La nueva era de la competencia
 

"Algunos estadistas y generales tratan de evitar la batalla decisiva. La historia ha destruido esta ilusión"  Karl von Clausewitz

El lenguaje más sanguinario empleado en los diarios no se halla hoy en día en las páginas internacionales, sino en la sección financiera.
"Los mataremos"
"Aniquilar o ser aniquilado"
"Esto es una lucha de vida o muerte"

No, éstas no son las palabras de un guerrillero de extrema izquierda, o de un dictador de extrema derecha. Se trata de declaraciones típicas de líderes de negocios cuando analizan futuras campañas de marketing.
El lenguaje de marketing ha sido tomado del lenguaje militar. Se lanzan campañas de marketing. Afortunadamente, campañas de penetración.
Se promueve a la gente a posiciones superiores. En divisiones, compañías, unidades. Se informa sobre pérdidas y capturas. Algunas veces, se entrega uniforme a la gente. de vez en cuando se acude al campo para inspeccionar los uniformes y revisar el progreso de las tropas. Hasta se dan ascenso de rango.
Hasta ahora, sólo se ha copiado el lenguaje del ejército no el pensamiento estratégico subyacente a este lenguaje.
La intención del marketing de guerra es aplicar el pensamiento militar a los problemas de marketing.
El marketing, como disciplina científica, surgió hace menos de cien años. Su pensamiento existe desde mucho tiempo atrás pero como su teoría tiene poco desarrollo, la teoría militar puede llenar el vacío.

Las guerras de los titulares
Al leer Business Week, Forbes, Fortune, es probable que uno se sature del lenguaje militar. La guerra de la cerveza, la guerra de los refrescos cola, y la guerra de la hamburguesa son ejemplos recientes del militarismo periodístico.
Sin embargo, fuera de los encabezamientos, los escritores ignoran por completo los principios militares más elementales.
"Nueva Xerox invade la oficina", declara un titular en el New York Times. "Se pretende la supremacía en la automatización", decía el subtítulo.
Si Dinamarca invadiese Alemania Occidental, un país doce veces mayor, la prensa expresaría conmoción e incredulidad. ¿Líder en automatización?
Xerox es una compañía con menos de dos mil millones de dólares en ventas anuales de productos automatizados para oficinas compitiendo con IBM, una compañía con más de 40 mil millones de dólares.
Hay muchos más ejemplos de humor semántico, carnetes del juego estratégico.
"El semiconductor de National está cruzando el Rubicón", anunció el Presidente Chalres E. Sporck en el encabezamiento que anunciaba la línea de mini computadoras de la empresa.
Cuando Julio César atravesó el verdadero Rubicón en el año 49 a. C. lo hizo con una legión completa y dos más de reserva. Tan aterrador era el poder de César que Pompeyo, su oponente, decidió evacuar Italia sin vacilar.
¿Donde están las legiones de Sporck? ¿Se rendirá tan rápido IBM? No hace falta ser ingeniero militar para saber que esta semi -invasión no tendrá demasiado éxito.

¿Predicciones o propaganda?
Cuando Cola Cola anunció su nueva fórmula más dulce, también predijo tranquilamente un incremento del 1% anual de su participación en el mercado durante los siguientes dos años. ¿Se trató de una predicción o fue sólo propaganda? Si se pretendió ser lo último, erró el tiro. Ningún comandante militar, en su sano juicio, se impone tiempo para la victoria.
"Regresaré", dijo Douglas Mc Arthur al dejar las Filipinas en marzo de 1942. Si hubiese agregado "a fin de año" su reputación se habría visto empañada seriamente al momento de regresar en 1944. Las promesas no cumplidas debilitan la moral. Las promesas en marketing deben ser tan vagas como las políticas, de otro modo desgastarán la eficacia de las fuerzas.
Cuando Hitler prometió apoderarse de Leningrado y falló, perdió más que su reputación militar; su imagen de "maestro de la propaganda" se disipó.

La realidad del conflicto en el marketing
Retórica aparte, está claro que el marketing está entrando a una era, una era que hará que los años sesenta y setenta parezcan un picnic escolar.
La competencia se vuelve brutal; el nombre del juego ha cambiado, ahora es: "arrebatar el negocio a algún otro".
A medida que las compañías experimentan diferentes formas de aumentar las ventas, recurren cada vez más a la estrategia bélica.
Sin embargo, la agresividad en sí no es distintiva de una buena estrategia militar. En especial la agresividad representada por el "más" de las escuelas de administración. Más productos, más gente de ventas, más publicidad, más dedicación.
Sobre todo más dedicación. De algún modo, uno tiende a sentirse mejor con respecto al éxito si se trabaja mucho para alcanzarlo. Por lo tanto se programan más reuniones, más informes, más memoranda, más inspecciones de la gerencia.
No constante, la historia militar enseña lo contrario. Un compromiso obsesivo de ganar la batalla con un solo esfuerzo, casi siempre se vuelve en derrota. Desde las trincheras de la I Guerra Mundial hasta las calles de Stalingrado en la II, el comandante que permitió que sus ejércitos se involucraran en una pesada lucha cuerpo a cuerpo casi siempre terminó derrotado.
La tenaz determinación de Xerox de incursionar en el mercado de la automatización de oficinas no es señal de un futuro éxito. es un síntoma de poca flexibilidad.
Mucho mejores son los golpes rápidos, tipo relámpago, que dependen más del tiempo que de la fuerza (lo que los alemanes llaman  Blitzkrieg). No es que el principio de la fuerza no sea importante, todo lo contrario; pero, a menos que un ataque se planee en forma apropiada, se perderá la ventaja si se permite que la batalla degenere en una guerra de desgaste.
Siempre que escuche a un comandante decir "tenemos que redoblar nuestros esfuerzos", debe considerarlo la frase de un perdedor. Las luces no necesitan estar encendidas tarde en lugares como Armonk. El éxito de IBM estriba en pensar mejor y no en pensar más.

Autor: Al Ries y Jack Trout. Marketing de Guerra. Mc Graw Hill. Madrid. 1986