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Sigo pensando que la radio es un excelente medio
de comunicación, y no tan solo porque el buen
profesional debe ser multimedia por excelencia y
saber exprimir todo el jugo de las diversas
frutas, sino precisamente porque es una fruta con
muchísimo jugo.
a) Inmediatez
Noches tristes y olvidables como la del 23-F
sirven para demostrar el enorme poder de la radio.
Un gran medio capaz de estar donde hay que estar
aunque le amenacen a pistolas. La televisión
también estuvo allí como pudo, pero el triste
tejerazo muchos lo recordaremos como una noticia
que nos llegó por la radio.
Aunque la televisión ha optado por ampliar
horarios y abrir nuevos frentes informativos, o
incluso crear canales exclusivamente de noticias,
la rapidez brutal con que la radio puede emitir
desde el lugar indicado, no la supera nadie.
No es casualidad que cuando la televisión lo ha
intentado, sus programas hayan sido bautizados
como radio televisada, por no aportar casi nada
nuevo en el terreno de las imágenes y limitarse a
explotar la voz acompañada de alguna foto o imagen
estática ante la pantalla.
En horas de madrugada o a primeras horas de la
mañana, cuando los periódicos salen a la calle con
las noticias de ayer, la radio no tienen rival
posible en la cobertura de las noticias de hoy.
Los diarios hablados de la mañana acompañan a
medio país mientras nos levantamos y desayunamos,
y nos permiten salir a la calle con una idea
global de lo que ocurre en nuestro mundo. Y con la
posibilidad, además, de escoger entre decenas de
propuestas la manera, frecuencia y profundidad con
que queremos ser informados, porque tampoco en
competencia tiene rival la radio.
Hablando en términos de eficacia y casi de
seguridad personal, y en un aspecto en el que
considero válida mi opinión tras mi larga
experiencia en Filomatic, podríamos decir que la
radio es el único medio que te permite afeitarte
sin riesgo de cortarte, porque te deja los ojos
ante el espejo en lugar de seducirte con colorines
en una pantalla. El cuarto de baño es una parcela
donde la radio tienen todas las de ganar.
b) Compañía
Acompañar al automovilista es también una
profesión de futuro. Por desgracia se demuestra
que todas las grandes ciudades han debido asumir
como un mal endémico los colapsos de tráfico, de
manera que muchos desplazamientos individuales
hacia o desde el lugar de trabajo pueden
convertirse en trayectos de una hora de duración.
Un medio absolutamente compatible con el volante,
y el único capaz de amansar a las fieras con su
música, informarlas con sus boletines, o hacer más
amenos los minutos con sus entrevistas y
concursos, es la radio. No es de extrañar que los
taxistas, la profesión del volante por excelencia,
se hayan volcado de manera entusiasta a este
medio, constituyéndose en su más fiel clientela
hasta el punto de merecer programas, campañas y
tratos diferenciales en algunas emisoras.
Talleres, bares y empresas sintonizan a grandes
maestros como Luis del Olmo, por ejemplo, porque
ha sido capaz de desarrollar fórmulas químicamente
perfectas de comunicación con la gente, en lso ya
clásicos magazines de las mañanas donde la
información y opinión se combinan con entrevistas
y secciones especializadas, en lo que puede
considerarse como auténticos homenajes diarios al
oyente.
c) Personalización
El dial de la radio es ancho y profundo. Un
paseo por él nos permite encontrar siempre el
programa adecuado, el tono deseado, el tema
esperado. Un programa de todos al lado de uno de
música clásica, otro de fútbol o un consultorio
astrológico. Todo cabe y sólo hay una manera de
ganar fidelidades absolutas, con una programación
a medida de un público determinado. La
especialización nos viene dada. la personalización
es posible.
Uno de los mayores logros de la radio, digno de
estudios sociológicos del mayor nivel, es haber
conseguido ser el único medio de difusión masiva
que personaliza el mensaje. Tiene una capacidad
para integrarse en el mundo de cada oyente, que
consigue un clima de confianza sólo reservado a
ella.
La intimidad que se alcanza, especialmente en
programas de madrugada, donde la gente confiesa
ante miles de oyentes lo que no se atreve a contar
a nadie cara a cara, son una prueba más de esa
extraña magia que ni los propios locutores se
acaban de explicar. de hecho, son frecuentes las
relaciones de adoración que se producen del oyente
hacia el locutor, impulsadas por el misterio de
escuchar esa voz sin rostro.
Autor: Luis Bassat en El libro rojo de la publicidad. Ed.
Folio. Barcelona 1994
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