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Es
injusto llamar a un lobbyista comunicador. Y es
lógico que los comunicadores y también periodistas
se sientan ofendidos cuando son llamados de ésta
manera. Un comunicador social no es un lobbyista y
un lobbyista no es un comunicador social. La
función del comunicador y del periodista es la de
comunicar, informar. La función del lobbyista es
obtener resultados específicos favorables a su
cliente, utilizando la información como
instrumento, no como un fin.
Una organización estadounidense llamada Unión de
Libertades civiles, ha elaborado una especie de
código elemental de disciplina para quienes
desarrollar esta tarea:
1. escribir a los legisladores sobre el tema,
solicitando que respondan la carta y expresen sus
opiniones. De este modo tendremos los puntos de
vista de los legisladores.
2. averiguar e intimar al staff de los
legisladores para exponerles las inquietudes
correspondientes. Recordar que el staff es uno de
los medios más eficientes para lograr resultados
3. visitar en su propia casa a los legisladores,
aprovechando los recesos o el fin de semana. Fuera
de Washington, en su propio domicilio son más
accesibles
4. comprometer a los amigos y a los asesores de
los legisladores a favor del lobbying que se esté
desarrollando
5. escribir cartas a los editores de los diarios
6. presionar sobre los medios de comunicación
7. interiorizar a periodistas, columnistas,
editores sobre los propósitos que se diseñen
8. formar coaliciones con otros grupos interesados
9. obtener de distintos grupos o personalidades
declaraciones favorables a los objetivos buscados
10. enviar estas declaraciones a los legisladores
11. lograr adhesiones en general para todos lo
algunos de los pasos del programa en ejecución
La principal firma norteamericana de lobbying es
la que fundó Henry Kissinger n 1982: Kissinger
Associates Inc. Su presidente es el ex Secretario
de Estado Larry Eagleburguer con un sueldo (en
esos años) de setecientos mil dólares anuales
quien volvió como subsecretaio de Estado en 1989.
Este regreso tuvo una agitada disputa con el
Comité de Relaciones exteriores del Senado, que
supuso ver un conflicto de intereses en la
designación. Al entregar al Comité una lista
confidencial de clientes de la firma y los legajos
de los 15 clientes más importantes, el organismo
se dio por satisfecho y Eagleburguer fue nombrado
Secretario por unanimidad.
Pero Kissinger Associates Inc. No está dedicada
solo al lobbying. Margaret Garrard Warnes escribió
en los ochenta, en Newsweek un trabajo revelador,
donde señaló:
“Por una tarifa anual que, oscila entre 100.000
dólares y 450.000 dólares o más, los clientes
reciben informes verbales y recomendaciones,
tienen acceso telefónico a la firma en la cual
trabaja Brent Scawcroft, actualmente reintegrado a
funciones oficiales como asesor de seguridad
nacional, y pueden mantener hasta cuatro
conversaciones anuales con el oráculo. Con unos
treinta clientes, desde Volvo y Montedison hasta
Coca Cola y Unión Carbide, la sociedad consultora
casi seguramente embolsa más de seis millones de
dólares por año”
Kissinger Associates Inc. también actúa como
broker, efectúa perspectivas de hechos nacionales
e internacionales, analiza los riesgos políticos
en cualquier país del mundo, investiga las
previsibles oscilaciones de divisas y se ocupa de
los problemas del proteccionismo en distintas
regiones.
Pocos meses después de asumir Raúl Alfonsín en
1983 la Presidencia de la República Argentina,
cuando la crisis internacional de las deudas del
tercer mundo golpeó a la Argentina, Kissinger
arregló los contactos con grandes banqueros de
Estados Unidos. “Los argentinos me llamaron y
dijeron que Alfonsín no quería aparecer suplicante
cuando se encontrara con los banqueros” confesó
cierta vez el mismo Kissinger. Quería explicarles
su posición y sus problemas políticos. A pesar de
esto, afirma no haber cobrado un centavo: “Yo
pagué ese almuerzo. No cobramos nada. Lo hice como
un servicio público”, dijo Kissinger tratando de
obtener credibilidad.
