Sobre cómo los Estados Unidos se volvió gay
- Lunes, Noviembre 16, 2009, 18:29
- Artículos, Asuntos Públicos, EEUU, RRPP
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Por más de 20 años, un grupo de colegas y yo dentro del psicoanálisis nos sentimos una minoría asediada, porque continuamos insistiendo, en contra de la convención actual, que los gays no nacen así. Sabemos que los homosexuales están atrapados en adaptaciones inconscientes provenientes de una infancia de abusos y negligencias y eso, haciendo un análisis de sus primeros años de vida, puede ser cambiado. Esta “adaptación” diciéndolo en forma educada, para los hombres significa realizar movimientos de apareamiento pero no con el sexo opuesto sino con el mismo sexo.
En la mayor parte de esta centuria, la mayoría de nosotros quienes nos desempeñamos en profesiones de asistencia consideramos a este comportamiento aberrante. Las personas atrapadas en este comportamiento sufren, por lo cual lo denominamos una patología. Tenemos pacientes que al iniciar su terapia y buscan un compañero sexual tras otro –todos extraños- en una sola noche, luego vienen a nuestras oficinas el día siguiente a decirnos como se están haciendo daño. Desde que estamos en el negocio de ayudar a la gente, algunos sentimos que estamos haciendo el trabajo de Dios.
En la opinión de quienes se constituyen como la elite cultural, nuestra visión está “fuera de tiempo”. La elite dice que lastimamos a la gente más que ayudarla, y que pertenecemos a alguna de las centurias basura. Se las han ingeniado para vender esta idea a la gran mayoría de los estadounidenses, haciendo ver a la homosexualidad como algo fashion y elevar un comportamiento aberrante al estatus de “estilo de vida alternativo”.
Ud. verá esta visión expresada en los lugares menos esperados. El Papa dice que el sexo entre personas del mismo sexo está mal. De hecho, en muchas universidades y escuelas secundarias, se dice que los gays lideran una nueva vanguardia, la ola del futuro en un mundo que será demográficamente seguro cuando haya menos “criadores” breeders (que es como llaman algunos activistas gays a los heterosexuales por estos días).
Como se ha producido este cambio? Bueno, la revolución no es que sólo ocurrió. Ha sido orquestada por una pequeña banda de muy brillantes hombres y mujeres –en su mayoría gays y lesbianas- en una campaña cultural que ha estado llevándose a cabo desde que algunos intelectuales han sentados las bases ideológicas para la generación -prueba todo lo sexual Woodstock-. De varias formas Theodore Reich, Alfred Kinsey, Fritz Perls, Norman O. Brown, Herbert Marcuse y Paul Goodman predicaron un nuevo evangelio contracultural: “Si se siente bien, házlo”.
Fue todo parte de un plan, así como lo describió una publicación gay “para hacer a todo el mundo gay”. No me estoy inventando esto. Usted puede leer un ejemplo de esta campaña en el libro “La homosexualización de Estados Unidos” (The Homosexualization of America) de Dennis Altman. Altman, gay, decía que cada vez más y más americanos se sentían y actuaban como gays. Que estaban inmersos en “numerosas aventuras sexuales cortas, ya sea en lugar de o paralelamente a una relación de larga data” Altman cita el equivalente heterosexual del sauna gay y la tendencia creciente hacia el sexo casual entre heterosexuales como prueba de que “la promiscuidad y el sexo impersonal” son determinados más por las posibilidades sociales que por diferencias inherentes entre homosexuales y heterosexuales, o incluso entre hombres y mujeres”.
Los gays dicen que ellos “reinventaron la naturaleza humana, reinventándose a sí mismos”. Para hacer esto, estos reinventores tuvieron que limpiar un gran obstáculo de su camino. No, no fueron tras el clero. Apuntaron a los miembros de una de las comunidades psiquiátricas más prestigiosas del mundo, y la neutralizaron con una definición radical de la homosexualidad. En 1972 y 1973 cooptaron al líder de la Asociación de Psiquiatría Americana y a través de unas maniobras políticas, mentiras “curaron” la homosexualidad de una vez. Fueron a la APA a decir que la homosexualidad no era un desorden. Era simplemente “una condición” –tan normal como ser zurdo-.
Pedían la total aprobación de la homosexualidad. Aquellos que no estuvimos de acuerdo con esta nueva redefinición política, fuimos rápidamente silenciados en nuestras propias reuniones profesionales. Nuestras ponencias fueron canceladas dentro del mundo académico y nuestras investigaciones rechazadas en los anales doctorales. Peores cosas sucedieron en el tiempo. Los productores de televisión y cine, empezaron a promover la homosexualidad como un legítimo estilo de vida.
