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Existen intereses comunes entre los periodistas
honrados y los profesores de medios que tratan
de defender la democracia" (Len Masterman)
En este artículo se parte de un análisis
sintético de la televisión en España en el que
se demuestra cómo este medio se ha
instrumentalizado para servir a intereses muy
alejados de lo que podríamos definir como
objetivos de servicio público. En contra de lo
que ha sucedido en otros países desarrollados,
en los que el concepto de servicio público se
ha asentado durante décadas en sólidas bases,
la televisión que se ha hecho en España no ha
aprovechado la potencialidad del medio para
contribuir al desarrollo cultural y educativo
del país.
Los profesores no deben sentirse ajenos a la
realidad mediática que les rodea. La formación
del profesorado en el medio televisivo debe
facilitar una información inicial que permita
conocer cómo los grupos de poder se valen del
medio, cuáles son las potencialidades y
limitaciones de la televisión, y cómo ser
críticos con sus contenidos para poder actuar
con conocimiento de causa, sabiendo aprovechar
didácticamente sus valores objetivos.
En la parte final de este trabajo se aportan
ideas acerca de cómo debería orientarse esa
formación crítica del profesorado aprovechando
las posibilidades objetivas que brinda la
televisión.
Artículo extraído de la ponencia presentada por
el autor en el Primer Congreso de Formación y
Medios (Segovia, julio de 1997).
A modo de breve introducción
La cita con la que se encabeza este artículo me obliga a
aclarar al lector que llevo 14 años intentando poner mi
granito de arena en la formación de futuros periodistas,
con el objetivo de que lleguen a ser los más duros
críticos de su propia labor y de que sean conscientes de
su papel social como defensores de los valores
democráticos. Cualquier ciudadano debe saber que
trabajar en el campo de la información implica servir a
muy diversos intereses. Esos intereses vienen marcados
por el cada vez más complejo entramado de inversiones de
las empresas multimedia; y es que, a veces, la
información es sólo un apéndice de otras actividades
empresariales que, cada vez más a menudo, se relacionan
con un campo tan amplio como el de las industrias
culturales, el ocio y el espectáculo.
La veracidad, la imparcialidad, o la objetividad,
deberían seguir siendo ideales movilizadores de la ética
del periodista. Autores como Doelker (1), Masterman (2),
Cebrián Herreros (3) o Bustamante (4), entre otros
muchos, se han referido a lo difícil que resulta en la
práctica aproximarse a un ideal de objetividad en medios
como la prensa, la radio o la televisión. Sin embargo,
durante las últimas décadas nos hemos sumido en un
periodo de cínico descreimiento que ha estado presidido
por el "todo vale".
En España, en el campo concreto de la televisión, ese
"todo vale" ha estado marcado por la utilización de la
televisión pública para beneficio del partido que
gobernaba en cada momento. Resulta paradógico comprobar
cómo en los primeros años de la transición la
televisión pública fue menos manipuladora de lo que es
en la actualidad. Ese proceso de progresiva manipulación
creció en la última etapa de la Unión del Centro
Democrático (UCD), se disparó con el Partido Socialista
Obrero Español (PSOE) en el Referéndum de la OTAN, y
alcanzó cotas alarmantes con los directores generales
José María Calviño y Jordi García Candau. Al primero de
ellos ha de achacársele además el haber cavado una de
las más profundas fosas para la televisión pública; el
señor Calviño hizo los primeros presupuestos en los que
RTVE dejaba de contar con subvención directa proveniente
de los Presupuestos Generales del Estado y, según las
previsiones más optimistas, ese déficit rondaría en la
actualidad los 100.000 millones de pesetas (RTVE pagaba,
a finales de 1996, 55 millones al día en concepto de
intereses por su deuda acumulada). En aquel momento,
todas las televisiones públicas europeas o bien contaban
con ayuda de sus respectivos estados, o bien se
subvencionaban con un canon pagado por los ciudadanos a
modo de impuesto por tenencia de televisor.
Con la llegada del Partido Popular (PP) todas las
promesas de austeridad se han ido al traste en menos de
un año. Los contratos millonarios a los directores de
RNE y TVE y los fichajes a un coste desproporcionado de
los nuevos rostros de los informativos, provenientes de
las televisiones privadas, son sólo un botón de muestra.
A todo esto hay que añadir la nueva batalla de
desinformación diseñada para apoyar a la Plataforma
Digital impulsada por el Gobierno. Con esto culmina un
periodo de manipulación informativa que confirma, sin
poder recurrir a posibles ambages, la utilización de la
televisión pública como escaparate propagandístico del
gobierno y del partido en el poder.
El balance final es que estamos ante más de veinte años
de utilización de la televisión pública para intereses
partidistas.
A este afán por "controlar" la televisión pública ha de
unirse el evidente desinterés en promover un modelo de
televisión pública que investigue en el diseño y
producción de programas con valores específicos de
carácter educativo y cultural. Los pocos programas que
se producen cuentan con escasísimos recursos y son
relegados a los peores horarios de la parrilla de
programación.