Kissinger Associates Inc. es una de las 6 mil
firmas oficialmente registradas en Washington que
manejan aproximadamente unos 200 mil millones de
dólares.
Un lobbyista norteamericano, Howard Marlon afirmó:
“Nuestra actividad es totalmente abierta, pública.
Hay quienes transgreden la ley: lobbyistas por
ejemplo que trabajan para gobiernos extranjeros y
que no lo dicen Pero, si la justicia llegaba a
descubrirlos, las penas incluyen multas siderales
y varios años de prisión.”
Los lobbyistas contratados por gobiernos
extranjeros se encuentran en los Estados Unidos
más sujetos por otra ley paralela (la Foreign
Agent Act, sancionada en 1938) Además los
lobbyistas que tiene entre sus clientes a
determinado país, también se encuentran
registrados por la segunda legislación como
“agente extranjero” o “agente representante de
intereses extranjeros”, debiendo inscribirse en el
Departamento de Justicia.
Un caso es el de Clark Clifford, quien fue
contratado por industriales australianos para que
la carne de ese origen penetrara en los mercados
norteamericanos. El ex senador George Smathers se
alió con el ex representante james Symington en
otro estudio de lobbying y fueron contratados por
el gobierno sudafricano a razón de 300 mil dólares
por año con el objeto de aminorar las
consecuencias del apartheid.
El ex Presidente de la Comisión de Relaciones
Exteriores del Senado, William Fullbright, ingresó
también en la actividad. Sus clientes: la Unión de
Emiratos Árabes y Arabia Saudita.
En algunos contados episodios el lobbying puede
sustituir a la acción diplomática corriente.
En 1981 Japón pagaba 9 millones de dólares a
setenta lobbyistas que tenían la misión de obtener
ventajeas legales para empresas niponas en
Washington, New Yor, Los Angeles, Chicago entre
otras. Pero en 1990 la cifra era de 30 millones de
dólares por año para oponerse a las políticas
proteccionistas.
Muchos países tienen sus lobbyistas en Washington.
Pero el más pujante de los lobbies extranjeros que
operan en territorio norteamericano es el
correspondiente a los intereses de Israel. En 1991
la postergación de las garantías norteamericanas
para importantes préstamos destinados a Israel,
por un valor de 10 mil millones de dólares, motivo
que el propio primer ministro Yitzhak Shawir
amenazara con movilizar las fuertes influencias en
Washington e impedir el propósito de Bush.
El lobby judío opera a través de dos
organizaciones: la acción profesional representada
en el Comité de Asuntos Públicos de Israel y la
práctica directa encarnada en una organización
denominada Sinagogas Unidas de América que reúne a
ochocientas congregaciones.
El domingo 8 de septiembre de 1991 y aprovechando
las festividades del Rosh Hashanah, dicha entidad
distribuyó 180.000 folletos.
Siempre en el tema de los lobbies extranjeros, en
enero de 1985 un respetado periodista argentino
realizó una investigación en las fuentes
norteamericanas:
“..el gobierno de Arabia Saudita logró que el
Congreso aprobase la venta a su país de aviones de
alarma y radar AWAC, pese a la intensa oposición
de Israel. El Príncipe Baudar Bim, sultán, miembro
de la familia real saudita se instaló en el
Washington Hotel, desde donde entrevistó a un
verdadero desfile de senadores. Los israelíes por
su parte, utilizando el American Israel Public
Affairs Comitee, agente oficial del Estado judío,
se valieron del correo, las influencias personales
y la red de organizaciones judías los Estados
Unidos, para tratar de derrotar la moción. El
proyecto fue aprobado finalmente por el Senado por
un reducido margen de 52 a 48 votos” (Mario
Diament, en El lobbying se ha convertido en otra
forma de tarea diplomática en Washington, La Razón
Bs As, 21/01/1985)
Otro ex funcionario de la administración
republicana, Langhorne Motley, que había
desempeñado la Secretaria de Asuntos
Interamericanos, fundó su propia compañía de
lobby, Motley & Partners y rápidamente obtuvo
algunos clientes gracias, precisamente a sus
vinculaciones con el Departamento de estado. Así,
la Asociación Brasileña de Computación lo contrató
con honorarios de 200 mil dólares anuales, para
ampliar su mercado norteamericano mediante
adecuadas resoluciones legislativas. A su vez, la
industria brasileña de calzado hizo lo propio, a
un costo de 130 mil dólares anuales, honorarios
irrisorios si se repara que poco tiempo después el
Presidente Reagan vetó una ley que suspendía la
importación de zapatos.
