintivos,
sino la vinculación de ellos con otros elementos para
obtener también distintas aproximaciones o visiones
diferentes de lo investigado. Por esto es que en esta
perspectiva se usan varias herramientas metodológicas a
la vez. Por ejemplo, entrevista en profundidad,
observación participante, discusión grupal entre los
sujetos investigados, etc. Con cada una de estas
herramientas se busca obtener visiones parciales o
ángulos diferentes del mismo objeto.
La construcción de la teoría
En esta perspectiva, la formulación de teoría es una
meta prioritaria. Esto se logra, sobre todo, a través de
un esfuerzo de fundamentarlos hallazgos, producto
del análisis. (En la literatura internacional la «teoría
fundada» se conoce como grounded theory). (Orozco
y Viveros, 1996). Para fundamentar la teoría, el
investigador parte de las mismas expresiones de los
sujetos involucrados en la investigación. Esto, sin
embargo, no significa que el investigador comience el
proceso sin ninguna premisa que oriente su actividad. Lo
que significa es que el investigador comienza con un
mínimo conocimiento o un conocimiento preliminar sobre
su objeto, que es lo que le permite seleccionar a los
mismos sujetos y los primeros componentes del mismo, así
como decidir los primeros pasos. Sobre todo, el
investigador comienza con una serie de preguntas
informadas.
Lo anterior es importante resaltarlo, porque, por un
lado, la diferencia entre un investigador y un mero
recolector de informaciones, es justamente que el
investigador tiene por lo menos una noción de a dónde
quiere ir. Noción que no es definitiva, y puede
modificarse, y de hecho, casi siempre se modifica para
otorgar una verdadera flexibilidad al proceso reflexivo.
Por otro lado, porque precisamente en este punto se
diferencia un proceso de investigación cualitativo, de
un estudio simplemente empirista.
Iniciado el proceso de investigación, el investigador,
entonces, vuelve a su conocimiento inicial, lo afina, lo
modifica, lo enriquece, para, una vez más, volver sobre
su objeto de análisis. Todo esto como parte de un
proceso más o menos de aproximaciones sucesivas. Este
proceso es uno de reflexividad, a través del cual
el investigador va «haciendo sentido» de sus hallazgos y
profundizando en su entendimiento. Sus reflexiones le
van indicando qué otros componentes vincular, que más
información obtener, pero sobre todo, le permiten ir
formulando sus propias categorías
de análisis.
Por ejemplo, la categoría de las «estrategias»
televisivas de las tele-audiencia resultó de un proceso
analítico reflexivo a partir de múltiples entrevistas
con los participantes en varios estudios. De la misma
manera resultaron los conceptos de «nivel pragmático» y
«nivel normativo» de las prácticas televisivas, e
inclusive, el mismo concepto de «tele-videncia». No
obstante, ninguno de estos conceptos fueron expresados
directamente por los investigados, sino que fue el
esfuerzo analítico del investigador el que le permitió
arribar a ellos.
La proposición de conceptos, que son a la vez categorías
de análisis para investigaciones posteriores, es la
manera concreta como se va conformando un cuerpo
teórico, y como ha sido el caso, con la construcción de
esta perspectiva de investigación de la tele-videncia.
Así, una vez definida una categoría se sustancia o
fundamenta con la información procedente de los mismos
participantes de donde se origina.
La tele-videncia
Como se propone aquí, la tele-videncia es un proceso
complejo que conlleva múltiples interacciones de la
tele-audiencia con la televisión a distintos niveles y
que es objeto también de múltiples mediaciones. Es un
proceso largo que no está circunscrito al momento
preciso de contacto directo con el referente televisivo.
Una de las características más distintivas de la
tele-videncia es precisamente su múltiple dimensión, en
tanto que abarca, por una parte, un intercambio
simbólico, un intercambio perceptivo, un intercambio
afectivo y finalmente, un intercambio «agenciativo» que
involucra las diferentes actividades o «agencias» de la
audiencia.
Por otra parte la televidencia conlleva una triple
dimensión temporal: antes, durante y después del
intercambio directo con el referente televisivo, y a la
vez engloba una dimensión normativa y otra pragmática.
El intercambio simbólico tiene que ver con el contenido
que entra en juego y es objeto de «negociación» entre la
oferta programática de la televisión y la
tele-audiencia. El producto de este intercambio son
significados.
El intercambio perceptivo hace referencia a los
esquemas, destrezas y patrones cognoscitivos,
implicados tanto en un referente televisivo, como en
las mentes de los miembros de la tele-audiencia. Estos
elementos condicionan la misma percepción del contenido
y la producción posterior de significados.