A diferencia de otros países europeos como Gran Bretaña,
Francia, Holanda o Suecia, en los que la televisión
pública es valorada y apoyada por la sociedad, en España
no se ha producido un fenómeno similar.
¿Qué ha pasado con la televisión privada?
En
sus primeros años de existencia, las televisiones
privadas españolas han debido realizar fuertes
inversiones. Esto ha marcado una situación de déficits
acumulados durante sucesivos ejercicios. Como botón de
muestra basta decir que, por ejemplo, Tele 5 seguía
teniendo en 1995 una deuda de 42.199 millones de
pesetas, y todo ello, a pesar de la operación de
ingeniería financiera realizada por su actual director
general, Maurizio Carlotti.
Con el objetivo de captar más amplias cuotas del mercado
publicitario, las televisiones privadas lanzaron en los
primeros años de esta década una batalla inicial que
rebajó, en ocasiones, hasta en más de un 80 %, las
tarifas publicitarias marcadas hasta ese momento por
RTVE en el régimen de monopolio anterior. En esta
batalla también entraron a jugar rápidamente las
televisiones autonómicas.
Como antes se ha analizado, esta situación contribuyó a
disparar en pocos meses el déficit de la televisión
pública estatal y a saturar de anuncios las parrillas de
programación de la mayor parte de las cadenas.
Las limitaciones marcadas por las directivas europeas,
sobre volumen de publicidad en las emisiones
televisivas, se incumplieron sistemáticamente. Todas
las reglas del juego fueron vulneradas y ya en esos
momentos se empezaron a detectar intentos por camuflar
mensajes publicitarios en géneros de programas que hasta
ese momento jamás habían incluido publicidad: el caso de
los informativos.
En los años siguientes, la práctica del zapping
vendría a demostrar que los bloques publicitarios no son
tan eficaces ante la posibilidad que el telespectador
tiene para huir a otros canales. Este hecho ha
provocado el que se hayan desarrollado nuevas técnicas
como la "colocación del producto" (product placement)
que consiste en situar, dentro del desarrollo de |as
tramas arguméntales de series de ficción, productos que
son publicitados sin que el espectador sea apenas
consciente de su presencia. Por ejemplo, las bebidas,
los dulces o los electrodomésticos que aparecen en
determinadas series, generan sustanciosos ingresos a las
productoras o a las cadenas que producen y emiten esos
espacios.
El futuro inminente nos lleva a un nuevo tipo de
inserción publicitaria dentro de la televisión; la
publicidad virtual permitirá transformar a capricho de
cada empresa las marcas de productos publicitados en una
carrera ciclista, en las vallas de un estadio de fútbol
o, incluso, en los anuncios de las calles en los que se
desarrolla una determinada serie.
Si nos fijamos en su programación, las cadenas privadas
convencionales han sufrido numerosos cambios en sus
parrillas de programación a lo largo de estos primeros
años. Como factor más positivo cabe citar el haber
aumentado la producción propia de series de ficción, que
han desbancado en audiencia a las series foráneas. Como
factores negativos es preciso seguir citando la
presencia en los horarios de máxima audiencia (prime
time), de programas repletos de zafiedad, mal gusto
y que insisten en la producción de géneros como el
reality-show, los concursos o los info-show
(término que mezcla "info"—de información— y "show"
—espectáculo—).
Especialmente preocupante resulta la práctica
desaparición de los programas infantiles y comprobar la
presencia de un alto porcentaje de niños telespectadores
en programas reservados a adultos. Como ejemplo, el
programa Esta noche cruzamos el Mississipi, que
se emitía en horario de madrugada, ha sido visto por una
media cercana a los 100.000 niños, lo que indica que a
lo largo de muchas noches esta cifra de telespectadores,
de entre 4 y 12 años, se ha superado ampliamente. En una
investigación reciente que tuve ocasión de codirigir, se
comprobaba cómo la película Contacto sangriento,
protagonizada por Claude Vandamme, llegaba a reunir en
torno al televisor a cerca de 800.000 niños, que
asistían, con la probable aquiescencia de sus padres, a
una cadena interminable de actos violentos y a unos
contenidos repletos de contravalores tales como:
racismo, xenofobia, sexismo, etc.
Dentro de las televisiones privadas, Canal Plus supone
una aparente excepción. El haber sido, hasta la fecha,
la única cadena de pago en España, le ha asegurado un
éxito económico que ni siquiera preveían sus propios
promotores. La fórmula de emisión de fútbol, cine y
toros ha sido fructífera. No debe olvidarse, sin
embargo, que más de un 70 % de los abonados confiesan
que el fútbol es el motivo principal de su adhesión.
Esta es la razón por la que el grupo Prisa ha iniciado
una particular batalla en defensa de unos intereses
comerciales que ha visto amenazados con la "Ley del
fútbol" aprobada en el Parlamento con el apoyo del
Partido Popular y con los votos de Izquierda Unida.