Motley, nacido en Rio de Janeiro, había sido un
próspero empresario inmobiliario en Alaska,
después fue designado embajador en Brasil, lo que
explica los clientes procedentes de este país.
“Menos claras resultaron las gestiones de Motley &
Partners a favor de los intereses económicos
japoneses, surcoreanos y taiwaneses. Todavía mayor
turbidez caracteriza ciertos servicios a la Cámara
Filipina de Industrias y Turismo. Aparte de haber
obtenido de ésta entidad –dícese 950 mil dólares-
ocurre que en Manila, casi nadie la conoce. La
firma de lobbying borró ese cliente de la lista al
día siguiente de abandonar Ferdinando Marcos el
palacio de Malacanang. La Presidenta de aquella
Cámara se llamaba ‘Imelda’.” (cita en Los
vendedores de influencias en Estados Unidos,
Clarín, Bs As 16/06/1986)
Pero salvo excepciones los países latinos
contratan lobbyistas para trabajar en Washington
de manera eventual en función de problemas
circunstanciales que requieren resolver la
necesidad de mejorar la imagen de determinado
líder, la promoción de sus respectivas
exportaciones y para atraer al turismo.
Durante el gobierno de Reagan y naturalmente antes
de la asunción a la Presidenta Violeta Chamorro de
Nicaragua, también operó un lobby propio con el
fin de manejar la oposición interna al mandatario
republicano, jugándola en beneficio del entonces
régimen sandinista.
Pero desconfiando de las agencias profesionales
instaladas desde hace años, el comandante Ortega
hizo montar una empresa en Estados Unidos,
denominada Agendas Internacional, poniendo al
frente a dosex sacerdotes norteamericanos, Donald
Casey y Darryl Hunt, quienes habían sido
compañeros en la orden religiosa a la que
perteneció el canciller Miguel D’ Escoto. Así que
durante algún tiempo estos presunto lobbyistas
manejaron las relaciones públicas para las
embajadas nicaragüenses en Washington y Naciones
Unidas. Está bien la expresión ‘relaciones
públicas’ por que efectivamente mal podrían
obtener modificaciones de la política del
Departamento de estado sobre su país. Se limitaron
a obtener espacios en radios y estaciones de
televisión promoviendo la figura de los
principales líderes sandinistas.
Por otra parte, la Constitución Europea ha
desarrollado de manera dramática los lobbies en el
viejo continente, hasta el punto que son conocidos
como eurolobbies. Se han aumentado los órganos de
aplicación y discusión y ha suscita do la
proliferación de empresas especializadas con
especial convergencia en Bruselas y Estrasburgo.
Entre las firmas europeas de mayor envergadura
figuran la European Formers Organization con 45
lobbyistas permanentes.
“Publican memorandums, circulares de prensa,
organizan conferencias de prensa y son admitidos
junto a los periodistas en las ruedas de prensa,
reuniones de gabinete y sesiones parlamentarias.
Las instituciones de la Comunidad Europea están
tan abiertas que los funcionarios se quejan de que
podrían pasar días enteros reuniéndose con los
lobbyistas que acuden a sus oficinas o los invitan
a los excelentes restaurantes de Bruselas hasta
indigestarlos. En la guía telefónica de Bruselas
hay más de 40 páginas de salones de conferencias
para el lobbyista, todas ellas bajo el rubro
‘restaurantes’.
Autor: Armando Alonso Piñeiro.
El Quinto Poder: Teoría y práctica del lobbying. Editorial Macchi. 1999.
Buenos Aires
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