Un consejo revisor gay, le decía a los productores de Hollywood como tratar la homosexualidad en los filmes.
Las editoriales sacaron de circulación todos los libros objetados por los revolucionarios gays. Los gays influenciaron la educación en las escuelas y universidades de nuestro país. Las legislaturas anularon las leyes en contra de la sodomía.
Y que es lo que ocurre con aquellos que aún objetamos? Los activistas gays se han anticipado a ello. Han creado una suerte de convencionalismo: dicen que sufrimos de homofobia, una enfermedad que ha sido inventada por los gays que proyectan su propio miedo a la sociedad.
Somos fanáticos porque según dicen fallamos en tratar a los gays compasivamente. Los gays ahora no son diferentes a aquellos que nacieron negros, hispanos o psicológicamente diferentes. Desde que declararon que los gays nacían así, y que no tienen elección sobre su sexualidad, cualquiera que llame aberrante el comportamiento homosexual es un fanático.
Sorprendetemente ahora, los universitarios van a su casa para el primer Día de Acción de Gracias para anunciar “Hey Má, Hey Pá! He realizado lo correcto! Me he unido a la revolución gay!”
Mi esposa Clare, quien posee una infalible aptitud para llegar a la esencia de las cosas me dijo “creo que a todo el mundo le están haciendo un lavado de cerebro”. Eso me dio un comienzo. Sé que “lavado de cerebro” es un término que ha sido usado y re-usado. Pero la observación casual de mi esposa sólo me recordó el libro “After the Ball: How America Will Conquer its Fear and Hatred of Gays in the 1990’s” (Después de la pelota: Cómo Estados Unidos vencerá su miedo y el odio de los gays en los ‘90) de Marshall Kirk and Hunter Madsen.
Este libro se transformó en la herramienta de los activistas gays en su campaña para normalizar lo anormal a través de una variedad de técnicas de lavado de cerebro catalogadas por Robert Jay Lifton en su trabajo: ‘Dura Reforma y la Psicología del Totalismo: Un Estudio sobre el Lavado de Cerebro en China’ (Thought Reform and the Psychology of Totalism: A Study of Brainwashing in China).
En su libro, Kirk y Madsen describen varias estrategias que utilizan los activistas gays que ayudaron a cambiar la política de la nación más poderosa del planeta. Los autores saben que esas técnicas han funcionado en China. Todo lo que necesitaron fue suficientes medios de comunicación y suficiente dinero para poner en funcionamiento en los Estados Unidos. Y lo hicieron. Estos activistas tuvieron el dinero y los medios para radicalizar Estados Unidos mediante un proceso denominado desensibilización, bloqueo y conversión.
Ellos desensibilizarían al público vendiendo la noción de que los gays eran “como cualquiera de nosotros”. Esto haría que desapareciese el prejuicio movilizando a la gente hacia una actitud de indiferencia.
Bloquearían al público haciéndolos avergonzar con una especie de culpa por su propio fanatismo.
Kirk y Madsen escribieron:
Cualquier persona común siente vergüenza cuando percibe que no está pensando, sintiendo, o actuando como uno del montón. El truco es llevar al fanático a tener un conflicto de remordimiento y vergüenza cuando su homofobia salga a la superficie. Los anuncios propagandísticos deben mostrar al fanático como locos gritando. Pueden ser mostrados siendo criticados, odiados y humillados. Pueden representar a los gays siendo víctimas de terribles sufrimientos como resultado directo del odio a los gays del cual muchos fanáticos deberían sentir vergüenza de haberlo causado.
Convertirían al público avergonzándolos en una especie de culpa de su propio “fanatismo”.
Lo mejor de esta técnica según Kirk y Madsen: El fanático no debía ni siquiera pensar que era una horrible criatura:
Más bien nuestro efecto es alcanzado sin referencias a hechos, lógica o prueba. Justo cuando el fanático se convierte en tal, sin decir nada sobre el tema, a través de un condicionamiento lógico emocional repetitivo, su fanatismo se aleja del mismo modo, sea consciente del ataque o no. El bloqueo se da en forma exitosa. Cuanto más esté distraído en un hecho superficial, más efecto tendrá el mecanismo.
Finalmente se da el proceso que llaman conversión. Kira y Madsen predicen un cambio se producirá en el público, incluso en los fanático “si podemos hacer que ellos sean como nosotros”. Escriben: “El objetivo de la conversión es ese, la conversión de las emociones, mentalidad y deseo del americano promedio, a través de un ataque psicológico planificado, en forma de propaganda alimentado a través de los medios”.