El intercambio afectivo se relaciona con las emociones
que la televisión «mueve» entre su tele-audiencia y sus
expectativas de satisfacción. Es por tanto un
intercambio emocional con distintos aspectos de los
referentes de la televisión: géneros programáticos,
personajes, situaciones... Tiene mucho que ver con
«sensaciones» que desarrolla
la tele-audiencia en su interacción con la televisión.
El intercambio agenciativo se refiere a ese conjunto de
actividades, tácticas y estrategias, hábitos y sobre
todo usos, que despliega la audiencia en su
tele-videncia general o circunscrita a géneros
televisivos particulares. Por ejemplo, la estrategia de
escuchar, en vez de ver y escuchar las noticias de la
televisión.
Este múltiple intercambio puede ser simultáneo y no
siempre ser consciente, o un tipo de intercambio puede
predominar en alguna tele-videncia. Por ejemplo, este
sería el caso de las telenovelas, donde el juego de
emociones es lo sobresaliente.
Las dimensiones normativa y pragmática de la
tele-videncia implican que, por una parte, la
tele-audiencia ha desarrollado ideas acerca de lo que
debiera ser o le gustaría que fuera su interacción
televisiva, pero por otra, se encuentra en situaciones
tan específicas siempre, que estas mismas situaciones
también definen lo que realmente sucede en su
interacción. Las audiencias, entonces, negocian también
consigo mismas las maneras concretas de interacción con
la televisión, según las circunstancias específicas en
las que se encuentren. La tensión permanente que existe
entre la norma y la situación, es lo que explica por qué
los resultados de las tele-videncias conllevan un alto
grado de impredictabilidad, al mismo tiempo que permiten
entender esa cierta «autonomía relativa» que parecen
gozar las tele-audiencias frente a la televisión.
La intervención de la tele-videncia
Considerando lo anterior, la intervención posible de la
tele-videncia tiene que ser lo más integral posible,
para realmente aspirar a tener éxito en su
transformación. Esto supone que todas las dimensiones, y
especialmente los cuatro tipos de intercambio, deben
tomarse en cuenta en el diseño de cualquier estrategia
pedagógica. La dimensión quizá más difícil es la
afectiva, que requeriría un trabajo psicológico
especializado. Pero los otros tres intercambios —agenciativo,
simbólico y perceptivo— se presentan como posibles
ámbitos de intervención pedagógica.
El hecho de que la tele-videncia trascienda el mero
contacto directo entre televisión y audiencia,
posibilita que la intervención pueda hacerse desde
distintos «escenarios» y en diferentes momentos.
Por ejemplo, en el caso de la audiencia infantil, un
escenario posible de intervención y educación es
ciertamente la familia, aunque no solamente durante el
momento en que sus miembros ven televisión, ni
necesariamente en el propio hogar. Otro escenario
posible es la escuela, donde los niños negocian con sus
compañeros sus significados provisionales con respecto a
lo visto en la televisión el día anterior y donde la
televisión continúa siendo referente importante de sus
juegos o simplemente tema de intercambio en su
conversación.
Lo anterior significa, en primer lugar, que no es por mero voluntarismo
que se diseñen cursos y talleres en distintos escenarios
extra familiares y escolares, cuyo objetivo sea la
educación de la tele-audiencia. Segundo, que tiene un
sentido de urgencia intervenir la tele-videncia desde
cualquiera de esos escenarios y en el caso de los niños,
desde su propia escuela, porque mucho de su intercambio
televisivo ahí se realiza y ahí confronta su aprendizaje
en el aula. Y tercero, porque si la escuela no ejerce
una intervención pedagógica, pierde mucho de su sentido
y misión educativa, ya que muchas veces lo que los niños
aprenden de la televisión resulta más relevante para su
vida que lo que aprenden en las aulas.
Las «competencias» comunicativas para la tele-videncia
No obstante el descubrimiento y la aceptación ya
generalizada entre los investigadores críticos, de que
las tele-audiencias no son pasivas por definición, sino
activas y de que poseen una capacidad considerable para
usar creativamente la televisión, negociar, resistir y
aun contraponer significados o «resemantizarlos» a
partir de los referentes televisivos, en esta
perspectiva se asume que estas cualidades o competencias
comunicativas son siempre limitadas y están siempre
condicionadas. Por eso tiene sentido instrumentar
estrategias de intervención pedagógica para
desarrollarlas y potenciarlas lo más posible.
