|
Con limitadas
excepciones, las relaciones humanas en Japón, en
particular las formales y profesionales, se basan en
relaciones “verticales” o de superior a subordinado
entre las personas involucradas. Por supuesto, no hay
nada extraordinario en una sociedad basada en una
disposición jerárquica de superiores e inferiores. La
mayoría de las sociedades, si no es que todas, se basan
poco más o menos en esta estructura. Lo que hace que la
“sociedad vertical” de Japón sea diferente es que
siempre hay una sola relación característica entre los
individuos y los grupos, o no hay ninguna relación. El
carácter de ésta relación, o la ausencia de una
relación, es lo que sustenta no sólo la etiqueta y la
ética de los hombres de negocios japoneses, sino también
la mayor parte de la conducta “japonesa”.
La frase de la “sociedad vertical” fue empleada por vez
primera por Chie Nekane, profesora de antropología
social del Instituto de Cultura Oriental de la
Universidad de Tokio, en su fascinante libro Tate
Shakai no Ningen Kankei (Las relaciones humanas en una
sociedad vertical).
La profesora Nekane considera a la estructura de
superior-subordinado de la sociedad japonesa, basada en
rangos “centrados en el ego”, como base primordial para
el orden social en el país, modelando no sólo las
actitudes y la conducta, sino dominando también todo lo
demás: el carácter, la personalidad, la profesión, la
capacidad, los logros.
Si los rangos de una estructura de superior-inferior son
un lado de la moneda social en Japón, el otro lado es un
impulso igualmente profundo y penetrante entre los
japoneses, para formarse a sí mismos e identificarse con
los grupos sobre la base de la proximidad y la
actividad. Tanto los rangos como los grupos, como
mecanismos sociales y económicos, tienen profundas
raíces en la cultura de Japón. Desde los tiempos
antiguos, la sociedad japonesa se dividía en clases,
clanes y grupo9s ocupacionales muy marcados. Cada una de
éstas categorías y todos los miembros de ellas estaban
clasificados por rangos conforme a una escala vertical,
empezando con el trabajador o servidor de menor rango y
ascendiendo hasta el amo o jefe inmediato, el jefe de la
aldea o población, el señor del clan y, por último,
hasta el Emperador mismo.
Durante la época feudal de Japón (que no terminó sino
hasta el año 1868), estas afiliaciones a un grupo eran
en su mayor parte hereditarias y rígidamente exclusivas,
lo que significaba que, en su mayor parte, un individuo
sólo podía mejorar dentro de su propio grupo inmediato.
Con la caída del gobierno feudal en 1868 y con el inicio
subsiguiente de la industrialización, fueron abolidos
tanto los clanes como los sistemas hereditarios de
clases. Durante las siguientes décadas, la sociedad
japonesa sufrió profundos cambios, y las empresas
comerciales y las vastas burocracias gubernamentales
reemplazaron las funciones tanto económicas como
políticas de los clanes tradicionales. En esta nueva
situación abierta, la base para agrupar y clasificar por
rangos a los individuos cambió de una posición por
derecho de nacimiento a lso antecedentes educacionales y
el éxito económico en el mundo mercantil. Sin embargo,
no cambiaron ni el concepto ni la mecánica de la
relación de inferior-superior entre las personas.
Simplemente se transfirieron al nuevo orden burocrático
e industrial.
Durante la prolongada Era Feudal de Japón (1192 -1868)
este principio de superior-subordinado casi siempre se
expresaba en los contextos de los negocios con los
vocablos de oyabun que significa “Jefe”, “patrón”
o “amo” y kobun, que significa “seguidor”,
“servidor” o “empleado”. Los propietarios de tiendas,
fábricas y restaurantes; los jefes de las cuadrillas de
la construcción; las organizaciones políticas; e incluso
los jefes de grupos criminales, eran los oyabun.
Sus empleados o seguidores eran los kobun. Oya
significa “padre”, mientras que ko significa “niño”, lo
que es indicativo de la connotación de estas palabras.
Desde tiempso antiguos, la relación entre el oyabun
y el kobun por lo general era un arreglo a
largo plazo, a menudo durante toda la vida, y era
intensamente personal, incorporado en la relación los
elementos padre-hijo, amo-servidor y señor
feudal-esclavo. Cualquiera que fuese la naturaleza
exacta del vínculo, cada grupo de oyabun-kobun
funcionaba como una sola unidad, en la cual las vidas de
los miembros y de sus familias estaban íntimamente
ligadas. Por consiguiente, el sistema ejercía un efecto
estabilizador sobre la sociedad, tanto política como
económicamente, y también actuaba como un medio muy
eficaz para transmitir las artesanías y la tecnología de
negocios de una generación a la siguiente.
En el sistema de oyabun-kobun, el progreso y la
autoridad por lo común se basaban primero en al
antigüedad y en segundo lugar en el talento y los
logros. En una empresa propiedad de la familia, la
sucesión normalmente era del padre al primer hijo o
yerno; pero si el heredero de la familia era
incompetente, el empleado de más alto rango administraba
el negocio.
Aún cuando el sistema apoyaba y protegía a los miembros
menos capaces de la sociedad, tendía a sofocar el
potencial de aquellos que poseían talento y ambición,
pero que no estaban en línea para suceder al amo. Si
único recurso era alejarse del grupo e iniciar su propio
grupo, lo que no era fácil en el Japón feudal, cuando
esa conducta estaba prohibida o estrictamente limitada.
El sistema de oyabun-kobun aún sigue vigente en
Japón en nuestros tiempos, a pesar de que no siempre se
le describe oficialmente como tal. En muchas tiendas y
grupos de trabajo, y en las pandillas de maleantes,
todavía se refieren con toda deferencia al jefe
llamándolo oyabun y los empleados y los miembros
del grupo se comportan con los mejores modales del kobun.
Las películas del período, en las cuales el sistema de
oyabun-kobun es uno de los principales aspectos,
son eternamente populares entre los millones de
japoneses aficionados al cine y la televisión.
Autor:
Boye de Mente en "La etiqueta y la ética
japonesas en los negocios" Cap. 2 Ed. Mc Graw Hill,
Méx. 1992.
|