En la película Filadefia, vemos la técnica de la vergüenza y el funcionamiento del proceso de conversión en el nivel mediático más elevado. Vemos al personaje de Tom Hanks sufriendo (porque era gay y tenía SIDA) en las manos de fanáticos de su buffete de abogados en Filadelfia. No sólo nosotros nos avergonzamos del comportamiento homofóbico de los abogados villanos heterosexuales, sino que no sentimos otra cosa más que simpatía por el sufrido Tom Hanks (Los miembros de la Academia de Ciencias sientieron mucho más que simpatía ya que le dieron el Oscar a Hanks). Nuestros sentimientos ayudaron a realizar la estrategia de Kira y Madsen: “de hacer que los estadounidenses nos tengan mucho respeto, gusten o no”.
Muy pocos son los que se atreven a hablar en contra de Filadelfia, como ejemplo de la clase de propaganda que Kirk y Madsen han descrito. Cuatro años después de la publicación del libro, el público americano, ya estaba programado. La homosexualidad era ahora un simple “estilo de vida alternativo”. Lo mejor de todo, por la persuasión dentro de miles de mensajes mediáticos, la aceptación de la sociedad a la homosexualidad parecía una de esos espontáneos giros históricos que se dan en el tiempo, una especie de conversión. Nadie sabe bien como ha ocurrido, pero la nación ha cambiado. Nos hemos vuelto más sofisticados, amamos más a todos, aún hacia aquellos “afligidos” con la enfermedad, discúlpenme.
En 1992, el Presidente de los Estados Unidos, dijo que era el momento de que las personas abiertamente gay, no deberían ser excluidos de las fuerzas armadas. En 1993, los medios celebraron una gran fiesta del orgullo gay en Washington DC. Los televidentes cantaban junto con medio millón de asistentes a la marcha “Ser gay es excelente!” Nos sentimos bien con nosotros mismos. Eramos americanos patriotas. Abolimos una forma más de discriminación, limpiado una de las más afecciones de la sociedad: la homofobia. Mejor aún, sabemos ahora que ser gay es bueno, es ser libre.
Disculpenme. Ser gay no es bueno. Ser gay no es una decisión libre. ¿Cómo es esto? Gracias a más de 40 años, en que he estado en solidaridad con cientos de homosexuales, mis pacientes y he invertido la mayor parte de mi vida profesional en una especie de “cuidado pastoral”. Pero no los ayudo diciéndoles que están bien cuando no están bien. No los apruebo diciéndoles que hagan un llamado hacia una nueva autodefinición y respeto por si mismos. Diganme: ¿Hemos descartado la idea de que la autoestima de un hombre proviene de algo dentro de sí mismo (a veces llamado carácter) y de tener una buena educación, un buen empleo y una buena familia, y lo hemos reemplazado por la noción de que hay que tener una afinidad para amar (y tener sexo con) otros hombres?.
De hecho muchos de mis pacientes tienen carácter: tienen una educación, son respetados como hombres. Pero siguen en sufrimiento por una razón y solamente una razón. Están dentro de una compulsión que es tener sexo con otros hombres. No son libres. No son felices. Y desean ver si pueden cambiar.
A través de los años, he hallado que aquellos pacientes que realmente deseaban cambiar, han podido a través de un buen psicoanálisis. Otros han hallado otras terapias que los ayudaron a llegar hasta el fondo de sus compulsiones, con mucho esfuerzo y dedicación. Cientos y miles de homosexuales han cambiado. Muchos de mis anteriores pacientes homosexuales, un tercio de ellos diría, están felizmente casados con hijos. Un tercio, quizás no suene como un buen promedio. Pero es el mismo índice de éxito que puede hallarse en el mejor centro de tratamiento para alcohólicos como Hazelden en Minnesota y el la clínica Betty Ford en California.
Otro tercio de mis pacientes, aún son homosexuales pero no forman parte del mundo gay. Ahora, después de la terapia, aún tienen sexo con personas de su mismo sexo y algunos se han abierto al sexo opuesto.
Mi extensa experiencia clínica e investigación en psicoanálisis me dicen que la mayoría de los hombres que tienen sexo con hombres en un nivel inconsciente tienen una reacción hacia algo impropio relacionado con sus primeros años en relación a madres sobreprotectoras y padres ausentes. A través de una larga observación he aprendido también que la supuesta libertad homosexual no es jamás verdaderamente libre. En sus múltiples aventuras con el mismo sexo, hasta el más afeminado de los gays busca incorporar a si mismo la hombría del otro, ya que se encuentra en un búsqueda compulsiva sin final de la masculinidad que nunca se le permitió construir y forjar en su niñez temprana.
