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En las últimas tres
décadas España ha experimentado transformaciones
políticas, sociales y económicas importantes. La
expansión internacional de las compañías españolas
se revela como el cambio de mayores consecuencias
a largo plazo. Mientras en los 80 el valor
acumulado de la inversión extranjera directa de
las empresas españolas se situaba por debajo del
1% del PIB, a finales de 2004 alcanzó casi el 35%.
En torno a un tercio de dichas inversiones se
realizó en América Latina, especialmente en
sectores destacados como banca,
telecomunicaciones, electricidad, petróleo y gas,
agua, saneamiento y transporte. Las inversiones
españolas son particularmente relevantes en
Argentina, Brasil, México y Perú.
Las consecuencias de esta creciente presencia se
han notado en ambas partes. Desde una perspectiva
económica, España se ha beneficiado de las
oportunidades propias de los mercados emergentes,
si bien también se ha visto más expuesta a los
riesgos de contagio financiero, y de ello es un
buen ejemplo la crisis argentina de 2002. A su
vez, los países latinoamericanos se han
beneficiado de la transferencia de fondos y de
conocimientos. Desde una perspectiva geopolítica,
España ejerce ahora mayor influencia en la región.
Mientras que, hace pocos años, los presidentes y
ministros de Economía latinoamericanos viajaban a
Washington, Nueva York y Londres para cumplir con
sus respectivas agendas, actualmente realizan una
parada adicional en Madrid. Y, desde una
perspectiva diplomática, las inversiones de las
empresas españolas han hecho aparecer
oportunidades y dificultades en las relaciones
bilaterales con distintos países, tal como lo
demuestran el contencioso sobre la extradición de
Pinochet a España, la crisis argentina, la caída
de Fujimori en Perú y las secuelas de la victoria
de Morales en Bolivia.
El auge de la inversión extranjera española ha
dejado al descubierto debilidades y problemas en
política exterior que exigen la adopción de
acciones concluyentes. España es una potencia
diplomática de tercer nivel y dedica escasos
recursos a la acción diplomática y la ayuda
externa, establecidas sobre la base de una
incierta combinación de intereses y prioridades en
Europa, el Magreb, Estados Unidos y América
Latina. Un primer desafío es hacer compatibles
todos esos intereses entre sí. Una cuestión
política crucial es la de aumentar el número de
diplomáticos, sus retribuciones y los recursos
disponibles para la acción exterior. Por último,
la política exterior española no ha encontrado aún
el modo de ayudar tanto a las grandes
multinacionales españolas, presentes en los
sectores de infraestructuras, como a los cientos
de pequeñas y medianas empresas que operan en el
extranjero.
En Latinoamérica, la creciente importancia de las
firmas españolas ofrece enormes oportunidades para
establecer unas relaciones más serias y sólidas.
La política exterior española en la región ha
variado desde un hispanismo “lírico” hasta un
interés práctico por el desarrollo económico, la
cooperación internacional y las reformas
institucionales. Teniendo en cuenta el aumento de
los flujos migratorios que parten desde
Latinoamérica, España podría hacer más para
mejorar la suerte de la población de la región y
ayudar a forjar las instituciones políticas,
económicas y sociales que favorecen el desarrollo.
Un último aspecto es el relativo al triángulo
formado por España, China y Latinoamérica. En los
últimos años, China se ha convertido en el tercer
socio comercial de Brasil y de Chile. Las
importaciones chinas de materias primas y petróleo
procedentes de Latinoamérica se han multiplicado
por siete desde el ingreso del país asiático como
miembro de pleno derecho en la Organización
Mundial del Comercio (OMC), en 2001. España
constituye una parte esencial de estas relaciones
por la importancia de las empresas españolas en
los procesos de extracción, procesamiento y
transporte de las materias primas. No resulta
sorprendente que compañías como BBVA, Santander y
Telefónica estén tomando posiciones en el mercado
chino. Quizá esta relación triangular pueda
aportar ventajas a Latinoamérica, una región cuya
población no ha logrado nunca, desde la llegada de
los descubridores y conquistadores españoles y
portugueses, beneficiarse realmente del comercio
transoceánico.
Autor: Mauro F. Guillén. Titular de la cátedra
Zandman de Gestión Internacional de Empresas y de
Sociología en la Wharton School de la Universidad
de Pennsylvania. Su libro más reciente es El auge
de las multinacionales españolas (Marcial Pons,
Madrid, 2006). Artículo publicado en
Foreign Policy Edición Española,
N° 15, junio-julio 2006, pp. 14
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