A pesar del ruido mediático y del mucho espacio y tiempo
ocupado en hablar de la "guerra digital", muchos
analistas coinciden en afirmar que este conflicto
acabará con un pacto entre el gobierno y las empresas
privadas implicadas. La polémica suscitada en torno a la
televisión digital se ha centrado mayoritariamente en un
debate jurídico, que ha pretendido encubrir una nueva
lucha de poder y de intereses políticos y mercantiles.
Pocos analistas se han preocupado por abordar un debate
riguroso sobre los contenidos de los futuros canales
temáticos y menos voces se han oído aún que reclamaran
una política en defensa de una televisión de calidad.
En la última etapa del gobierno socialista se realizaron
intentos por abrir ese debate. La senadora Victoria
Camps presidió el trabajo de una Comisión en el Senado.
Las conclusiones de esta comisión fueron asumidas
unánimemente por todos lo grupos políticos para que,
finalmente, todo el esfuerzo empleado quedara de nuevo
en agua de borrajas.
La crisis del concepto de televisión de servicio público
La crisis del concepto de televisión como servicio
público ha sido analizada por diversos autores europeos
entre los que podríamos destacar a Richeri o Blumler. En
un reciente curso de doctorado, que dirigí en los años
1995 y 1996, los participantes en él llegamos a
conclusiones determinantes acerca de cuándo la
televisión deja de convertirse en un servicio público.
Según nuestro grupo de investigación no existe servicio
público cuando:
Los intereses del gobierno o de un grupo de presión
económico, político, profesional, religioso, etc. priman
sobre los intereses sociales.
— Se sigue como único referente el dictado de los
estudios de audiencia.
— Se condena un espacio a los peores lugares de la
parrilla de programación sin tener en cuenta la
audiencia diana (target) a la que se destina.
— Las reglas de competencia comercial determinan la
programación de las cadenas e influyen en la selección
de información y camuflan como entretenimiento lo que es
publicidad o propaganda.
— Se manejan como si fueran de servicio público
contenidos y formatos propios de la programación
convencional.
— Se dota a los programas de los más ínfimos recursos y
se utiliza a los profesionales a los que se desea "represaliar".
— Se utilizan los conceptos de "educativo" o "cultural"
como cajón de sastre en el que meter malos programas sin
destinatarios definidos.
— No se tiene en cuenta el ámbito de cobertura de la
cadena y se programa con criterios generales y
descontextualizados.
Si tuviéramos que aplicar estos criterios de análisis a
la programación de las cadenas públicas estatales o
regionales, y a las cadenas privadas que detentan las
actuales concesiones, tendríamos muy difícil encontrar
una verdadera voluntad de servicio público.
En general, la televisión pública europea se ha diseñado
en términos pluralistas atendiendo a: una multiplicidad
de audiencias, dando los recursos necesarios a cada tipo
de programa —la misma fuente que produce programas
baratos y populares debe también ofrecer programas
costosos y ambiciosos, y haciendo que todos los sectores
significativos de la comunidad puedan verse reflejados
en la programación. Sin embargo, el modelo pluralista
que defiende la televisión pública difiere del modelo
mayoritario de oferta televisiva auspiciado por el
sistema de financiación publicitaria.
La mayoría de los canales de la televisión pública
europea presentan una tradicional vocación cultural.
Esta vocación se concreta en la reflexión de Alasdair
Milnes (director general de la BBC durante la década de
los ochenta). Para él "la televisión pública debe hacer
que lo popular sea valioso y que lo valioso se haga
popular". Diversos autores como Blumler, Brynin y
Nossiter sostienen que, por ejemplo, la televisión
británica responde a los gustos populares con
producciones de alto nivel de calidad planteándose
amplios horizontes sin por ello causar la impresión de
imponer una influencia moralizante.
Esta intencionalidad cultural en un sentido amplio
debería venir complementada por programas que ayuden a
fomentar la capacidad crítica del telespectador y que
hagan poner en cuestión los clichés y
estereotipos generalmente aceptados por la sociedad sin
ningún tipo de
filtro.
En consecuencia, la televisión de servicio público
debería ser aquella capaz de:
— Dar respuesta a las prioridades sociales, económicas,
educativas y culturales de la población a través del
control compartido por parte de entidades públicas,
privadas y de los diversos agentes sociales en general.
— Promover una mejora del bienestar social (mejora de la
calidad
de vida).
— Fomentar la reflexión sobre valores amparados en un
amplio consenso social.
— Crear conciencia social y movilizar la capacidad
crítica de la población.
— Crear acontecimientos que promuevan la más amplia
participación social.
— Generar en la población un consenso sobre la utilidad
de lo que se programa permitiendo la comprensión, por
parte de la audiencia, de la rentabilidad social y el
valor que en sí mismo supone el acceso al saber y al
conocimiento científico.