Cuando he tratado de explicar estas dinámicas al escritor que me ayudó a compaginar una suerte de catecismo popular sobre la homosexualidad, me di cuenta que le costaba entender que significaba esa “incorporación”. Decía “Tu paciente sería más hombre si toma el pene de otro hombre?” Suena un poco estúpido. ¿Correría más rápido si como la carne de un venado?.
Le dije: “Deberías entender que hablamos de sentimientos que provienen de lo más profundo del inconsciente. Son muy primitivos. De hecho, si has leído alguna vez sobre las costumbres indígenas, sabrás que los indígenas comen carne de venad para ser más rápidos a pie. Para nosotros es una idea muy primitiva. Pero tiene una significancia mítica para los jóvenes iroqueses. Y en Madison Avenue todavía hace sentido este tipo de mitos significantes. Los anuncios para vendernos cosas se basan en la noción de que nos volvemos lo que bebemos, comemos o poseemos. El punto al que quiero llegar es: No entendemos el sexo entre personas del mismo sexo hasta que nos damos cuenta que las dinámicas que lo generan son inconscientes”.
Esta es una razón por la cual el psicoanálisis es la herramienta que nos lleva al corazón de todo. Una vez que mis pacientes han logrado una mirada a estas dinámicas –y descubierto que no existe una falta moral en su misteriosa necesidad- se encaminan rápidamente hacia la recuperación. Su consencuente gratitud hacia mi es avasallante. Y porque no debería serlo? Fueron formados para responder a compulsiones que no podían entender, ni controlar. Ahora están a cargo de sus propias vidas.
Su anterior promiscuidad podía ser vista como una “liberación”. Pero no era una libertad genuina. Era una especie de esclavitud. Y no era un estilo de vida. Con el comienzo del SIDA, como dijo el militante gay Larry Kramer en una entrevista en 1993, se vuelve un estilo de muerte. He tenido varios pacientes que me decían: “Doctor, si no hubiese hecho terapia habría muerto”.
Los testimonios de de mis pacientes recuperados me hacen sentir que mi trabajo vale, a pesar de demandas constantes de la comunidad por los derechos de los homosexuales para que me calle. ¿Qué quieren obligarme a hacer? ¿Qué empaque y me busque otra profesión, que cierre una vida entera de investigación y análisis, esconda mi verdad? No es mi turno de decirle a la gente que son maravillosos cuando están fuera de control, mucho menos con falsas preguntas retóricas como “¿Qué clase de Dios castigaría a la gente con un ‘desorden objetivo’ en sus corazones?
Darle a Dios el crédito de su homosexualidad es algo muy utilizado en la literatura gay actual y me da pena ver como gente de buena voluntad hace caso a una blasfemia.
Los gays atribuyen su condición a Dios así como se lo culpa por otras enfermedades del hombre como la guerra, por ejemplo, que está probado que es muy poco saludable para los humanos y otros seres vivientes. Dios no hace la guerra. Los hombres la hacen.
Y cuando la homosexualidad toma el aspecto de un movimiento político, también se convierte en una guerra, el tipo de guerra donde la primera víctima es la verdad y el botín de guerra son nuestros propios hijos. ¿Una exageración? ¿Qué pensaremos cuando los militantes homosexuales busquen bajar la edad de sexo consensuado con menores a 14 años (como lo han hecho en Hawai en 1993) o 16 años (como intentaron hacer en Inglaterra en 1994)?
En la marcha del orgullo gay de Washington de 1993, cantaban “Aquí estamos. Nosotros los maricas. Y ahora vamos por tus hijos”.
¿Qué más necesitamos saber?
Charles W. Socarides, M.D. Pisquiatra, Profesor de la Universidad de Medicina Albert Einstein y del Centro Médico Montefiore de N. York. Presidente de la Asociación Nacional lara la Investigación y Terapia de la homosexualidad. Autor de Homosexuality: A Freedom Too Far (Adam Margrave Books, Phoenix, Arizona) (Homosexualidad: Una libertad muy lejana)
Publicado en la revista America el 18 de Noviembre de 1995.
Dr. si algo hay que destaar en un profecinal en estos dias es su valentia en decir la verdad, como Ud la dice siga adelante que Dios lo apoya, ya que su creacion ha sido perfecta y los que luchamos porque se mantenga asi veremos el reino de los cielos, pero hasta que eso pase hay que ser valientes en emitir verdades que otros escoden por cobardia, mi perona es madre de dos niños a los cuales crio como Dios me los mando Hombres y apoyo su causa en decir la verdad con relacion a la homosexualidad que nada tiene que ver con la creacion de Dios la cual es perfecta.