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LOS CAMBIOS PRODUCIDOS EN EL
ENTORNO COMPETITIVO EN LAS
ÚLTIMAS DÉCADAS HAN PUESTO DE
MANIFIESTO LA NECESIDAD DE UN
ENFOQUE MÁS PROFUNDO DEL
MARKETING, QUE VAYA
DESDE EL MERCADO
GENÉRICO HACIA LA
relación con el cliente
individual. Estos cambios han
generado tal complejidad que se
han visto dificultadas las
posibilidades de gestión de las
variables comerciales de una
manera tradicional. Así, los
cambios producidos en el
mercado han provocado, tal y
como refleja la revista
Business Week (1991), que
«el marketing se
convierta en parte del sistema
de entregar valor al cliente...
Con esfuerzos para crear lealtad
del cliente».
En este contexto, una de las
estrategias empresariales que
está cobrando mayor importancia
es la retención de clientes a
través de su fidelización. El
desarrollo de un adecuado
marketing de relaciones
ayudaría a las empresas a
conseguir la lealtad de sus
clientes, lo que representa la
posesión de un activo
competitivo importante que
proporciona las bases para
poder incrementar los precios y
generar barreras a la entrada
para nuevos competidores.
El marketing de
relaciones ha sido definido como
«el que se refiere a todas las
actividades de marketing
dirigidas hacia el
establecimiento, el desarrollo y
el mantenimiento de intercambios
relaciónales exitosos» (Morgan
y Hunt, 1994), intercambios que
crean valor y que, por tanto,
ayudarán a las empresas a
conseguir una ventaja
competitiva sostenible (Vaura,
1992). Esta creación de valor
puede ser desarrollada por la
empresa fundamentalmente en tres
campos (Morgan y Hunt, 1994): a)
a través de la asociación con
proveedores; b) a través de
alianzas horizontales con otras
empresas, permitiendo así la
existencia de colaboración donde
sólo existía competencia, y c) a
través de la asociación con los
clientes.
En lo que respecta al tercero de
los campos indicados, la
asociación con los clientes, la
mayor parte de los trabajos
realizados en el ámbito del
marketing relacional ponen
de manifiesto los beneficios
obtenidos por las empresas,
estando demostrada la relación
positiva existente entre la tasa
de retención de clientes y los
beneficios económicos obtenidos
(Reichheld y Sasser, 1990).
La creación de valor en el
intercambio a través de la
asociación con los clientes se
ve propiciada por las
características básicas de las
empresas de servicios, ya que el
hecho de que los clientes
frecuentemente participen en el
proceso de producción y
distribución del servicio
facilita a la empresa la
creación de relaciones estables.
Así, dentro del sector
servicios, y más concretamente
en los mercados de consumo
minoristas, las empresas están
estableciendo, como una de sus
prioridades, la gestión de la
lealtad del cliente,
desarrollando para ello una
serie de estrategias defensivas
encaminadas a su retención (Sirohi
et al, 1998). Sin
embargo, aunque para el
desarrollo de estas estrategias
resulta de vital importancia el
conocimiento de aquellos
aspectos que hacen que el
cliente perciba beneficios de la
relación establecida, existen
pocos estudios que analicen esta
cuestión (Esteban et al,
2001; Gwinner et al,
1998; Reynolds y Beatty, 1999).
El trabajo aquí realizado
pretende profundizar en esta
cuestión, fijándose como
objetivo el análisis empírico de
un modelo que refleje los
beneficios obtenidos por los
clientes, a través del
establecimiento de relaciones
estables con el personal de
contacto de establecimientos
minoristas, así como los
beneficios que, de estas
relaciones, obtiene la
organización. Beneficios que se
concretan, en el caso analizado,
en la lealtad del cliente.
El servicio elegido, el ofrecido
por los establecimientos
minoristas dedicados a la venta
de ropa, es un servicio de alto
contacto personal, en el que se
producen una serie de
interacciones continuas entre el
personal de contacto y el
cliente, y en el que, por lo
tanto, las partes se conocen.
La información analizada ha sido
obtenida a través de la
realización de una encuesta
personal a clientes de una serie
de establecimientos minoristas
de venta de ropa. En esta
encuesta han sido recogidos
distintos aspectos relacionados
con los beneficios obtenidos por
los clientes, con sus niveles de
satisfacción y de compromiso,
así como con la lealtad
manifestada hacia el
establecimiento.
La aplicación de la metodología
aportada por los Modelos de
Ecuaciones Estructurales
permitirá determinar si, tal y
como se espera, los beneficios
obtenidos por los clientes de
estos establecimientos,
derivados de sus relaciones con
el personal de contacto de la
empresa, ejercen un efecto
positivo en sus niveles de
satisfacción, de compromiso y de
lealtad.