— Compensar, con la producción de programas
específicos, las carencias existentes en las rejillas de
programación, especialmente en lo que se refiere a la
población infantil y juvenil, ancianos y minorías
marginadas.
— No verse condicionada exclusivamente por los estudios
cuantitativos de audiencia.
— Prever desde la fase de diseño cómo van a ser
explotados y aprovechados social, educativa y cultural
mente los programas, antes, durante y después de su
emisión.
— Incorporar la participación de los mejores autores,
creadores y productores, dando oportunidades a los más
jóvenes.
— Promover la experimentación de programas innovadores
a los que se les dote de los más adecuados recursos,
capaces de promover más ricas y variadas formas de
participación e interacción.
Las televisiones locales, con una cobertura más
limitada, son las que pueden realizar una política de
servicio público más eficaz en un entorno determinado.
Estos canales pueden llegar a un público concreto con
unas necesidades muy definidas. Asimismo, los canales
temáticos pueden realizar ofertas específicas en ámbitos
concretos como el de la educación, la divulgación
científica o la programación de calidad para niños y
jóvenes. Es necesario promover ofertas de programación
que planteen una política de desarrollo educativo,
cultural y comunitario. En este sentido las concesiones
que en el futuro se realicen en España dentro de los
ámbitos de las televisiones locales, las televisiones
por cable y las plataformas digitales habrán de primar
las propuestas inteligentes y los compromisos de
programación que se orienten hacia este ámbito.
La programación de servicio público deberá impregnar,
sin embargo, toda la programación de los medios de
comunicación de titularidad pública. Asimismo habrá que
exigir unos mínimos que puedan ser cubiertos por los
canales privados de cualquier ámbito.
Existen áreas concretas de interés público ampliamente
consensuadas y que afectan a la educación y la
formación en todos los niveles y ámbitos, la salud y la
prevención, el ámbito laboral, y todos aquellos que
tienden a desarrollar valores como la solidaridad, la
tolerancia, la paz, etc.
Es preciso que la televisión ayude a recuperar un
sentido de la comunicación de carácter horizontal, más
participativa, con más posibilidad de intercambio real,
que amplíe el número de interlocutores y sus perfiles.
Es preciso, asimismo, devolver la palabra a muchos
mediadores sociales que desarrollan una labor lúcida e
inteligente en numerosos ámbitos sociales. Su labor
debería enriquecer la nueva imagen de los medios.
En estos momentos, el papel de los profesionales de los
medios que nadan a contracorriente, y el papel de los
educadores comprometidos con modelos educativos
innovadores deben converger en una acción común.
Lo educativo en televisión: una programación fantasma
En 1995, el Ministerio de Educación y Ciencia (MEC)
encargó a la empresa GECA consultores la elaboración de
un Informe marco (5) sobre la televisión educativa en
España. Esta empresa encargó la dirección de este
informe a un equipo formado por Luis Miguel Martínez,
María José Rivera y yo mismo. La tarea estuvo
supervisada por el catedrático de Pedagogía Cesar Coll y
Ana Gortázarla, asesora de la Secretaría de Educación
del MEC. Durante un año y medio fueron entrevistados más
de noventa profesionales y expertos en diferentes campos
de la televisión educativa. Se estudiaron algunos de los
modelos de televisión educativa más relevantes a nivel
internacional, se recabó información de las experiencias
de televisión educativa más significativas a nivel
estatal y autonómico y se llegó a unas conclusiones.
Estas conclusiones partían de un hecho constatado: la
raquítica presencia de programas educativos o útiles
para la educación en las parrillas de programación de
las televisiones estatales, autonómicas y locales. Otra
queja reiterada por parte de los profesores era su
crítica al hecho de que los pocos programas con el sello
de "educativos" se hubieran realizado de espaldas a sus
necesidades. Asimismo demandaban una formación que
ayudara a utilizar la televisión como apoyo didáctico.
De las 19 conclusiones restantes, algunas de ellas
hacían hincapié en la necesidad de formación. Por
ejemplo, en la segunda conclusión se subrayaba la
necesidad de formar a "los equipos de profesionales que
intervengan en el diseño, producción, evaluación y
aprovechamiento didáctico" de la televisión educativa.
En la octava conclusión se resaltaba la necesidad de
incorporar la educación en materia de comunicación o
educación para los medios "a los planes iniciales de
formación... a los cursos de formación permanente, a la
formación de expertos, y al reciclaje y especialización
del profesorado". Además se abundaba en que "la
formación de los profesionales que se especialicen en el
campo de la televisión educativa ha de seguir dos
caminos en paralelo: la creación de cursos de
especialistas, de expertos y master para alumnos
de diversas facultades a partir del segundo ciclo, y la
actualización y reciclaje de aquellos profesionales
interesados en realizar una especialización en este
campo. La conclusión dieciocho era aún más explícita al
afirmar que "la televisión educativa deberá prestar
especial atención a la formación del profesorado,
atendiendo, por una parte, a la formación de aquellos
profesionales de la educación que vayan a participar en
tareas de diseño y producción de programas educativos y,
por otra, al conjunto del profesorado, con el fin de
conseguir el aprovechamiento didáctico de estos
programas y la rentabilización de los recursos que
ofrece la televisión educativa.
