La sociología y las relaciones públicas
 

Vale la pena detenerse brevemente para observar la influencia de la sociología en las relaciones públicas. Como sabemos, la sociología estudia el comportamiento de los seres humanos en sociedad, y tiene en cuenta dos hechos básicos: el primero es que la conducta de los seres humanos muestra pautas regulares y recurrentes; el segundo que las personas son animales sociales y no criaturas aisladas. Esto presenta gran importancia para nosotros ya que, en relaciones públicas, estamos manejando una ciencia del hombre y para el hombre. La sociología nos da normas, fórmulas y soluciones que permiten encauzar mejor nuestras comunicaciones con el hombre - masa, que sigue las mencionadas pautas. Es evidente que ellas no implican identidad de conductas, sino sólo elementos comunes que puedan ser abstraídos, lo cual en realidad complica más la situación de las técnicas correspondientes. Esos cursos de acción no sólo son explicados por razones instintivas, o por tendencias hereditarias, sino también por principios culturales comunes (hay que tener en cuenta que la cultura, en sentido amplio, es la totalidad de lo aprendido y compartido por los hombres como miembros de una sociedad, incluyendo conocimientos, arte, creencias, moral, ley costumbres, etc.) Las instituciones culturales prescriben reglas de conducta determinadas, que consideran apropiadas, legítimas y esperadas. Es fácil imaginar la importancia que presenta para el experto en relaciones públicas el conocimiento de estas pautas, de lo que coincide o choca con las creencias y hábitos de grandes sectores de público, de lo que será admitido y asimilado, y de lo que molestará o creará reacciones de diversa índole. Sus campañas podrán estar así debidamente acondicionadas.
En cada sociedad existen verdaderos "roles" o "papeles" que ejecutan sus miembros, unas veces consciente, y otras inconscientemente. Hay también signos de "status". Cada hombre desempeña simultáneamente muchos papeles y ocupa diversas posiciones, y aquí nuevamente debemos hacer observar este panorama por el planificador de relaciones públicas. Humorísticamente, Shakespeare decía: "El mundo entero es un escenario. Y los hombres simplemente actores. Que tienen sus entradas y salidas a escena. Y cada uno durante su vida representa muchos papeles, siendo sus actos característicos de las siete edades". Para él las siete edades son: la infancia, la época escolar, la del amor, la del soldado, la de la justicia, la del bufón y por último, la segunda infancia.) Estas y otras generalizaciones, seria o irónica, con mucho de verdad, referidas al ser humano, así como a las reglas de su conducta en sociedad, son de fundamental interés para quienes aplican relaciones públicas, al proporcionarles elementos básicos a fin de "llegar" hasta sus públicos y serles agradables.
Hay que comprender que las modernas sociedades industriales son de carácter asociacional. Aunque dentro de ellas hay variaciones, las relaciones sociales tienden a ser transitorias, superficiales, e impersonales.
El imponente dominio de la tradición se ha resquebrajado en fuerte medida y la relativa uniformidad de pensamiento y acción ha cedido lugar a una gran diversidad. Quedan pocos valores y patrones de conducta universalmente aceptados. Las costumbres se han debilitado. El cambio es rápido. La sofisticación y la innovación son aprobadas. Una marcada división del trabajo y una proliferación de roles sociales aparecen íntimamente vinculados con esta fragmentación de la trama comunitaria: Las asociaciones tienden a ser grupos organizados para la consecución de un interés o grupo de intereses compartidos.


Autor: Fernando Fernández Escalante. Abogado. Director de Cursos y Posgrados en la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas y Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Colección Ciencias Empresariales. Ed. OEL. Buenos Aires. 1968