Beneficios
derivados del marketing
relacional
Desde la perspectiva de la
Escuela Nórdica, el marketing
de relaciones se define como
«el proceso de identificar y
establecer, mantener, aumentar
y, cuando sea necesario,
terminar relaciones con los
clientes y con otros socios, de
tal manera que se consigan los
objetivos de las partes
implicadas a través del
cumplimiento de las promesas
mutuas» (Grónroos, 1997). Por lo
tanto, una estrategia de
marketing de relaciones
debería crear un valor superior,
para el consumidor o para
cualquier otra parte, que el
derivado de la simple
transacción de productos en un
momento dado.
La creación de valor, a través
de asociaciones con los
clientes, se basa en el
establecimiento de relaciones
estables entre la empresa y el
cliente, relaciones que deben
construirse a través de un
compromiso mutuo entre las
partes (Berry y Parasuraman,
1991). El compromiso ha sido
definido como «una promesa,
implícita o explícita, de una
relación continua entre las
partes del intercambio» (Dwyer
et al, 1987), implicando
la disposición de las partes a
realizar sacrificios a corto
plazo para obtener beneficios a
largo y relacionarse con los
conceptos de lealtad y de
abandono de otras alternativas.
Desde el punto de vista del
cliente, representa su unión
psicológica con la empresa así
como sus creencias sobre la
importancia de la relación
existente (Morgan y Hunt, 1994).
Como ya se ha destacado
previamente, un aspecto único de
las empresas de servicios se
centra en que los clientes son,
a menudo, parte del proceso de
producción y de distribución del
mismo, por lo que la relación
entre el proveedor del servicio
y el cliente es crítica. En
muchos servicios, se requiere al
cliente para que ofrezca
información o esfuerzo antes de
que la transacción sea
consumada. Así, la calidad del
servicio finalmente distribuido
dependerá, junto con los
esfuerzos desarrollados por la
empresa, del papel desempeñado
por el cliente.
Aunque los clientes no piensan
en ellos mismos como miembros de
la empresa, las empresas de
servicios deberían ver a los
clientes como miembros de su
organización o «empleados
parciales», que participan
temporalmente en el proceso
de distribución del servicio
dado por la organización (Kelley
et al, 1992; Mills y
Morris, 1986; Mills et al,
1983). Pero, para ello,
es necesario comprender los
comportamientos que estos socios
potenciales pueden llevar a cabo
para sostener los esfuerzos de
calidad de servicio de las
empresas y analizar cómo éstas
pueden motivar a sus clientes a
ser socios en la distribución
del servicio. Así, para lograr
el éxito de las relaciones
estables entre el cliente y la
empresa es necesario conocer las
motivaciones del cliente y todo
aquello que hace que éste
establezca una relación con la
organización.
Los clientes esperan recibir una
distribución satisfactoria del
núcleo básico o corazón del
servicio. Este núcleo básico o
beneficio técnico es casi «algo
dado» por cualquier empresa que
quiere ofertar un servicio
consistente si desea permanecer
en el negocio. Pero su simple
provisión no es
suficiente para establecer
relaciones estables con los
clientes. Los consumidores
seleccionan los servicios
basándose en los beneficios que
desean, esperando recibir,
además de la distribución
satisfactoria del núcleo del
servicio, beneficios adicionales
de esta relación (Gwinner et
al, 1998).
Los beneficios que pueden
obtener los clientes de estas
relaciones estables se centran
en el incremento de la confianza
y en la reducción de riesgos en
la compra, ventajas económicas,
simplificación e incremento de
la eficiencia en el proceso de
decisiones, beneficios sociales
y adaptabilidad (Esteban et
al, 2001). La literatura
existente sobre este tema
muestra que una parte importante
de estos beneficios viene
determinada por la relación
establecida con el proveedor,
pudiendo ser divididos en dos
categorías básicas: beneficios
funcionales y beneficios
sociales (Beatty et al,
1996; Dwyer et al, 1987;
Gwinner et al, 1998;
Reynolds y Beatty, 1999).
Los beneficios funcionales
incluyen ahorros de tiempo,
conveniencia, realización de la
mejor decisión de compra...,
mientras que los beneficios
sociales incluyen lo amable y
cómoda que es la relación, la
diversión con la compañía del
empleado o con su relación
cercana, tener un buen amigo y
divertirse en pasar tiempo con
el empleado. Así, a través del
establecimiento de relaciones
estables, los consumidores, por
una parte, reducirán los
problemas asociados a la
elección de compra, mejorando la
eficiencia de la toma de
decisiones y, por otra, cubrirán
la necesidad humana básica de
sentirse importantes,
relacionando los beneficios
obtenidos con el sentimiento de
familiaridad y de amistad con el
proveedor.
La obtención, por parte de los
clientes, de estos beneficios
debería tener una incidencia
positiva en los posteriores
comportamientos voluntarios que
dichos clientes estén dispuestos
a llevar a cabo en beneficio de
la empresa. Dentro de dichos
comportamientos voluntarios se
incluyen los indicativos de
lealtad y de promoción de los
intereses de la organización más
allá de sus intereses
individuales; los relacionados
con la calidad de la
distribución del servicio, ya
que las actuaciones de los
clientes pueden facilitar el
éxito de sus interacciones con
el empleado de contacto e
incluso pueden afectar a las
relaciones con otros clientes;
y los indicativos de una
implicación activa y responsable
en la dirección y desarrollo de
la empresa, ya que los clientes
son un recurso de consulta sin
coste, por lo que sus quejas y
sugerencias pueden llevar a
solucionar problemas del
servicio, a incrementar los
servicios normalmente ofertados.