Más adelante, esta conclusión se completaba al afirmar
que "la televisión educativa no llegará a buen fin si no
hay una directa implicación y compromiso del
profesorado de los diferentes niveles educativos. Esta
implicación afecta al conjunto del profesorado en cuanto
a su capacidad para utilizar la televisión educativa en
la enseñanza, y a la creación de un sector del
profesorado experto en programación y diseño de
contenidos educativos para la televisión".
Con motivo de la presentación del informe-marco, en
marzo de 1996, el Ministerio de Educación organizó unas
jornadas técnicas destinadas a profesionales y expertos
de la educación y la comunicación. Las jornadas contaron
con la presencia de más de setenta expertos de todo el
país y se estructuraron en torno a cinco mesas de
trabajo: 1) Financiación; 2) Oferta de contenidos; 3)
Producción; 4) Difusión;
5) Investigación y formación.
En esta última mesa, dedicada a la investigación y
formación se realizaron una serie de consideraciones
generales acerca de la formación y especialización que
habían de tener los profesionales de la televisión
educativa.
En general se consideró que los procesos de formación
del profesorado se han centrado más en aspectos
tecnocráticos y en el conocimiento y uso de instrumentos
técnicos que en otros aspectos de la educación en
materia de comunicación. Se detecta una escasa
presencia en los planes de formación inicial del
profesorado de la educación en materia de comunicación.
La situación es particularmente grave en lo que
concierne a la formación inicial del profesorado de
educación secundaria. Se plantea la necesidad de
vincularla formación permanente y el reciclaje de los
profesionales de la televisión educativa a los procesos
de producción.
Además de las observaciones anteriores se plantea la
necesidad de potenciar y desarrollar programas y
actividades de formación del profesorado a distancia en
una doble perspectiva: como elemento formativo para todo
el profesorado y como especialización. Asimismo se ve la
necesidad de formar equipos integrados tanto por
profesionales de la educación como por profesionales de
la comunicación.
Además de las sugerencias ya apuntadas, del debate
surgido en esta mesa redonda surgen nuevas ideas tales
como introducir siempre un módulo sobre la utilización
de recursos audiovisuales en las actividades de
formación permanente relacionadas con didácticas
específicas. Incluir en las licenciaturas de Ciencias
de la Información materias y asignaturas relacionadas
con la comunicación educativa; e incluir en las
licenciaturas de Ciencias de la Educación materias y
asignaturas relacionadas con la comunicación
audiovisual. Prestar una especial atención, en las
actividades de formación del profesorado, al
conocimiento del lenguaje audiovisual.
Como ejes básicos para la formación del profesorado se
proponen: las nuevas tecnologías como recursos
didácticos; características y posibilidades del lenguaje
audiovisual adaptado a las necesidades educativas; el
papel de los medios en la sociedad y los usos sociales
de los medios audiovisuales.
Nada queda libre de la especulación mercantil. Por
ejemplo, en el campo de la televisión local, han
comenzado a desembarcar empresarios que han tratado de
desarrollar proyectos calcados de los de la televisión
generalista convencional. Sin embargo, otras
experiencias se plantean como un verdadero campo para la
innovación y la experimentación en la programación de
servicio público. Estas últimas se hallan
amenzadas por el afán depredador de los grandes
oligopolios de la comunicación y la política
gubernamental de "dejar hacer".
¿En qué formar a los profesores?
En
la investigación Televisión,
curriculum y familia
(6) se aportan algunos elementos reveladores. Niños y
jóvenes opinan que la escuela no les propone estrategias
para ver críticamente la televisión. Por su parte los
profesores parecen tirar balones fuera y se muestran
críticos con el escaso control y la falta de negociación
en la familia a la hora de establecer unos horarios de
visionado en el hogar y de ejercer una mínima selección
de programas.
En esta misma investigación se recoge la autocrítica de
algunos profesores cuando afirman que "es preciso
renovar la metodología de enseñanza porque se sigue
dando una educación obsoleta y muy parecida a los
antiguos métodos". También aseguran que "es conveniente
hacer una labor para que los niños comiencen a pensar
críticamente respecto a la vida, en general, y la
programación televisiva y la publicidad en particular".
Se defiende que "no todos los males están en el medio,
ya que, en su opinión la televisión es un reflejo más
ampliado de la sociedad, y no sólo hay que centrar las
críticas en la televisión sino también en el engranaje
social que está detrás". Ciertos profesores admiten que
"en clase se da prioridad a los contenidos conceptuales
y muchas veces se descuidan las relaciones sociales y la
relación con la televisión".
