|
La palabra lobby
proviene del inglés y significa sala de estar. A
finales del SXIX, llamaban lobbies a los salones
situados antes de llegar al recinto de la Cámara
de los Comunes en Inglaterra donde comerciantes y
políticos conversaban con los diputados con el fin
de obtener ciertos favores. De aquí vendría la
significación de la actividad que se conoce como
lobbying, aunque otras corrientes aseguran que sus
orígenes fueron en Washington, aproximadamente en
la misma época.
Del lobbying se ha llegado a decir que es el
quinto poder después del clásico cuarto poder de
la prensa. Otros afirman que es un “gobierno
invisible”. El senador norteamericano Caraway, lo
ha definido como “todo esfuerzo encaminado a
influir en el Congreso respecto de cualquier
asunto”. También se h apelado a la definición de
“grupos de presión” (preassure groups)
englobándose a todos los grupos que actúan sorbe
la opinión y los poderes públicos sin que sean
partidos políticos. André Mathiot los define como
movimientos, asociaciones, sindicatos o sociedades
que, para defender los intereses comunes de sus
miembros “se esfuerzan por todos los medios a su
alcance, directos o indirectos en intervenir en la
acción gubernamental, así como en orientar a la
opinión pública”. Tales grupos son: fuerzas
sociales, económicas y espirituales que actúan de
manera organizada. Para algunos teóricos, “La
diferencia entre grupo de presión y partido
político es que este tiene por objeto la conquista
del poder, mientras que aquel busca influir sobre
quienes tienen el poder” (Themistocles B, profesor
de la Universidad Federal de Rio de Janeiro y
Director del Instituto de Derecho Público y
Ciencia Política, ha querido ser más explícito:
“Bajo la denominación de grupos de presión
entiéndase generalmente aquellos grupos
organizados para la defensa de intereses propios,
de intereses de naturalezas diversas, y que actúan
sobre los órganos responsables del Estado para
obtener beneficios. Esta es la noción más general
de este tipo de organización para la cual,
entretanto, se procura un concepto técnicamente
más preciso.”) Finalmente el autor sostiene que
“un lobbyista es, pues, un persuasor. Si bien
resulta preferible seguir adoptando la palabra
inglesa, que delimita mucho mejor y más
profesionalmente la actividad, ya que el persuasor
va más allá de la instrumentación disciplinal,
siendo aplicable a cualquier persona que se valga
de la razón para obtener su propósito de
convencer.
El lobbying forma parte de la ciencia política
desde el siglo XX e incluso separa entre grupo de
interés, grupo de presión y lobbying y cita a
Walter Carnota (en la Expansión de los lobbyistas
en Estados Unidos y Europa Occidental) quien
afirma:
“El lobby constituye la representación del grupo
de presión frente al Congreso (y, por extensión,
también ante al administración pública).
En la práctica, repetimos, el lenguaje vulgar no
siempre realiza ese distingo, muchas veces
distinguiéndose con el término lobby a lo que en
realidad es un grupo de presión (así cuando se
hace referencia al lobby petrolero, al industrial,
al agrario, al sindical, etc.) Sin embargo, debe
subrayarse que emplean roles diferenciados,
encontrándose el factor grupal de presión en una
relación demandante a mandatario con respecto al
lobby. Así como se contratan servicios de un
abogado o de un contador para determinados
asuntos, se recurre a esta especie de
profesionales de la presión para hacer conocer los
puntos de vista del grupo a tomadores de
decisiones políticas”.
Es importante la definición que hace Alberto
Borrini:
“El lobbying, aunque conocido y tantas veces
denostado como tráfico de influencias, puede ser
redimido por su utilidad, reglas de juego más
claras y vocación para la información. En este
aspecto es un camino de doble mano: y consiste en
obtener información para quien toma la iniciativa,
digamos la empresa, y en brindalo a quien desea
ganar para la causa. Para los legisladores, por
ejemplo, un lobbyista profesional suele ser una
garantía, por que es respetuoso de las leyes y se
desempeña como servicial acopiador de datos. Para
cualquier representante del pueblo, la información
tiene una importancia estratégica”(en El nuevo
lobbying en La Nación, BA 21/05/1991, Alberto
Borrini)
Pero también afirma que la clase para ejercer el
lobbying es el conocimiento y no la fuerza o la
riqueza económica.
Conocimiento de los operadores, conocimiento de la
materia y del sector sobre el que se desea
influir.
La base de su actividad es la transmisión
inteligente y persuasiva de conocimientos
específicos sobre un tema determinado y pro
supuesto sí se puede evitar la sanción de una ley
y sí se puede destruir un decreto en ciernes.
Basta para ello hacer entender al legislador o al
funcionario los efectos perjudiciales que dicho
instrumento legal está acarreando en determinado
estamento de la comunidad.
Autor: Armando Alonso Piñeiro.
El Quinto Poder: Teoría y práctica del lobbying. Editorial Macchi. 1999.
Buenos Aires
|