Por lo tanto, la consecución de
los beneficios derivados de la
aplicación de una estrategia de
marketing de relaciones
debería incidir y estar así
vinculada a la supervivencia y
rentabilidad de la empresa a
medio y largo plazo.
Modelo propuesto e hipótesis
La
filosofía del marketing
relacional se centra en las
relaciones entre el cliente y la
empresa, de manera que ambas
partes obtengan beneficios. Con
este objetivo, el modelo
propuesto en este trabajo
pretende determinar la
naturaleza de las relaciones
existentes entre los beneficios
obtenidos por las partes
implicadas en una relación de
intercambio.
Así, partiendo de los beneficios
que pueden obtener los clientes,
derivados de sus relaciones con
el personal de contacto de la
empresa, se pretende determinar
su efecto en uno de los
comportamientos voluntarios que,
dichos clientes, pueden realizar
en beneficio de la organización.
Concretamente en los
comportamientos indicativos de
lealtad y de promoción de los
intereses de la organización más
allá de sus intereses
individuales, entre los que
destacan la preferencia hacia el
proveedor del servicio, la
comunicación personal favorable
y las recomendaciones como
indicadores de la atracción de
los clientes y de la lealtad
hacia la organización.
Dada la importancia que cobran
las estrategias dirigidas a la
retención de clientes dentro del
sector minorista, nos hemos
centrado en aquellas actuaciones
voluntarias de los clientes que
suponen una determinada
preferencia hacia el proveedor
del servicio y que, por tanto,
indican lealtad hacia el mismo.
En general, pueden diferenciarse
dos conceptualizaciones de
lealtad, cognitiva y de
comportamiento, que implican dos
tipos de mediciones distintas.
En su conceptualización
cognitiva, la lealtad se
contempla como una actitud
positiva, en este caso, hacia un
establecimiento determinado,
mientras que, en su
conceptualización de
comportamiento, la lealtad se
entiende como el grado de
repetición de compra que observa
un individuo (Berné et al,
1996).
Para medir los beneficios mutuos
derivados de una relación de
intercambio, se plantea un
modelo que recoge los beneficios
relacionales obtenidos por las
partes implicadas en la relación
así como aquellas variables que
actúan como nexo de unión. De
esta forma, partiendo de los
beneficios esperados por el
cliente, se pretende analizar su
efecto en uno de los potenciales
beneficios obtenidos por la
organización, la lealtad. Para
este último beneficio se
plantean dos medidas
alternativas, una de lealtad
cognitiva y otra de
comportamiento. Este
planteamiento nos permitirá
determinar cómo deben
conceptualizar y medir la
lealtad los establecimientos
detallistas analizados, ya que
mientras la primera
conceptualización refleja el
compromiso del cliente con su
tienda como resultado de un
proceso de evaluación y de
factores situacionales, la
segunda muestra la adecuación
del establecimiento a las
necesidades y gustos de los
clientes en relación con ofertas
competitivas próximas (Berné
et ai, 1996).
El nexo de unión entre los
beneficios derivados del
mantenimiento de relaciones
estables entre ambas partes,
cliente y empresa, puede ser
analizado, fundamentalmente, a
través de dos variables: la
satisfacción global de éste y el
compromiso del cliente con la
organización. Así, se espera que
los clientes con altos niveles
de satisfacción, determinada por
la consecución de beneficios
relacionales y de compromiso con
la organización, llevaran a cabo
comportamientos indicativos de
lealtad que redundarán en
beneficio de la organización.
Las relaciones existentes entre
los conceptos analizados deberían
ser las reflejadas en la figura
1, que recoge las distintas
hipótesis que se desean
analizar.

Hipótesis a contrastar
Como ya hemos indicado, los
beneficios obtenidos por los
clientes, derivados de las
relaciones continuas mantenidas
con los empleados del
establecimiento, pueden ser
divididos en dos categorías. Los
beneficios funcionales incluyen
ahorros de tiempo, conveniencia,
realización de la mejor
decisión de compra, etc.,
mientras que los beneficios
sociales incluyen lo amable y
cómoda que sea dicha relación.
Por tanto, los beneficios
relacionales percibidos por el
cliente deberían ser medidos a
través de estas dos categorías
básicas, de manera que:
Hipótesis 1.
Los beneficios relacionales para
el cliente están reflejados en
dos componentes, los beneficios
sociales y funcionales
percibidos por dicho cliente.
La existencia de una relación
estable a argo plazo necesita
que todas las partes implicadas
obtengan beneficios. Por lo
tanto, cuantos mayores sean los
beneficios relacionales
percibidos por el cliente,
mayores deberían ser los
beneficios obtenidos por la
organización. Sin embargo, esta
relación no es, a priori,
directa, existiendo
fundamentalmente dos variables
que actúan como nexo de unión:
la satisfacción global del
cliente y su compromiso con la
organización.