Estos y otros comentarios pueden darnos pistas acerca de
lo que sería conveniente enseñar de la televisión. Los
profesores, deben aprender en primer lugar que los
medios no son un reflejo incuestionable de la realidad
ni se explican por sí mismos. Han sido producidos y son
agentes activos de los procesos de construcción o
representación de la realidad. Es necesario promover el
estudio de la televisión como medio que incorpora formas
de representación de la realidad desde unos lenguajes
específicos.
La comunicación educativa se identifica con la creación
de conocimiento. La creación de conocimiento exige
asumir un análisis crítico de la realidad. La escuela es
el caldo de cultivo para esa reflexión crítica que
proponemos.
La incorporación de la educación en materia de
comunicación, o educación para los medios, dentro de los
currícula académicos exige la formación de profesores en
este campo que permita integrar el estudio de la
televisión desde una perspectiva crítica de carácter
totalizador.
Este es el planteamiento de autores que, como Campuzano
(1995: 280), defienden cómo el análisis independiente de
los medios, fuera de su contexto real, es insuficiente y
por ello proponen el "que se confronten los medios y la
realidad: la realidad mediática y la que le sirve de
referente" (7).
Campuzano cita a Masterman (1993: 37) cuando éste se
refiere a un marco teórico de estudio que el autor
británico concreta en cuatro áreas: 1) Las fuentes, los
orígenes y los factores determinantes de las
construcciones de los medios; 2) Las técnicas y los
códigos empleados por los medios de manera determinante
para convencernos de la verdad
de sus representaciones; 3) La naturaleza de la realidad
construida por los medios: los valores implícitos en las
representaciones de éstos, y 4) Las maneras en que las
audiencias leen y reciben las construcciones de los
medios (8).
Estas reflexiones y las de otros autores nos llevan a
plantear posibles áreas prioritarias sobre las que
orientar la investigación y proponer una mayor
profundización en la formación del profesorado (ver
recuadro).
A este respecto, resulta muy esclarecedor el trabajo
realizado por Alfonso Gutiérrez (9) cuando se plantea el
análisis de los enfoques y de la ubicación curricular de
los contenidos relacionados con la televisión en el
contexto de la LOGSE, bien sea como materia transversal,
como parte de otra asignatura o como asignatura
independiente. Este autor analiza los seis grandes
enfoques predominantes, a partir de los cuales se ha
abordado la enseñanza de la televisión en los centros
educativos en diversos periodos históricos:
— Vacunador: que tiene como objetivo prioritario
proteger al alumno de la influencia negativa de la
televisión. Esta orientación refuerza, según el autor,
contenidos predominantemente actitudinales.
— Discriminador: se plantea ayudar al alumno a
distinguir entre "buenos" y "malos" programas.
Predominan aquí los contenidos conceptuales.
— Descriptivo: propone enseñar al alumno qué tipos de
programas existen y cómo se hacen. De nuevo se da mayor
importancia a los contenidos conceptuales.
— Tecnológico: promueve la enseñanza de las
tecnologías, la operación técnica de equipos como la
cámara, el magnetoscopio, etc. En este caso, el autor
resalta la priorización de los contenidos conceptuales.
— Desmitificador: se propone enseñar a los alumnos los
trucos y la "mentira" de la televisión, la forma de
construir sus productos y sus modos de representación.
En este caso se refuerzan los contenidos actitudinales.
— Complaciente: se propone valorar la televisión como
medio de entretenimiento y sus productos como parte de
la cultura popular. Se refuerzan los contenidos
conceptuales y actitudinales.
Es preciso destacar aquí como cada uno de estos enfoques
ha tenido un variado peso en cada uno de esos periodos
históricos. A menudo, muchos de ellos aparecen mezclados
de forma más o menos híbrida. Es un hecho que la
sensibilidad actual de los alumnos y de los propios
profesores ante el fenómeno televisivo podría
encuadrarse prioritariamente en alguno de estos
enfoques; incluso, desde un punto de vista sociológico,
podríamos hablar de una mayor predominancia de uno u
otro según la zona geográfica, la edad de los
receptores, la clase social, etc.
Como propuesta de actuación, el estudio de las
diferentes metodologías didácticas en la enseñanza de
la televisión recomienda adoptar una postura ecléctica,
alejada de dogmatismos estériles. Como método, se
debería tender a elaborar una metodología didáctica de
la enseñanza de la televisión que partiera de un
análisis contextualizado de las diferentes
sensibilidades sociales ante el medio televisivo.
La LOGSE abre un amplísimo campo para el tratamiento de
los contenidos relacionados con la televisión. A este
respecto, se recomienda consultar el trabajo de Roberto
Aparici (10) titulado Los medios audiovisuales en la
educación
infantil, la educación primaria y la educación
secundaria
(Aparici: 1994).