La capacidad de resemantización de las tele-audiencia,
así como su capacidad crítica y creativa para realizar
tele-videncias más autónomas e inteligentes están
limitadas desde el hecho de que aun en el mejor de los
casos —cuando estén altamente desarrolladas— siempre se
realizan en condiciones dadas. Condiciones estructurales
que no son producto de la agencia de las mismas
tele-audiencias. Esto significa que aún la creatividad
se ejerce dentro de ciertos parámetros y con referencia
a la misma televisión, por una parte y, por otra, con
referencia a la propia formación y cultura de
pertenencia de las tele-audiencias (Hall, 1980).
La idea generalizada, que inclusive a veces se toma por
dada, aun como premisa en investigaciones recientes, de
que por naturaleza las tele-audiencias son activas,
merece asumirse con cuidado, porque lo que interesa
desde un punto de vista crítico, pedagógico y político,
no
es reconocer y estimular la actividad per se de las
tele-audiencias, sino sus posibilidades de
transformación de sus tele-videncias en una dirección
emancipatoria. Esto tiene que ver, más que con la mera
actividad, con un cierto tipo de actividad, que es
aquella que al tener lugar, «empodera» a la audiencia
para modificar su propio proceso de interacción
televisiva (Fiske, 1993).
Lo anterior significa, que no sirve de mucho o por lo
menos es un logro parcial, estimular la reflexión de la
audiencia, si en esa reflexión no se establecen las
bases para una transformación real de su vinculación
con la televisión, de sus rutinas y hábitos televisivos
y comunicativos, de sus modos de pasar el tiempo libre
y realizar sus consumos
culturales.
Además de condicionamientos sustantivos, las
tele-audiencias profesan una serie de ideas, derivadas
de su propia cultura, tanto sobre la televisión, como
sobre el proceso de verla, como sobre sí mismas en tanto
tele-audiencias. Ideas que en parte son producto de la
misma influencia de la televisión, en tanto la única
institución que ha incidido sistemáticamente y a su
manera, en la conformación de sus tele-audiencias, en
un contexto de omisión o autoexclusión de otras
instituciones socializantes como la familia y la escuela
en la educación de sus miembros como televidentes.
Por ejemplo, una idea generalizada entre tele-audiencias
latinoamericanas, es: «la relación con la televisión no
es algo sobre lo cual deba reflexionarse mucho»; lo cual
las predispone a enchufarse despreocupadamente a
la televisión, como se estila frente a cualquier
espectáculo en donde no se le pide nada, más allá de
«disfrutar la función». Otra idea común es: «los
televidentes no somos responsables de modificar la
televisión»; lo cual ha acostumbrado a las
tele-audiencias a eximirse de cualquier intento por
modificarla y atribuir esa responsabilidad a otros
en abstracto, o en todo caso al gobierno, a la
escuela o alguna organización o movimiento popular. Es
muy común también, que ante el avasallamiento televisivo
que constatan cotidianamente entre los niños, los padres
de familia y los maestros, en tanto agentes sociales
directamente involucrados con la educación infantil,
mutuamente se adjudiquen la responsabilidad unos a
otros, evadiendo así convertirse en auténticos
protagonistas de la educación infantil (Orozco, 1997).
Todo lo anterior, obviamente, constituye un clima
cultural poco favorable para la intervención, entendida
como fomento de las competencias comunicativas de las
tele-audiencias, pero sobre todo para la asunción de
responsabilidades específicas frente a la televisión.
El primer desafío que enfrenta cualquier educador es,
entonces, convencer de la importancia de tomar «en
serio» a la televisión, sin que eso signifique hacerla
seria, y luego, convencer de que hacerlo es posible.
El otro desafío, y a la vez posibilidad de enfrentar el
anterior, es —como lo he remarcado aquí— realizar una
investigación con una perspectiva como la propuesta en
estas páginas, que permita hacer evidentes para
todos los implicados en el proceso de transformación,
educadores y educandos, los procesos de tele-videncia.
Independientemente de las técnicas de intervención
pedagógica que se utilicen (cursos formales, talleres,
grupos de reflexión...) la racionalidad sustantiva de
«tele-evidenciar» parece ser la condición sine qua
non para transformar la vinculación de las
tele-audiencias con la televisión.
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Autor:
Guillermo Orozco Gómez es profesor/Investigador titular
del Departamento de Estudios de la Comunicación Social,
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Fuente: Voces y culturas – Revista de
Comunicación – Estrategias y conflictos culturales –
Nº11/12 – 1997 - Pág. 149 a 162 |