Dado que los consumidores desean
y reciben beneficios de los
empleados además de la pura
adquisición del producto, los
consumidores evaluarán el grado
en el cual están recibiendo los
beneficios que desean de la
relación con los empleados. Así,
la percepción de los beneficios
de la relación debería afectar
de manera directa y positiva a
los niveles de satisfacción
obtenida con el servicio (Gwinner
et al., 1998; Reynolds y
Beatty, 1999).
Por otro lado, el compromiso
organizacional del cliente
refleja la identificación y la
implicación de un individuo con
una organización. Por tanto,
aquellos clientes que
experimenten mayores niveles de
satisfacción global, derivada de
la obtención de beneficios
relacionales, mostrarán mayores
niveles de compromiso con la
organización (Bettencourt, 1997;
Kelley y Davis, 1994). El
compromiso implica un alto nivel
de obligación en hacer que la
relación exista y en hacerla
mutuamente satisfactoria y
beneficiosa. Los clientes
altamente comprometidos
deberían estar más dispuestos a
realizar un esfuerzo recíproco
en el bienestar de la empresa
debido a los beneficios que
reciben de la relación (Chonko,
1986; Mowday et al.,
1982). Este esfuerzo se refiere
a la realización de
comportamientos identificados
con los objetivos de la empresa
y relacionados con el bienestar
de la organización. Por tanto,
las hipótesis y subhipótesis
planteadas son las siguientes:
Hipótesis 2.
Los beneficios relacionales
percibidos por el cliente
deberían ejercer un efecto
positivo indirecto en su lealtad
a la organización. Este efecto
se ejercerá a través de la
satisfacción global del cliente
y de su compromiso con la
organización.
Hipótesis 2.1.
La satisfacción global del
cliente estará positivamente
afectada, entre otros aspectos,
por la percepción de los
beneficios relacionales de dicho
cliente.
Hipótesis 2.2.
Mayores niveles de satisfacción
del cliente llevarán a mayores
niveles de compromiso del
cliente con la organización.
Hipótesis 2.3.
Mayores niveles de compromiso
del cliente con la organización
llevarán a una mayor lealtad
hacia dicha organización.
MÉTODO
El caso elegido para
ejemplarizar las relaciones
existentes entre los beneficios
relaciónales percibidos por los
clientes y sus consecuencias
para la organización ha sido el
servicio ofertado por los
establecimientos minoristas de
venta de ropa. Servicio con un
alto nivel de contacto personal,
en el cual los beneficios
relacionales generados para el
cliente deberían ser importantes
determinantes de los posteriores
comportamientos realizados por
éstos en beneficio de la
organización (Patterson, 1999).
METODOLOGÍA
La red conceptual propuesta
requiere la especificación de
conceptos o variables latentes,
que se caracterizan por no ser
susceptibles de observación
directa o porque es imposible
asumir que su observación está
libre de un determinado grado de
error de medida. La consecuencia
directa de este tipo de
especificación es que el
análisis de la estructura de
covarianzas o los modelos de
ecuaciones estructurales (MEE)
con variables latentes sean la
aproximación metodológica más
adecuada (Bagozzi, 1982;
Rivera, 1997; Rivera y Satorra,
2002).
Como señala Bagozzi (1982), las
ventajas presentes en este
marco son:
1
Los supuestos, las variables y
las relaciones constan
explícitamente, así pues, se
evitan malas interpretaciones y
ambigüedades.
2
Los MEE añaden un cierto grado
de precisión a la teoría
formulada, ya que esta
aproximación requiere que el
lenguaje utilizado para definir
las variables y
operacionalizarlas sea claro, y
las relaciones funcionales
entre las variables estén
fielmente representadas.
3
Los MEE permiten representar
mejor los complejos procesos
psicológicos y sociales del
mercado, ya que estos fenómenos
son a menudo intrínsecos,
comprendiendo muchas secuencias
de interacción y
retroalimentación.
4
Proporcionan un cuerpo teórico
para construir y comprobar la
consistencia interna de una
teoría y las medidas, así como
el grado de correspondencia
entre la teoría y la
observación.
Además, desde una perspectiva
práctica, los MEE proporcionan (Bagozzi,
1982):
- Indicadores del grado de
fidelidad de nuestras medidas
mediante las estimaciones de los
parámetros contenidos en los
modelos de medida.
- Parámetros que representan las
proposiciones no observables,
es decir, indicadores del grado
de asociación entre los
conceptos teóricos (los
parámetros estructurales del
modelo).
- Índices y tests de bondad de
ajuste, para evaluar la
estructura teórica completa de
la teoría.
- Errores estándares de los
parámetros estimados.