A modo meramente ilustrativo baste citar que en
educación infantil se hacen referencias a contenidos
relacionados con la televisión en las siguientes áreas:
medio físico
y social
—con el objetivo general de observar y explorar el
entorno físico y social, planificando y ordenando su
acción en función de la información recibida,
constatando sus efectos y estableciendo relaciones entre
la propia actuación y las consecuencias que de ella se
derivan—, vida en sociedad—con
referencias directas a los medios de comunicación—,
área de comunicación y representación
—con una invitación al análisis y producción de
imágenes— y otras como aproximación
al lenguaje escrito,
expresión plástica, educación del consumidor, juegos,
juguetes y material escolar y el ocio y el tiempo libre.
El curriculum de la educación primaria propone de forma
insistente el uso de los medios audiovisuales en las
áreas de Lengua, Conocimiento del medio, Medios de
comunicación
y transporte, Lenguas extranjeras y Educación artística.
En el caso del curriculum de la educación secundaria no
sólo se propone el estudio y el uso de los medios
audiovisuales en la mayor parte de las áreas sino que
además se hace una invitación al desarrollo de
asignaturas optativas. A esto hay que añadir las
optativas de imagen y expresión
y comunicación audiovisual.
El estudio de la televisión cobra una enorme importancia
en las áreas transversales. En 1996, el Ministerio de
Educación incluyó la Educación para los medios
como uña de las áreas transversales. Una educación que,
a pesar de contar con una larga trayectoria en nuestro
país, necesita respaldarse en objetivos innovadores. Me
permito proponer una síntesis personal de los objetivos
que han guiado algunas de
las mejores aportaciones metodológicas en este campo:
— Crear conocimiento en el alumno, a través del
pensamiento y el desarrollo de los lenguajes y formas
expresivas (no sólo a través de la lectoescritura sino
también mediante el audiovisual y el multimedia).
Se buscará así una formación crítica integral del propio
individuo.
— Evitar formas autoritarias de comunicación,
especialmente a lo largo de todo el sistema escolar,
equilibrando los roles comunicativos de profesor y
alumno.
__ Proporcionar herramientas para que los diferentes
agentes
sociales conozcan el contexto histórico, político,
económico, social, informativo, comunicativo... del
mundo que comparten, ampliando sus miras culturales.
— Valorar y desarrollar la doble faceta: expresiva y
analítica del individuo, a través del uso de medios de
carácter individualizado (self media), desde el
vídeo hasta el ordenador, y del análisis de los medios
de comunicación social (de la prensa a la televisión).
— Discernir en la práctica el doble proceso de la
enseñanza de la imagen y de la enseñanza con imágenes
como dos campos de la educación en materia de
comunicación.
— La enseñanza de la imagen deberá tener en cuenta el
desarrollo evolutivo del niño partiendo de las formas
expresivas más elementales y de las tecnologías más
accesibles, hasta llegar al conocimiento de las formas
de expresión y análisis más sofisticadas. Especial
relevancia habrá de darse al análisis ideológico que, en
un sentido amplio, parte del conocimiento de la empresa
audiovisual y multimedia llega hasta la
ejercitación en técnicas para la decodificación de los
mensajes. Esto contribuirá a evitar muchas de las formas
de manipulación ejercidas desde los medios.
— La enseñanza con imágenes promoverá el diseño,
producción, evaluación y aprovechamiento educativo,
social y cultural de los medios desde la propia escuela.
Se contribuye así a fomentar procesos de interacción
social y a promover la producción profesional de
materiales audiovisuales y multimedia de calidad
para la enseñanza.
— Promover la difusión de valores de tolerancia,
solidaridad, igualdad, respeto por el entorno, fomento
de hábitos saludables, etc. y combatir algunos de los
contravalores promovidos desde los medios de
comunicación social.
— Fomentar el descubrimiento de la memoria histórica,
de las raíces culturales, de las formas artísticas
expresivas tradicionales.
— Promover la capacidad innovadora del individuo y
facilitar la sensibilidad estética de los públicos ante
nuevos retos expresivos.
— Crear puentes de comunicación entre la familia, la
escuela y los medios.
— Influir en la mejora de los formatos, tratamiento de
contenidos, formas de participación e interacción, que
caracterizan a los actuales medios de comunicación
social.
— Desarrollar estrategias de investigación para un
análisis cualitativo de las preferencias y gustos de la
audiencia.
— Facilitar el conocimiento de las nuevas tecnologías
de la información y de la comunicación desde
planteamientos que mejoren las relaciones de convivencia
en el aula y procuren una mayor formación crítica en el
individuo capaz de fomentar nuevos procesos de
participación e interacción social.
El futuro de la formación del profesorado en relación
con la televisión
Por lo apuntado anteriormente, la formación de los
profesores en el terreno audiovisual ha de plantearse
desde un concepto global de educación para los medios
que sirva como incentivo para un análisis crítico de la
realidad.
Estamos a las puertas de una transformación del modelo
de televisión que hemos vivido hasta ahora. Con el
desarrollo de los canales temáticos es ya un hecho la
ampliación de la oferta de programas de televisión y la
especialización que alcanzarán de muchos de esos nuevos
canales. Algunos de ellos pasarán a especializarse en
contenidos más útiles para la educación. La
transformación tecnológica del medio va a convertir a
éste en una gran terminal de información. A su vez, el
telespectador va a tener que optar entre esa amplia gama
de ofertas. Ante esta situación, el profesor tiene dos
opciones: permanecer pasivo, sin preocuparse por lo que
sucede a su alrededor, o actuar en alguno de estos
frentes:
— Como telespectador activo que reclama una televisión
capaz de atender a su interés de servicio público y de
realizar una oferta útil a su acción educativa.
— Como mediador y facilitador de información que ayude a
sus alumnos a ser receptores críticos, capaces de
seleccionar la información más relevante y producir sus
propios mensajes.
— Como usuario del medio televisivo en su triple faceta
de información, entretenimiento y educación.
La política educativa que desde el Ministerio de
Educación y Cultura
se está marcando en los últimos tiempos plantea un
peligro evidente: la vuelta a una orientación
tecnologicista de la formación. Se prefiere una
formación del profesorado que invite a un uso
instrumental de las nuevas tecnologías, antes que una
orientación de carácter crítico y que profundice en la
formación democrática de los jóvenes. Hay que decir que
esta tendencia, confirmada en los últimos artículos de
profesores especializados en este campo (Pérez Sanz,
1997) (11), marca una política suicida, pues contradice
todas las tendencias que insisten en una preocupación
por la formación crítica de los ciudadanos, como
inversión de futuro.
El futuro de la formación en el campo de los medios y de
las nuevas tecnologías ha de unir los esfuerzos de los
profesores más comprometidos y de los profesionales de
los medios realmente convencidos del papel de servicio
público que su labor implica.
CUADRO
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ÁREAS PRIORITARIAS EN LAS QUE INVESTIGAR
1º. Contexto, Fuentes, Orígenes y Factores
determinantes
de las construcciones de los medios.
Ejemplo: El concepto de EMISOR afecta a:
El modelo económico de sociedad. La empresa
de comunicación. El mediador profesional. El
público como emisor.
2°.
Elementos Retóricos.
Las Técnicas y los Códigos
empleados por los medios.
Ejemplo:
¿Cómo se produce la retórica de la
participación en programas de
televisión? ¿Cuáles son los códigos de la
publicidad?
3º. El papel ideológico.
La naturaleza de la "realidad" construida
por los medios.
Ejemplo.
El concepto de mito = lo que se da por
sentado. (Mythologies, Roland Barthes,
1956)
4º. La manera en que las audiencias leen y
reciben
las construcciones de los medios.
Ejemplo: Superación de viejas teorías
tales como: Teoría de los efectos. Teoría de
los usos y gratificaciones. Profundización
en teorías relacionadas con la recepción.
Análisis cualitativo de la recepción frente
a análisis cuantitativo. Profundización en
la teoría del EMIREC (emisor-receptor) de
Jean Cloutier. |
Notas
1. Doelker, Ch. (1982): La realidad manipulada.
Gustavo Gili, Barcelona.
2. Masterman, L. (1993): La enseñanza
de los medios de comunicación.
Ed. de la Torre, Madrid.
3. Cebrián Herreros, M. (1996): Información
Audiovisual: concepto, técnica, expresión y
aplicaciones.
Síntesis, Madrid.
4. Bustamante, E. (1994): "El momento actual de la
televisión de servicio público" en
V
Festival Internacional de Vídeo de Canarias. Cabildo
Insular, Las Palmas de Gran Canaria.
5. García Matilla, A.; Martínez. L.M. y Rivera, M.J.
(1996): La televisión educativa en España. MEC,
Madrid.
6. AA.VV. (1996): Televisión,
Curriculum y familia.
UNED (edición en offset), Madrid.
7. Campuzano, A. (1995): "Televisión y currículo"
en EL COLÉ Y LA TELE, número monográfico de la
revista Cuadernos de Pedagogía,
Barcelona.
8. Masterman, Len (1993): La enseñanza
de los medios de comunicación.
Ed. de la Torre, Madrid.
9. Gutiérrez, Alfonso (1996): "Televisión,
currículo y valores", dentro de la investigación
colectiva dirigida por R. Aparici y A. García
Matilla: Televisión,
curriculum y familia.
Edición en Offset de los autores, Madrid.
10. Aparici, R. (1994): Los medios audiovisuales
en la educación
infantil, la educación primaria y la educación
secundaria.
UNED, Madrid.
11. Pérez Sanz, A. (1997): "¿Adiós a las Nuevas
Tecnologías en las aulas?" en Apuma, número 4,
Madrid.
Autor: Agustín García Matilla es profesor titular de
Teoría y Técnica de la Información Audiovisual.
Facultad de Ciencias de la Información de la
Universidad Complutense de Madrid.
Fuente: Voces y culturas – Revista de Comunicación –
Estrategias y conflictos culturales – Nº11/12 – 1997
– Pág. 131 a 14.
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