El método de estimación
utilizado es el de máxima
verosimilitud sobre la matriz
de covarianzas entre las
variables observadas. Al objeto
de evaluar la bondad de ajuste
de los modelos, dada la
distribución no normal de los
datos analizados, se ha optado
por el estadístico Chi-Cuadrado
escalado de Satorra-Bentler (1)
(Satorra y Bentler, 1994;
Bentler, 1995; Bentler y Dudgeon,
1996). Además, al objeto de
evaluar la significatividad
individual de los parámetros
estimados, se opta por los z-tests,
de tal manera que los z-tests
calculados se corresponden con
los errores estándar robustos (Satorra
y Bentler. 1994; Bentler, 1995;
Bentler y Dudgeon, 1996).
Por otro lado, dado que el
objetivo de este trabajo es
doble, en primer lugar, testar
la red conceptual propuesta, y
en segundo, si ésta no se
alcanzara, determinar la
naturaleza de la estructura de
relaciones observada entre las
variables, serán objeto de
nuestra atención el LR (Likelihood
Ratio), el Test LM (Lagranger
Multiplier Test) (2) y el Test W
(Wald Test) (Jóreskog y Sórbom,
96; Bentler, 1995). Para
completar dicho análisis se
procederá a la lectura de la
matriz de residuos; matriz
representativa de las
diferencias entre las
covarianzas observadas y las
predichas por el modelo
planteado (Bollen, 1989; Bentler,
1995; Jóreskog y Sórbom, 1996).
Base de datos
Los datos analizados se basan en
los proporcionados por una
encuesta llevada a cabo en enero
de 2001. El tipo de muestreo
utilizado corresponde un
procedimiento no probabilístico.
Las encuestas personales fueron
realizadas por un grupo de
encuestadores especialmente
entrenados para ello,
obteniéndose 262 encuestas
válidas para el objetivo del
estudio. Los individuos
analizados contestaron a las
preguntas planteadas en la
encuesta teniendo como marco de
referencia su establecimiento de
ropa habitual en el que
realizaban, por lo tanto, la
mayor parte de sus compras.
La mayoría de los
establecimientos indicados por
los encuestados como
establecimiento habitual son de
tipo boutique, con un tamaño
pequeño. Por lo tanto, existe
una mayor probabilidad de
interactuar con el mismo
vendedor durante distintas
ocasiones de compra y, así,
verse incrementada la
probabilidad de proporcionar los
beneficios derivados del
marketing relacional.
Medidas utilizadas
Toda la información ha sido
medida a través de escalas de
acuerdo de siete puntos, desde 1
totalmente en desacuerdo» hasta
7 «totalmente de acuerdo», con
la excepción de las
características
sociodemográficas. En el cuadro
1 se muestran los ítems
utilizados para medir las
variables implicadas en el
estudio. Los ítems
empleados para medir los
beneficios funcionales y
sociales son una adaptación de
los propuestos por Reynolds y
Beatty (1999). Los utilizados
para medir la satisfacción
global del cliente se derivan de
las escalas propuestas por
Bitner y Hubbert (1994) y
Bettencourt (1997). Los
empleados para la medición del
compromiso del cliente con la
organización tienen su origen en
los propuestos por Kelley y
Davis (1994) y Bettencourt
(1997). Por último, se utilizan
dos medidas alternativas de
lealtad, una de comportamiento y
otra cognitiva.
Las medidas de tendencia central
y de dispersión mostradas en el
cuadro 2 ponen de manifiesto que
los valores medios de todos los
ítems analizados, a
excepción de los indicativos del
compromiso del cliente con la
organización, se sitúan por
encima del punto medio de la
escala de medición utilizada
(3,5 puntos), encontrándose las
mayores dispersiones en los
ítems relativos a los
beneficios sociales para el
cliente. Los valores medios
obtenidos en los ítems
correspondientes a satisfacción
se sitúan en torno a 5, lo que
parece poner de manifiesto la
existencia de una evaluación
global positiva de las
actuaciones desarrolladas por
los establecimientos analizados.
Características de la muestra
Las características
sociodemográficas de los
individuos que configuran la
muestra ponen de manifiesto la
presencia de un 35% de hombres.
La mayoría de los entrevistados
han completado estudios
secundarios o superiores (66,8%)
y se encuentran principalmente
en el intervalo de edad
correspondiente a 18-49 años
(72,5%). Las familias están
compuestas, en término medio,
por cuatro miembros (39,8%) y
con unos ingresos medios anuales
situados en el intervalo de
6.010,12 a 24.040,48 euros
(55%). El 62% de la muestra
trabaja fuera del hogar.

Análisis y resultados
La primera medida de lealtad
empleada, indicativa de los
beneficios relacionales
obtenidos por la organización,
ha sido el porcentaje del gasto
en ropa que los individuos
realizan en el establecimiento
analizado. El porcentaje de
respuesta a esta medida es el
más bajo de los obtenidos,
situándose en el 76,34%, por lo
que el número de casos válidos
utilizados para la contrastación
del modelo se sitúa en 183 (3).
La estimación máximo verosímil,
a través del EQS 4.2, del modelo
propuesto en la figura 1,
proporcionó una Chi-Cuadrado de
Satorra-Bentler de 76,19, con 40
grados de libertad y un p-value
de 0,0. En consecuencia, la
red teórica propuesta no
representa adecuadamente la
estructura de relaciones
observada entre las variables,
por lo que se procedió al
análisis de los índices de
modificación del modelo y de la
matriz de residuos.
Dicho análisis dio lugar al
establecimiento de una relación
directa, no postulada a
priori, entre los beneficios
relacionales percibidos por el
cliente y el compromiso de dicho
cliente con la organización.
Tras postular dicho efecto y
reestimar el modelo, tuvo que
ser especificado un nuevo
parámetro: una relación directa
entre la satisfacción del
cliente y su lealtad, medida
ésta a través del gasto
realizado. El modelo resultante
proporcionaba una Chi-Cuadrado
de Satorra-Bentler de 45,81, con
38 grados de libertad y un p-value
de 0,18, por lo que el
modelo representaba
adecuadamente la estructura de
co-varianzas observada. El
análisis de los z-tests de los
parámetros estimados revelaba,
por una parte, la ausencia de
una relación directa entre la
satisfacción global del cliente
y su compromiso con la
organización, y, por otra, la no
existencia de una relación entre
el compromiso con la
organización y la lealtad.
Estas modificaciones de las
relaciones inicialmente
planteadas pueden ser aceptadas
a nivel teórico, ya que lo que
nos vienen a indicar es que los
beneficios que perciba el
cliente de su relación con el
proveedor del servicio afectan,
directamente, tanto a su nivel
de satisfacción global como al
compromiso que sienta con la
organización.
Sin embargo, los esfuerzos
realizados por la empresa para
mantener una relación estable
con sus clientes, aunque
refuerzan el interés del cliente
por continuar dicha relación,
sólo se traducen en beneficios
para la organización, vía
lealtad, a través de los niveles
de satisfacción alcanzados.
Tras reestructurar el modelo
teórico hipotetizado, la
estimación máximo-verosímil, a
través del EQS 4.2, proporciona
las siguientes medidas de ajuste
global del modelo. La
Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler
toma un valor de 46,96, con 40
grados de libertad y un p-value
de 0,21, siendo el índice de
Bentler-Bonett de 0,93. En
consecuencia, dicho modelo
representa adecuadamente las
relaciones observadas entre las
variables y puede ser,
inicialmente, aceptado.
Los resultados finalmente
obtenidos son los mostrados en
la figura 2, en la cual se
reflejan las estimaciones de los
parámetros y sus
correspondientes z-tests. Como
puede observarse, todas las
estimaciones son significativas
y muestran el sentido, en este
caso positivo, esperado. En el
cuadro 3 se muestran los
coeficientes de determinación de
las relaciones estructurales
implicadas en el modelo (R2)
y los coeficientes de fiabilidad
asociados a las variables
latentes (índice F-L).

Los valores reflejados en el
cuadro 3 nos muestran que los
ítems empleados para medir
las variables bajo estudio son
adecuados (índice F-L), así como
que la capacidad explicativa de
las relaciones establecidas es
aceptable (R2). Todo
ello nos lleva a aceptar el
modelo propuesto. Entre los
resultados obtenidos podemos
destacar el valor alcanzado por
el índice de Fornell-Larcker,
correspondiente al modelo de
medida planteado para el
concepto satisfacción global del
cliente, 0,56. Este valor
muestra que los tres ítems
utilizados (véase cuadro 1)
representan adecuadamente dicho
concepto. Respecto al modelo de
medida planteado para la
variable compromiso del cliente,
aunque el índice de Fornell-Larcker
obtenido es inferior al valor de
0,5 propuesto por sus autores,
se considera aceptable, dada la
naturaleza del estudio, explorar
las relaciones existentes. Para
corroborar esta aceptación,
destacamos el hecho de que un
índice de Fornell-Larcker de
0,42 lleva asociadas unas cargas
factoriales estandarizadas
superiores a 0,6.
En lo referente a las hipótesis
planteadas, los resultados
obtenidos nos llevan a aceptar
la Hipótesis 1. Esto es, que los
beneficios relacionales
percibidos por los clientes es
un concepto de segundo orden,
representado por dos
dimensiones, sus beneficios
percibidos sociales y
funcionales. Además, los
índices de fiabilidad de
Fornell-Larcker correspondientes
a los modelos de beneficios,
funcionales, sociales y
relacionales (cuadro) 1 toman
valores superiores a 0,5- Por
tanto, los ítems
seleccionados al objeto de
representar este concepto son
adecuados en términos de
fiabilidad.
Con relación a la Hipótesis 2,
los resultados obtenidos nos
llevan a aceptarla parcialmente.
Recordemos que esta Hipótesis
establecía que los beneficios
relacionales percibidos por el
cliente deberían ejercer un
efecto positivo indirecto en su
lealtad a la organización. Este
efecto se ejercerá a través de
la satisfacción global del
cliente y de su compromiso con
la organización». La
reestructuración del modelo
teórico inicialmente planteado
ya indicaba que la lealtad del
cliente sólo se debería ver
afectada por el nivel de
satisfacción global de dicho
cliente. Los resultados
obtenidos comprueban este hecho,
ya que aunque los beneficios
relacionales percibidos por los
clientes ejercen un efecto
indirecto sobre los beneficios
obtenidos por la organización,
éste se ejerce únicamente a
través de la satisfacción global
con el cliente y no a través de
su compromiso. Del mismo modo,
de las subhipótesis
planteadas, únicamente se acepta
la Hipótesis 2.1, esto es, que
los beneficios relacionales
percibidos por el cliente
ejercen un efecto positivo en
su satisfacción global. Sin
embargo, las hipótesis 2.2 y 2.3
se rechazan, emergiendo una
serie de efectos no establecidos
a priori.

Modelo de lealtad cognitiva
Una vez obtenidos los resultados
correspondientes a la medida de
lealtad de comportamiento, se
procedió a la contrastación del
modelo propuesto utilizando una
medida de lealtad cognitiva. La
base de datos utilizada fue la
misma que en el caso anterior,
esto es, la compuesta por 183
individuos (4).
Como en el caso anterior, en
primer lugar, se procedió a
estimar el estadístico Escalado
Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler,
alcanzando éste un valor de
82,38 y un p-value de
0,0. Dado el no ajuste del
modelo hipotetizado a las
relaciones observadas entre las
variables, se analizaron los
índices de modificación del
modelo y la matriz de residuos.
El parámetro representativo de
la relación directa entre los
beneficios relacionales
percibidos por el cliente y el
compromiso de dicho cliente con
la organización presentaba un
índice de modificación superior
a 18, por lo que se liberó dicho
parámetro. Sin embargo, los
estadísticos de ajuste
nuevamente calculados remitían a
la introducción de un nuevo
efecto: el ejercido directamente
por la satisfacción del cliente
sobre su lealtad cognitiva. Tras
introducir dichos parámetros de
manera secuencial, el modelo
resultante proporcionaba una
Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler
de 49,15, con 38 grados de
libertad y un p-value de
0,11, por lo que se aceptó dicho
modelo como valido. Una vez
alcanzado un modelo
representativo de las relaciones
observadas se procedió al
análisis de los z-tests de los
parámetros estimados. Dicho
análisis dio cuenta de la no
significatividad de dos
parámetros, siendo éstos: la
relación directa entre la
satisfacción global del cliente
y su compromiso con la
organización, y la
correspondiente al compromiso
con la organización y la
lealtad.
Estas modificaciones son las
mismas que las realizadas en el
modelo anterior, cuya
justificación teórica ya ha sido
expuesta previamente. El modelo
finalmente aceptado muestra los
resultados reflejados en la
figura 3- La estimación
máximo-verosímil, a través del
EQS 4.2, proporciona las
siguientes medidas de ajuste
global del modelo. La
Chi-Cuadrado de Satorra-Bentler
toma un valor de 51,50, con 40
grados de libertad y un p-value
de 0,11, siendo el índice de
Bentler-Bonett de 0,92. En el
cuadro 2 se muestran los
coeficientes de determinación de
las relaciones estructurales (R2)
y los índices de fiabilidad de
los conceptos teóricos. Todos
los resultados obtenidos nos
llevan a la aceptación del
modelo.
Como en el caso anterior, los
resultados obtenidos llevan a
aceptar la Hipótesis 1, la
Hipótesis 2.1 y, parcialmente,
la Hipótesis 2. Por tanto,
vuelven a comprobarse los
efectos, positivos y
significativos, de los
beneficios relacionales
percibidos por el cliente sobre
su nivel de satisfacción global
y de compromiso, así como su
efecto indirecto, vía
satisfacción, sobre su lealtad,
en este caso, cognitiva.
Las principales diferencias
emergidas en la comparación de
los dos modelos contrastados,
figuras 2 y 3, se centran en la
mayor capacidad explicativa del
segundo modelo en lo relativo a
las variables satisfacción y
lealtad, permaneciendo el resto
igual. Así, se puede observar, a
través de la comparación de los
cuadros 1 y 2, la mayor
capacidad explicativa mostrada
por los beneficios relacionales
en lo concerniente a la
satisfacción global del
individuo, obteniéndose un
coeficiente de determinación en
el segundo modelo de 0,52,
frente al 0,47 obtenido en el
primero. La mayor diferencia
surge en el coeficiente de
determinación asociado a la
variable lealtad, obteniéndose
un valor, en el primer modelo,
de 0,13, frente al 0,53 obtenido
en el segundo caso. Por tanto,
se comprueba que el modelo
planteado es capaz de explicar
en mayor grado la lealtad
manifestada a través de «seguir
siendo leal a la tienda», como
resultado de un proceso de
evaluación y de factores
situacionales, que como lealtad
de comportamiento, reflejada a
través del porcentaje de gasto
realizado en el establecimiento.
Conclusiones
El adecuado desarrollo del
marketing relacional
necesita que todas las partes
implicadas en la relación de
intercambio obtengan una serie
de beneficios. Desde el punto de
vista del cliente, gran parte de
estos beneficios relacionales se
derivan de la relación mantenida
con el personal de contacto del
servicio, de tal manera que éste
ayude al cliente a mejorar su
proceso de decisión de compra a
través de, por ejemplo, la
disminución del tiempo necesario
para la misma y de los consejos
ofrecidos, y de la relación
personal y amistosa que mantenga
con dicho cliente. Así, a través
de la actuación del personal de
contacto, las empresas de
servicios pueden crear un valor
en la relación establecida con
el cliente que genere tanto
barreras a la entrada de
competidores como barreras a la
salida para dicho cliente.
Estos vínculos relacionales,
creados a través de las
relaciones interpersonales entre
las partes, hacen que sea más
difícil para el cliente romper
la unión psicológica existente
con la empresa y cambiarse de
proveedor. Junto con esto, el
efecto positivo de los
beneficios relacionales de los
clientes en su satisfacción y,
posteriormente, en su lealtad
hace que la empresa pueda
desarrollar una ventaja
competitiva sostenible.
El estudio realizado comprueba
los hechos anteriormente
mencionados. Los esfuerzos
realizados por la empresa,
reflejados a través de
la actuación de su
personal de contacto, tienen su
recompensa en la obtención de
una serie de beneficios, tanto
económicos como no económicos.
Así, la percepción positiva, por
parte del cliente, de la
actuación del personal de
contacto ejerce dos efectos
importantes desde el punto de
vista de la empresa. Por una
parte, refuerza el compromiso
del cliente, esto es, la unión
psicológica que siente el
cliente hacia la empresa. Este
nexo psicológico incrementa los
costes de cambio del cliente a
la hora de plantearse otras
alternativas, convirtiéndose, en
definitiva, en una barrera a la
salida del cliente que otorga
ventajas a la empresa frente a
la competencia. Por otra parte,
afecta de manera positiva a la
satisfacción global que sienta
dicho cliente, la cual ejerce un
efecto directo y positivo sobre
su lealtad. Esta lealtad puede
llegar a convertirse en un
beneficio económico para la
empresa, ya que supone la
existencia de una actitud
favorable relativa a
alternativas potenciales y un
comportamiento de compra
repetido (Dick y Basu, 1994). En
el caso aquí analizado, se
comprueba que las empresas de
servicios que proporcionen
beneficios relacionales a sus
clientes estarán incidiendo
directamente en su satisfacción
global y, en consecuencia,
consiguiendo así su lealtad.
Los resultados de los dos
modelos planteados corroboran la
secuencia anteriormente
descrita, aunque se detecta una
mayor capacidad explicativa del
modelo de lealtad cognitiva
(intención de seguir siendo leal
por parte del cliente) frente al
de lealtad de comportamiento
(porcentaje de gasto realizado).
Pero, en ambos casos, destaca la
importancia que el papel
desempeñado por el personal de
contacto de las empresas de
servicios ejerce en los
beneficios finalmente obtenidos
por la organización. Por lo
tanto, a la hora de establecer
políticas de fidelización,
encaminadas a generar la lealtad
de sus clientes, los
establecimientos detallistas
deben basarse en el papel
desempeñado por su personal de
contacto a la hora de ayudar al
cliente a tomar su decisión de
compra y al establecer una
relación cercana y amistosa con
el cliente. La relación creada
sobre estas bases permitirá la
obtención de un doble objetivo:
incrementar el nexo de unión
entre cliente y empresa e
incrementar la lealtad, sea cual
sea su conceptualización.
Las futuras líneas de
investigación que surgen como
consecuencia del estudio
realizado se centran en el
análisis de la ausencia de una
relación entre la satisfacción
global del cliente y su nivel de
compromiso con la empresa, así
como en la carencia de un efecto
del compromiso sobre la lealtad.
(*) Los autores desean
agradecer la ayuda prestada por
el proyecto DGES PB97-1009 y al
Grupo de Investigación de la
DGA «Mercado, reputación y
marketing».
NOTAS
(1) El estadístico Chi-Cuadrado
Escalado de Satorra-Bentler
surge al corregir el estadístico
Chi-Cuadrado de bondad de ajuste
del modelo. Esta corrección
persigue que la distribución
del mismo sea aproximadamente
una Chi-Cuadrado, cuando los
supuestos distribucionales
postulados en la función de
discrepancia sean erróneos.
(2) Estos índices son nominados
como índices de Modificación del
Modelo.
(3) Nótese que este número de
encuestas válidas se
corresponde a aquellos
individuos que han contestado a
todas las cuestiones implícitas
en el modelo a contrastar.
(4). Posteriormente, se procedió
a la contratación del modelo
utilizando el número de
encuestas válidas
correspondientes a las
variables implicadas en este
segundo modelo. En este caso,
dado el bajo porcentaje de la
medida de lealtad de
comportamiento previamente
empleada, el número de encuestas
válidas ascendió a 236. Los
resultados obtenidos
corroboraron los aquí
mostrados, dando muestras de la
estabilidad de los resultados.
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Fuente: Economía industrial Nº
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Pág. 143 a 153 |